Según las gacetas londinenses, los valores indios y los títulos ferroviarios se han distinguido últimamente por un movimiento descendente en aquel mercado, cosa que dista mucho de atestiguar la autenticidad de las convicciones optimistas que a John Bull le gusta exhibir respecto al estado de la guerra de guerrillas india, y que, en todo caso, indica una obstinada desconfianza en la elasticidad de los recursos financieros indios. En cuanto a esto último, se proponen dos puntos de vista opuestos. Por un lado, se afirma que los impuestos en la India son más gravosos y opresivos que los de cualquier otro país del mundo; que, por regla general, en la mayoría de las presidencias, y sobre todo en aquellas donde más tiempo ha imperado la dominación británica, los cultivadores –es decir, la gran masa del pueblo indio– se hallan en una situación de empobrecimiento y abatimiento sin paliativos; que, en consecuencia, los ingresos indios han sido estirados hasta su límite máximo posible, y las finanzas indias se hallan, por tanto, sin remedio. Una opinión bastante incómoda en un momento en que, según el señor Gladstone, «durante algunos años venideros, el gasto extraordinario solo de la India ascenderá anualmente a unas 20.000.000 de libras esterlinas».¹ Por otro lado, se asevera –y la aseveración se corrobora con un cúmulo de ilustraciones estadísticas– que la India es el país menos gravado del mundo; que, si los gastos van en aumento, también pueden aumentarse los ingresos, y que es una falacia total imaginarse que el pueblo indio no soportará nuevos impuestos. El señor Bright, a quien puede considerarse el más esforzado e influyente representante de la doctrina «incómoda», hizo, con ocasión de la segunda lectura del nuevo proyecto de ley sobre el Gobierno de la India, la siguiente declaración:

«Al Gobierno de la India le había costado más gobernar la India de lo que era posible arrancarle a la población, aunque el Gobierno no había sido en modo alguno escrupuloso ni en cuanto a los impuestos establecidos ni en cuanto al modo en que se recaudaban. […] Costaba más de 30.000.000 de libras gobernar la India, pues esa era la renta bruta, y siempre había un déficit, que había que cubrir con empréstitos tomados a un elevado tipo de interés. […] La deuda india ascendía ahora a 60.000.000 de libras y seguía aumentando, mientras el crédito del Gobierno decaía, en parte porque no habían tratado a sus acreedores muy honorablemente en una o dos ocasiones, y ahora a causa de las calamidades ocurridas recientemente en la India. […] Había aludido a la renta bruta; pero como esta comprendía la renta del opio, que apenas era un impuesto sobre el pueblo de la India, tomaría los impuestos que realmente pesaban sobre él en 25.000.000 de libras. Ahora bien, que no se compararan estos 25.000.000 con los 60.000.000 que se recaudaban en este país. Que la Cámara recordara que en la India era posible comprar doce días de trabajo por la misma cantidad de oro o plata que se obtendría como paga por uno en Inglaterra. Estos 25.000.000 de libras gastados en la compra de trabajo en la India comprarían tanto como un desembolso de 300.000.000 proporcionaría en Inglaterra. […] Podría preguntárseme cuánto vale el trabajo de un indio. Bien, si el trabajo de un indio solo vale 2 peniques al día, es evidente que no podemos esperar que pague tantos impuestos como si valiera 2 chelines. […] Tenemos 30.000.000 de habitantes en Gran Bretaña e Irlanda; en la India hay 150.000.000. […] Recaudamos aquí 60.000.000 de libras esterlinas en impuestos; en la India, calculando según los días de trabajo del pueblo indio, recaudamos 300.000.000 de renta, o cinco veces más renta de la que se cobra en la metrópoli. Atendiendo al hecho de que la población de la India es cinco veces mayor que la del Imperio Británico, podría decirse que la tributación per cápita en la India y en Inglaterra es más o menos la misma, y que, por tanto, no se inflige una gran penalidad. Pero en Inglaterra existe un poder incalculable de maquinaria y vapor, de medios de tránsito y de todo lo que el capital y la invención humana pueden aportar para ayudar a la industria de un pueblo. En la India no haya nada semejante. Apenas tienen una carretera decente en todo el país.»²

Ahora bien, hay que admitir que hay algo erróneo en este método de comparar los impuestos indios con los británicos. Por una parte está la población india, cinco veces mayor que la británica, y por otra la tributación india, que asciende a la mitad de la británica. Pero entonces, dice el señor Bright, el trabajo indio solo equivale a aproximadamente una doceava parte del trabajo británico. Por consiguiente, 30.000.000 de libras de impuestos en la India representarían 300.000.000 de libras de impuestos en Gran Bretaña, en vez de los 60.000.000 efectivamente recaudados allí. ¿Cuál es entonces la conclusión a la que debería haber llegado? A que el pueblo de la India, en lo que respecta a su fuerza numérica, paga la misma tributación que el pueblo de Gran Bretaña, si se toma en consideración la pobreza comparativa del pueblo de la India y se supone que 30.000.000 de libras pesan tanto sobre 150.000.000 de indios como 60.000.000 de libras sobre 30.000.000 de británicos. Siendo esa su suposición, es ciertamente falaz volverse atrás y decir que un pueblo pobre no puede pagar lo mismo que uno rico, pues la pobreza comparativa del pueblo indio ya se ha tenido en cuenta al formular la afirmación de que el indio paga lo mismo que el británico. De hecho, podría plantearse otra cuestión. Podría preguntarse si a un hombre que gana, digamos, 12 centavos al día puede en justicia esperarse que pague 1 centavo con la misma facilidad con que otro, que gana 12 dólares al día, paga 1 dólar. Ambos contribuirían relativamente con la misma parte alícuota de su renta, pero el impuesto podría gravitar en proporciones muy distintas sobre sus respectivas necesidades. Sin embargo, el señor Bright no ha planteado todavía la cuestión en estos términos, y, si lo hubiera hecho, la comparación entre la carga tributaria que soportan, por un lado, el asalariado británico y, por otro, el capitalista británico, quizá habría tocado más de cerca que la comparación entre la tributación india y la británica. Además, él mismo admite que de los 30.000.000 de libras de impuestos indios hay que restar los 5.000.000 que constituyen la renta del opio, ya que esta, hablando con propiedad, no es un impuesto que pese sobre el pueblo indio, sino más bien un derecho de exportación que grava el consumo chino. Luego, los apologistas de la administración angloindia nos recuerdan que 16.000.000 de libras de ingresos provienen de la renta territorial, o renta del suelo, la cual desde tiempos inmemoriales ha pertenecido al Estado en su calidad de terrateniente supremo, nunca constituyó parte de la fortuna privada del cultivador y, de hecho, no entra en la tributación propiamente dicha más de lo que pueda decirse que la renta pagada por los arrendatarios británicos a la aristocracia británica entra en la tributación británica. La tributación india, según este punto de vista, se presentaría así:

Suma total recaudada....................... £30,000,000
Deducir por la renta del opio............ 5,000,000
Deducir por la renta de la tierra....... 16,000,000

Tributación propiamente dicha...... £9,000,000

De estos 9,000,000 de libras, a su vez, hay que admitir que algunas partidas importantes, como las de correos, el timbre y los derechos de aduana, gravan en una proporción muy ínfima a la masa del pueblo. En consonancia con ello, el señor Hendriks, en un estudio presentado recientemente ante la Sociedad Estadística Británica sobre las finanzas de la India,³ intenta probar, a partir de documentos parlamentarios y otros documentos oficiales, que de la renta total pagada por el pueblo de la India, en la actualidad no más de una quinta parte se recauda por tributación, es decir, de la renta real del pueblo; que en Bengala solo un 27 por 100, en el Punjaub solo un 23 por 100, en Madrás solo un 21 por 100, en las Provincias del Noroeste solo un 17 por 100 y en Bombay solo un 16 por 100 de la renta total proviene de la tributación propiamente dicha.

El siguiente cuadro comparativo del importe medio de la tributación por habitante en la India y en el Reino Unido durante los años 1855-56 está extraído del estudio del señor Hendriks:

Bengala, por cabeza, Renta................... £0 5 0... Tributación propiamente dicha. £0 1 4
Provincias del Noroeste............................ 3 5... Tributación propiamente dicha. 0 7
Madrás....................................................... 4 7... Tributación propiamente dicha. 1 0
Bombay...................................................... 8 3... Tributación propiamente dicha. 1 4
Punjaub..................................................... 3 3... Tributación propiamente dicha. 0 9
Reino Unido............................................ - -... Tributación propiamente dicha. 1 10 0

Para un año distinto, el general Briggs⁴ da la siguiente estimación de la media pagada por cada individuo a la renta nacional:

En Inglaterra, 1852............................. £1 19 4
En Francia............................................ 1 12 0
En Prusia.............................................. 0 19 3
En la India, 1854.................................. 0 3 8⅓

De estas cifras infieren los apologistas de la administración británica que no hay un solo país en Europa en el que, aun teniendo en cuenta la pobreza comparativa de la India, el pueblo esté tan levemente gravado. De manera que parece que no solo las opiniones respecto a la tributación india son contrapuestas, sino que los hechos de los que pretenden extraerse son en sí mismos contradictorios. Por una parte, hemos de admitir que el monto nominal de la tributación india es relativamente pequeño; pero por otra, podríamos amontonar pruebas sobre pruebas extraídas de los documentos parlamentarios, así como de los escritos de las mayores autoridades en asuntos indios, que demuestran todas ellas fuera de toda duda que esta tributación aparentemente leve aplasta a la masa del pueblo indio pulverizándola, y que su exacción obliga a recurrir a infamias tales como la tortura, por ejemplo. Pero ¿acaso se necesita otra prueba más allá del aumento constante y rápido de la deuda india y de la acumulación de déficits indios? Ciertamente no se pretenderá que el Gobierno de la India prefiere agrandar las deudas y los déficits porque rehúye tocar con demasiada rudeza los recursos del pueblo. Se embarca en deudas porque no ve otro modo de hacer frente a las obligaciones. En 1805 la deuda india ascendía a 25.626.631 libras;⁵ en 1829 alcanzó unas 34.000.000 de libras;⁶ en 1850, 47.151.018 libras;⁷ y en la actualidad asciende a unos 60.000.000. De pasada, dejamos fuera de la cuenta la deuda de la India Oriental contraída en Inglaterra, que también grava la renta de la India Oriental.

El déficit anual, que en 1805 ascendía a unos dos millones y medio, había llegado, bajo la administración de lord Dalhousie, a una media de cinco millones. El señor George Campbell, del Servicio Civil de Bengala y de mentalidad fuertemente inclinada a favor de la administración angloindia, se vio obligado a reconocer en 1852 que:

«Aunque ningún conquistador oriental ha logrado jamás un dominio tan completo, tan tranquilo, universal e indiscutido de la India como nosotros, sin embargo todos se han enriquecido con las rentas del país, y muchos, con su abundancia, han desembolsado sumas considerables en obras de mejora pública. […] A hacer esto nosotros nos vemos impedidos. […] La cuantía de la carga total no ha disminuido en modo alguno» (bajo la dominación inglesa), «sin embargo, no tenemos superávit.»⁸

Al estimar la carga tributaria, su monto nominal no debe pesar más en la balanza que el método con que se la recauda y la manera de emplearla. El primero es detestable en la India, y en el ramo del impuesto territorial, por ejemplo, malgasta acaso más producto del que percibe. En cuanto a la aplicación de los impuestos, bastará decir que no se devuelve al pueblo parte alguna de ellos en obras de utilidad pública, más indispensables en los países asiáticos que en ninguna otra parte, y que, como justamente observó el señor Bright, en parte alguna se hace una provisión tan extravagante para la propia clase gobernante.