Creemos haber publicado todos los relatos importantes de la batalla de Magenta que han dado al mundo los gobiernos implicados y los principales periódicos europeos. Dicha batalla tuvo lugar hace casi un mes; e incluso a juicio de nuestros, más bien rígidos, amigos del *Evening Post*, ya se la puede discutir en un periódico sin faltar a la decencia, la seriedad o la honestidad; y, en consecuencia, procedemos —con toda deferencia— a exponer la verdad en forma de estudio histórico y, si se nos permite la expresión, estratégico de aquella batalla.’

En la mañana del 4 de junio, los austriacos habían completado su retirada a través del Tesino y marchaban hacia Magenta y Abbiategrasso, con el fin de tomar por el flanco al ejército francés que avanzaba hacia Milán; entretanto, el general Clam-Gallas, que acababa de llegar con una división del I cuerpo procedente de Milán, debía oponérseles de frente con su división y con el II cuerpo (de Liechtenstein), que se le había unido en Magenta. Como reserva, contaba con la división Reischach del VII cuerpo (de Zobel), en Corbetta, a un par de millas a retaguardia de Magenta. Habiéndose abandonado la línea misma del Tesino por considerarla indefendible, estas siete u ocho brigadas austriacas debían sostener la línea del Naviglio Grande, un gran canal

que corre casi paralelo al Tesino y que solo es franqueable por puentes. Los dos puentes que había que defender eran los de Boffalora y Magenta, en dos caminos que conducen ambos desde Magenta al puente de San Martino sobre el Tesino. La división del I cuerpo (al mando del general Cordon) avanzó por el camino de Turbigo; dos brigadas del II cuerpo estaban sobre los puentes; una tercera en Magenta, y la división de Reischach, como hemos dicho, en Corbetta.

Los franceses avanzaron en dos columnas. La primera, bajo el mando nominal de Luis Napoleón, se componía de la división de granaderos de la Guardia, de los cuerpos de Canrobert, Niel y Baraguay d’Hilliers, en total 9 divisiones, o 18 brigadas (117 batallones). Avanzó por el camino directo de Novara a Milán, por el puente de San Martino, y debía tomar los puentes de Boffalora y Magenta. La segunda, a las órdenes de McMahon, estaba compuesta por la división de voltígeros de la Guardia, por el cuerpo de McMahon y por todo el ejército piamontés: en total 8 divisiones, o 16 brigadas, incluyendo 109 batallones, ya que las divisiones piamontesas cuentan con un batallón más que las francesas. La cabeza de esta columna había atravesado el Tesino y el Naviglio sin seria resistencia en Turbigo, y ahora debía apoyar el ataque frontal de la primera columna mediante un movimiento sobre el flanco de los austriacos, marchando directamente hacia Magenta desde el norte. Esta columna debía atacar primero y, una vez que hubiera empeñado seriamente a los austriacos, la primera columna asaltaría los puentes.

Hacia el mediodía, McMahon inició el ataque. Con fuerzas superiores, empujó ante sí a la división de Cordon hacia Magenta, y hacia las dos de la tarde los granaderos de la Guardia, que habían hecho retroceder los puestos avanzados austriacos hasta el canal, atacaron los puentes de Boffalora y Magenta. En ese momento había sobre el campo de batalla 3 brigadas francesas, frente a lo que Luis Napoleón llama 125.000 austriacos, pero que en realidad se limitaban a 5 brigadas (2 del I cuerpo y 3 del II cuerpo), o sea, menos de 30.000 hombres; pues incluso las 2 brigadas de Reischach permanecían aún en Corbetta. Los franceses, mediante un violento esfuerzo, se apoderaron de los puentes sobre el canal. Gyulay, que se encontraba en Magenta, ordenó a Reischach que avanzara y recobrara el puente de Magenta, cosa que hizo; pero Boffalora parece haber quedado en manos de los franceses. La batalla se estancó; el cuerpo de McMahon, al igual que los granaderos, habían sido rechazados con éxito; pero también todos los hombres disponibles de los austriacos estaban empeñados. ¿Dónde estaban los demás cuerpos? Estaban en todas partes, excepto donde se los necesitaba. La 2.ª división del I cuerpo estaba todavía en camino desde Alemania, y no se podía esperar razonablemente que llegara. La brigada restante del II cuerpo, pues Gyulay dice claramente en su parte que solo 3 brigadas del II cuerpo entraron en combate, no queda registrada. La 2.ª división del VII cuerpo, la del general Lilia, estaba en Castelletto, a 6 o 7 millas de Magenta. El III cuerpo estaba en Abbiategrasso, a 5 millas de Magenta. El V cuerpo marchaba hacia Abbiategrasso, procedente probablemente de Bereguardo, y cuando comenzó la batalla se hallaba al menos a 9 millas de Magenta. El VIII cuerpo marchaba de Binasco a Bestazzo, a 10 o 12 millas de distancia, y el IX se encontraba efectivamente sobre el Po, aguas abajo de Pavía, a 20 o 25 millas del lugar de la acción. Con esta preciosa dispersión de sus tropas, Gyulay se colocó en la difícil situación de tener que resistir con 7 brigadas el choque de las dos cabezas de columna francesas desde el mediodía hasta alrededor de las 4 o 5 de la tarde, y estas siete brigadas no habrían podido hacerlo de no ser por el hecho de que los franceses, avanzando por solo dos caminos con masas enormes de tropas, solo podían moverse con lentitud.

Mientras Reischach defendía el puente de Magenta y se apoderaba de uno de los nuevos cañones estriados franceses, Gyulay se apresuró a Robecco, aldea situada sobre el canal a unas tres millas aguas abajo de Boffalora, para acelerar la marcha del III y el V cuerpo e indicarles sus direcciones de ataque. Cuatro brigadas del III cuerpo fueron lanzadas al frente, la primera línea a las órdenes de Hartung y Ramming, y con Durfeld en reserva, las tres a lo largo del canal, y Wetzlar a lo largo del Tesino. Debían atacar el flanco derecho de los franceses. Pero entretanto, estos últimos también habían recibido refuerzos. La brigada de Picard (de la división de Renault, del cuerpo de Canrobert) llegó en apoyo de los granaderos e hizo retroceder a Reischach al otro lado del puente. Le siguieron la división de Vinoy (cuerpo de Niel), la brigada de Jannin (división de Renault) y la división de Trochu (cuerpo de Canrobert). Así concentraron los franceses en este punto seis brigadas, además de las dos brigadas de granaderos, mientras que de las cuatro brigadas austriacas del III cuerpo, solo dos o tres entraron realmente en combate. A pesar de esta desproporción de fuerzas, los austriacos tomaron y retomaron el puente de Magenta una y otra vez; pero al final quedó en manos de los franceses.*

Mientras esto ocurría en los puentes, McMahon había preparado un segundo ataque contra las tropas que se le oponían, compuestas por cuatro o cinco brigadas de los I y II cuerpos. Sus dos divisiones volvieron a avanzar en dos columnas hacia Magenta, seguidas en segunda línea por la división de voltígeros de la Guardia de Camou. Las divisiones de Espinasse y de La Motterouge (cuerpo de McMahon) fueron detenidas con eficacia por los austriacos, y los voltígeros avanzaron para apoyarlas. La lucha llegó entonces a su punto crítico. La primera de las columnas francesas había atravesado el puente de Magenta y avanzaba también contra la aldea, que ya se hallaba duramente presionada por la columna de McMahon. Una vez que el V cuerpo austriaco apareció por fin en el campo de batalla, la brigada del Príncipe de Hesse”, casi al anochecer, intentó de nuevo rechazar a los franceses al otro lado del puente, pero en vano. Era, en verdad, demasiado pedir que una débil brigada (ya había combatido en Montebello) pudiera detener y hacer retroceder aquel torrente de tropas que se derramaba por el puente de Magenta. Los austriacos en Magenta, atacados de frente, de flanco y de retaguardia, y bajo fuego continuo sin descanso desde el comienzo de la acción, cedieron al fin, y tras una violenta lucha, Magenta fue ocupada por los franceses al caer la noche.

Gyulay retiró sus tropas a través de Corbetta, que entretanto había sido ocupada por la división de Lilia procedente de Castelletto, y a través de Robecco, que también estaba fuertemente defendido por el III cuerpo, acampando el V cuerpo entre ambas localidades. Tenía la intención de proseguir la lucha el 5 de junio, pero al parecer se produjo alguna confusión respecto a las órdenes impartidas, pues en plena noche se enteró de que los I y II cuerpos, según órdenes —tal como ellos las entendieron—, se habían retirado varias millas del campo de batalla y debían continuar la retirada a las 3 de la madrugada. Esta información decidió a Gyulay a desistir de una nueva batalla. Una brigada del III cuerpo asaltó de nuevo Magenta para cubrir la retirada del ejército austriaco, que se efectuó en el orden más perfecto.

Según el parte austriaco,* entraron en combate por su lado:

Del I Cuerpo, división Cordon: 2 brigadas.  
Del II Cuerpo: 3 brigadas.  
Del VII Cuerpo, división Reischach: 2 brigadas.  
Del III Cuerpo: 3 brigadas.  
Del V Cuerpo, al caer la noche: 1 brigada.  

En total, 11 brigadas, equivalentes a 55 batallones, con armas auxiliares, cerca de 65.000 hombres.

Según la versión francesa,° los aliados habían empeñado:

Cuerpo de la Guardia, 2 divisiones: 4 brigadas.  
Cuerpo de McMahon (2 divisiones): 4 brigadas.  
Del cuerpo de Canrobert, 2 divisiones (Renault y Trochu): 4 brigadas.  
Del cuerpo de Niel, 1 división (Vinoy): 2 brigadas.  

En total 14 brigadas, o 91 batallones, equivalentes por lo menos a 80.000 hombres. Pero el parte francés, al hablar del avance de la división de Vinoy, dice:

«el 85.º de línea fue el que más sufrió… el general Martimprey recibió una herida mientras conducía su brigada.»

Ahora bien, ni el 85.º ni la brigada del general Martimprey pertenecen a la «división de Vinoy del cuerpo del general Niel». El 85.º pertenece a la 2.ª brigada, mandada por el general Ladreitt de la Charriére, de la división de Ladmirault, y el general Martimprey manda la 1.ª brigada de esa misma división, que no pertenece al cuerpo de Niel, sino al del mariscal Baraguay d’Hilliers. Tenemos aquí, pues, una prueba decisiva de que entraron en combate más tropas francesas de las consignadas en el parte; y si se pasa por alto con tanta ligereza la división de Ladmirault, que eleva a 16 el número de brigadas, a 104 el de batallones y a 90.000 el de combatientes, no podemos menos de suponer que aún otras tropas contribuyeron al resultado de la jornada. Los austriacos, por su parte, dicen haber hecho prisioneros pertenecientes a casi todos los regimientos que formaban parte del ejército de Italia, y es,

el Emperador, 7 de junio de 1859”, The Times, n.º 23331, 13 de junio de 1859.— Ed.

le 5 juin 1859”, Le Moniteur universel, n.º 161, 10 de junio de 1859.— Ed.

por tanto, probable que al menos 16 brigadas tomaran parte en la acción. Esto da a los franceses una superioridad numérica que honra en el más alto grado la valentía de las tropas austriacas. Fueron vencidos apenas por la anchura del campo de batalla; tomaron un cañón y perdieron cuatro, y debieron abandonar el campo con la certeza de que, si los efectivos hubieran sido iguales, la victoria habría sido suya.

Pero ¿qué decir de su general? Espera el ataque el día 4; a 8 millas del campo de batalla tiene 13 brigadas (las 7 primeras empeñadas, 2 del cuerpo de Lilia, 4 del 3.er cuerpo); a 9 millas, 4 más del 5.º; a 10 o 12 millas, 4 más del 8.º cuerpo. Esto era a las 8:30 de la mañana. Ahora bien, ¿es pedir demasiado, en un día de batalla, que todos estos cuerpos hubieran estado reunidos para las 4 o, a más tardar, las 5 de la tarde lo suficientemente cerca de Magenta como para tomar parte en el conflicto? ¿Es pedir demasiado que a las 2 en punto, cuando la batalla se tornó seria, hubieran estado empeñadas 13 brigadas en lugar de 7? En ese caso, la posición —mantenida, tal como fue, hasta el anochecer por 4— podría haberse sostenido fácilmente con 12 brigadas, y las grandes pérdidas que la división de Cordon y el 2.º cuerpo sufrieron sin duda se habrían evitado. A la llegada del 5.º cuerpo, se podría haber tomado la ofensiva y rechazado a los franceses al otro lado del Tesino. Pero la vieja lentitud de movimientos parece haberse apoderado de nuevo de los austriacos. Como dijo de ellos el gran Napoleón, pierden los momentos más preciosos en inútil pomposidad y ociosas formalidades. Gyulay ha hecho lo mismo, y le ha dado a Luis Napoleón una victoria que habría sido fácil y decisiva de no ser por la bravura de las tropas austriacas, y que el propio Gyulay podría haber obtenido.*

En la mañana del día 5, Gyulay tenía bajo su mando, de tropas intactas que no habían sido empeñadas en Magenta:

Una división del 3.er cuerpo ..................... 2 brigadas.
Tres brigadas del 5.º cuerpo ..................... 3 brigadas.
Una división (Lilia) del 7.º cuerpo ..................... 2 brigadas.
El 8.º cuerpo ..................... 4 brigadas.

Once brigadas, o una fuerza igual a aquella con la que había combatido el día anterior. De las tropas empeñadas el día anterior, solo 3 divisiones (1.er y 2.º cuerpo) estaban tan desorganizadas como para no poder combatir —este parece ser el verdadero significado de la misteriosa retirada de estas tropas—. Quedaban 8 brigadas, en total 19 brigadas, o más de 100.000 hombres. Se le oponían las 16 brigadas francesas empeñadas el día 4; 4 divisiones más del ejército francés, que debían de estar listas para combatir el día 5, y 1 o 2 divisiones de piamonteses, ya que la mayoría de estos últimos estaban todavía muy a retaguardia. Así, el día 5, Gyulay habría tenido 19 brigadas, y quizás más tarde en el día, 25 (contando el 1.er y 2.º cuerpo, si se les hacía avanzar de nuevo), contra unas 28 brigadas franco-piamontesas, las cuales, quizás hacia el anochecer, podrían haber sido reforzadas por 2 o 3 brigadas piamontesas más. Ahora vemos el error garrafal que cometió Gyulay al enviar al 9.º cuerpo tan lejos. Con el 9.º cuerpo presente, sus 29 brigadas habrían estado a la altura de todo el ejército aliado, y no es del todo imposible que la batalla del día 5 hubiera tenido un resultado diferente del de la jornada anterior.

Los errores de Gyulay pueden resumirse como sigue:

1. Cuando Luis Napoleón realizó una marcha de flanco al alcance de los austriacos, desde Vercelli a Turbigo, Gyulay no sacó provecho de la posición desfavorable de su enemigo, lanzándose de inmediato, con todas sus fuerzas, sobre su expuesta línea de marcha, con lo cual podría haberlos partido en dos y empujado a una parte hacia los Alpes —repitiendo la maniobra de Radetzky de 1849.

2. En lugar de esto, se retiró detrás del Tesino, marchando así por un rodeo para cubrir Milán, cuyo camino directo fue abandonado al enemigo.

3. Dispersó sus tropas durante esta retirada, que llevó a cabo con una soltura y una pereza apenas perdonables en maniobras en tiempo de paz.

4. Su 9.º cuerpo estaba tan lejos que quedó fuera del alcance de la concentración.

5. La concentración, incluso durante la batalla, se llevó a cabo con una lentitud imperdonable, a consecuencia de lo cual las tropas empeñadas primero tuvieron que sufrir innecesariamente y, además, la batalla se perdió en lugar de ganarse.

Si, con semejantes errores, no sufrió una derrota total, teniendo que combatir con la élite del ejército francés, ello ha de atribuirse simplemente a la notoria bravura de sus tropas, y en absoluto a cualidad alguna de su comandante.

De esta reseña de la batalla se desprenderá asimismo que las deserciones de tropas italianas y húngaras, en las que algunos de nuestros amigos han puesto tanto énfasis, fueron realmente muy pequeñas, y no tuvieron influencia calculable en el resultado de la jornada.