96 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES oficiales británicos, que fueron recibidos con el máximo respeto, obteniendo estos honores como representantes de un gobierno aliado y en vista de la total desesperación de los comandantes turcos. Pero también fracasaron sus esfuerzos por imbuir de algún espíritu militar al ejército de Armenia. A veces lograron despertar a uno u otro bajá de su apatía por un momento, estimular la construcción de las fortificaciones más imprescindibles en Kars e impedir de cuando en cuando algunos de los casos más extremos de malversación, e inclusive la tácita inteligencia con el enemigo; pero eso era todo. Cuando, en la primavera pasada, el general Williams hizo todo lo que estuvo en su poder para asegurar los víveres que se necesitaban en Kars, encontró constantes dificultades. El comisariato turco opinaba que^no se podía imaginar un sitio; y faltaban los caballos que debían trasportar las provisiones. Descubrieron una gran cantidad de burros y se negaron a usarlos porque estimaron ofensivo trasportar provisiones del sultán en burros, etc. En definitiva, Kars, el baluarte de Armenia, que distaba sólo dos jornadas de la fortaleza rusa Gumri, quedó sin provisiones y tuvo que conseguir los víveres en los alrededores. Con respecto a las municiones, la situación era la misma. Después del ataque ruso del 29 de setiembre, las municiones de artillería alcanzaron aún para tres días, aunque es preciso tener en cuenta que no hubo un sitio propiamente dicho: el 29 de setiembre fue el único día de combate durante el cerco. ¡Las cajas de medicamentos, entregadas al ejército, contenían toda clase de baratijas, y los cirujanos militares recibieron de Constantinopla instrumentos para partos que debían servirles para examinar heridas y amputar miembros!

Esa era la situación en Kars. Y a pesar de todo resultó que una guarnición compuesta de soldados desmoralizados de Anatolia, y con medios muy escasos, pudo resistir tan tenazmente el 29 de setiembre y aguantar tanto tiempo el hambre, lo cual constituyó uno de los hechos positivos en la historia turca, entre los muchos que pueden encontrarse en esta guerra. El mismo fatalismo, que produce en los superiores una pereza apática, crea en las masas una fuerte voluntad de resistencia. Es todo lo que quedó del espíritu que llevó la bandera del islamismo de la Meca a España y que sólo pudo ser detenido en la batalla de Poitiers. Desapareció su fuerza ofensiva, pero quedó un vestigio de su espíritu de defensa. Esta resistencia obstinada detrás de terraplenes y parapetos es nna característica turca. Sería un gran error atribuir esta actitud a la presencia de los oficiales europeos. Aunque estuvieron presentes en Kars y Silistra, en 1855 y 1854, no estaban en Varna, Braila y Silistra en el año 182931, donde realizaron hazañas de la misma índole. Todo lo que podían hacer los oficiales europeos, en estos casos, era corregir los errores, reforzar los reductos, aplicar un sistema uniforme en la defensa e impedir la traición directa. Pero el valor individual de los soldados ha sido siempre el mismo, con o sin la presencia de oficiales europeos; no faltó tampoco en Kars, ni siquiera entre las tropas desorganizadas de Anatolia, que no se consideraban vencidas a pesar de sus derrotas. Esto nos conduce a examinar los méritos de los oficiales británicos, que desempeñaron un papel importante en la defensa de Kars y se encuentran ahora en Tiflís como prisioneros de guerra. Contribuyeron mucho a preparar la defensa. Gra-. cias a ellos, la ciudad fue fortificada y dotada lo mejor posible de provisiones. Además despertaron a los bajás turcos de su somnolencia letárgica y dirigieron la defensa el 29 de setiembre; todo esto es innegable. Pero carece de sentido atribuirles, como lo hace la prensa británica, todo el mérito por el 29 de setiembre y la defensa, y pintarlos como un grupo de héroes que fueron abandonados por los turcos cobardes en la hora del peligro, después de haberse sacrificado hasta el final. No queremos negar que lucharon, durante el ataque, en las primeras filas de los defensores. El inglés posee tanto espíritu de combate, que el defecto más grande y más frecuente del oficial inglés consiste en el olvido de su deber como oficial y su participación en la lucha como simple soldado. Actuando de este modo, puede contar con el aplauso de sus compatriotas, si bien en otros ejércitos correría el peligro de ser despedido por falta de dominio de sí. Por otra parte, el soldado turco está acostumbrado de tal manera a ver huir a sus propios oficiales, que no hace caso de oficiales y órdenes una vez que se ha enardecido en la lucha. Más bien lucha donde se encuentra fortuitamente, y no es un hombre que se dé cuenta de algo o se sienta animado por la circunstancia de ver a su lado a un puñado de ingleses que tratan de demostrar su valor. Inmediatamente después de conocer aquí la noticia del ataque del 29 de setiembre, expresamos nuestra opinión de que las fortificaciones de Kars estaban construidas defectuosamente, y el mapa oficial publicado después por el gobierno británico ha confirmado plenamente nuestro juicio. Los méritos de los oficiales ingleses en la batalla de Kars deben ser juzgados según el proverbio francés: "En el reino de los ciegos el tuerto es rey”. Cualquier oficial que en Francia no lograría, por falta de conocimiento, un despacho de subteniente, en Cochinchina llegaría a ser un gran general. Por consiguiente, si se sabe que ciertos oficiales ingleses son ineptos en su propio país, no puede esperarse que se conviertan de pronto en lumbreras espirituales o genios durante su servicio en Turquía. Nosotros creemos que Kmety merece tanto honor como cualquiera que haya participado en la defensa de Kars. Esa era la situación en Kars; ¿pero qué pasó, mientras tanto, en Erzerum? Una decena de viejos bajás pasaron sus días fumando chibuquís y no se preocuparon en sentirse responsables por el apuro en que se encontraba Kars, donde el enemigo los amenazaba a una distancia de pocas jomadas, al otro lado de las montañas Deveboyunu. Algunos millares de soldados, reforzados por un número reducido de irregulares, marcharon de acá para allá, no arriesgaron jamás un ataque y volvieron no bien divisaban las vanguardias del enemigo. No tenían fuerza ni valor para levantar el sitio de Kars; por eso ésta fue forzada a rendirse por hambre, mientras que el ejército de Erzerum no osaba ayudarla ni siquiera mediante un ataque fingido. El general Williams tuvo que darse cuenta de que no existían perspectivas de ayuda por ese lado. Pero no podemos juzgar qué promesas e informes había recibido sobre los posibles efectos de los movimientos del bajá Omer. Se dice que Williams habría intentado, en el caso extremo, abrirse paso a través de las líneas rusas, pero dudamos de que haya tomado seriamente en consideración tal plan. La región montañosa, que ofrece pocos pasos para llegar a Erzerum, brindó a los rusos todas las ventajas, cuando éstos sólo ocuparon algunos desfiladeros, el plan tuvo que fracasar. Además, desde fines de octubre los movimientos de tropas se hacen imposibles en un país situado de 1.500 a 2.600 metros de altitud sobre el nivel del mar, y donde el invierno empieza temprano y dura de 6 a 9 meses. Como Kars había aguantado el sitio hasta el invierno, la pérdida de una guarnición de 6.000 soldados regulares no representó nada en comparación con el tiempo ganado por la prolongación de la defensa. Erzerum, el gran centro turco de aprovisionamiento de Armenia, casi no tenía fortificaciones y podía ser fortificado hasta me98 FEDERICO ENGELS / TEMAS MILITARES diados de mayo de 1856. Lo único que los rusos podían lograr era la ocupación efectiva de las aldeas de los ríos Kars-Chai y Arax en su curso superior. Éstas habrían quedado también en su poder si la guarnición de Kars hubiese logrado llegar a Erzerum. Esta ciudad carecía de fortificaciones, y si la guarnición de Kars se hubiera abierto paso y entrado en Erzerum hasta mediados de octubre, las fuerzas no habrían bastado para defenderla. La única ciudad abierta adecuada para la defensa es Deveboyunu, y sólo puede ser defendida por una batalla ante sus puertas en el desfiladero. De este modo, Erzerum fue salvada por la obstinación de la guarnición de Kars. Otra vez surge la pregunta de si el bajá Omer hubiera podido salvar a Kars; casi todos los corresponsales europeos en Oriente están dispuestos a contestar a su manera. Tratan inclusive de asignar al bajá Omer toda la responsabilidad polla caída de Kars, y esa es la actitud de las mismas personas que antes lo elogiaron efusivamente.

El bajá Omer fue detenido primero contra su voluntad eü Crimea, hasta que casi era tarde para una acción más amplia antes que comenzara el invierno, Luego, al viajar a Constantinopla para elaborar su plan de operaciones, tuvo que dedicar su tiempo a resistir intrigas de toda clase. Después de haber arreglado todo, no llegaron los trasportes británicos prometidos, y cuando el ejército se encontraba concentrado en Batum, y más tarde en Sujum Kalé, faltaban los víveres,^ las municiones y los medios de trasporte. Es difícil decir cómo, en tales circunstancias, podía el bajá marchar directamente a Kars para levantar el sitio. Creemos que nunca, durante su expedición, habría podido atreverse a recorrer una distancia mayor de dos o tres jomadas de la orilla del mar, inclusive aunque avanzara por buenas carreteras militares de Rusia. Pero si hubiera avanzado por Erzerum o Ardagán a Kars, habría tenido que recorrer una distancia de 20 y 12 jornadas, respectivamente, de la costa y usar, en vez de carreteras, lechos de ríos y senderos por donde sólo puede pasar un caballo de carga. Las caravanas que van de Trabisonda a Erzerum no tienen otros caminos, y el hecho de que nunca empleen vehículos es prueba de la índole del terreno que tienen que atravesar. Ese camino es el único que se conoce, y la existencia de^ las así llamadas carreteras de Batum al interior es más problemática todavía por la falta de tráfico en general. Los inteligentes críticos 100 FEDERICO ENGELS / TEMAS MR,TTARES militares que imputan al bajá Omer el error de no haber marchado directamente a Kars, deberían leer primero los relatos de los hombres que viajaron por este país, como por ejemplo Curgon y Bodenstedt.

Si The London Times afirma que el general Williams señaló al bajá Omer la ciudad de Batum como punto de salida para una marcha directa a Kars, sólo podemos contestar que Williams conoce demasiado bien a Armenia, donde vivió muchos años, para hacer tal proposición.

Si se tiene en cuenta todas estas circunstancias, el bajá Omer no podía hacer otra cosa que amenazar las comunicaciones de los rusos que estaban frente a Kars. Su éxito dependía de la movilidad de su propio ejército y de las fuerzas rusas que se le opusieran. Dejando a un lado la primera reflexión —que sólo puede juzgarse según la situación—, extraeríamos la conclusión de que los rusos disponían de fuerzas superiores frente a un ejército invasor. Nuestro primer cálculo de las tropas que se encontraban al comando de Bebútov, resultó enteramente correcto y demostró que aun en Kutaísi los rusos, sin mayores esfuerzos, poseían superioridad de fuerzas frente a los turcos. Y esto es lo que pasó. Aun cuando el bajá Omer hubiera estado más libre en sus movimientos, tampoco habría forzado el paso por el río Rioni con el ejército' bajo sus órdenes. Además, desde un comienzo, sus operaciones no se desarrollaron bien porque los refuerzos y el reabastecimiento llegaron con demora y fueron insuficientes. Después de una marcha de 2 a 3 días, se veía obligado a detenerse casi una semana para establecer los depósitos más necesarios; y cuando finalmente llegó a un lugar distante tres jornadas de RedutKalé, en el interior, se encontró totalmente paralizado. Viéndose frente a un ejército muy superior, no le quedó otro recurso que la retirada, pero los rusos lo persiguieron y atacaron violentamente su retaguardia. Por el momento el ejército turco está vivaqueando en la orilla y es retrasportado a Batum, Trabisonda y otros lugares, donde es diezmado por el enemigo y las enfermedades. Mingrelia (la parte occidental de Georgia), con la excepción de los fuertes costeros, está otra vez en las manos de los rusos.

Con esto, la tercera campaña rusa en Asia llega a su final feliz: Kars y su bajalato fueron conquistados, Mingrelia ha sido liberada de los invasores y las últimas tropas turcas fueron aniquiladas. El ejército del bajá Omer salió debilitado en su fuerza numérica y moral. Estos resultados no deben ser menospreciados en una región como el Cáucaso del sudoeste, donde los movimientos, a causa del terreno y por la falta de carreteras, son forzosamente lentos. Y si se comparan estos éxitos y conquistas con el hecho de que los aliados ocuparon la parte sur de Sebastopol, Kerch, Kinburn, Eupatoria y algunos fuertes en Cherkesia, se ve que las ventajas logradas por los aliados no justifican en modo alguno las fanfarronadas de la prensa británica. Es significativo que el diario Le Constitutionnel de París acuse a lord Radcliffe en un artículo inspirado por la Corte francesa, de ser el culpable principal de las derrotas en Asia. Lord Radcliffe, afirma el diario, no sólo retuvo el mayor tiempo posible las subvenciones que los aliados habían concedido a Turquía, sino también los«esfuerzos destinados al teatro de guerra. Escrito por F. Engels en inglés, en enero de 1856. Publicado por primera vez en New York Daily Tribune el 25 de enero de 1856. C. Marx y F. Engels, Obras, t. X.

ARTÍCULOS SOBRE PROBLEMAS MILITARES (1857-1858)

GUERRAS COLONIALES DE INGLATERRA.

LA SUBLEVACIÓN EN LA INDIA fl LA GUERRA EN LAS MONTAÑAS ANTES Y DESPUÉS La reciente aparición de opiniones que consideran la invasión de Suiza32 como una posibilidad que no puede descartarse, de antemano, ha despertado un nuevo interés en la fuerza defensiva de esa república; y no sólo en su situación militar particular, sino también en la estrategia de la guerra en las montañas en general. Es una creencia muy difundida la de que Suiza es una fortaleza inexpugnable, e inmediatamente la' gente piensa en comparar el destino de ciertos invasores con el de los gladiadores que lograron reputación histórica con su saludo “Ave, Caegar, morituri te sáhitant!” (¡Salve, César, los que van a morir te saludan!). Nos señalan lugares como Sempach y Morgarten, Morat * y Grandson33, y se dice que es fácil para un ejército enemigo entrar en Suiza, pero difícil —como lo formuló el loco Alberto de Austria— volver a salir. Los mismos estrategos conocen un puñado de pasos de montaña y desfiladeros donde unos pocos hombres pueden resistir con éxito frente a millares de soldados excelentes. Esta inexpugnabilidad tradicional de la llamada fortaleza montañosa, Suiza, data de la época de sus guerras con Austria y Borgoña en los siglos xiv y xv. En aquel tiempo la fuerza principal de los invasores era el ejército de los caballero^ acorazados; su efectividad consistía en el ataque irresistible á los ejércitos que no disponían de armas de fuego. Pero en un Nombre francés de la ciudad suiza Murtan. (Ed.)