Con el fin de poner término a todos los rumores falsos y las descabelladas combinaciones que han circulado en relación con la dirección de nuestro periódico, debemos declarar que no ha habido ni habrá cambio alguno en el personal de redacción. El círculo de nuestros colaboradores se ha ampliado, sin embargo, y nos complace informar a nuestros lectores que Karl Marx, Frederick Engels, Ferdinand Freiligrath, W. Wolff, H. Heise y, por tanto, las fuerzas literarias más significativas de nuestro partido, están decididos a conceder su apoyo a Das Volk y, con sus contribuciones, a permitir que el cuerpo de redacción represente los intereses de nuestro partido de una manera digna y completa.

11 de junio de 1859

ESPIGAS DE LA PRENSA*⁰

«Nuestros lectores son gente inteligente —a veces, cuando sus críticas del Hermann llegan a nuestros oídos, casi podría uno creer que la mayoría incalculable» (¡la mayoría incalculable de 600 lectores bien podría ser 599!) «de los lectores son mucho más inteligentes que nosotros mismos» (Hermann).⁴

El autoconocimiento es bueno en todas las cosas, incluso cuando, como aquí, llega bastante tarde. Sin embargo:

¡Vosotros, canosos, reunid todas vuestras fuerzas,
poned más calor en vuestra sangre!
En vuestra última, la más sagrada de las causas,
para cavar trincheras aún servís,
debéis acarrear la tierra en cestos...›

(Thusnelda consuela a Hermann.)*°

«Wisconsin, el estado republicano más firme, ha enviado a su orador más lúcido y sensato, el señor Karl Schurz, a Massachusetts para agitar con palabras audaces... En un excelente y fogoso discurso demostró...»

qué —es difícil decirlo, a menos que, como se dice más tarde,

«que él no se considera un representante de esa gran nación de pensadores que se llama la nación alemana».* (¡El estudiante Schurz como minoría calculable y autobiógrafo!*⁶!)

Vosotros, jóvenes, afilad vuestras espadas,
sed valientes, tan valientes como lo fue Hermann.

(Thusnelda.)

«Hemos visto una muestra de esta muselina ignífuga y la hemos probado con una vela. Si se pasa lentamente por la llama, no arde en absoluto; si se mantiene en la llama durante más tiempo, se carboniza, pero el fuego no se propaga. Pero una dama inglesa que había visto la pieza más grande en la exposición comentó que la tela no parecía tan clara y fresca como la muselina no tratada» (Hermann—nota editorial).*

¡Y vosotras, oh mujeres, haced de la piedad
vuestra vocación, para todas y cada una!

(Thusnelda.)

A nuestro corazón cosmopolita le hizo bien leer que Arminio, recordando aquel sublime momento en el que él presentó al señor Kossuth la revolución en Occidente a cambio de la de Oriente,*⁸ toma a los

«17 millones de eslavos» de Austria bajo su protección y «por tanto, no sólo ha cedido espacio al corresponsal en cuestión inmediatamente después de este artículo de fondo, sino que incluso le ha invitado a hablar en el Hermann como representante de su nacionalidad».

Como «debe seguir siendo una cuestión abierta para los republicanos de qué lado se situará uno en la guerra de Italia»,›

la mitad se declarará por Prusia, la mitad por Luis Napoleón, la mitad por Italia, la mitad por la Pequeña Alemania, la mitad por la Gran Alemania, la mitad por la regencia, la mitad por el Parlamento Imperial, pero todos por el señor Bender, 8, Little Newport Street, Leicester Square, a quien «cualquiera que haya aprendido a leer» («Presse und Werkstatt») sólo necesita dirigirse para ser iniciado en los secretos de las ciencias naturales sin «estudios y conferencias laboriosos».«

Un checo dice en el último número del Hermann:

«Fuimos... los primeros paladines... de la idea social.»⁴

A esto, el caballero espiritual*⁸ que sostiene el «Salón» comenta:

«¿No fueron los suizos antes que los checos?»⁴

La única idea social que los suizos han defendido se resume en las palabras: Point d’argent, point de Suisses (Ni un cruzado, ni un suizo).» El «neosuizo» Vogt y el «neocruzado» Kinkel** saben valorar esta «idea social» en su significación histórico-universal.

En el mismo «Salón» se dice:

«Encontramos comprensible que las compañías de seguros inglesas ya no estén dispuestas a aceptar (!) mercancías alemanas destinadas a los mercados mundiales de ultramar.»¢

Bueno, ¿cuántos «mercados mundiales» conoce el caballero «espiritual»?

Muestra de coherencia en el Wochenblatt aus London, alias el Hermann:

«Una pareja de golondrinas anida sobre la tumba de Humboldt, cubierta de laurel. La espantosa región de la delincuencia juvenil, cuyos gérmenes deberían ser extirpados frenológica y fisiátricamente desde el principio, ha sido ilustrada de nuevo recientemente por un niño de nueve años en Schmiedeberg.»⁴

El juicio de Hermann sobre Metternich—El juicio sobre la política de Metternich se formula como sigue:

«Donde Metternich y sus hombres han cometido infamia y crimen durante casi un siglo entero, por mucho tiempo ningún hijo de la paz puede dormir dulcemente junto al arroyo, como dice Schiller.¢ Que lo intente él» (a saber, Schiller) «por ejemplo, en el Mincio».f

Convertir el Mincio en un «arroyo» es algo que sólo el inventor de los «mercados mundiales de ultramar» podría conseguir. Hermann explica en un artículo sobre

«la vacante en la Iglesia de Saboya en Londres» que «él» (Hermann) «se hace más querido para sus compatriotas en Londres y en casa cada día».⁸

Bien cierto. Cada semana da menos por 3 peniques. Esto puede estar relacionado con la enumeración exacta de los «emolumentos» vacantes,ⁿ una enumeración a través de la cual brilla el deseo de trasladar el «Salón» a la «Iglesia de Saboya».

* * *

El nº 26 del Gottfried trae la carta de dimisión de Hermann.ⁿ Reza como sigue:

«A nuestros lectores:

Con el presente número termina mi actividad como redactor de este periódico. La única razón de mi retirada es el estado de mi salud, que no me permite continuar, junto con mi anterior profesión de maestro, esta otra actividad tan diversificadora.» (Así que la profesión de maestro es una actividad junto con esta otra actividad.) «Dado que en consecuencia» (¿en consecuencia de qué?) «ya no soy responsable del contenido del periódico» (más bien no será responsable de su contenido futuro), «he dejado también que la propiedad pase a otras manos. La empresa, cuyo éxito está ahora» (a saber, por la destitución de Kinkel) «asegurado, se llevará a cabo con el mismo espíritu que antes» (precios baratos y verdadero servicio) «y mientras que antes apenas encontraba tiempo y espacio incluso para escribir para ella» (a saber, la empresa), «de ahora en adelante» (más tarde), «libre de las cargas del trabajo externo, enviaré contribuciones tanto más numerosas como corresponsal.» (Si Gottfried aparece «tanto más numerosamente» como corresponsal, cuanto menos «espacio» encontraba antes, ¿qué será del éxito de la empresa, que ahora había de quedar «asegurado» por su desaparición como redactor?) «Me despido de lectores y colaboradores con amistoso agradecimiento por su participación y apoyo.

Gottfried Kinkel»

El último Gottfried trae un anuncio editorial como muestra final de la «actividad tan diversificadora» a la que Hermann dirige un adiós tan amistoso:

«Nosotros» (a saber, Gottfried) «sentimos una especie de alegría maliciosa cada vez que uno de nuestros corresponsales se da de bruces; pues por regla general se encontrará a alguien (!) entre nuestros lectores para quien la metedura de pata sea una ocasión» (¿por qué no más bien un sobresalto?) «para hacer una comunicación penetrante e instructiva sobre la cosa» (penetrante sobre la cosa) «a la que apuntaba» (más bien, la cosa alcanzada, a saber, la metedura de pata). «Es a tal descuido al que debemos en este» (¿cuál?) «caso también la valiosa corrección por la cual cada lector» (¡pero ciertamente ningún corresponsal!) «pronto verá que su autor, como se dice en el Rin, es un hombre que se mantiene en sus trece.» (¿No es así, amable lector?) «Desgraciadamente, el urgente material político, especialmente la miserable alta política de nuestros corresponsales, sólo hoy nos dio la posibilidad de imprimir este artículo» (a saber, esta nota editorial).¢

Vemos que, a pesar de su hondo agradecimiento, Hermann no se separa de los «corresponsales» sin amargura. En su propio salón, el pobre hombre apenas encontraba el espacio «antes» para colocar «este artículo» sobre «la metedura de pata» y «el hombre que se mantiene en sus trece».

Y aquí decimos respecto del «antiguo» redactor del Gottfried: De mortuis nil nisi bene.⁰ Pero al «futuro» corresponsal, Hermann: En Filipos nos volveremos a encontrar.ⁿ

Un descubrimiento diplomático-estratégico.

El Hermann dice:

«La mediación armada de Prusia, se dice, toma la línea del Mincio como base; bien, después de la batalla de Solferino esta línea se destaca con mayor claridad. Sólo las sombras de los muros de Mantua y Peschiera la oscurecen aún. Un asedio debe traer luz a esta oscuridad.»¢

El hábil columnista² del Hermann envía sus artículos, después de que hayan sido desgastados en Londres, también a Leipzig, a la Gartenlaube. Para sazonar el informe del festival de Humboldt*⁸ organizado por la Asociación de Hombres Alemanes, se nos informa que

«una asociación comunista, que ahora publica un periódico semanal, se ha impuesto la tarea especial de vilipendiar no sólo el periódico de Kinkel, sino a él personalmente, de la manera más ofensiva, sin detenerse ante las mentiras más descaradas, etc.»

Sobre esto comentamos únicamente que nuestro periódico, como debe saber el columnista por nuestras repetidas declaraciones, no es un periódico publicado por ningún tipo de asociación y que las acusaciones que hemos hecho contra el señor Kinkel no pueden ser tachadas de mentiras hasta que hayan sido refutadas, y eso no ha sucedido aún y no sucederá nunca. Dicho sea de paso, estamos en deuda con el honorable reportero por la noticia de que el sermón de Kinkel,

«la fragancia más exquisita de las festividades», tuvo como texto: «Como te olvides de Sión, así serás olvidado»,¢ y que lo comenzó «alzando la mano hacia la bandera negra, roja y dorada».ⁿ

El Hermann hace un chiste. En un artículo del Hermann sobre Austria, oímos que los Habsburgo han sido siempre padrastros para sus tierras hereditarias pero madrastras para el Imperio Alemán. El autor del artículo en cuestión, lleno de extractos de la Weltgeschichte de Pölitz para doncellas alemanas, ha demostrado adecuadamente que un viejo o un joven puede ser una vieja, pero que un padrastro pueda ser una madrastra es algo que antes no creíamos posible.

El rejuvenecido Hermann bajo la redacción de E. J. Juch & Co. merece una reseña exhaustiva. Empecemos de inmediato con el primer artículo de fondo* sobre «La posición de Prusia».ⁿ

En el caso de que se concluya la paz entre Francia y Austria:

«Prusia seguirá durante algún tiempo siendo prácticamente la misma que ha sido. Al mismo tiempo, pasará gradualmente a otra posición. Aún más rápidamente» (que gradualmente), «sin embargo, debe cambiar su posición, ¡siempre que (!) la guerra continúe; pues entonces se vería (!) forzada a actuar y, si no busca (!) para sí misma una posición segura a tiempo, perderá toda base sólida, para hundirse con el resto de los estados de la Confederación Alemana.» (Quizá Prusia no sería reacia a perder «la base sólida para hundirse».)

El autor presenta ahora a Prusia en varias poses plásticas más o menos tentadoras.⁴ En primer lugar, Prusia podría actuar como una gran potencia europea, y, ciertamente, de una doble manera.

“Prusia podía, comportándose como una gran potencia independiente, actuar por completo por cuenta propia” (¿independientemente?). “Esto” (¡la acción!) “sería un punto de vista puramente europeo, cuyo propósito” (¡el propósito de un punto de vista!) ... “vendría a ser una cuestión de poder; pues la preservación del equilibrio, al que los tratados servirán, es el balance del poder disponible para el” (¿cuál?) “interés nacional. En ese caso Prusia podría tomar como punto de partida la violación de los tratados de 1815 ocasionada por la presente guerra, tratados en los que fue parte contratante” (un padre en vez de uno de los padres), “mientras que procuraba indemnizarse mediante garantías materiales por los servicios que con ello” (¿con la violación de los tratados?) “prestó al orden monárquico de Europa.” Además de este artero proceder, “Prusia podía también, como gran potencia europea, situarse en el terreno puramente político, oponiéndose, por razones de autopreservación, al reforzamiento excesivo de su rival francés” (non bis in idem; el equilibrio del poder ya ha aparecido antes). “Podría alegar en su propio nombre que, como Inglaterra es (¡¡!!) aún una aliada abierta y Rusia ya una aliada secreta de Francia, el enemigo de Austria, etc., etc.”

Después de que Prusia de tantas maneras se ha acreditado como gran potencia europea,

“puede adoptar a continuación un punto de vista exclusivamente alemán. También aquí tiene donde elegir. Esto es, puede o bien ocupar un lugar como gran potencia alemana por encima de los demás Estados” (incluida Turquía), “o bien, adoptando la actitud humilde de un confederado igual, situarse por debajo o al lado de los países pequeños” (¿cantones suizos?). (No queda del todo claro por qué un confederado igual debería ocupar un lugar inferior.)

Es decir, o el dominio imperial prusiano o la continuación de la Confederación Germánica.

Lo primero “significaría ocupar seriamente su puesto a la cabeza de Alemania, como una potencia que sabe que la necesidad hace ley” (para la gente común la necesidad no conoce ley, para los gothaístas hace ley, y además una ley muy modesta), “por lo cual ella” (la necesidad), “puesto que su existencia está en juego” (la existencia de la necesidad está en juego), “tiene que desembarazarse de formas inhibitorias, etc.”

Las razones que “Prusia podría aducir para una política tan revolucionaria” sumen a nuestro autor en un verdadero embarras de richesses. Entre otras cosas:

“Las potencias extranjeras hostiles a la unidad de Alemania —Rusia e Inglaterra, que con el complicado sistema de balancín del contrapeso alemán obstaculizaban el desarrollo del poder de las grandes potencias alemanas mediante un debilitamiento mutuo continuo— trabajaron más para sí mismas que para Alemania en la instauración de la Confederación, etc.” (¡Vaya extraño plan de Rusia e Inglaterra, las potencias extranjeras, debilitarse mutuamente para impedir el desarrollo del poder de Prusia!). “Finalmente, ella” (Prusia) “demuestra que comprende perfectamente la naturaleza esencial de la presente guerra, la cual, como la Guerra de los Treinta Años, tiene por fin la terminación de la revolución de 1848.” “Por estas razones” (es decir, porque la Guerra de los Treinta Años tuvo el propósito de poner fin a la revolución de 1848) “Prusia ya no reconoce a la Dieta Federal... y considera extinguida la soberanía de todos los demás príncipes alemanes, etc., etc.” Por último, sin embargo, “el Gobierno prusiano, si esta política revolucionaria le pareciera demasiado arriesgada” (es decir, a Prusia), “podría escoger el punto de vista conservador. Podría escogerlo... porque la dinastía reinante prusiana, como igual” (¿igual a qué?) “tiene que respetar el mantenimiento de los otros” (¿qué otros?), ... “porque Prusia, mientras no es independiente, rige su conducta por la de la neutral Inglaterra, etc.”

Hasta ahora ha “vacilado”. Dejó que “la rival Austria” fuera derrotada.

“Procuró constantemente atraerse a los pequeños Estados mediante tratados.” (¿Engañarlos, vendarles los ojos, o ganárselos?) “Volvió a Fráncfort” (desde Erfurt) “con propuestas casi idénticas a las que, si procedieran de Hannover o Baviera, Prusia no habría sancionado.”

Al final el autor califica esto de “procedimiento rutinario”, aunque muestra poca rutina en la consecutio temporum.*

Desgraciadamente, el tratado de Villafranca barrió de un golpe todas las posiciones prusianas a las que la fantasía gothaísta pudiera llegar. Por consiguiente, dejamos la “alta política” de los Sres. Juch & Comp. y pasamos a Tirteo, que canta la batalla de Solferino en el rejuvenecido Hermann. Este Tirteo parece un tipo despreocupado. No duda ni por un momento que los zuavos, turcos, croatas, raizen, checos et autres Zéphyres,*”’ que combatieron en Solferino,

“de no ser por los dos emperadores, habrían, en cualquier parte del mundo donde el azar los hubiera reunido, comido y bebido, tratado y saludado mutuamente como gentes inofensivas y amables”. (¡Se habrían comido y bebido los unos a los otros! ¡Qué amabilidad canibalística!)

El metro en que se canta la batalla es el de la epopeya heroica, el hexámetro. Kleist, como es sabido, amplió el hexámetro con una breve anacrusis. Nuestro cantor supera a Kleist; un par de sílabas anacrústicas o complementarias más o menos le dan lo mismo. Por otra parte, se trata de hexámetros surgidos directamente de la batalla, y debe disculpárseles si aquí o allá falta un pie o un miembro está dislocado.

Y así, unas muestras:

“Tan mortalmente enfermos
De agotamiénto, calor, y de sed con su tortura despiadada.”

“Sólo al menos esta década reciénte cargada de maldiciónes.”

“Fuera, bajo un sol abrasador, Todos sangrientos y sedientos, algunos golpeados por
El golpe de gracia de una bayoneta que de repente desciende,
En la mayoría de los casos sólo, sin embargo, por
Cuchilladas y golpes sobre anchas heridas abiétas,
A un horríble dolor de muérte despertándolos.”

“Las caliéntes y desnudas cumbres chorreaban humeante sangre roja, en
La que se revolcában hombres mutilados.”

“Aquí faltába un brazo, allí una piérna, o
Toda la mandíbula de un rostro, o todo el
Ládo de una cabeza.”

“Luego todo quedó
Sombrío y silencioso. De colinas y de valles venían estremecimiéntos, gritos y
Gemidos a raudales, ora aquí, ora allá, por doquier anchos como horas.”

“El día de la batalla
Todo ardiente y abrasador, no tenían una gota de água para aliviárseles.”

“Otros jadeaban y
Gorgoteaban y mostrában el blanco de sus ojos vidriósos
Al tardío cirujano.” ¢

Después del canto de batalla, crítica histórica. En un artículo desde París, el “pensador” del rejuvenecido Hermann nos revela la relación de Luis Bonaparte con la revolución.

“La revolución está justificada mientras se halle bajo el ala del emperador y por él sea permitida.... Pero conserva su forma original y debe ser aplastada en cuanto contraríe los intereses del emperador o interfiera en sus planes.” 4

He aquí sabiduría:

Ya he visto el fondo en el cual
Mi ancla se aferrará para siempre.

Descendiendo de las “miserables regiones de la alta política”, del trueno de cañón y la crítica histórica,, damos con un modesto y aislado “Taller”, el tranquilo retiro en el que nuestro viejo amigo Gottfried se ha instalado como nuevo corresponsal. Nos rezonga:

“Hasta ahora, debido a toda la guerra y la política, este periódico no ha podido encontrar espacio, etc.”

Conocemos la vieja queja. Nos ofrece, como un artístico cicerone, guiarnos por la “Exposición de la Academia en Trafalgar Square”. En la familiar “dorada” fluencia lingüística del

“hombre casi heroico que, como la abeja, chupa gotas de miel incluso de flores venenosas” (véase el Gartenlaube),

nos susurra que

“los brillantes cuadritos de Leslie... son verdaderas perlitas de arte fino”.

Pero por lo que más se preocupa es por los prerrafaelistas,” y como el ejemplo es mejor que el precepto, ha expuesto algunas pinturas con palabras prerrafaelistas en su propio “Taller” que nos ahorran el paseo hasta Trafalgar Square.

Pintura prerrafaelista n.° 1.

“A partir de las 11 y durante toda la tarde la crinolina de moda reinaba en la sala, y los cuadros favoritos del público eran entonces continuamente holgazaneados alrededor.”

Pintura prerrafaelista n.° 2.

“Todo tiene valor si está hecho perfectamente en su género. Un par de pantalones, por ejemplo, si está bien hecho y no aprieta.”

July 9, 1859.— Ed.

“Presse und Werkstatt”, Hermann, No. 27, July 9, 1859.— Ed.

Pintura prerrafaelista n.° 3.

“En el cementerio del convento dos monjas se ocupan en hacer una tumba.... Son dos robustas figuras de mujer, que se turnan en el lúgubre trabajo del crepúsculo” (las dos robustas figuras se turnan mientras el crepúsculo hace el trabajo por ellas): “Una, de pie en la sepultura, mientras arroja, con los musculosos brazos de una lavandera, la pesada, húmeda y negra tierra, atravesada por raíces de árboles, una persona muy prosaica, vulgar, indiferente.”

Una persona atravesada por raíces de árboles puede ser muy prosaica, pero es en todo caso extraordinaria. Aun así, el sans-gêne* con que dicha persona usa los brazos de una lavandera en lugar de los suyos propios para cavar sugiere una cierta indiferencia.

A partir de estas muestras, sin embargo, el “artesano” comprenderá lo que Gottfried le da urgentemente a “meditar”, a saber, que la eunuca escuela de arte

“le ayudaría más en su negocio” (¡utile cum dulci!) “que las excursiones dominicales a Epping Forest o a los Jardines Botánicos de Kew”, más que “todas las alegres tabernas de los suburbios”, más que “las reuniones nocturnas” y que “desgranar el gran problema de si en la próxima revolución despuntará el reinado milenario de los oficiales sastres bajo el título de la dictadura de los trabajadores”.

Nosotros, sin embargo, pese a todos los prerrafaelistas, nos atenemos al viejo y sabio refrán: Cacatum non est pictum<