Cuando terminó el proceso comunista de Colonia, calumnias al estilo de Vogt sobre mi «explotación» de los obreros fueron difundidas afanosamente, sobre todo en la prensa germano-americana. Algunos de mis amigos residentes en América —los señores J. Weydemeyer, el Dr. A. Jacoby (médico en ejercicio en Nueva York y uno de los acusados en el proceso comunista de Colonia) y A. Cluss (empleado del astillero naval de los EE. UU. en Washington)— publicaron una refutación detallada de estas absurdidades, fechada en Nueva York el 7 de noviembre de 1853. Su artículo contenía el comentario de que yo tenía razón en guardar silencio sobre mis asuntos privados en tanto se tratara de obtener la aprobación de los filisteos. «Pero cuando se enfrenta a la hostilidad del populacho, de los filisteos y de los

apareció en Londres a finales de 1850 o principios de 1851 como emigrado político con el nombre de Charles de Fleury. Al principio vivió con ciertas estrecheces, pero más tarde, en 1851, su situación mejoró. Pues tras ser admitido en la Liga de los Comunistas» (otra mentira de Stieber), «trabajó como agente para varios gobiernos, en cuyo transcurso, sin embargo, se vio envuelto en diversas estafas.

Basta con esto sobre la gratitud de Stieber hacia su amigo Fleury, quien, además (como señalamos arriba), fue condenado a varios años de prisión en Londres por falsificación pocos meses después del proceso de Colonia.

En cuanto al honorable Hirsch, leemos (op. cit., pág. 58):

«Núm. 265. Hirsch, Wilhelm, dependiente de comercio de Hamburgo. Al parecer, no fue a Londres como refugiado, sino por su propia voluntad.» (¿Por qué esta mentira completamente superflua? ¡Después de todo, Goldheim intentó arrestarlo en Hamburgo!) «Pero una vez allí se relacionó con refugiados y especialmente con el partido comunista. Jugó un doble juego. Por un lado, actuaba en favor del partido revolucionario, mientras que, por otro, se ofrecía a espiar a criminales políticos y falsificadores para varios gobiernos continentales. Pero él mismo se vio implicado en los peores fraudes y estafas. En particular, era culpable de falsificación, por lo que todo el mundo debería estar precavido contra él. Junto con otros individuos, incluso fabricaba papel moneda falso simplemente para obtener elevadas recompensas de la policía por descubrir falsificaciones. Finalmente fue desenmascarado por ambos bandos» (es decir, ¿tanto por falsificadores policiales como por los que no lo son?) «y ahora ha regresado de Londres a Hamburgo, donde vive en malas condiciones.»

Hasta aquí Stieber sobre sus cómplices londinenses, de cuya «veracidad y fiabilidad» nunca se cansa de dar testimonio. Es interesante ver cuán absolutamente imposible le resulta a este prusiano modelo decir la simple verdad. No puede siquiera contenerse de introducir de contrabando mentiras completamente gratuitas en los hechos —verdaderos y falsos— tomados de los documentos. Sobre la base del testimonio de tales mentirosos profesionales —y ahora son más numerosos que nunca—, cientos de personas son enviadas a prisión, y en esto reside lo que hoy se llama salvación del Estado. {Esta nota al Apéndice 4 fue añadida por

holgazanes degenerados, a nuestro juicio perjudica a la causa, por lo que rompemos ese silencio.» ?

6. LA GUERRA ENTRE RANAS Y RATONESb

En mi panfleto El caballero, etc., del que he citado más arriba, escribí en la pág. 5:

«... El 20 de julio de 1851 se fundó la “Unión de Agitación”, y el 27 de julio de 1851 el “Club de Emigrados” alemán. Desde ese día ... data la lucha a ambos lados del océano entre los “emigrados” y los “agitadores”, la gran guerra entre ranas y ratones.»

Ahora, quién me dará palabras y quién la lengua,