a) *La Russie et l’Angleterre*. 1854

La predicción, la penetración del destino, a través del medio de una evaluación crítica de las condiciones en los estados de Europa, sus relaciones mutuas y, derivando de ellas, la historia contemporánea: ésta es una de las pretensiones de estos panfletos. El método empleado para abordar este problema se recomienda por una cierta dosis de astucia. Toda vez que el saber y la previsión exhibidos por la Crítica han de ponerse a prueba a la luz de la historia contemporánea, nada parecería más sencillo que comparar las conclusiones de la Crítica con los hechos de la historia contemporánea, midiendo las primeras contra los segundos y convenciéndose así de la justificación o de la presunción de las pretensiones de la Crítica. Por ejemplo, en el panfleto arriba citado leemos:

«La pratique constitutionnelle a gagné infiniment du terrain, et la résistance passive des assemblées nationales, issues de la révolution de l'année 1848, a pris de plus grandes proportions. Toute l’Europe s’est partagé, en ce moment, les différents rôles du drame constitutionnel: l’Occident s’est chargé du rôle de l’opposition honnête; la Russie représente le gouvernement, armé de la force et usant de son autorité.»[^1]

(«Europa se ha repartido los papeles en el drama constitucional; Occidente ha asumido el papel de oposición leal; a Rusia le ha tocado el papel de gobierno enérgico armado con la fuerza.»)

No nos detendremos en la frase malograda que, mediante una “y”, amontona la “práctica constitucional” con la “resistencia pasiva” de las asambleas “no constitucionales” de 1848, etc. De todas aquellas asambleas, esto podría aplicarse únicamente a la *assemblée législative*. Pero tomemos la proposición tal como está. Europa occidental, la *assemblée législative*, se limita a la resistencia pasiva, y Rusia, el “gobierno armado con la fuerza”, “afirma su autoridad” mediante un golpe de Estado, como hicieron respectivamente Bonaparte, Francisco José y Federico Guillermo IV.[^2] Tal era la valoración de la Crítica sobre la situación en el mes de abril: una interpretación del pasado inmediato que al mismo tiempo pretende ser una predicción del futuro inmediato. Las semanas que siguieron inmediatamente desmintieron tanto la interpretación como la predicción y demostraron que, en su superficial precipitación, la Crítica ha transformado la fisonomía de un momento en un rasgo permanente. No sólo las potencias occidentales abandonan la “resistencia pasiva” y pasan a actos agresivos, sino que, antes de que lo hayan hecho, las campañas danubianas de Rusia revelan que ella no está “armada” de fuerza, sino que, más bien, sus armas son impotentes y, en lugar de “afirmar su autoridad”, se retira, bate en retirada.[^3] La analogía que traza con los gobiernos dictatoriales perpetradores de golpes de Estado y las asambleas de 1848 se derrumba por completo. ¿Era, pues, errónea la predicción de la Crítica? ¿Engañosa su interpretación de las circunstancias? De ningún modo. Tras la ocurrencia de los hechos desagradables que de un golpe demolieron las conclusiones del panfleto crítico a), B.B., impertérrito, abre el folleto b) (*Die jetzige Stellung Russlands*, 1854) con el siguiente pronunciamiento diplomático:

«Esta proposición (la arriba citada)[^4] que nosotros formulamos todavía en (!) abril, se vio plenamente realizada por el giro que tomaron las cosas bajo los muros de Silistria: el drama que Europa representa es verdadera y en todos los aspectos constitucional; el gobierno ha llegado a asemejarse a la oposición, también él se ha mostrado constitucional y no ha hecho uso de la fuerza, o, *si lo ha hecho*, no ha sido con la intención de provocar una decisión.»

La naturaleza ambigua de la satisfacción que la Crítica deriva del “giro que tomaron las cosas” halla expresión en el peculiar “giro” de lenguaje, “formulamos *todavía en* abril”. ¿Acaso la Crítica retira la proposición que formuló en abril, habiendo los rusos retrocedido desde Silistria en marzo? De ningún modo. El *todavía en* debería leerse, pues, como *ya en*. Nuestra proposición, formulada “*ya en*” abril, antes de que ocurriera el acontecimiento, fue corroborada durante marzo. O, mejor dicho, habría que decir, no fue corroborada. Así que no “*ya en*” —más bien, “*todavía en*”, pero un “*todavía en*” con un corolario que lo convierte en una imposibilidad gramatical. “La opinión que yo sostenía *todavía en* abril se cumplió en marzo.” Pero la Crítica no dice que su “proposición formulada *todavía en* abril” fuera “corroborada” *ya en* marzo. En efecto, no. Más bien, el nuevo “giro que tomaron las cosas” dio a la proposición de la Crítica un nuevo “giro” del que no se había sospechado “*todavía en*” abril. Esa proposición no fue “corroborada”, sino, al parecer, “plenamente realizada” por los acontecimientos subsiguientes. ¡Muy agudo! Esto arroja una nueva luz sobre la relación de los acontecimientos con la Crítica. Incluso si no proporcionan prueba de la afirmación de la Crítica, al menos contribuyen a la ulterior “realización” de esa afirmación y revelan en ella un contenido hasta ahora oculto y no sospechado ni siquiera por la propia Crítica. No sólo la Crítica se halla en relación teórica con los acontecimientos, sino que los acontecimientos se hallan en relación práctica con la Crítica. Y ¿cuál es ahora la situación en cuanto a la “plena realización” “conferida” por los acontecimientos de marzo a la proposición formulada en abril?:

«¡El drama que Europa representa es verdadera y en todos los aspectos constitucional!»

¡Verdadera y en todos los aspectos! ¿Añade el “en todos los aspectos” algo nuevo al “verdadera”? Lo vicia y lo trivializa. Eso es todo. Pero la floridez del estilo, el “verdadera y en todos los aspectos”, simplemente delata la misma perplejidad inepta que antes el desdichado “*todavía en*”. En la proposición formulada en abril, en primer lugar, la “resistencia pasiva” de las asambleas nacionales de 1848 y posteriores se equiparaba erróneamente con la “práctica constitucional” y, en segundo lugar, el choque en Oriente se transformaba en un drama “constitucional” en el que, a causa de su “resistencia pasiva”, las potencias occidentales son comparadas con las asambleas nacionales de 1848 y posteriores y Rusia con los gobiernos perpetradores de golpes de Estado. Esto no era, de hecho, un drama constitucional, puesto que el constitucionalismo se limitaba exclusivamente a las asambleas nacionales, mientras que los gobiernos se ocupaban únicamente de derrocar constituciones. Ahora, sin embargo, cuando Rusia ha recibido una paliza, siendo su agresión armada repelida por la fuerza de las armas, y ha adoptado un rumbo “parlamentario”, ahora el drama, antes constitucional sólo en un sentido “irreal”, se ha vuelto “verdadera” y “en todos los aspectos constitucional”. Pero en el momento en que el gobierno se vuelve “constitucional”, como en Inglaterra o Bélgica o la Francia de Luis Felipe, deja de asemejarse a las asambleas nacionales de 1848 y posteriores o a los gobiernos que se les oponían. Y eso no es todo. Mientras Rusia ha empezado a coquetear con el “parlamentarismo” y, por consiguiente, según B.B., a asumir el papel de un “gobierno constitucional”, las potencias occidentales han cesado, por su parte, de ofrecer “resistencia pasiva” y han pasado a la hostilidad activa, a una invasión. Si, antes de esto, el término “constitucional” [no] era aplicable a Rusia, ya no lo es a las potencias occidentales. ¡Y esto lo describe la Crítica como la “plena realización” de su proposición formulada en abril! Con todo, queda aún la cuestión de la “realización” del término “constitucional” contenido en la proposición formulada en abril. Las predicciones de la Crítica, está claro, son tan ambiguas como las de los antiguos oráculos. Si sus proposiciones parecen haber sido refutadas por los acontecimientos,[^5] entonces simplemente lo parece. Tan pronto como ocurre lo contrario, resulta que, de hecho, el dictum crítico original significaba lo “opuesto” de lo que decía y que los acontecimientos simplemente han revelado su naturaleza dialéctica. Gracias a esta suerte de dialéctica que demuestra que un pronóstico se ha cumplido mediante la ocurrencia de su contrario, las profecías de la Crítica están, en toda circunstancia, a salvo de ataques. Urquhart adopta un método diferente. Si sus profecías se cumplen, su verdad queda confirmada por el hecho de haberse cumplido. Si no se cumplen, es porque la mera enunciación de lo que había de suceder ha impedido su cumplimiento. En el primer caso se ha cumplido la verdad teórica, y en el segundo el propósito práctico, de la predicción.

La Crítica reprocha a la prensa diaria su total adicción al instante presente. En cuanto a sí misma, ve el instante como un momento en el contexto del todo, es decir, adopta una visión general. Lo que de hecho resulta es que, si la prensa diaria está, en la práctica, dominada por los acontecimientos cotidianos, la Crítica experimenta la misma derrota en el reino de la teoría. El acontecimiento aislado es inmovilizado por ella y convertido en la encarnación de una proposición general, que cada giro de los acontecimientos despoja hasta de una apariencia de verosimilitud. (De manera semejante Proudhon. Cuando, en 1850 (?), la reserva en metálico del banco aumentó en más de £20 millones esterlinas y el tipo de interés bancario cayó al 2½ (?) por ciento, ese acontecimiento denotó al instante la realización de una nueva fase en la historia de la sociedad civil, el tiempo del *Banque du Peuple* había llegado.[^6] Para él, en París, el acontecimiento era nuevo, absolutamente recién acuñado, porque sus miras estaban limitadas por la orilla meridional del Canal). Así pues, mientras que la “era” de Rusia era, todavía en abril, vista como la expresión inmediata de una nueva fase en la historia mundial (en el panfleto a), las acciones de Rusia de ya en marzo incitaron a la Crítica a formular (en el panfleto b) esta pusilánime pregunta:

«¿Ha despuntado la era de Occidente también en Rusia? ¿Pertenece ya ella a Occidente, etc.?» (*Die jetzige Stellung Russlands*, p. 18).

De hecho, puesto que la proposición, formulada por la Crítica “*todavía en*” abril, sobre el drama constitucional, en el que Rusia asume el papel de gobierno que ejerce el poder y las potencias occidentales el de la resistencia pasiva, de la oposición leal, constituye todo el meollo del folleto a), y puesto que los acontecimientos la privaron de ese meollo ya en marzo, esto da por terminada, efectivamente y “en todos los aspectos”, nuestra crítica de la misma. Sin embargo, consideremos algunos detalles individuales.

En primer lugar, las pretendidas ilustraciones históricas. Entre otras cosas, se traza un paralelo entre los acontecimientos que prepararon el camino para la Revolución Francesa de 1789 y los acontecimientos que ahora supuestamente preparan el camino para la revolución en Inglaterra. Turgot se imaginó que todo se arreglaría mediante el “libre comercio de cereales” (p. 72). Igualmente Inglaterra en tiempos de la *Anti-Corn Law League*.[^7] ¿Sería posible meter a empujones en una analogía dos cosas de índole más dispar? Francia era ante todo un país agrícola e Inglaterra un país industrial. El libre comercio de cereales significaba algo enteramente diferente en cada país. En Francia el «fait précis et positif»[^8] —«déficit financiero y bancarrota» (72). ¿En Inglaterra? Bueno, en Inglaterra había guerra,[^9] ¡el gobierno, perplejo ante un superávit financiero y un doble incremento de las importaciones y exportaciones! ¿Es ésa la analogía? No tal:

«en Inglaterra igualmente un déficit moral y político».

[^1]: Cita original en francés con errores de OCR corregidos: *rôles* en lugar de *roles*, *l’opposition* en lugar de *lopposition*, *honnête* en lugar de *honnéte*.
[^2]: Referencia a los golpes de Estado de Luis Napoleón Bonaparte (1851), Francisco José I de Austria (disolución de la Constitución de 1849) y Federico Guillermo IV de Prusia (imposición de la Constitución revisada de 1850).
[^3]: Alusión a la retirada rusa de los principados danubianos en 1854 tras el sitio de Silistria.
[^4]: Se refiere a la cita anterior sobre el drama constitucional.
[^5]: En el original: "If its propositions seem to have been controverted by events," se refiere a la refutación aparente.
[^6]: Proudhon propuso el *Banque du Peuple* como institución de crédito mutualista; los datos numéricos sobre la reserva bancaria y el tipo de interés parecen aproximados.
[^7]: La *Anti-Corn Law League* fue una organización británica que abogó por la derogación de las leyes proteccionistas de cereales (1846).
[^8]: «Hecho preciso y positivo».
[^9]: Referencia a la Guerra de Crimea (1853-1856).

¡Qué analogía! Por un lado, un «hecho preciso y positivo»; por otro, la valoración meramente subjetiva de una situación por la Crítica. La analogía reside en la palabra déficit. X murió porque se rompió la pierna. Analogía profética: Y morirá porque rompe su palabra. El hecho preciso y positivo del déficit financiero y la bancarrota pública precedió a la Revolución Francesa. Ya en el reinado de Luis XV, si no antes, un déficit moral y político había precedido al déficit financiero y a la bancarrota pública. En Francia, las reformas propuestas por el gobierno a los notables y a los Parlamentos resultaron insignificantes comparadas con el presentimiento de la revolución. De modo similar en Inglaterra, nadie se interesó por el proyecto de ley de reforma de Russell (pág. 73). ¡Qué analogía! En las propuestas del gobierno francés, lo que estaba en juego era una ruptura con el pasado de la monarquía francesa; en las propuestas de Russell de 1831, era una intriga ministerial; por un lado, una ruptura con un pasado de siglos; por otro, las consecuencias de una medida que no tenía tres décadas de antigüedad; por un lado, las propuestas del gobierno no interesaban a la burguesía porque eran inconmensurables con la revolución que ella [la burguesía] necesitaba; por otro, a pesar de su propio interés en las mezquinas maniobras de los whigs, no lograron suscitar el interés de las masas populares, cuyo desencanto con las reformas whigs no nació ayer, sino que se remonta al día siguiente del proyecto de ley de reforma. ¡Y ahora Necker y Palmerston constituyen una analogía! Para complacer a la Crítica, Palmerston pierde «audacia y vigor», está «imbuido de su misión» y «se considera el último salvador de su país». Ni siquiera una analogía entre Robespierre y Russell podría ser más consumadamente absurda. En consecuencia, ya no debe sorprendernos cuando la reina Victoria se convierte en reine Antoinette.

En modo alguno negamos que se avecinen grandes enfrentamientos en Inglaterra; lo único que negamos es que las «ilustraciones históricas» presentadas demuestren el más remoto entendimiento de los mismos. La política de taberna más común es infinitamente superior a esta profundidad vacua.

Para probar que «los ingleses se equivocan en su opinión de una “influence étrangère” en su Gabinete», el señor B. dirige su atención a Fox, quien, según dice, descubrió en Rusia una protectora y garante de la paz en Europa. En apoyo cita un pasaje del discurso de Fox del 24 de mayo de 1803.* Debía haber ido más lejos y mencionado el despacho «secreto» de Adair por Fox en 1790** con ocasión de la inminente segunda partición de Polonia. ¿Y qué prueba el enlace «secreto» e ilícito de Fox con Catalina II?** ¿Que Palmerston no mantiene un enlace secreto e ilícito con Nicolás?* A eso vamos, no había descubrimiento alguno que Fox pudiera hacer respecto a Rusia. Ya lo había hecho bajo Guillermo III el marqués de Carmarthen*** y bajo Jorge I los whigs gobernantes. Documentos diplomáticos muestran que, desde entonces, la influencia rusa ha sido una tradición en los gabinetes whigs.**° ¿Buena razón, tal vez, para sugerir que Palmerston debía haber roto con la tradición whig? ¿Por qué no habría más bien de «realizarla» en todas sus implicaciones y venderse a Rusia por completo, a cambio de nada? No menos falsa que esta «defensa» de Palmerston es la afirmación de que fue Fox quien descubrió la alianza anglo-francesa. Stanhope ya lo había hecho inmediatamente después de la Paz de Utrecht.*°*

Como prueba del efecto positivo de Rusia encontramos la alegación de que, adoptando la actitud que adoptó, creó «la décadence de l’antagonisme anglo-français»* o, alternativamente, la «alliance anglo-française». En 1717 ya existía una alianza anglo-francesa que, pocos años después, Jorge I se esforzó en convertir en una alianza europea contra Rusia. La Cuádruple Alianza de 1834*’ fue la segunda alianza de Inglaterra con Francia y estaba dirigida, aunque vanamente, también contra Rusia. Por tanto, no había nada nuevo o sin precedentes que Rusia pudiera crear en este sentido. Pero si el mero hecho de una alianza entre Francia e Inglaterra ha de considerarse un enorme éxito por parte de Rusia, ¿qué fue la alianza entre Inglaterra, Rusia, Prusia y Austria contra la Francia de Luis Felipe, la coalición de 1840?* Prueba, según la interpretación que le da B. B., de que la Francia de Luis Felipe era aún más peligrosa que la Rusia de Nicolás.

Inglaterra, o así lo descubre la Crítica, habiendo, por su guerra con la Francia revolucionaria, entregado el Continente en manos de Rusia —un descubrimiento que al menos tiene el mérito de no ser nuevo— se sintió impulsada

…«de se charger elle-même de la tâche révolutionnaire de la France. C’est Canning qui a rempli ce vide. Il leva en Angleterre l’étendard de la révolution, pour en faire le véritable adversaire de la Russie».*

A modo de prueba, la Crítica cita el floreo retórico que Canning tomó prestado de Virgilio (el «Quos ego» del dios Eolo)*, como si un dictum del «capitán de Eton» fuera prueba alguna. Concede absoluta credibilidad y validez al dictum sobre la «política de principios» ***°, que era aún más falso que los anteriores dicta sobre la «política de intereses». A este respecto, la guerra de Pitt**’ también fue pregonada como una «guerra de principios» y «creída» como tal por una gran parte de la población inglesa. Y así fue, en parte, puesto que el poder de la oligarquía, poco antes y durante el estallido de la Revolución Francesa, se vio amenazado por movimientos dentro del país. El dictum de Canning, sea dicho de paso, no estaba dirigido, para empezar, contra Rusia, sino contra Francia. La intervención en Portugal fue una réplica a la intervención de Francia en España, y esta «política de principios» en su ejecución —reconocimiento de la independencia de lo que antes era la América española***— armonizaba singularmente bien con los intereses comerciales británicos. Como Palmerston utiliza el dictum de Canning como máscara para una política determinada por motivos completamente distintos, B. B. está convencido de que el dictum de Canning sobre la «intervention révolutionnaire» se ha convertido en la política real de Gran Bretaña y ha acarreado toda clase de desgracias sobre su cabeza. En este contexto, se nos dice que el proyecto de ley de reforma ha alterado tan grandemente la naturaleza de la Constitución británica

«que les Anglais mêmes ne reconnaissent plus en quoi se distingue leur constitution de celles du continent»* (pág. 9).

Desde la época de Jorge I, la Constitución británica sólo se ha alterado en la medida en que 1) la distribución de los rotten Boroughs **? se ha modificado en favor de los whigs, una facción de la aristocracia, 2) la burguesía industrial incrementó su influencia parlamentaria en 1831 en el mismo grado en que lo hizo la burguesía financiera mediante la «Glorious Revolution» de 1689.*** Otra cosa que B. B. descubre es que

«l’abrogation des lois des céréales, comme la proclamation du principe de la liberté du commerce renferment l’aveu que sa suprématie (de l’industrie anglaise) est perdue».*

Lo que, por el contrario, probaron fue 1) que los intereses de la burguesía industrial triunfaron sobre los de la aristocracia terrateniente; 2) que la industria inglesa no necesita otro monopolio que el de su propio capital como tal; significa que la industria inglesa cree que, por el momento, sólo puede confiar en su supremacía real. Cuando estalló la guerra, dice, Inglaterra aún no estaba

…etc. (pág. 10).

Ni que decir tiene que la Inglaterra de la burguesía industrial moderna no puede, sin degradarse, contraer alianza alguna que vaya contra los intereses y prejuicios de la que en otro tiempo fue la clase dominante. Inglaterra es siempre «la misma» persona moral. Las profundidades de degradación a las que Inglaterra ha descendido a este respecto quedan demostradas en la frase:

«Les peuples ne sauraient oublier leur passé qu’en renonçant à l’avenir.»*

Como si el constante «deshacer» del pasado no fuera el «hacer» del futuro.

Así, el futuro de la Inglaterra de Pitt y el futuro de Inglaterra se consideran idénticos. Tan pronto como un «pueblo» supera a la que en otro tiempo fue la clase dominante y rompe así con el pasado político creado por esa clase, demuele su futuro.

La nacionalidad de Inglaterra consiste, según B. B., en odiar a Francia y viceversa. Esta, la «nacionalidad» de Inglaterra —teniendo las anteriores guerras feudales entre Francia e Inglaterra, por supuesto, un significado completamente distinto— fue traída a la existencia por primera vez por la «Glorious Revolution» y, por tanto, «no puede ser abolida». ¡Qué profundidad!

La nacionalidad de Rusia consiste en aliarse, ora con Francia contra Inglaterra, ora con Inglaterra contra Francia… Pero Inglaterra y Francia no pueden formar una alianza contra Rusia sin renunciar a su «futuro». Lo que Bruno está tratando realmente de decir es esto: Con excepción de Rusia, las peculiaridades nacionales de los estados europeos están desapareciendo. Francia e Inglaterra luchan como «Occidente» contra Rusia. De este modo, su nacionalidad se disipa. Pero ¿acaso no lucharon Rusia, Inglaterra, Austria, Prusia, Nápoles y España como Europa contra Francia? ¿Y no sirvió esto para reconstruir su nacionalidad? Ni que decir tiene que la Crítica no se ocupa de la sociedad civil. La sociedad inglesa y la francesa pasan por etapas de pupación política. Si una de estas pupas se desecha, la Crítica lo ve como una clara señal de decadencia por parte de esas sociedades. ¿Qué prueba, por ejemplo, el capítulo políticamente insulso sobre los «calculs» y «arrière-pensées des alliés»*, sino que esas sociedades todavía batallan con tradiciones políticas que pertenecen por entero a sus fases precedentes, y que aún no han adquirido la forma política adecuada a las necesidades de la nueva fase? ¿Y toma él esto como prueba de que la alianza, siendo tan miserable, no puede ser un medio para la consecución de esa forma superior? Decir que la sociedad de la producción moderna exige condiciones internacionales diferentes a las de la sociedad feudal es una tautología.

¿Qué le hace pensar que Rusia

«a formé le plan de consolider son influence sur la Turquie, sans l’aide d’un
allié»?*

¿Acaso no buscó sucesivamente una alianza con Francia, Inglaterra y Austria para la última guerra, y conservó consecuentemente la de Prusia? Y cualesquiera que hayan sido las opiniones e intenciones de los pueblos francés e inglés, ¿cómo puede él afirmar que Rusia no estuvo todo el tiempo segura de efectuar una alianza secreta con el gobierno inglés? ¿y veía en ello una garantía para su insolencia?

El digno B. B. cree el pretexto de Rusia,

«la cause des populations gréco-slaves de la Turquie»* (pág. 11),

haber sido su verdadero motivo. Tan gran fe no se encuentra, no, ni en Israel.

Una gran parte del panfleto está dedicada a una descripción de las prevaricaciones del gobierno británico (e igualmente del francés) y sus concesiones a Rusia. No fue, en realidad, culpa del gobierno británico si Rusia no llevó a cabo sus designios en Turquía. ¿Y qué prueba esto? ¿Que los gobiernos de Inglaterra y Francia, en particular el primero, se vieron constreñidos por las masas? No. Que Inglaterra es consciente de «su debilidad» y que el gobierno y la sociedad, aunque fácticamente divididos, deben en teoría ser identificados.

¡Las demandes de Rusia!©

El verdadero objetivo del gobierno ruso era reemplazar la autonomía de las poblaciones grecoeslavas, tal como existía, por el gobierno de sus cónsules. En su credulidad, la Crítica necesariamente confunde las vacías frases de Rusia con sus verdaderos motivos, sólo para constatar con chagrín en un panfleto posterior que el gobierno ruso está ahora abandonando sus preferencias rusas. Reprocha a los periódicos su ignorancia del último asunto turco. Prueba su propia ignorancia al pasar por alto los repetidos intentos de los rusos —por ejemplo, en Serbia y Grecia— de socavar la administración autónoma de las comunas. Lo que Rusia busca conservar es la teocracia de los curas griegos bajo la soberanía turca, que encadena y ahoga todo desarrollo cívico independiente de las comunas grecoeslavas. La erudición de la Crítica encuentra expresión particularmente brillante en las

“gages que la Russie possède dans sa participation à l’oeuvre de l’organisation en Servie”© y en su “réglement organique”’

que ella ha conferido a los principados danubianos por medio de Kisseleff! 4° C’est par trop fort.’ Los eslavos meridionales deben, según B. B., convertirse en rusos 1) en vertu “de la nature des choses” — una demostración de lo más profunda, la referencia a esta abstracción; y luego, junto a la “nature des choses”, en virtud de “l’histoire’’ que, en Serbia, demuestra precisamente lo contrario; finalmente, en virtud de la “position géographique” que los separa de Rusia por los magiares y los rumanos. ¡Y qué antíclimax! Desde la “nature des choses” desciende a “l’histoire”, y de esa abstracción a lo particular de la “position géographique”’.

Austria debe, o así lo sostiene él, limitarse al papel de médiateur. Esta proposición, que era correcta “todavía en” abril, ya se había vuelto “incorrecta” en junio, a pesar de la prueba absoluta de la Crítica derivada de la naturaleza de las cosas. Sostiene que Austria no “pourra se ranger du côté des alliés”. En sus lucubraciones sobre las relaciones pasadas entre Austria e Inglaterra, falsea la historia al auténtico estilo ruso. En lo que respecta al Tratado de Adrianópolis, se cuida muy bien de no darnos la verdadera historia. A saber, que el ejército ruso había sido destruido y nunca habría regresado de Adrianópolis —ni siquiera la minúscula proporción que lo hizo— si Inglaterra no hubiese, bajo falsos pretextos, arrancado el tratado a la Puerta. Su relato del asunto del despacho de Lieven es igualmente falso. No fue, como él dice, el “traité de paix”* la causa principal de la perplejidad de Aberdeen y Wellington, sino el bloqueo de Enos,*” que fue, de hecho, abandonado por los rusos por miedo a forzar a Wellington a la oposición. De paso, Lieven señala:

“que el duque de Wellington y lord Aberdeen han puesto todo en movimiento para arrancarnos confidencias en cuanto a las condiciones de nuestra futura paz con los turcos”.

La respuesta de Lieven a esto distó mucho de ser la observación jactanciosa que B. cita de su despacho***; más bien continuó:

“Nos pareció útil repetir las seguridades que sobre este punto contenían todas las declaraciones del Emperador, e incluso añadirles algunos desarrollos. Nos limitaremos a estas generalidades, pues toda comunicación circunstanciada sobre un asunto tan delicado acarrearía peligros reales, y si una vez discutimos con nuestros aliados los artículos de un tratado con la Puerta, no les daremos satisfacción sino cuando hayan creído que nos han impuesto sacrificios irreparables.” ©

Sólo entonces aparece el pasaje jactancioso que, visto en el contexto de esta sucia pieza de equívoco, habría perdido su heroísmo, que no era en absoluto lo que la Crítica pretendía. Todas las bribonadas de Pam se aducen luego para probar su sentido de la “debilidad de Inglaterra” y, de paso, de esta última. Traicionan, más bien, el secreto de la “fortaleza” de Rusia frente a Inglaterra. Al mismo tiempo, tergiversa los hechos, como en la historia del Vixen.** Según él, a Rusia le bastó:

“à lui rappeler que ce forfait inouï avait été commis dans la mer Noire, près de la côte de la Circassie”’*

He mostrado en otro lugar las complicadas maniobras a que recurrieron en aquella ocasión Pam y Nesselrode.>

En el capítulo sobre Austria también aprendemos que en 1848-49,

“toute l’Allemagne, réduite à la passivité par les illusions du principe national, aurait taxé de crime politique chaque tentative d’intervenir dans cette lutte des nationalités’’<

“¡Como si” la Asamblea Nacional de Fráncfort no hubiera tomado posición contra Italia! ¡Igualmente contra Polonia! **° Sería ocioso añadir nada más sobre este panfleto, salvo que la Crítica considera que las campañas danubianas de Omar Pachá son un invento de la prensa.