Bonaparte indemniza a la Marina francesa por su humillante posición en la bahía de Besika con una reducción del precio del tabaco para los marineros, según nos informa *Le Moniteur* de hoy. «Ganó su trono con salchichones». ¿Por qué no intentar conservarlo con tabaco? En todo caso, la complicación oriental habrá producido la desmonetización de Luis Bonaparte a los ojos de los campesinos franceses y del ejército. Han aprendido que la pérdida de la libertad en casa no se compensa con una ganancia de gloria en el exterior. El «Imperio de todas las glorias» ha caído incluso más bajo que el «Gabinete de todos los talentos».

Por los periódicos de Constantinopla que acaban de llegar, nos enteramos de que el manifiesto del Sultán a sus súbditos apareció el 1 de agosto, de que el cónsul ruso en Adrianópolis ha recibido órdenes de San Petersburgo de retirarse de Turquía, de que los demás cónsules rusos esperan órdenes similares, y de que los periódicos de Constantinopla han sido prohibidos en los Principados.

El *Impartial* de Esmirna, del 1 de agosto, trae la siguiente comunicación con respecto a Persia:

«El Shah de Persia, después de que la correspondencia intercambiada entre la Puerta y el Gabinete ruso con ocasión de la disputa pendiente le fuera comunicada a petición suya, ha declarado oficialmente que toda la razón estaba de parte de la Puerta, y que en caso de guerra, se pondrá lealmente a su lado. Esta noticia ha causado una gran impresión en el embajador ruso en Teherán, de quien se dice que se prepara para exigir sus pasaportes».

El contenido de la proposición hecha a Rusia y aceptada por el Zar, según el misterioso despacho de Petersburgo,

constituye el objeto de conjeturas en toda la prensa europea.

El *Morning Post*, palmerstoniano, afirma:

«El 25 de julio, el Sr. de Meyendorff transmitió a su amo imperial, no ciertamente las proposiciones formales» (aceptadas en la Conferencia de Viena), «sino un relato de lo acontecido en la conferencia del 24… Creemos que no andaremos muy errados al afirmar confiadamente que el asunto está arreglado de tal manera que preserve intactas la independencia y la integridad del Imperio otomano. El modo de arreglo será el siguiente: Reshid Pasha dirigirá al Conde Nesselrode una nota, en la que incluirá los firmans en los que se otorgan a los cristianos griegos, súbditos del Sultán, más privilegios aún que los que Rusia había pedido para ellos. Dirá muchas cosas corteses al Zar y le asegurará la excelente disposición del Sultán hacia sus propios súbditos, a quienes ha otorgado tales y cuales derechos. Esta nota será presentada por un embajador turco, y el asunto habrá terminado… ¡Para el 10 de septiembre, el último soldado ruso habrá cruzado el Pruth!».

Por otra parte, cartas privadas de Viena, aludiendo a la aparición de cañoneras rusas más arriba de la confluencia del Pruth y el Danubio, confirman la afirmación hecha en mi última carta, de que las proposiciones enviadas a San Petersburgo no incluyen en absoluto la retirada de los ejércitos rusos de los Principados, de que emanan del Gabinete austriaco, a cuya intervención había apelado el embajador británico en Viena, «ese verdadero amante de la armonía», después de que las propuestas francesas e inglesas fueran rechazadas por el Zar, y de que brindan a Rusia la oportunidad deseada para prolongar las negociaciones *in infinitum*.

Según el semioficial *Frankfurter Ober-Postamts-Zeitung*, Rusia sólo ha permitido a Austria que ilustre a Turquía con respecto a sus propios intereses.

Los Datos de Población recientemente publicados demuestran la disminución lenta pero constante de la población de Gran Bretaña. En el trimestre que terminó en junio de 1853,

el número de defunciones fue de 107.861,
mientras que el número de nacimientos fue de 158.718.
Aumento neto de nacimientos en los distritos registrados 50.857.
Se supone que el exceso de nacimientos sobre defunciones en el Reino Unido es de 79.820,
Número de emigrantes durante el trimestre 115.959,
Exceso de la emigración sobre el aumento de nacimientos 36.139.

El último informe mostraba un exceso de la emigración sobre los nacimientos de sólo 30.000.

La disminución de la población, resultante de la emigración, coincide con un aumento sin precedentes en las fuerzas de producción y de capital. Cuando recordamos al párroco Malthus negándole a la emigración tal influencia, e imaginando que había establecido, mediante los cálculos más elaborados, que las marinas unidas del mundo nunca podrían bastar para una emigración de dimensiones tales que pudiera afectar en modo alguno al exceso de población, todo el misterio de la economía política moderna se desvela ante nuestros ojos. Consiste simplemente en transformar relaciones sociales transitorias, pertenecientes a una época determinada de la historia y correspondientes a un estado dado de la producción material, en leyes eternas, generales, inmutables, leyes naturales, como ellos las llaman. La transformación completa de las relaciones sociales, resultante de las revoluciones y evoluciones en el proceso de la producción material, es considerada por los economistas políticos como una mera utopía. Ven los límites económicos de una época dada, pero no comprenden cómo estos límites mismos están limitados, y deben desaparecer por la acción de la historia, así como han sido creados por ella.

Los informes relativos al Comercio y la Navegación durante los seis meses que terminaron el 5 de julio de 1853, tal como los publica la Junta de Comercio, muestran en general un gran aumento en comparación con las exportaciones, importaciones y navegación en el período correspondiente del año 1852. La importación de bueyes, toros, vacas, terneros, ovejas y corderos ha aumentado considerablemente.

El total de importaciones de granos ascendió, en los seis meses que terminaron el 5 de julio de 1852, a ... 2.604.201 qrs.
Pero en los meses correspondientes de 1853, a ... 3.984.374 qrs.
El total de importaciones de Harina y Sémola ascendió, durante los seis meses de 1852, a ... 1.931.363 qrs.
Y en los meses correspondientes, 1853, a ... 2.577.340 qrs.
Total de importaciones de Café, 1852 ... 19.397.185 lbs.
Total de importaciones de Café, 1853 ... 21.908.954 lbs.
Total de importaciones de Vino, 1852 ... 2.850.862 gals.
Total de importaciones de Vino, 1853 ... 4.581.300 gals.
Total de importaciones de Huevos, 1852 ... 64.418.591 No.
Total de importaciones de Huevos, 1853 ... 67.631.380 No.
Total de importaciones de Patatas, 1852 ... 189.410 cwts.
Total de importaciones de Patatas, 1853 ... 713.941 cwts.
Total de importaciones de Lino, 1852 ... 410.876 cwts.
Total de importaciones de Lino, 1853 ... 627.173 cwts.
Total de importaciones de Seda Cruda, 1852 ... 2.354.690 lbs.
Total de importaciones de Seda Cruda, 1853 ... 2.909.733 lbs.
Total de importaciones de Algodón, 1852 ... 4.935.317 cwts.
Total de importaciones de Algodón, 1853 ... 5.134.680 cwts.
Total de importaciones de Lana (ovejas y corderos), 1852 ... 26.916.002 lbs.
Total de importaciones de Lana (ovejas y corderos), 1853 ... 40.189.398 lbs.
Total de importaciones de Cueros (curtidos), 1852 ... 1.075.207 lbs.
Total de importaciones de Cueros (curtidos), 1853 ... 3.604.769 lbs.

Se observa una disminución en el cacao, el guano, el azúcar sin refinar, el té, etc.

En cuanto a las exportaciones, encontramos:
Las de Manufacturas de Algodón en 1852 ... £11.386.491
Las de Manufacturas de Algodón en 1853 ... £13.155.679

En cuanto al hilado de algodón —y la misma observación se aplica al hilado de lino y de seda— encontramos que la cantidad exportada ha disminuido, pero que el valor declarado ha aumentado considerablemente.

Manufacturas de Lino, 1852 ... £2.006.951
Manufacturas de Lino, 1853 ... £2.251.260
Manufacturas de Seda, 1852 ... £467.838
Manufacturas de Seda, 1853 ... £806.419
Manufacturas de Lana, 1852 ... £3.894.506
Manufacturas de Lana, 1853 ... £4.941.357
Manufacturas de Loza, 1852 ... £590.663
Manufacturas de Loza, 1853 ... £627.218
Manufacturas de Vidrio, 1852 ... £187.470
Manufacturas de Vidrio, 1853 ... £236.797
Mercería y Modistería, 1852 ... £884.324
Mercería y Modistería, 1853 ... £1.806.007
Quincalla y Cuchillería, 1852 ... £1.246.639
Quincalla y Cuchillería, 1853 ... £1.663.302
Maquinaria, 1852 ... £476.078
Maquinaria, 1853 ... £760.288
Barras, Lingotes y Varillas de Hierro, 1852 ... £1.455.952
Barras, Lingotes y Varillas de Hierro, 1853 ... £2.730.479
Hierro Forjado, 1852 ... £696.089
Hierro Forjado, 1853 ... £1.187.059
Lúpulo, 1852 ... £42.979
Lúpulo, 1853 ... £106.610

Con respecto a las importaciones de manufacturas, el mayor aumento se encuentra en zapatos, botas y guantes, y la mayor disminución en manufacturas de vidrio, relojes, artículos de lana y manufacturas de seda de la India. Con respecto a las exportaciones, el aumento es mayor en lino, sedas, lanas y metales. En cuanto a las importaciones de artículos de consumo, encontramos que, con excepción de los granos y el ganado, el aumento en casi todos los artículos demuestra que el consumo interno de las clases altas y medias ha avanzado en una proporción mucho mayor que el de las clases trabajadoras. Mientras que, por ejemplo, el consumo de vino se ha duplicado, el consumo de cacao, azúcar sin refinar y té ha retrocedido decididamente.

De 260 informes sobre las cosechas de trigo en todo el Reino Unido, sólo 25 hablan de la cosecha como buena y abundante, 30 como mediana, y más de 200 informes la declaran mala y deficiente. Se espera que la avena, la cebada y las habas resulten menos desfavorables, ya que la humedad las ha beneficiado; pero las patatas están arruinadas en todas las partes del país. Los Sres. J. [y] C. Sturge & Cía., en su última circular sobre la cosecha de trigo, observan:

«La cosecha de trigo en conjunto será probablemente la menos productiva de todas desde 1816, y a menos que la cosecha de 1854 sea muy temprana, podríamos necesitar una importación de toda clase de granos y artículos de panadería aún mayor que la de 1847 —probablemente no menos de 15.000.000 de quarters— pero nuestros precios actuales son suficientes para inducir importaciones de esta magnitud, a menos que Francia compita con nosotros en los mercados productores».

En cuanto a una cosecha muy temprana en 1854, no parece haber grandes perspectivas de ella, por cuanto la experiencia ha demostrado que las malas cosechas se suceden por lo general unas a otras, así como las buenas; y la sucesión de buenas cosechas desde 1848 ha sido ya inusitadamente larga. Que Inglaterra obtendrá un suministro suficiente de cereales del extranjero es, quizá, bastante seguro; pero que la exportación de sus manufacturas vaya, como esperan los librecambistas, a la par con las importaciones de granos, no puede presuponerse. El probable exceso de la importación sobre la exportación vendrá acompañado, además, de una caída en el consumo interno de manufacturas. Ya ahora la reserva de metálico en el Banco de Inglaterra disminuye semana tras semana, y ha caído a £17.739.107.

La Cámara de los Lores, en su sesión del viernes pasado, rechazó la Combination of Workmen Bill [Ley de Asociación de Trabajadores], que había pasado por los Comunes. Este proyecto de ley no era sino una nueva interpretación de la vieja Combination Act de 1825, y se proponía, al eliminar su terminología farragosa y equívoca, colocar a los trabajadores en un pie de mayor igualdad con sus patronos, en lo que a la legalidad de la asociación se refiere. Los sentimentales lores que se complacen en tratar a los trabajadores como a sus humildes clientes se exasperan cada vez que esa chusma pide derechos en vez de simpatías. Los periódicos llamados radicales han aprovechado, por supuesto, esta oportunidad con avidez para denunciar a los Lores ante los proletarios como sus “enemigos hereditarios”. Estoy muy lejos de negarlo. Pero observemos ahora a estos radicales, los “amigos naturales” de los trabajadores. Os dije en una carta anterior que los hilanderos y fabricantes de Manchester estaban formando una asociación para resistir las demandas de sus “manos”. Esta asociación se autodenomina “asociación con el fin de ayudar al comercio a regular la excitación entre los operarios en el distrito de Manchester”. Pretende haberse formado con los siguientes propósitos:

“1. El establecimiento de salarios para diversas operaciones relacionadas con la hilatura y el tejido, similares a los que se pagan en los otros distritos del comercio algodonero.

2. La protección mutua de sus miembros en el pago de tales salarios frente a la resistencia que les opongan los operarios empleados por cada uno de ellos respectivamente.

3. Asegurar a los operarios mismos la ventaja de una uniformidad de salarios adecuados, que se les paguen en toda la ciudad y sus alrededores.”

Para llevar a cabo estos propósitos han resuelto montar toda una organización, formando asociaciones locales de hilanderos y fabricantes, con un comité central.

“Resistirán todas las demandas hechas por cuerpos asociados de obreros fabriles, pues toda concesión a ellos sería perjudicial para los patronos, los operarios y el comercio en general.”

No permitirán que la maquinaria montada por y para ellos sea contrarrestada por una maquinaria similar montada por sus hombres. Pretenden fortificar el monopolio del capital mediante el monopolio de la asociación. Dictarán condiciones como cuerpo asociado. Pero los trabajadores solo podrán disputarlas en su capacidad individual. Atacarán en batalla ordenada, pero no encontrarán resistencia, excepto en combate singular. Esta es la “libre competencia”, tal como la entienden los radicales de Manchester y los librecambistas modélicos.

En su sesión del 9 de agosto, la Cámara de los Lores tuvo que decidir sobre la suerte de tres proyectos de ley para Irlanda, aprobados por los Comunes tras diez meses de deliberación, a saber: la Landlord and Tenant Bill [Ley de Propietarios e Inquilinos], que elimina las leyes relativas a las hipotecas, las cuales constituyen actualmente una barrera insuperable para la venta efectiva de las fincas más pequeñas que no caen bajo la Encumbered Estates Act; la Leasing Powers Bill [Ley de Facultades de Arrendamiento], que enmienda y consolida más de sesenta actas del Parlamento que prohíben la celebración de arrendamientos por 21 años, regulando la compensación del inquilino por mejoras en todos los casos en que existan contratos e impidiendo el sistema de subarriendo; por último, la Tenant’s Improvement Compensation Bill [Ley de Compensación al Inquilino por Mejoras], que prevé la compensación por las mejoras efectuadas por el inquilino en ausencia de contrato alguno con el propietario, y que contiene una cláusula para la aplicación retroactiva de esta disposición. La Cámara de los Lores no podía, desde luego, oponerse a la interferencia parlamentaria entre propietario e inquilino, ya que ha cargado el libro de estatutos desde la época de Eduardo IV hasta nuestros días con actas legislativas sobre propietario e inquilino, y ya que su existencia misma se funda en leyes que se entrometen en la propiedad territorial, como por ejemplo la Ley de Vinculación. Esta vez, los nobles lores, erigidos en jueces de su propia causa, se permitieron montar en una cólera bastante sorprendente en ese hospital de inválidos.

“Un proyecto de ley como ese —exclamó el conde de Clanricarde—, como la Tenants’ Compensation Bill, una violación y un desprecio tan totales de todos los contratos, nunca antes, según creía, se había sometido al Parlamento, ni jamás había oído que gobierno alguno se hubiera atrevido a proponer una medida como la que se llevaba a cabo en las cláusulas retroactivas del proyecto.”

Los Lores llegaron al extremo de amenazar a la Corona con retirar su lealtad feudal y de presentar la perspectiva de una rebelión de terratenientes en Irlanda.

“La cuestión —observó el mismo noble lord— tocaba de cerca […] toda la cuestión de la lealtad y la confianza de los propietarios territoriales de Irlanda en el Gobierno de este país. […] Si veían la propiedad territorial en Irlanda tratada de semejante manera, le gustaría saber qué era lo que iba a asegurar su adhesión a la Corona y su obediencia a su supremacía.”

¡Suave, mi lord, suave! ¿Qué iba a asegurar su obediencia a la supremacía de la Corona? Un magistrado y dos condestables. ¡Una rebelión de terratenientes en Gran Bretaña! ¿Se ha proferido alguna vez un anacronismo más monstruoso? Pero desde hace mucho tiempo los pobres Lores solo viven de anacronismos. Naturalmente, se animan a resistir a la Cámara de los Comunes y a la opinión pública.

“Que sus señorías —dijo el viejo lord St. Leonards—, por evitar lo que se llama un choque con la otra Cámara, o por popularidad, o a causa de una presión desde fuera, no aprueben medidas imperfectas como estas.” “No pertenezco a partido alguno —exclamó el conde de Roden—, pero estoy sumamente interesado en el bienestar de Irlanda.”

Es decir, su señoría supone que Irlanda está sumamente interesada en el bienestar del conde de Roden. “Esta no es una cuestión de partido, sino una cuestión de los Lores”, fue el grito unánime de la Cámara; y así era. Pero entre ambos partidos, lores whigs y lores tories, lores de la Coalición y lores de la Oposición, ha existido desde el principio un entendimiento secreto para echar abajo los proyectos de ley, y toda la apasionada discusión fue una mera farsa, representada en beneficio de los reporteros de los periódicos.

Esto resultará evidente si recordamos que los proyectos de ley que fueron objeto de tan acalorada controversia no se originaron en el Gabinete de Coalición, sino en Mr. Napier, el Attorney-General irlandés bajo el Ministerio de Derby, y que los tories, en las últimas elecciones en Irlanda, apelaron al testimonio de estos proyectos de ley presentados por ellos. El único cambio sustancial hecho por la Cámara de los Comunes en las medidas introducidas por el Gobierno tory fue el de excluir las cosechas en crecimiento de ser objeto de embargo. “Los proyectos de ley no son los mismos”, exclamó el conde de Malmesbury, preguntando al duque de Newcastle si no le creía. “Ciertamente no”, respondió el duque. “Pero, ¿la afirmación de quién creeríais entonces?” “La de Mr. Napier”, contestó el duque. “Ahora bien —dijo el conde—, he aquí una carta de Mr. Napier, afirmando que los proyectos de ley no son los mismos.” “Ahí —dijo el duque— hay otra carta de Mr. Napier, afirmando que sí lo son.”

Si los tories hubieran permanecido en el poder, los lores de la Coalición se habrían opuesto a las leyes para Irlanda. Estando la Coalición en el poder, a los tories les correspondió la tarea de oponerse a sus propias medidas. La Coalición, habiendo heredado estos proyectos de ley de los tories y habiendo introducido al partido irlandés en su propio gabinete, no podía, por supuesto, oponerse a los proyectos en la Cámara de los Comunes; pero tenían la seguridad de que serían eliminados en la Cámara de los Lores. El duque de Newcastle hizo una débil resistencia, pero lord Aberdeen se declaró satisfecho con que los proyectos pasaran formalmente una segunda lectura y fueran realmente desechados durante la sesión. Esto se hizo en consecuencia. Lord Derby, jefe del anterior Ministerio, y lord Lansdowne, presidente nominal del actual Ministerio, y al mismo tiempo uno de los mayores propietarios de tierras en Irlanda, prudentemente, se las arreglaron para estar ausentes por indisposición.

El mismo día, la Cámara de los Comunes aprobó en tercera lectura la Hackney Carriages Duties Bill [Ley de Licencias de Carruajes de Alquiler], renovando las regulaciones oficiales de precios del siglo XIV y aceptando la cláusula propuesta por Mr. F. Scully, que somete las huelgas de los propietarios de carruajes a sanciones legales. No nos toca ahora dilucidar la cuestión de la interferencia del Estado en los asuntos privados. Solo nos corresponde constatar que esto se aprobó en una Cámara librecambista. Pero, dicen, en el comercio de carruajes de alquiler existe monopolio y no libre competencia. Esta es una lógica curiosa. Primero someten un comercio particular a un impuesto, llamado licencia, y a normas policiales especiales, y luego afirman que, en virtud de estas mismas cargas que se le imponen, el comercio pierde su carácter de libre comercio y se transforma en un monopolio estatal.

La Transportation Bill [Ley de Transporte Penal] ha pasado también por el Comité. Salvo un pequeño número de condenados que seguirán siendo transportados a Australia Occidental, la pena de deportación queda abolida por este proyecto de ley. Tras un cierto período de encarcelamiento preliminar, los reos recibirán licencias condicionales en Gran Bretaña, revocables, y luego serán empleados en las obras públicas con salarios que determinará el Gobierno. El objeto filantrópico de esta última cláusula es la erección de un excedente artificial en el mercado de trabajo, al forzar el trabajo penal a competir con el trabajo libre; los mismos filántropos que prohíben a los indigentes de las workhouses toda clase de trabajo productivo por temor a crear competencia con el capital privado.

La London Press, semanario inspirado por Mr. Disraeli, y ciertamente el periódico mejor informado en lo que a misterios ministeriales respecta, hizo, el sábado pasado y, por consiguiente, antes de la llegada del despacho de Petersburgo, la siguiente curiosa declaración:

Se nos informa que en sus círculos privados y confidenciales, los ministros declaran que no hay en este momento peligro de guerra, sino que el peligro, si alguna vez existió, ha sido conjurado ya hace mucho. Parece que la proposición formalmente enviada a San Petersburgo, [...] había sido aprobada de antemano por el Emperador; y mientras el Gobierno británico adopta en público una actitud que ejerce una influencia deletérea sobre el comercio del país, en privado tratan el pánico como un engaño, se burlan de toda idea de que alguna potencia haya contemplado seriamente una guerra y hablan del malentendido en cuestión «como algo que quedó zanjado hace tres semanas». ¿Qué significa todo esto, cuál es el misterio de toda esta conducta? ... Las proposiciones que ahora están en San Petersburgo, y que fueron aprobadas por el Emperador antes de ser transmitidas a San Petersburgo, implican una concesión completa por parte de Turquía a Rusia de todas esas demandas, a cuya resistencia se debió el desencadenamiento de la guerra actual entre esos dos países. Esas demandas fueron resistidas por la Puerta bajo el consejo y por instigación especial de Inglaterra y Francia. Por consejo y por instigación especial de Inglaterra y Francia, esas demandas, según este proyecto, van a ser satisfechas ahora. [...] Hay algún cambio de forma, [...] pero nada sustancial en ese cambio. [...] El Emperador de Rusia, al establecer de hecho el Protectorado sobre la gran masa de la población de la Turquía europea, declarará que al hacerlo no desea poner en tela de juicio los derechos soberanos del Sultán. ¡Magnánima confesión!

En Gran Bretaña se supone que la realeza es sólo un poder nominal, supuesto que explica la paz que todos los partidos mantienen con ella. Si se preguntara a un radical por qué su partido se abstenía de atacar las prerrogativas de la Corona, respondería: No es más que una mera decoración estatal que no nos interesa. Os diría que la reina Victoria sólo se ha atrevido una vez a tener voluntad propia, en la época de la famosa catástrofe de las camareras de la alcoba, cuando insistió en conservar su séquito femenino whig, pero se vio obligada a ceder ante sir Robert Peel y a despedirlo. Sin embargo, diversas circunstancias relacionadas con la cuestión de Oriente —la inexplicable política del ministerio, las denuncias de los periódicos extranjeros y la llegada sucesiva de príncipes y princesas rusos, justo en un momento en que se suponía que Inglaterra estaba en vísperas de una guerra con el Autócrata— han acreditado el rumor de que, durante toda la época de la crisis oriental, existió una conspiración de la Corte con Rusia, que sostenía en el cargo al bueno de Aberdeen, paralizaba la ostentosa alianza con Francia y contrarrestaba la resistencia oficial a las invasiones rusas. Se apunta a la contrarrevolución portuguesa, impuesta por una flota inglesa en interés exclusivo de la familia Coburgo.*
* The Press, n.º 14, 6 de agosto de 1853. — Ed.
Se repite que también lord Palmerston fue destituido del Foreign Office a consecuencia de intrigas cortesanas. Se alude a la notoria amistad entre la reina y la duquesa de Orleans. Se recuerda que el Consorte Real es un Coburgo,* que el tío de la reina es otro Coburgo, altamente interesado, como rey de Bélgica y como yerno de Luis Felipe, en la caída de Bonaparte, y recibido oficialmente en el círculo de la Santa Alianza por el matrimonio de su hijo con una archiduquesa austríaca.* Finalmente, la recepción que se dispensa a los huéspedes rusos contrasta con los encarcelamientos y vejaciones que los viajeros ingleses han sufrido últimamente en Rusia.

The Paris Siecle denunció hace unas semanas a la Corte inglesa. Un periódico alemán se extendió sobre la conspiración Coburgo-Orleans, la cual, en aras de los intereses de familia, había impuesto al ministerio inglés, a través del rey Leopoldo y del príncipe Alberto, una línea política peligrosa para las naciones occidentales y que alimentaba las intenciones secretas de Rusia. El Brussels Nation publicó un largo informe sobre un Consejo de Gabinete celebrado en Londres, en el que la reina habría declarado formalmente que Bonaparte, con sus pretensiones sobre los Santos Lugares, había sido la única causa de las complicaciones actuales; que el emperador de Rusia deseaba menos humillar a Turquía que a su rival francés, y que ella jamás daría su asentimiento real a una guerra contra Rusia en interés de un Bonaparte.

Estos rumores han sido aludidos con delicadeza por The Morning Advertiser y han encontrado un fuerte eco en el público, y uno cauteloso en la prensa semanal.

«Sin desear —dice The Leader— hacer construcciones demasiado amplias, limitémonos simplemente a observar los hechos. La princesa Olga ha venido a Inglaterra con su marido, y su hermana,* la duquesa de Leuchtenberg, la hija más diplomática del Emperador. Ha sido recibida por el barón Brunnow y [...] de inmediato se le da la bienvenida en la Corte y se ve rodeada por los representantes de la buena sociedad de Inglaterra, figurando lord Aberdeen entre ese [...] número.»
* The Leader, n.º 176, 6 de agosto de 1853. — Ed.

Incluso The Examiner, el primero de los periódicos semanales de primer orden de Londres, anuncia la llegada de estos huéspedes bajo la lacónica rúbrica «Más rusos». En uno de sus artículos de fondo encontramos el comentario:

«No existe ya ninguna razón terrenal para que la Sociedad de la Paz no reaparezca ante el mundo, en la forma más aprobada, bajo el patronazgo de Su Alteza Real el príncipe Alberto.»

Una alusión más directa no es permisible en un periódico de la categoría de The Examiner. Concluye el artículo del que cito contraponiendo la monarquía inglesa a la república transatlántica:

«Si los americanos ambicionaran ocupar el puesto que en otro tiempo tuvimos en Europa, no es asunto nuestro. Dejémosles cosechar el honor presente y la ventaja última de hacer cumplir el derecho de gentes y de ser reverenciados como protectores de los débiles frente a los [...] fuertes. Inglaterra se da por satisfecha con que los Consols estén a la par y sus propias costas [...] seguras contra cualquier ataque inmediato de un ejército extranjero.»
* Examiner, n.º 2375, 6 de agosto de 1853. — Ed.

Al proponerse un voto de 5.820 libras esterlinas para sufragar los gastos de obras, reparaciones, mobiliario, etc., en la residencia del embajador británico en París durante el año que termina el 31 de marzo de 1854, el señor Wise preguntó qué había sido de las 1.100 libras anuales votadas durante los últimos treinta años para mantener en buen estado la residencia del embajador británico en París. Sir William Molesworth se vio obligado a reconocer que el dinero público había sido malversado y que, según el arquitecto Albano, enviado por el gobierno a París, la residencia del embajador británico se hallaba en un estado de deterioro sumo. La veranda que rodeaba la casa se había derrumbado; las paredes estaban en estado de descomposición; la casa no había sido pintada en varios años; las escaleras eran inseguras; las fosas sépticas exhalaban un efluvio de lo más ofensivo; las habitaciones estaban llenas de sabandijas que corrían sobre las mesas, y había gusanos por todas partes en los muebles y en las cortinas, mientras que las alfombras estaban manchadas por la suciedad de perros y gatos.

El proyecto de ley de lord Palmerston para la supresión de la molestia del humo ha superado la segunda lectura. Una vez aprobada esta medida, la metrópoli asumirá un nuevo aspecto y no quedarán casas sucias en Londres, a excepción de la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes.