La historia de la guerra de montaña moderna, de la que dimos un breve resumen en un artículo anterior, demuestra con la mayor claridad que la movilidad de los ejércitos de nuestros días es perfectamente capaz de vencer o flanquear todos los obstáculos naturales que un país alpino como Suiza puede oponer a sus maniobras. Supongamos, pues, que estallara realmente una guerra entre el rey de Prusia* y Suiza; los suizos tendrían que buscar ciertamente otras defensas, además de sus tan ponderadas «fortalezas de montaña», para la seguridad de su país.

* 4a Frederick William IV. — Ed.

En el caso arriba supuesto, la línea por la que Suiza podría ser atacada se extendería desde Constanza a lo largo del Rin hasta Basilea: pues hemos de considerar tanto a Austria como a Francia neutrales, ya que la intervención activa de cualquiera de ellas aseguraría a la ofensiva una fuerza tan aplastante que contra ella serían inútiles cualesquiera combinaciones estratégicas. La frontera septentrional, por tanto, se supone que es la única abierta a la invasión. Está protegida en primera línea por el Rin, obstáculo de no gran importancia. Este río corre a lo largo de la frontera atacada por unas 70 millas, y aunque profundo y rápido, ofrece muchos lugares favorables para un paso. En las guerras revolucionarias francesas? su posesión no fue nunca seriamente disputada, y, en verdad, un fuerte ejército invasor puede siempre forzar el paso de cualquier río en un trecho de 70 millas de su curso. Falsas alarmas, ataques fingidos, seguidos de una súbita concentración de tropas en los verdaderos puntos de paso, están seguros de tener éxito en cada caso. Hay, además, varios puentes de piedra a través de él, que los suizos apenas intentarían destruir de modo tan serio como para hacerlos inservibles durante el período de una campaña; y, por último, Constanza, siendo una ciudad alemana situada en la orilla meridional del Rin, ofrece una cómoda cabeza de puente para que los prusianos flanqueen toda la línea.

Pero hay otro obstáculo a poca distancia detrás del Rin, que realza su defensibilidad indirecta de modo similar a como los Balcanes, en Bulgaria, realzan la defensibilidad del Danubio. Tres afluentes del Rin, el Aar desde el suroeste, el Reuss y el Limmat desde el sudeste, se unen cerca de Brugg, formando los dos últimos un ángulo recto con el Aar, y corren luego hacia el norte, hacia el Rin, al que se unen en Coblenza (esta Coblenza sobre el Aar y el Rin, por supuesto, no ha de confundirse con la fortaleza del mismo nombre sobre el Mosela y el Rin), a unas 10 millas de su confluencia. De este modo, el Aar desde Brugg hasta el Rin corta en dos el país cubierto por esta última corriente, de manera que un ejército invasor, una vez atravesado el Rin, ya sea aguas arriba o aguas abajo de Coblenza, tiene ante su frente o bien el Limmat o bien el Aar, y, en consecuencia, se ve detenido de nuevo por un río defendible. El ángulo saliente que forma la confluencia del Aar y el Limmat (el Reuss no constituye sino una fuerte segunda línea respecto de la del Limmat) ofrece así una importante segunda posición para la defensa. Sus flancos están cubiertos, a la izquierda (oeste), por los lagos* de Zúrich, Wallenstadt, Zug y de los Cuatro Cantones; ninguno de los cuales, en las circunstancias supuestas, se atrevería a flanquear un ejército prusiano. La posición del Aar y el Limmat, con el Rin a la espalda de cualquier ejército que viniera a atacarla, forma, por lo tanto, la principal defensa estratégica de Suiza contra una invasión desde el Norte. Suponiendo que los suizos rechazaran un ataque sobre ella y sacaran partido de la victoria con un contraataque y una persecución activa, el ejército derrotado estaría perdido, deshecho, cortado y aniquilado antes de que pudiera retirarse por los pocos puentes que pudiera tener sobre el Rin.

* 4 Una inexactitud del texto. Los lagos mencionados se hallan en el flanco derecho (este) de la posición en cuestión. — Ed.

Por otra parte, si la línea del bajo Aar y el Limmat fuese forzada, ¿qué les quedaría a los suizos? También aquí hemos de consultar la configuración del terreno. Los grandes ejércitos no pueden vivir en las altas montañas, ni pueden establecer en ellas sus principales bases de operaciones o depósitos. Esa es una de las razones por las que las campañas en países alpinos, cuando se emprenden con fuerzas considerables, han sido siempre de muy corta duración. Los suizos no podrían, pues, pensar en retirarse con el grueso de sus fuerzas a las altas montañas; tendrían que mantenerse todo el tiempo posible en el territorio más llano, donde encuentran ciudades con todos sus recursos y caminos que facilitan el transporte. Ahora bien, si se traza una línea desde el punto en que el Ródano entra en el lago de Ginebra en Villeneuve, hasta el punto en que el Rin entra en el lago de Constanza cerca de Rheineck, esta línea cortará a Suiza en dos porciones, de las cuales la noroccidental (dejando fuera de consideración el Jura) comprenderá las tierras bajas suizas, mientras que la suroriental comprende las altas tierras o país alpino. La estrategia de los suizos queda así claramente definida. Su grueso tendría que retirarse sobre la línea Zúrich — Berna — Lausana — Ginebra, defendiendo el país abierto palmo a palmo, y dejando las montañas del sudeste a la protección de las fracciones del ejército que pudieran haber sido aisladas, y de la guerra irregular de los montañeses del Landsturm y de los cuerpos francos. El grueso se vería apoyado en esta línea de retirada por todos los afluentes meridionales del Aar, que corren todos paralelos al Reuss y al Limmat, y en Berna por el propio Aar, que en su curso superior también corre del este hacia el noroeste. Una vez forzado el alto Aar y tomada Berna, poca posibilidad les quedaría a los suizos de llevar la guerra a un desenlace victorioso, a menos que los montañeses y los nuevos cuerpos formados en el sudeste lograran ocupar de nuevo parte de la llanura y amenazar la retaguardia prusiana con tal seriedad que se hiciera inevitable una retirada general. Pero esa posibilidad bien puede dejarse fuera de toda consideración.

Así, los suizos tendrían varias buenas líneas de defensa: primero, el Aar y el Limmat; luego, el Aar y el Reuss; en tercer lugar, el Aar y el Emme (por no mencionar los afluentes menores intermedios del Aar); y, en cuarto lugar, el alto Aar, con el ala izquierda detrás del terreno pantanoso que se extiende desde el lago de Neuchâtel hasta dicho río.

El ataque tiene su estrategia igual de bien prescrita por la configuración del país que la defensa. Si los prusianos enviasen su grueso a través del Rin aguas arriba de Coblenza y atacaran la posición del Limmat, cogerían el toro por los cuernos; no solo tendrían que asaltar la posición que Masséna defendió con tanto éxito en 1799 contra austríacos y rusos, sino que, tras tomarla, encontrarían 5 millas más allá la posición del Reuss, igualmente fuerte; y luego, a 2, 3 o 5 millas, otra corriente montañosa les cerraría el paso, hasta que al fin, tras una sucesión de retrasos, combates y pérdidas, volverían a encontrar a los suizos apostados detrás del Emme, río que constituye un obstáculo casi tan serio como el Limmat. A menos que razones políticas, que dejamos enteramente a un lado, indujeran a los prusianos a mantenerse a respetuosa distancia de la frontera francesa, esta vía de ataque sería, por tanto, absolutamente defectuosa. El verdadero camino hacia Suiza cruza el Rin entre Basilea y Coblenza; o, si una parte del ejército cruzase aguas arriba de Coblenza, habría que establecer de inmediato una comunicación a través del Aar entre Brugg y Coblenza, a fin de concentrar al grueso en la orilla izquierda de este último río. El ataque directo a la línea del Aar flanquea tanto la línea del Limmat como la del Reuss, y puede llegar a flanquear también las líneas de todos los afluentes meridionales menores del Aar, casi hasta el río Emme. La línea del Limmat es también corta, extendiéndose en su frente atacable, de Zúrich a Brugg, no más de 20 millas, mientras que la línea del Aar, de Brugg a Solothurn, ofrece al ataque una extensión de 36 millas, y ni siquiera está absolutamente a salvo de un ataque frontal aguas arriba de Solothurn. La izquierda de la posición, entre Solothurn y Aarberg, es su punto débil; una vez forzada ahí, no solo se pierde la línea para los suizos, sino que quedan cortados de Berna, Lausana y Ginebra, y no les queda retirada más que hacia las altas tierras del sudeste.

La defensa, sin embargo, se apoya aquí en obstáculos tácticos. Cuanto más se remonta el Aar hacia Solothurn, tanto más se acercan al río las crestas más elevadas del Jura y obstaculizan las operaciones militares con sus característicos valles longitudinales, que corren todos paralelos al Aar. Las crestas intermedias distan mucho de ser infranqueables, pero aun así la concentración de un gran cuerpo en semejante terreno presupondría maniobras muy complicadas, siempre desagradables ante la presencia del enemigo y que un general no emprende fácilmente a menos que tenga sobrada confianza en sí mismo y en sus tropas. No siendo esta última cualidad muy común en los viejos generales prusianos —de los que apenas puede decirse que hayan visto servicio activo desde 1815—, no es probable que arriesguen semejante maniobra, sino que se aferrarán más bien a medidas a medias sobre los flancos y concentrarán sus principales esfuerzos sobre el bajo.