Los documentos relativos a la caída de Kars, tal como fueron presentados ante la Cámara de los Comunes británica, han sido descritos por nuestro corresponsal en Londres como dispuestos con la mira de ocultar, más que de revelar, la verdad; y un examen cuidadoso del Libro Azul que los contiene* evidencia la exactitud de ese juicio. No menos notables y significativos que los documentos mismos son los comentarios que han suscitado en la prensa principal de Londres. El Times, por ejemplo, ha dedicado tres artículos consecutivos al tema,* escogiendo, sin embargo, como blancos especiales de sus floreos, invectivas y argumentos, los despachos que cubren el intervalo del 2 de agosto de 1854, día del nombramiento del general Williams como comisario británico en el cuartel general del ejército turco en Asia, hasta la última parte de enero de 1855, cuando sus querellas personales con Lord Stratford de Redcliffe se habían extinguido por fin. El verdadero objetivo del Times, al otorgar esta exagerada importancia a aquella parte de los documentos que ni siquiera roza la época de la guerra efectiva, es transparente. Por un lado, se trataba de desviar la atención pública de las páginas más oscuras de este Libro Azul de lo más melancólico; y por el otro, de convertir a Lord Redcliffe en el chivo expiatorio del Gobierno en el interior. El resto de la prensa diaria de Londres, con excepción de The Morning Herald, se siente demasiado feliz de seguir la senda abierta por The Times.

Para iniciarse en los misterios de esa desastrosa campaña asiática, tenemos que partir de un punto completamente distinto, y comenzar indagando la acción de los Gobiernos aliados durante la época decisiva, que empieza con el primer avance de los rusos desde Gumri, en mayo, y termina con la capitulación de Kars, el 24 de noviembre de 1855.* Cuidadosamente amañada como está, mutilada por omisiones, falseada por extractos, embellecida con remiendos y emplastos, incluso esta publicación gubernamental, si se la somete al potro crítico, puede verse forzada a decir la verdad.

Hacia finales de mayo de 1855, el general Williams informa a Lord Redcliffe, quien informa a Lord Clarendon, que una gran fuerza rusa, compuesta por 28.000 infantes, 7.500 jinetes y 64 piezas de artillería, se había reunido en torno a Gumri; que el Mushir* había recibido información de su intención de atacar Kars, y que su propia fuerza (turca) concentrada en el campamento atrincherado constaba de 13.900 infantes, 1.500 jinetes, 1.500 artilleros y 42 piezas de campaña. Cuando Redcliffe recibió esta carta de Williams, y Clarendon de Redcliffe, ambos tenían ya en sus manos otra carta de Williams, en la que hace la siguiente declaración:

«Ayer (2 de junio) partí de Erzeroum rumbo a Kars, plaza que el enemigo ha anunciado, en una orden del día, su intención de atacar... Tengo ahora cuatro meses de provisiones en esa guarnición» (a saber: en Kars), «y [...] confío en que el Gobierno central y los Aliados demuestren pronto a este remanente de un ejército que no ha sido absolutamente olvidado por ellos.»

El Gobierno inglés, pues, fue informado de que si Kars quedaba aislada de Erzeroum y los rusos establecían un bloqueo, la fortaleza no podría resistir mucho más allá del 3 de octubre de 1855. Si cayó poco más de un mes después, fue porque la guarnición era de turcos, y no de beef-eaters.

Al recibir los despachos del general Williams, Redcliffe hace al Gobierno de la Puerta urgentes recomendaciones de que se envíen de inmediato refuerzos con víveres frescos y dinero al ejército de Kars. Invita incluso al Seraskier, ahora que Circasia está libre de rusos, a unir al ejército de Batoum con el de Kars. El motivo por el cual la Puerta objetó esta propuesta lo explica el siguiente despacho del general Williams:

«Kars, 28 de junio de 1855.—Mustafá Pachá de Batoum me ha escrito recientemente [...] para decirme que sólo tiene 3.772 tropas regulares, y que el enemigo lo presiona.»

El 28 de junio, Lord Redcliffe informa a Lord Clarendon que:

«Le sirve de algún consuelo [...] que incluso a esta hora undécima la Puerta ha reconocido la necesidad de atender su consejo y enviar refuerzos sin más demora.»

La única dificultad reconocida por el mismo Redcliffe era decidir de dónde iban a salir esos refuerzos.

«¿Cómo proveerlos de los suministros necesarios? [...] Nada puede, con prudencia o consecuencia, destacarse del ejército al mando de Omer Pachá en Crimea. En Batoum, Sukum Kaleh y otras estaciones vecinas de la costa, sería sumamente difícil reunir más de 11.000 hombres. [...] Las demás partes del Imperio no ofrecen reservas adicionales, con excepción de Bosnia, donde todavía es posible que se puedan destacar algunos miles de hombres. Hablo de regulares. Puede procurarse bashi-bazouks, pero Su Señoría sabe la poca dependencia que cabe poner en tales hordas indisciplinadas. Quedan el cuerpo a medio formar del general Vivian y la caballería irregular reunida por el general Beatson y sus oficiales. [...] En Bulgaria dudo de la existencia de más de 50.000 hombres, incluidas las guarniciones... Austria, es cierto, ha declarado su intención de considerar el paso del Danubio por Rusia como casus belli, y también se ha comprometido a excluir a esa potencia de los Principados danubianos; pero la resolución que en una emergencia tal permitiría a la Puerta trazar su línea basándose en aquellas seguridades y pasar por alto la incomodidad de dejar una posición importante inadecuadamente defendida, es más apropiada para ser admirada que para ser abrazada.»

Según, pues, la confesión del propio Redcliffe, él urge a la Puerta a enviar a Kars «refuerzos de toda descripción», siendo muy consciente de que no existen de descripción alguna.

El 30 de junio tuvo lugar en casa del Gran Visir,* a orillas del Bósforo, una reunión entre el Gran Visir, el Seraskier y Fuad Pachá por un lado, y Redcliffe, acompañado del brigadier Mansfield, por el otro. Los ministros turcos propusieron, como ya lo habían hecho antes, reunir un ejército en Redout Kaleh, que debía avanzar sobre Kutais y desde allí hacer una incursión en Georgia. Propusieron que la fuerza expedicionaria se compusiera como sigue:

Contingente de Vivian........... 20.000
Caballería irregular de Beatson... 3.000
Guarnición de Batoum.......... 12.000
Albaneses......................... 2.000
Caballería egipcia.................. 800
Caballería tunecina................. 600
Total............................... 43.400

Los ministros turcos manifestaron su disposición a confiar la dirección de la expedición a un comandante británico, y a aceptar al general Vivian en esa capacidad. El general Vivian opuso de inmediato dificultades en cuanto a los medios disponibles para este plan, y consideró el empleo de su contingente como prematuro y perturbador de los arreglos para su organización. Dos semanas más tarde, Redcliffe comunicó a su Gobierno que—

«los preparativos para dicha expedición están en curso, y que se ahorraría mucho tiempo valioso si se le informase de inmediato por telégrafo si el Gobierno estaba dispuesto a sancionar una poderosa diversión, por Redout Kaleh y Kutais, hacia Georgia.»

El 13 de julio de 1855, Lord Clarendon envía un despacho en el que primero repite las objeciones planteadas por el general Vivian, y luego añade las suyas propias:

«El Gobierno de Su Majestad opina que el curso más sabio sería enviar refuerzos a la retaguardia del ejército turco, en lugar de enviar una expedición a la retaguardia del ejército ruso. Los refuerzos podrían ir a Trebisonda y ser dirigidos desde allí hacia Erzeroum. La distancia de Trebisonda a Erzeroum es menor que de Redout Kaleh a Tiflis, y la marcha se realiza a través de un país amigo en vez de un país hostil; y en Erzeroum el ejército encontraría amigos que lo apoyen en lugar de enemigos que se le opongan, y suministros en lugar de hambruna.

»Si el ejército de Kars no puede mantener esa posición contra los rusos, debería retirarse a Erzeroum, y toda la fuerza turca debería concentrarse allí. Si se ha de derrotar a los rusos» (¿se los ha de derrotar?), «será más fácil derrotarlos mediante la fuerza entera reunida que mediante porciones divididas de esa fuerza; y una derrota sería tanto más decisiva cuanto más adentro de la frontera turca tuviera lugar.»

Al día siguiente, 14 de julio, Clarendon dirige también la siguiente respuesta telegráfica a la pregunta telegráfica de Lord Redcliffe:

«El plan para reforzar al ejército de Kars, contenido en sus despachos del 30 de junio y del 1° del corriente, está desaprobado. Las razones para no emplear al contingente turco hasta que esté en condiciones de servicio serán enviadas hoy por el correo. Trebisonda debe ser la base de operaciones, y si el ejército turco de Kars y Erzeroum no puede resistir a los rusos en este último lugar, podría retirarse a Trebisonda, donde sería fácilmente reforzado.»

Es muy curioso que este despacho telegráfico, fechado en Londres el 14 de julio, no hubiera llegado a Constantinopla el 19 de julio, día en que encontramos a Redcliffe escribiendo de nuevo a Clarendon:

«Se ha [...] hecho un llamamiento por medio del telégrafo eléctrico al Gobierno de Su Majestad, a quien se suplicó que no perdiera tiempo en dar a conocer su parecer en cuanto a la diversión propuesta.»

De hecho, esta respuesta de Londres no llegó a Constantinopla hasta el 30 de julio, seis días después de la llegada allí del correo de Londres del 14 de julio. El 15 de julio el Seraskier informa a Lord Redcliffe, por medio del general Mansfield, que:

«Los 15.000 hombres en Bulgaria destinados a formar parte de la expedición estaban listos para marchar a la costa con suficientes medios de transporte, y que, en general, sus preparativos estaban tan adelantados que sólo requerían el asentimiento del Gobierno de Su Majestad para llevarlos a efecto.»

Entre tanto, los llamamientos del general Williams en demanda de auxilio se sucedían unos a otros. El 23 de junio anuncia que—
«El enemigo [...] ha lanzado hacia adelante grandes masas de caballería, [...] y recomienda urgentemente el inmediato desembarco de tropas en Trebisonda y, si la estación lo permite, fuertes demostraciones desde Redout Kaleh.»

El 26 de junio escribe que el ejército turco en Kars estaba rodeado por los rusos, que se habían establecido en el camino real entre aquella fortaleza y Erzeroum, y cortado una parte de las provisiones reunidas para el ejército. El 27 de junio afirma que el ejército ruso era dueño de la comarca circundante. El 28 de junio, que el enemigo era dueño de todo cuanto estaba fuera del alcance de sus cañones, y que a las tropas de Kars se les debían veintitrés, veintisiete y veintiocho meses de paga respectivamente; y el 7 de julio, que las fuerzas reunidas de los rusos estaban listas o para asaltar Kars o para cercarla más estrechamente, cortando su última comunicación con Erzeroum vía Olti. Es cierto que estos últimos despachos no llegaron a Londres hasta el 26 de julio; aun así, al Gobierno británico sólo se le ocurrió el uso del telégrafo el 9 de agosto—y no para aconsejar lo que debía hacerse a consecuencia de estas noticias, sino únicamente para suscitar nuevas dificultades contra lo que la Puerta se disponía a hacer. El mismo día en que Lord Clarendon se dirigió a Lord Redcliffe por telégrafo, Lord Panmure se dirigió al general Vivian de la manera siguiente:

«Departamento de Guerra, 14 de julio de 1855.—[...]»

Señor: Adjunto le remito, para su información, copia de un despacho que el conde de Clarendon ha dirigido al embajador de Su Majestad en Constantinopla, sobre el plan propuesto por la Puerta para el socorro del ejército turco en Kars, y debo informarle de que coincido plenamente con cuanto en dicho despacho se dice acerca del carácter objetable del plan propuesto por la Puerta. Tengo plena confianza en su capacidad profesional y en que no me causará inquietud alguna el que usted emprenda una expedición de naturaleza tan descabellada e indigesta como la contemplada por la Puerta. Si bien es deber de usted prestar toda la ayuda que esté en su mano, no solo como comandante del Contingente, sino como oficial británico que goza de la confianza del gobierno de Su Majestad, a nuestros aliados, los turcos, es al mismo tiempo necesario que usted sea cauto y no ponga en riesgo el honor del nombre británico ni su propia reputación emprendiendo operaciones militares para las cuales no se han establecido bases adecuadas, ni abierto comunicaciones, ni dispuesto suministros, ni provisto medios de transporte. Una cosa es un golpe de mano mediante el desembarco repentino de un ejército en la costa para amenazar, o incluso atacar, una plaza fuerte del enemigo; y otra muy distinta, una expedición deliberada para invadir el país enemigo y hacerle la guerra en su propio territorio. En el primer caso, puede aventurarse algo; pero en el otro, toda preparación debe preceder a la acción. Además, por todas las informaciones que me han llegado, tengo fundados motivos para creer que el ejército de Batum se halla en un estado deplorable. Sé que el Contingente apenas está organizado; de las tropas búlgaras no puede usted tener conocimiento alguno; y presumo que las tropas de Beatson están tan poco reducidas al control y la disciplina como las suyas propias. En suma, tengo la seguridad de que sería una locura intentar socorrer de este modo al general de brigada Williams. Ya es tarde para lamentar la política que ha dejado a ese valeroso oficial y a su ejército expuestos a tales aprietos; pero solo se abriría el camino a nuevos fracasos si se siguen planes como los que se han propuesto para socorrerlo. Usted, como no dudo que siente, no debe perder tiempo en poner su fuerza en orden de servicio, el cual, con toda seguridad, lo aguardará en algún sitio en cuanto esté preparado para ello; pero la organización es tan necesaria para un ejército como la resistencia y el valor, y sin la primera, las segundas cualidades son de todo punto inútiles.

Firmado: Panmure.

El plan propuesto por la Puerta era, en su concepción general, audaz y estratégicamente correcto; equivalía, de hecho, a la adopción de una posición excéntrica con respecto al ejército invasor, amenazando Tiflis, el centro del poder ruso en Asia, y forzando así, al amenazar con cortar la base y la línea de operaciones de Muravieff, a que este se retirara de Kars. Una expedición a Mingrelia ofrecía fundadas perspectivas no solo de socorrer Kars, sino de brindar amplia oportunidad para alcanzar el gran objetivo en toda guerra, a saber: poner al enemigo a la defensiva. Pero, admitida la urgencia del peligro, tal expedición difícilmente podía emprenderse si no era a condición de que se llevara a cabo con rapidez, con fuerzas numéricamente suficientes y con abundancia de suministros y medios de transporte. Ahora bien, el ejército propuesto por la Puerta para esta operación, prescindiendo de su heterogénea composición y de la instrucción incompleta de ciertas partes, debía reunir 43.000 hombres, o, según los cálculos de Redcliffe, solo 36.000. Fue con más o menos la misma fuerza con la que Omer Pachá emprendió después la expedición; sin embargo, cuando llegó al Rioni (Fasis), su ejército se había reducido a 18.000 o 20.000 hombres. Muravieff tenía a su espalda inmediata Gumri como su apoyo más próximo, una fortaleza expresamente calculada para la ofensiva contra el territorio turco; por tanto, pudo mantener su posición hasta ser informado de que el avance sobre Tiflis estaba próximo a consumarse. No obstante, para que la expedición adquiriese este giro peligroso, se requería el desembarco de al menos 55.000 a 60.000 hombres en la costa circasiana, la captura de Kutais y forzar el paso de Gort. Como los turcos no disponían de esa fuerza, solo quedaba la alternativa de marchar por Trebisonda hacia Erzerum, y desde allí socorrer, reforzar y abastecer Kars, limitándose a la defensiva. Un ejército de 20.000 hombres era, en todo caso, más útil en Erzerum que uno de solo 40.000 en Mingrelia. También se oponían dificultades a esa operación; siendo los caminos sumamente malos, una fuerza considerable con su artillería y municiones difícilmente podía llegar a Erzerum en menos de tres meses, por lo que la crisis habría podido haber terminado mucho antes de que el ejército llegara al teatro de acción. Si, por el contrario, se enviaba una fuerza pequeña, podría lograr restablecer la comunicación entre Erzerum y Kars, pero sería insuficiente para guarnecer Erzerum en caso de que Kars hubiese caído. Resulta claro, pues, que los turcos habían dado con el mejor plan para socorrer Kars; pero que los aliados, al retener en Crimea al único ejército turco capaz de ejecutarlo, impidieron su realización.

Vayamos ahora a las objeciones planteadas por el gobierno británico. Lord Clarendon inicia su ataque, no contra los puntos débiles, sino contra los puntos estratégicamente correctos del plan turco. Considera más sensato que un ejército refuerce su propia base defensiva en la retaguardia propia antes que emprender operaciones ofensivas en la retaguardia del enemigo. Le dejaremos que zanje este punto con el viejo Napoleón o con Jomini, pues podemos comprender muy bien su afán por una retirada segura. Opina que es mejor para un ejército marchar a través de un país amigo que a través de uno hostil, si es que ha de marchar. En su primer despacho dice que si el ejército turco no podía mantener su posición en Kars, debía replegarse sobre Erzerum. ¿Acaso no sabía que Kars era la llave de Erzerum, y que de no ser por la prolongada defensa de Kars, Erzerum, en el estado de defensa en que se encontraba entonces, habría caído ese mismo año? Pero, así como Su Señoría abriga opiniones singulares sobre la ofensiva y la marcha de los ejércitos, también sostiene opiniones propias respecto a la guerra defensiva. Una derrota de los rusos, dice, sería tanto más decisiva cuanto más cerca tuviera lugar de las puertas de Constantinopla. En su despacho telegráfico del 14 de julio va un paso más allá, y recomienda fríamente a la Puerta que retire su ejército no solo de Kars, sino también de Erzerum, replegándose sobre Trebisonda, «donde podría ser fácilmente reforzado». Querría que el ejército turco fuera al encuentro de sus refuerzos, puesto que los refuerzos no iban a su encuentro. Negándose a recordar, antes de la caída de Kars, la importancia de Erzerum como centro no solo de los recursos comerciales, sino también de los militares de Anatolia, descubre, tras la caída de Kars (cuando escribe a lord Cowley en diciembre de 1855), que bastaba aquello

«para acarrear las peores consecuencias si no se tomaran medidas prontas y decisivas. Dueños de esa fuerte fortaleza, amenazando Erzerum y dominando todos los pasos de montaña, los rusos podrían forzar a todo el Kurdistán y a la población armenia a ayudarlos contra el Sultán; y los aliados podrían saber en pocos meses que peligros mucho mayores amenazaban al Imperio otomano por el lado de Asia que por el de Europa.»

Del mismo despacho telegráfico (14 de julio) vemos también que el contingente turco no se formó con otro propósito que el de sustraer al control de la Puerta los únicos refuerzos de sus ejércitos.

Esto es lo que parece desprenderse de los despachos de Clarendon, a saber: que ya en julio de 1855 era un punto decidido para el gobierno británico que Kars y Erzerum debían caer en manos de los rusos. Esta extraña y, en realidad, casi imposible visión del asunto queda además confirmada por el despacho de lord Panmure al general Vivian. Nada más curioso que la distinción establecida por este ministro inglés entre su propia expedición a Crimea y la expedición a Mingrelia planeada por la Puerta. Porque los gobiernos civilizados de Occidente se habían aventurado a un precipitado golpe de mano contra Sebastopol, los bárbaros de Oriente no debían emprender una expedición «deliberada» contra Georgia. Las fuerzas enumeradas en el plan turco las dispersa a los cuatro vientos y se ríe de la noción de que Turquía poseyera ejército alguno apto para operaciones, salvo el que estaba encerrado en Crimea. ¿Cuál era, pues, en definitiva, el significado de las fanfarronas y amenazadoras instrucciones sobre refuerzos con que el gobierno británico importunaba a la pobre Puerta? ¿Estaban destinadas a causar buena impresión en un Libro Azul sobre «La caída de Kars»?