Londres, viernes 31 de marzo de 1854

El proyecto de ley del impuesto sobre la renta ha sido aprobado.* Sir G. Pakington habló en contra de él de manera clara y justa, aunque monótona, observando que las recientes publicaciones de los Libros Azules y de la correspondencia secreta y confidencial habían arrojado una luz completamente nueva sobre la pasada política financiera del Ministro de Hacienda. Mr. Gladstone presentó un presupuesto de paz el 18 de abril de 1853, cuando [debía] de estar completamente seguro de que la guerra era inminente.** Tres días antes de hacer su declaración, la Coalición había recibido del coronel Rose la información de que

“el príncipe Menschikoff había intentado arrancar al Gran Visir, antes de darle a conocer la naturaleza de su misión y de sus exigencias, una promesa formal de que no las revelaría a los representantes británicos y franceses”.

Por la correspondencia secreta sabían también de la intención del Emperador de matar al moribundo para que no se le escurriera de entre los dedos.* Con esa información en sus manos, el untuoso puseyista** se presenta ante la Cámara y dice:

“Si adoptan ustedes el impuesto sobre la renta por siete años, solo les pediré 7 peniques por libra durante los dos primeros años; 6 peniques por libra durante los dos siguientes, y durante los tres últimos años solo les pediré 5 peniques por libra, y al cabo de ellos el impuesto sobre la renta expirará”.

El impuesto sobre la renta, como recordarán los lectores,*** fue descrito por Mr. Gladstone como un poderoso instrumento de guerra del que había que deshacerse en estos tiempos de paz. Esto lo dijo sabiendo que la guerra era casi inevitable y que sería necesario duplicar el impuesto de 7 peniques por libra antes de que hubieran transcurrido doce meses. Es ahora de 1 chelín y 2 peniques por libra. Si alguien me dijera que el meticulosísimo Ministro de Hacienda se engañaba a sí mismo acerca de la situación, yo replico que tan solo el lunes antepasado**** se produjo una caída en los fondos públicos, porque los bolsistas dijeron que la publicación de los documentos secretos demostraba hasta la evidencia que el zar estaba resuelto a proseguir sus planes y que no se podía depositar confianza alguna en sus más terminantes afirmaciones. Los miembros del “Gabinete de todos los Talentos” deben de poseer al menos la misma perspicacia que los miembros de la Bolsa.

Al mismo tiempo que el Duns Escoto de la Coalición, el Doctor Subtilissimus,* proponía sus planes financieros para la conversión de los fondos, preparó así, a pesar de las advertencias que recibió, el vaciamiento del Tesoro justo en el momento de la “catástrofe”. Los saldos en el Exchequer eran los siguientes en los años citados:

1844 ......... £6,254,113 1847 ......... £8,457,691 1850 ........ £9,[245,676]  
1845 ......... 8,452,090 1848 ......... 8,105,561 1851 ......... 8,[381,637]  
1846 ......... 9,131,282 1849 ......... 9,748,539 1852 ......... 8,[841,822]  

Al comienzo de 1853, Mr. Gladstone había conseguido reducirlo a 4.485.230 libras, y pronto no habrá saldo alguno, ya que este ingenioso financiero tiene que reembolsar el resto de las acciones de la South Sea a 100 libras, cuando apenas pueden venderse en la bolsa a 85.

Esta política financiera de la Coalición corresponde a la perfección con su política diplomática, que “da las gracias” al zar por confiarles sus planes de reparto; con su política parlamentaria, que siempre decía a la Cámara lo contrario de la información que obraba en su poder, y con su política militar, que forzó a Omer Pajá a la inacción hasta que el zar hubo completado sus preparativos de invasión; que envía las tropas en vapores y los caballos en barcos de vela; que retiene a los oficiales en Londres y desembarca soldados en Constantinopla, y que no cree oportuno ocupar ni Odesa, ni Crimea, ni Finlandia, ni la desembocadura del Danubio, ni punto alguno que amenace a los rusos, sino Constantinopla, entre todos los lugares, a fin de no aplastar al cosaco, sino para enseñar en esta crisis trascendental tanto al musulmán como al sacerdote bizantino el derecho occidental y la igualdad civil.

No obstante la firme oposición de los diputados irlandeses, la Cámara parece resuelta a proseguir con la moción de Mr. Chambers y a nombrar una comisión de investigación sobre las prácticas y el régimen interno de los conventos de monjas. El principal fundamento sobre el que la moción de Mr. Chambers pretende basarse es la reclusión de muchachas retenidas por la fuerza y privadas de sus protectores naturales y legítimos. Las clases medias de Inglaterra se estremecen ante la probabilidad de que se secuestre a muchachas para los conventos, pero su sentido de la justicia, puesto de manifiesto en un caso reciente, se torna impotente cuando las muchachas son secuestradas para satisfacer la lujuria de los aristócratas o el capricho de los señores del algodón. La semana pasada, una muchacha de dieciséis años fue arrancada de sus padres, atraída a una fábrica de Lancashire y retenida allí noche y día, obligada a dormir en ella, a tomar allí sus comidas, encerrada como en una prisión. Cuando su padre descubrió qué había sido de su hija, no se le permitió verla, sino que fue expulsado de la fábrica por la policía. En este caso se violó la ley fabril, la ley de la libertad personal, la ley que otorga al padre la custodia de su hija menor de edad; se pisoteó el mismísimo derecho del habeas corpus. Se había cometido un caso flagrante y grave de rapto. Pero ¿cómo actuaron los magistrados en este caso cuando el desconsolado padre recurrió a ellos en demanda de justicia? Su respuesta fue: “Nada pueden hacer en el asunto.”

Mr. Thom. Duncombe presentó una petición, firmada en 24 horas por más de 7.600 habitantes del distrito de Preston, denunciando la manera en que las leyes para el mantenimiento de la paz y el orden eran administradas por las autoridades locales de dicho distrito. Anunció que, inmediatamente después del receso de Pascua, presentaría una moción para la creación de una comisión de investigación sobre el tema.

“Los agitadores de Preston, los grandes incitadores de la huelga –los hombres que pretendían formar un nuevo estamento del reino y ser los padres tutelares del Parlamento obrero–, han recibido por fin un freno. Una docena de ellos ha sido detenida y examinada ante los magistrados locales bajo la acusación de conspiración; fueron puestos en libertad bajo fianza y remitidos a los tribunales de Liverpool.”⁽ⁱ⁾

Tales son las palabras con que The Morning Post anuncia un suceso⁽ⁱ⁾ sobre el cual otra materia más apremiante me había impedido escribir antes. La acusación contra los dirigentes se basa en el hecho de que los patronos habían enviado a Manchester y convencido a algunos para que fueran a Preston. Eran en su mayoría irlandeses. El pueblo se reunió con ellos en la estación de ferrocarril, donde ofrecían un espectáculo de miseria y desamparo. Se persuadió a unos cincuenta y cuatro de ellos para que fueran a la Farmer’s Arms, donde fueron agasajados todo el día y, habiendo accedido a regresar, fueron escoltados por la noche a la estación en medio de las aclamaciones de 15.000 personas. Los patronos se apoderaron de siete de estas personas y las trajeron de vuelta a Preston para acusar de conspiración a Mr. Cowell y a sus colegas. Ahora bien, si examinamos los [verdaderos hechos] del caso, no queda duda alguna sobre quiénes son los verdaderos conspiradores.

En 1847, los señores del algodón de Preston redujeron los salarios bajo la solemne promesa de restablecerlos tan pronto como el comercio se reanimara. En 1853, el año de prosperidad, se negaron a cumplir su palabra. Los obreros de cuatro fábricas se declararon en huelga y fueron sostenidos por las contribuciones de los que continuaban trabajando. Entonces los patronos se concertaron para cerrar sus fábricas y cada uno depositó una fianza de 5.000 libras para imponer su conspiración. Los obreros apelaron entonces pidiendo apoyo a las otras ciudades de Lancashire, y ese apoyo les fue concedido. Los patronos habían enviado emisarios para persuadir e incitar a los señores del algodón de otras ciudades a que realizaran un cierre patronal, y lograron su propósito. No contentos con esto, se abrió entre ellos una enorme sus[cripción] para contrarrestar la [suscripción] de los obreros. Cuando vieron que todos estos esfuerzos resultaban vanos, enviaron a sus agentes por todas partes para inducir a jornaleros y a sus familias, a costureras y a indigentes de los asilos de Inglaterra e Ir[landa a que vinieran] a Preston. Viendo que el excedente no afluía con la rapidez que deseaban, intentaron provocar al pueblo a un quebrantamiento de la paz. Lo irritaban con su insolencia. Prohibieron las reuniones en la Marsh, pero el pueblo las celebró en Blackstone Edge y en otros lugares prohibidos. Introdujeron cien nuevos policías, nombraron agentes especiales, hicieron salir a la brigada de bomberos, mantuvieron a las tropas sobre las armas y llegaron hasta leer el Riot Act para provocar un tumulto. Tal fue la conspiración de los patronos, [pero] fueron derrotados en cada una de sus tentativas. A pesar de estos hechos, se presenta una acusación de conspiración, no contra los patronos, sino contra los obreros. Hay, además, un caso especial que coloca a los patronos bajo el peso de la ley sobre la conspiración. Los obreros de cierta fábrica reanudaron el trabajo. El comité de patronos y el comité de obreros pidieron ambos explicaciones. Los obreros fijaron un cartel en el sentido de que habían vuelto al trabajo a condición de que se les pagara una determinada tarifa. El comité de los patronos amenazó con emprender acciones legales contra el patrono* de aquella fábrica para cobrarle 5.000 libras en concepto de penalización según la fianza otorgada para sostener la huelga de los patronos. El dueño de la fábrica dijo entonces algo que, contradiciendo de plano la declaración de los obreros, hizo que todos se retiraran de nuevo. Si el [hecho de haber firmado] esa fianza de 5.000 libras era una conspiración en los términos de la ley, la amenaza de hacerla efectiva lo era aún más. Pero esto no es todo. La propia acusación contra los dirigentes obreros fue provocada por una conspiración cometida por los bancos de magistrados de Preston. Según el propio The Times, los magistrados buscaron pruebas, las rebuscaron, llevaron a sus esclavos sobrantes en coches de alquiler a su cámara del consejo, temiendo la publicidad del ayuntamiento, para allí amañar sus pruebas y allí, en mitad de la noche, echarse sobre sus proyectadas víctimas.

Las esperanzas de estos pequeños napoleones de Lancashire [se vieron,] sin embargo, frustradas por el buen sentido de los trabajadores, que no se dejaron provocar a un quebrantamiento de la paz ni intimidar hasta [someterse] a los dictados de los advenedizos de Preston.

El miércoles por la noche se celebró en Londres una reunión pública en el St. Martin’s Hall, en Long Acre, con el propósito de ofrecer a las clases trabajadoras de la metrópoli la oportunidad de manifestar su opinión sobre la conducta de los patronos de Preston. Fueron aceptadas por unanimidad las dos resoluciones siguientes:

“Que el actual Lord Canciller de Inglaterra, cuando era Barón Rolfe* y en su calidad de juez, sentó la jurisprudencia en estos términos: ‘Que no era ilegal, si no había otro objeto que el de persuadir a las gentes de que era de su interés no trabajar sino por determinados salarios y no trabajar bajo determinadas disposiciones, siempre que ello se hiciera de manera pacífica’.
“Que los obreros de Preston se hallan empeñados desde hace treinta semanas en un conflicto con sus patronos, y durante todo ese tiempo se han conducido de la manera más pacífica y ordenada.
“Que, a pesar de estos hechos, cuatro** miembros del Comité de los obreros han sido encarcelados para ser juzgados en las actuales Audiencias de Liverpool bajo la acusación de conspiración, aunque no se ha probado ni aun alegado contra ellos ni violencia ni intimidación.”

* Discurso de G. Pakington en la Cámara de los Comunes el 30 de marzo de 1854. The Times, nº 21703, 31 de marzo de 1854.— Ed.
** The income tax, as your readers will remember, Mr. Gladstone described as a mighty engine of war that must be got rid of in these times of peace.
* Este párrafo y las notas corresponden a la edición.
** Nota de la edición.
*** Nota de la edición del 20 de marzo de 1854.— Ed.
**** Nº 21703, 31 de marzo de 1854.— Ed.
* Doctor Subtilissimus, sobrenombre dado a Duns Escoto en su época. (Nota de la edición.)
* Nota de la edición: se refiere al dueño de la fábrica, no al comité de patronos.
* Véase la nota de la edición.
** Cuatro miembros: en el original dice “four” pero el párrafo anterior hablaba de “a dozen”.

He aquí la traducción:

Esta asamblea opina, por lo tanto, que la conducta de los fabricantes y magistrados de Preston es reprobable; que se han hecho culpables de una asunción injustificada de poder; que han destruido de un golpe la igualdad ante la ley y la libertad personal, y que tales procederes deben ser condenados por la voz unánime del pueblo.

Que la simpatía y la ayuda de todas las clases trabajadoras del Reino Unido deben consagrarse a la reivindicación de la justicia y al mantenimiento del derecho. Esta asamblea, por consiguiente, se compromete a un apoyo extraordinario y continuado a los obreros de Preston en su actual y penosa situación, y exhorta encarecidamente a todos cuantos se interesan por la elevación del trabajo a que unan sus esfuerzos en apoyo de sus más caros intereses.

La prensa londinense en general fustiga los procederes de los patronos de Preston, mas no movida por ningún sentimiento de justicia, sino por el temor a los probables resultados. Temen que las clases trabajadoras comprendan ahora que el capitalista individual que las oprime está respaldado por toda la maquinaria del Estado, y que, para herir a aquél, han de habérselas con ésta.