Mientras que el gobernador de Chambéry ha declarado positivamente que el rey de Cerdeña nunca ha contemplado la cesión de Saboya a Francia,[a] tenemos del ministro de Asuntos Exteriores de Inglaterra la garantía, expresada en la Cámara de los Comunes el día 2 del corriente, de que el proyecto fue desautorizado el pasado verano por el conde Walewski en nombre del Emperador de los franceses.[b] Estas declaraciones de lord John Russell, sin embargo, se refieren a un período de hace varios meses; y lo que entonces se negaba puede ahora estar muy cerca de consumarse. Ciertamente, es difícil, o más bien imposible, creer que el movimiento por la anexión a Francia, que recientemente se ha desarrollado entre el pueblo de Saboya, sea de origen puramente autóctono. Tiene que haber sido fomentado por agentes franceses, y debe de estar sancionado, o al menos tolerado, por el gobierno del rey Víctor Manuel.

Saboya es una provincia de nacionalidad francesa cabal y decidida, tanto como los cantones occidentales de Suiza. El pueblo habla un dialecto del sur de Francia (provenzal o lemosín); pero la lengua escrita y oficial es en todas partes el francés. Esto, sin embargo, no prueba en absoluto que los saboyanos deseen ser anexionados a Francia, y particularmente a la Francia bonapartista. Según las notas de un oficial alemán que realizó un viaje militar por el país en enero de 1859, el partido francés no tiene importancia en ninguna parte, salvo en Chambéry y las otras ciudades de la Baja Saboya, mientras que

[a] «La anexión de Saboya», _The Times_, n.º 23530, 31 de enero de 1860. — _Ed._
[b] Discurso de John Russell en la Cámara de los Comunes el 2 de febrero de 1860, _The Times_, n.º 23533, 3 de febrero de 1860. — _Ed._

la Alta Saboya, Maurienne y Tarentaise preferirían seguir como están, y Chablais, Faucigny y Genevois, los tres distritos septentrionales, preferirían formar un nuevo cantón de la Confederación Suiza. Aun así, Saboya, siendo completamente francesa, gravitará indudablemente cada vez más hacia el gran centro de la nacionalidad francesa y, en última instancia, se unirá a él, de modo que es una mera cuestión de tiempo.

Con Niza el caso es diferente. Los habitantes del condado de Niza también hablan un dialecto provenzal, pero aquí la lengua escrita, la educación, el espíritu nacional, todo es italiano. La relación entre el dialecto del norte de Italia y el del sur es tan estrecha que resulta casi imposible decir dónde termina uno y empieza el otro. Incluso el dialecto del Piamonte y de Lombardía es, en sus inflexiones, cabalmente provenzal, mientras que la manera en que las palabras se forman a partir del latín es esencialmente italiana. Reclamar Niza sobre la base de este dialecto nunca serviría; en consecuencia, ahora se la reclama sobre la base de supuestas simpatías por Francia, cuya existencia, sin embargo, es más que problemática. De que Niza, a pesar de estas simpatías y de su dialecto, es cabalmente italiana, no puede haber mejor prueba que el hecho de que produjo al soldado por excelencia de Italia, Giuseppe Garibaldi. La idea de que Garibaldi se convierta en francés es bastante ridícula.

La cesión de estas dos provincias no debilitaría mucho al Piamonte desde un punto de vista meramente financiero. Saboya es un país pobre que, aunque produce los mejores soldados del ejército sardo, nunca paga el gasto de su propia administración. Niza no está mucho mejor y, además, no es más que una pequeña franja de tierra. Aparentemente, la pérdida no sería grande. Niza, aunque italiana, podría ser sacrificada a la consolidación de la Italia septentrional y central; y la pérdida de una provincia extranjera como Saboya podría incluso considerarse una ventaja, en tanto que con ello se promuevan las probabilidades de la unidad italiana. Pero las cosas adquieren un aspecto muy diferente cuando se examinan desde un punto de vista militar.

Desde Ginebra hasta Niza, la actual frontera entre Francia y Cerdeña forma casi una línea recta. Al sur, el mar; al norte, la neutral Suiza, cortan toda comunicación. Hasta aquí, la posición de las partes en una guerra entre Italia y Francia parecería igualada. Pero tanto Saboya como Niza están situadas más allá de la cordillera principal de los Alpes, que rodea al Piamonte propiamente dicho en un vasto arco, y ambas están abiertas hacia Francia. Por consiguiente, mientras que en la frontera del Piamonte y Francia cada parte ocupa una vertiente de la cadena alpina, Italia ocupa, en las partes septentrional y meridional de

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la frontera, ambas vertientes, y con ello domina por completo los pasos.

Más aún, mientras que por falta de tráfico todos los caminos a través de los Alpes que conducen del Piamonte a Francia han sido muy descuidados, el camino sobre el Mont Cenis del Piamonte a Saboya y el que cruza el Col di Tenda del Piamonte a Niza son vías principales del tráfico europeo y se hallan en excelente estado. La consecuencia es que en todas las guerras entre Francia e Italia, tanto Niza como Saboya, cuando el ataque provenía del lado italiano, han formado bases naturales de operación para una invasión de Francia; y cuando Francia atacaba, tenía que conquistar estas dos provincias antes de poder asaltar la Italia transalpina. Y aunque ni Niza ni Saboya podían ser mantenidas por los italianos frente a un ejército superior, han proporcionado tiempo para una concentración de las fuerzas italianas en las llanuras del Piamonte, y han servido así como salvaguardia contra una sorpresa.

Si las ventajas militares resultantes para Italia de la posesión de Saboya y Niza se limitaran a estas ventajas positivas, aún podrían ser sacrificadas sin inconvenientes graves. Pero las ventajas negativas son, con mucho, las mayores. Imaginémonos el Mont Blanc, el Mont Iseran, el Mont Cenis y el Col di Tenda como gigantescos pilares de piedra que marcan la frontera de Francia. La frontera, en vez de ser una línea recta como ahora, rodearía el Piamonte en un inmenso arco. Chambéry, Albertville, Moutiers, los puntos donde convergen los caminos principales, se convertirían en depósitos franceses. La vertiente septentrional del Mont Cenis estaría guarnecida y fortificada por los franceses; los puestos de avanzada de las dos naciones se encontrarían en su cima, a dos marchas de Turín. Al sur, Niza sería el centro de los depósitos franceses, y sus puestos de avanzada se situarían en Oneglia, a cuatro marchas de Génova. Así, los franceses estarían, incluso en tiempo de paz, a las mismas puertas de las dos mayores ciudades del noroeste de Italia, y como su territorio casi rodearía al Piamonte por tres lados, podrían hacer imposible la concentración de un ejército italiano en la llanura del alto Po. Cualquier intento de concentrar las fuerzas italianas al oeste de Alessandría quedaría expuesto a un ataque antes de que la concentración estuviera completa —en otras palabras, a una serie de derrotas por partes. Así, el centro de defensa del Piamonte se desplazaría de inmediato de Turín a Alessandría; en otras palabras, el Piamonte propiamente dicho se volvería incapaz de una defensa seria y quedaría a merced de los franceses. Esto es lo que Luis Napoleón llama

«una Italia libre y agradecida, que deberá su independencia solo a Francia».

Si nos volcamos al Norte, lo que es una amenaza permanente para Italia sería un golpe mortal para Suiza. Al convertirse Saboya en francesa, toda Suiza occidental, desde Basilea hasta el Gran San Bernardo, quedaría cercada por territorio francés, y sería insostenible por un día en caso de guerra. Esto es tan evidente, que el Congreso de Viena resolvió neutralizar la Saboya septentrional tanto como Suiza, y en caso de guerra conceder a los suizos el derecho de ocupar y defender ese distrito.[a] Cerdeña, un Estado insignificante de cuatro millones, no podía oponerse a semejante regulación; pero ¿podría o querría Francia permitir que parte de su territorio fuera puesto así en sujeción militar a otro Estado más pequeño? ¿Podría Suiza intentar, en caso de guerra, ocupar y poner bajo su control militar una provincia francesa? Ciertamente no. Y entonces, cuando a Francia le conviniera, la totalidad de la Suiza francesa, el Jura bernés, Neuchâtel, Vaud, Ginebra, con tanto de Friburgo y Valais cuanto se considerara oportuno, podrían ser anexionados tan fácil y cómodamente como Saboya y Niza; y hasta ese momento Suiza estaría tan sometida al control y la influencia de Francia como si fuera un mero satélite. En cuanto a la neutralidad suiza en caso de guerra, esta habrá cesado desde ese mismo instante. No puede haber neutralidad cuando una gran potencia belicosa es capaz en todo momento de aplastar a su vecino neutral.

Este plan de aspecto inocente para la anexión de Saboya y Niza no tiene otro significado que establecer la dominación francesa en Italia y Suiza; hacer a Francia preponderante en los Alpes. Una vez consumado este pequeño paso, ¿cuánto tardaremos en contemplar el intento de hacer a Francia preponderante también en el Rin?

Escrito a principios de febrero de 1860 Reproducido del periódico

artículo de fondo

[a] «Declaración de las Potencias reunidas en el Congreso de Viena respecto a Suiza. Anexo n.º 11 del acta del Congreso de Viena». — _Ed._

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Frederick Engels