Londres, 26 de enero. Cuando un enviado del sultán Malik-Shah llegó a Alamut y se presentó ante Hasan-i Sabbah para exigirle la rendición, el «Viejo de la Montaña», en lugar de contestar, hizo una seña a uno de sus fidawis, ordenándole que se matara. Al instante, el joven se hundió el puñal en el pecho y cayó al suelo convertido en un cadáver exánime. Del mismo modo, el «viejo» de la Coalición* había ordenado a su Lord John Russell que se suicidara en la Cámara de los Comunes en nombre de aquél. Russell, el viejo filántropo parlamentario que siempre interpretaba el mandamiento «Ama a tu prójimo como a ti mismo» en el sentido de que cada cual es su propio prójimo, ha preferido matar al «viejo» en lugar de matarse. No nos equivocábamos acerca de Roebuck. Su moción fue concertada con Russell para salvar del naufragio a la «parte mejor»: los whigs.

¡Y tanto! Esta moción no va dirigida contra el Ministerio, sino contra los «departamentos» que son directamente responsables de la conducción de la guerra, es decir, contra los peelitas. Además, era evidente que, en la apertura del Parlamento, tenía buenas razones para declarar que la base de las negociaciones no era base alguna en la medida en que Rusia se reservaba el derecho a impugnar cada uno de los Cuatro Puntos… y que, asimismo, las negociaciones no eran tales negociaciones en la medida en que el Gabinete inglés aún no había designado negociador.

Apenas había propuesto Roebuck su moción —el martes—, cuando Russell escribe esa misma noche al «viejo» comunicándole que dicha moción equivale a un voto de censura contra el Ministerio de la Guerra (los peelitas) y que, por tanto, se ve obligado a presentar su dimisión. Aberdeen acude ante la reina en el castillo de Windsor y le aconseja que acepte la dimisión de aquél [Russell], cosa que ocurre. El valor del «viejo» se explica cuando se entera uno de que Palmerston no ha presentado la dimisión.

En la sesión del jueves, la Cámara de los Comunes es informada de estos importantes acontecimientos. Aplaza su sesión (y Roebuck su moción) hasta esta noche. A continuación, toda la Cámara de los Comunes se precipita a la de los Lores, donde se esperan aclaraciones de Aberdeen; pero Aberdeen tiene la astucia de no estar presente —según se dice, ha vuelto a Windsor—, y el duque de Newcastle cuenta en la Cámara de los Lores la misma historia que Palmerston ha contado en los Comunes.

Entretanto, los whigs de los Comunes descubren consternados en la Cámara de los Lores que su plan ha sido descubierto y su retirada está cortada. Los tories, en absoluto deseosos de volver a instalar a los whigs a expensas de los peelitas en su antiguo privilegio de «inquilinos por derecho divino del Imperio Británico», han convencido a Lord Lyndhurst para que proponga una moción que, a diferencia de la de Roebuck, no se limita a censurar —a la Roebuck— departamentos concretos del Gobierno, sino que sienta formalmente en el banquillo a todo el Gobierno. La moción de Lord Lyndhurst dice así:

«Propondré el viernes 2 de febrero que, a juicio de esta Cámara, la expedición a Crimea fue emprendida por el Gobierno de Su Majestad con medios muy insuficientes y sin la debida precaución ni una investigación suficiente sobre la naturaleza y la magnitud de la resistencia que cabía esperar del enemigo; y que la negligencia y la mala administración del Gobierno en la conducción de la empresa han conducido a los resultados más desastrosos».

Es imposible confundirse: la moción de Lyndhurst apunta contra los whigs, del mismo modo que la de Roebuck apunta contra los aberdeenitas. Una observación de pasada: Lord John Russell ha hecho saber a los Comunes, por medio de Hayter, que en la primera oportunidad, es decir, esta noche, explicará las razones de su dimisión. «Quien nada espera, no sufrirá desengaños».

* Aberdeen.— Ed.