Londres, 20 de marzo. El duque de Newcastle ha ordenado la destitución de Lord Lucan; Lord Panmure ha publicado la carta de Raglan en que lo ataca, y Lord Hardinge, el fabuloso Lord High Constable del ejército británico, le ha negado una investigación y un tribunal militar. Pese a la oposición de dos ministerios, del Comandante en Jefe en Crimea y del comandante de los Horse Guards* en Londres, Lord Lucan demostró ayer en un detallado discurso en la Cámara de los Lores que no él, sino Raglan era el único responsable del sacrificio de la Brigada Ligera en Balaklava, y que los ministerios Aberdeen y Palmerston habían sacrificado a Lord Lucan ante el público descontento para salvar al obediente, pusilánime y manejable comandante en Crimea. El monstruo público tenía que ser satisfecho. Una carta a medio terminar hallada en el cuerpo del general Cathcart, dirigida a su esposa y fechada el 2 de noviembre, tres días antes de la batalla de Inkerman y una semana después de la carga de la Brigada Ligera en Balaklava, es decisiva sobre esta cuestión. La carta dice literalmente:

«Ni Lord Lucan ni Lord Cardigan tuvieron la culpa, sino al contrario, pues obedecieron órdenes.»

1855. The Times, Núm. 22006, 20 de marzo de 1855. — Ed.

Núm. 22006, 20 de marzo de 1855. — Ed.

En un artículo sobre la Conferencia de Viena, The Times hace hoy el característico comentario de que, en caso de que el Congreso se hiciera realidad, las principales dificultades serían de esperar de la parte turca.» Dentro del marco de los cuatro puntos, las principales concesiones tendrían que ser arrancadas al sultán, no al zar.»

Ayer, The Times volvió a mistificar a su público con el anuncio «auténtico» de que el gran bombardeo y el asalto final de Sebastopol habían tenido lugar indudablemente antes del 19 de marzo. ¿A qué se debe este súbito viraje de la desesperación más desesperanzada a la sanguínea superstición? The Times inició su campaña crimea contra la coalición derrocada y su «ceterum censeo» de que era necesario un Comité de Investigación en el mismo momento en que Gladstone amenazaba su monopolio con la propuesta de abolir el impuesto del timbre y de limitar a cuatro onzas el peso de los periódicos que pueden enviarse por correo por un penique —menos que el peso de un ejemplar de The Times. Apenas derrocado Gladstone, su sucesor, Sir George Cornewall Lewis, retiró el proyecto de ley, y The Times, con la esperanza de que todo siguiera como antes, transformó de pronto su visión biliosa de Crimea en un móvil panorama, radiante de esperanza de éxito, en el que hasta el ejército, cuyo obituario publicó hace tres meses, ha vuelto a estar activo. Hoy su visión vuelve a ensombrecerse, porque ayer Sir George Cornewall Lewis, contra todo pronóstico, presentó él mismo un proyecto de ley para abolir el impuesto del timbre sobre los periódicos. ¡La animosidad de un autor de reseñas retrospectivas contra las noticias frescas!, exclama The Times. Lewis, como todo el mundo sabe, fue director de The Edinburgh Review.

Volveremos sobre este proyecto de ley en cuanto se presenten los detalles a la Cámara de los Comunes, pero entretanto señalemos que constituye una concesión a la Escuela de Manchester, que conserva el mérito de haber agitado incansablemente por la introducción de la libre competencia en el terreno de la prensa. La concesión del ministerio Palmerston a la Escuela de Manchester es una captatio benevolentiae en previsión de la disolución de la Cámara Baja y de nuevas elecciones.