Señor mío: — Habrá visto usted que *The Times* de hoy da a entender que los cañones emplazados en los fuertes de Taku eran de fabricación rusa y estaban dirigidos por oficiales rusos. El periódico de la turba de lord Palmerston, el *Daily Telegraph*, dice en su resumen:

«Queda ahora probado, como muestran las circulares mercantiles y como se expone de manera concluyente en la interesante crónica de nuestro corresponsal en St. Petersburg, fechada el 7 de septiembre, mucho antes de que se conociera la noticia del ataque, que la conspiración tuvo un origen imperial; que se maquinó durante meses; que se rumoreaba en el extranjero antes de que nuestras flotillas hubiesen podido entrar en el golfo de Pecheli... Ahora percibimos, además, cuán estrechamente está entretejida la política de Rusia con la de Pekin; detectamos grandes movimientos en el Amoor; divisamos enormes ejércitos cosacos maniobrando mucho más allá del lago Baikal, en la helada tierra de ensueños de los crepusculares confines del Viejo Mundo; seguimos la pista de innumerables caravanas; atisbamos a un enviado especial ruso que se abre paso, con designios secretos, desde la remota Siberia oriental hasta la aislada metrópoli china; y es natural que la opinión pública de este país se inflame al pensar que influencias extranjeras hayan participado en provocar nuestra deshonra y la matanza de nuestros soldados y marineros.»

Lord Palmerston vuelve a sus añejas artimañas. Hará una nueva guerra a China para frustrar los designios de Rusia, del mismo modo que hizo su guerra contra Afganistán.

Escrito el 16 de septiembre de 1859

Publicado por primera vez en *The Free Press*, núm. 10, Reproducido del periódico
28 de septiembre de 1858

a «El desastre en China», *The Times*, núm. 32413, 16 de septiembre de 1859.— *Ed.*
b N. N. Muravyev.— *Ed.*

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Karl Marx