En los años 1848 y 1849 se publicó en Colonia un diario alemán, la _Neue Rheinische Zeitung_ (Nueva Gaceta Renana). Este periódico, editado por Charles Marx, redactor jefe, Frederick Engels, George Weerth, Freiligrath el célebre poeta, F. y W. Wolff, y otros, adquirió muy pronto un extraordinario grado de popularidad, por la manera enérgica e intrépida con que defendía los principios revolucionarios más avanzados y los intereses de los proletarios, de los cuales era el único órgano en Alemania. El gobierno prusiano se aprovechó de las infructuosas insurrecciones de las provincias renanas en mayo último, para suprimir el periódico mediante diversas persecuciones dirigidas contra los redactores. Éstos, en consecuencia, abandonaron el país, a fin de buscar nuevos campos de actividad en los diversos movimientos que a la sazón se estaban preparando o llevando a cabo. Varios de ellos marcharon a París, donde se avecinaba un giro decisivo de los acontecimientos (el 13 de junio) y donde representaron al partido revolucionario alemán en el centro de la democracia francesa; otro ocupó su escaño en la Asamblea Nacional alemana, que en aquel momento estaba siendo empujada a la insurrección; otro, a su vez, fue a Baden y luchó en el ejército revolucionario contra los prusianos. Tras las derrotas de estas insurrecciones, se encontraron exiliados en este país, en Suiza y en Francia. Al no tener oportunidad, por el momento, de restablecer un diario, han organizado una revista mensual, que les sirva de órgano hasta que las circunstancias les permitan reasumir su antigua posición en la prensa diaria de su país.

El primer número de esta publicación acaba de llegar a nuestras manos. Lleva el mismo título que el diario: _Nueva Gaceta Renana, Revista Político-Económica_, editada por Charles Marx.

Este primer número contiene únicamente tres artículos. Se abre con el primero de una serie de trabajos sobre los dos últimos años de revoluciones, por el redactor jefe, Charles Marx. Sigue luego una relación de la campaña insurreccional en la Alemania occidental y meridional, durante mayo, junio y julio últimos, por Frederick Engels; y, por último, un artículo de la pluma de Charles Blind (ex-embajador en París del Gobierno Provisional de Baden) sobre el estado de los partidos en Baden. Estos últimos artículos, aunque contienen muchas revelaciones importantes, son de interés principalmente para el lector alemán. El primer artículo está consagrado a un tema de interés primordial para los lectores de todos los países, particularmente para las clases trabajadoras. El tema, además, ha encontrado en el ciudadano Marx un escritor en todos los sentidos capaz de hacerle justicia. Por estas razones, consideramos un deber ofrecer tanto en forma de extracto como nuestro limitado espacio nos permita.

El artículo en cuestión trata de la Revolución de Febrero; sus causas y efectos, y los acontecimientos subsiguientes hasta la gran insurrección de junio de 1848.

«Con excepción de muy pocos capítulos, cada sección importante de los anales revolucionarios de 1848 y 1849 lleva en su portada: ¡Derrota de la revolución! Pero lo que realmente fue derrotado en todas estas derrotas no fue la revolución misma. Fue, por el contrario, sólo los elementos no revolucionarios del partido revolucionario los que fueron derrotados; individuos, ilusiones, ideas, planes y proyectos de un carácter más o menos no revolucionario; elementos de los que el partido subversivo no estaba libre antes de Febrero, y de los cuales no podía ser liberado por la victoria de Febrero, sino sólo por una serie de derrotas. En otras palabras: no fue por los resultados trágicos o cómicos inmediatos de la primera victoria como el progreso revolucionario se abrió camino; este progreso, por el contrario, fue ocasionado principalmente por la formación de un poderoso y unido

interés contrarrevolucionario, por la procreación de un enemigo, en la lucha contra el cual el partido subversivo podía únicamente desarrollarse hasta convertirse en un partido realmente revolucionario.»

Éste es el tema general que el ciudadano Marx desarrolla en el curso de su artículo. Comienza exponiendo las causas de la

revolución de Febrero, y muestra que esas causas están mucho más profundamente arraigadas de lo que ninguno de los escritores anteriores sobre el tema ha sido capaz de hacer. Entre todos los historiadores de los acontecimientos de los últimos veinte años en Francia, ha sido cosa generalmente convenida que, bajo Luis Felipe, la burguesía, en su conjunto, era el poder dominante en Francia; que las escandalosas revelaciones de 1847 fueron la causa principal de la revolución, y que esta revolución fue una lucha directa de los proletarios contra la burguesía. Bajo la pluma del ciudadano Marx, estas afirmaciones, aunque no directa y absolutamente negadas, experimentan sin embargo importantes modificaciones.

El historiador alemán prueba que, bajo Luis Felipe, el poder político estaba concentrado en manos, no de la clase burguesa entera, sino de una sola fracción de esa clase, la que en Francia se llama la aristocracia financiera, y en Inglaterra los intereses bancarios, de la deuda pública, ferroviarios, etc., o el interés dinerario, en oposición al interés manufacturero.

«No era toda la clase burguesa de Francia la que señoreaba el país bajo Luis Felipe, sino sólo una fracción de esa clase: banqueros, bolsistas, reyes del ferrocarril, reyes de las minas, y una parte de los terratenientes “reagrupados”: la llamada aristocracia financiera. Eran ellos quienes se sentaban en el trono, quienes dictaban las leyes en las Cámaras, quienes disponían del patronazgo gubernamental, desde el ministro hasta el estanquero de tabaco. La porción manufacturera de la burguesía formaba parte de la oposición oficial; estaba representada sólo por una minoría en las Cámaras. Su oposición se hizo más obstinada en la misma medida en que el dominio exclusivo de la aristocracia financiera se volvía más y más exclusivo; y a medida que ellos mismos, tras las infructuosas insurrecciones de los trabajadores en 1832, 1834 y 1839, consideraban su dominio sobre los proletarios más firmemente establecido... Los pequeños capitalistas, la tenderocracia en todas sus diversas gradaciones, y la clase agrícola, estaban completamente excluidos del poder político.»

Las consecuencias necesarias de este dominio exclusivo de la aristocracia financiera eran que todo el interés público se subordinaba al suyo; que el Estado era considerado por ellos como un mero medio para aumentar sus fortunas a sus expensas. El ciudadano Marx describe de manera muy enérgica cómo este escandaloso sistema se llevó a cabo en Francia durante dieciocho años; cómo el aumento de la deuda pública, el incremento de los gastos públicos, las interminables dificultades financieras y los déficits del erario público, fueron otras tantas fuentes de las que fluía nueva riqueza a los bolsillos de los señores del dinero, fuentes que cada año se hacían manar más libremente, y agotaban así tanto más rápido los recursos del país; cómo los gastos del gobierno, del ejército y la marina, de los ferrocarriles y

otras obras públicas, ofrecían cientos de oportunidades, ávidamente aprovechadas por los financieros, para estafar al público mediante contratos fraudulentos, etc. En resumen:

«La monarquía de Julio no era más que una sociedad por acciones para la explotación de la riqueza nacional de Francia; los dividendos de esta sociedad se repartían entre ministros, Cámaras, 240.000 electores parlamentarios y su séquito más o menos numeroso. Luis Felipe era el director de esta compañía —Robert Macaire en el trono. El comercio, la manufactura, la agricultura, la navegación, los intereses de las clases medias industriales, eran necesaria y constantemente dañados y puestos en peligro bajo este sistema [...]»

«Y mientras el interés agiotista hacía las leyes, dirigía la administración pública, disponía de todo poder público organizado, dominaba la opinión pública mediante la prensa y por el poder de los hechos, se imitaba en todas las esferas de la sociedad, desde la corte hasta el _café-borgne_, esa misma prostitución, esa misma imposición desvergonzada, esa misma avidez de acumular riqueza, no por la producción, sino estafando a otros la riqueza ya existente. Se desató —particularmente en las regiones más elevadas de la sociedad, y entrando, a cada momento, en colisión con la propia ley burguesa— un estallido universal de esas concupiscencias y apetitos desordenados y malsanos, en los que la riqueza adquirida mediante el juego busca muy naturalmente su satisfacción, donde el disfrute se convierte en crapuloso, donde el oro, el barro y la sangre fluyen mezclándose. La aristocracia financiera, tanto en su modo de apropiarse como en el de disfrutar, no es más que la reproducción del lumpenproletariado en las esferas elevadas de la sociedad burguesa.»

Las revelaciones escandalosas de 1847, los asuntos Teste, Praslin, Gudin, Dujarrier, pusieron este estado de cosas a plena luz del día. La infame conducta del gobierno en los asuntos de Cracovia y del Sonderbund suizo, violentaron al máximo el orgullo nacional; mientras que la victoria de los liberales suizos y la revolución de Palermo, en enero del 48, exaltaron los ánimos de la oposición.

«Por último, el estallido del descontento general fue madurado hasta la revuelta por dos grandes y generales acontecimientos económicos. El primero de estos acontecimientos fue la plaga de la patata y las malas cosechas de 1845 y 1846. La casi hambruna de 1847 provocó en Francia y en otros países continentales numerosos conflictos sangrientos. ¡Aquí las orgías de la aristocracia financiera, allí el pueblo luchando por los artículos de primera necesidad! ¡En Buzançais, los amotinados del hambre decapitados; en París, los tahúres aristocráticos, salvados

de la ley por la familia real! El segundo gran acontecimiento económico fue una crisis comercial e industrial general en Inglaterra [...]»

«[...] las consecuencias naturales de este sistema tenían que ser, y fueron, por un lado, la ruina de las clases medias en todas sus gradaciones, y, por otro, el despertar de la cólera de la clase obrera, cuya situación se había tornado intolerable. De ahí la revolución de Febrero.»

Tales eran las causas inmediatas de la revolución de Febrero. Pero, ¿cuáles fueron sus consecuencias? Lejos de trastornar el dominio de la burguesía, la revolución lo afirmó y amplió, dándole un carácter más directo y políticamente más pronunciado que bajo Luis Felipe. La monarquía de Julio no era más que el poder de una fracción de la burguesía; la república era el poder de la burguesía entera, de todas las fracciones de la clase burguesa, coaligadas contra el proletariado. Que este fue realmente el carácter de la Revolución de Febrero, Marx lo prueba mediante un análisis muy minucioso de los acontecimientos posteriores, de la contradicción entre las promesas pomposas de la revolución y los hechos miserables que las siguieron; de las proclamas del Gobierno Provisional, la Asamblea Constituyente, etc., etc. Hemos de limitarnos aquí a unos pocos pasajes.

La revolución de Febrero estalló bajo la forma de una insurrección del proletariado contra la burguesía; pero muy pronto la burguesía, mediante concesiones aparentes al proletariado, y apoyándose en la pequeña burguesía, que goza de la mayor parte de esas concesiones, logró restablecer su dominio, tan firmemente que un conflicto armado entre la burguesía y el proletariado se hizo inevitable. La batalla se libró en junio de 1848. El proletariado fue vencido, y desde entonces la burguesía ha reinado sin trabas. Pero eso no es todo. La revolución de Febrero tuvo repercusiones en toda Europa; las revoluciones de Alemania, Polonia, Italia, etc., fueron, como Marx demuestra, directamente provocadas por ella, y, tras haber seguido su desarrollo, el resultado de todas fue la formación de una gran coalición contrarrevolucionaria, de la Santa Alianza, pero sobre una base mucho más amplia y bajo el patrocinio más directo de la burguesía inglesa, que en 1848-49, Inglaterra a la cabeza, se lanzó a una guerra de exterminio contra la revolución en todo el continente. Rusia, Austria, Prusia, los príncipes menores de Alemania, la burguesía de todos los países, y el gobierno de la misma Francia, forman hoy esta coalición, cuyo objetivo confeso es no permitir el triunfo de la revolución en ningún país, sea cual fuere el color que profese. De esta coalición surge, para todos los partidos revolucionarios, la forzosa necesidad de unirse, y de ahí que en todas partes el partido se esté liberando de sus elementos no revolucionarios. Y es en este sentido que Marx, en el pasaje que hemos citado al comienzo, dice:

«No fue por los resultados inmediatos, trágicos o cómicos, de la primera victoria como el progreso revolucionario se abrió camino; este progreso, por el contrario, fue ocasionado por la formación de un poderoso y unido interés contrarrevolucionario, por la procreación de un enemigo, en la lucha contra el cual el partido subversivo puede únicamente desarrollarse hasta convertirse en un partido realmente revolucionario.»

reacción comercial e industrial universal. Anunciada ya en Inglaterra en el otoño de 1845 por el colapso total de la especulación ferroviaria, interrumpida durante 1846 por una serie de incidentes y, en particular, por la derogación de las leyes de cereales, estalló por fin, en el otoño de 1847, con las quiebras de las grandes firmas coloniales londinenses, seguidas por las quiebras de los banqueros provinciales y el cierre de las fábricas en los distritos manufactureros ingleses. La repercusión de esta crisis sobre el comercio continental no se había agotado aún cuando estalló la revolución. Esta devastación del comercio* hizo aún más insoportable, en Francia, el dominio exclusivo del interés dinerario. Las fracciones de la burguesía enfrentadas entre sí se unieron en la agitación de los banquetes por una reforma parlamentaria que debía asegurarles la mayoría. La revulsión comercial de París lanzó a un gran número de fabricantes y comerciantes mayoristas al comercio interior, ya que el mercado exterior no ofrecía por el momento posibilidad alguna de ganancia. Estos capitalistas abrieron grandes establecimientos minoristas, cuya competencia arruinó a cientos de tenderos más pequeños. De ahí las numerosas quiebras en este sector de la burguesía parisina, de ahí su espíritu revolucionario en febrero.

La acción conjunta de estas causas hizo estallar la revolución de febrero. Se estableció el gobierno provisional. Todos los partidos opositores estaban representados en este gobierno: la oposición monárquica** (Crémieux e incluso Dupont de l’Eure), la burguesía republicana (Marrast, Marie, Garnier-Pagès), la clase de los pequeños comerciantes republicanos (Ledru-Rollin y Flocon) y los proletarios (Louis Blanc y Albert). Lamartine, por último, representaba la revolución de febrero misma, la insurrección común de burgueses y proletarios, con sus resultados ilusorios, sus delirios, su poesía y sus grandes palabras. Por su posición y sus puntos de vista, pertenecía a la burguesía, cuyos representantes formaban, por tanto, la gran mayoría del nuevo gobierno.

“Si, como consecuencia de la centralización política, París gobierna a Francia, la clase obrera, en los momentos de terremotos revolucionarios, gobierna a París. El primer acto del gobierno provisional se dirigió contra esta influencia aplastante; fue una apelación del ‘París embriagado de revolución’ a la ‘Francia sobria’. Lamartine disputó a los combatientes*** el derecho a proclamar la república; ‘sólo la mayoría del pueblo francés era competente para hacerlo’; los obreros harían mejor en no manchar su victoria con una usurpación’, etc. La burguesía sólo permitió a los obreros una usurpación: la del combate”.

Los proletarios obligaron al gobierno a proclamar la república. Raspail actuó como su portavoz. Declaró que, si en el plazo de dos horas esto

* En la obra de Marx, esta frase dice: “La devastación del comercio y la industria provocada por la epidemia económica”, etc.— Ed.
> Marx escribió: “En toda Francia, la oposición burguesa agitaba en banquetes”, etc.— Ed.
** Marx escribió “luchadores de las barricadas” (véase la pág. 53 de este volumen).— Ed.
*** En la obra de Marx sigue: “debían esperar el voto de la mayoría”.— Ed.
**** Del discurso de Lamartine pronunciado en la Cámara de Diputados el 24 de febrero de 1848. Marx da un resumen de este discurso.— Ed.

no se hacía, volvería a llamar al frente de 200.000 obreros armados. Antes de que expirara el plazo, la república fue proclamada.

“La clase obrera, al dictar la república al gobierno y a Francia, pasó de pronto al primer plano como partido independiente, pero al mismo tiempo provocó contra sí misma a todos los intereses burgueses de Francia. Lo que los proletarios habían conquistado no era su emancipación, sino el campo de batalla sobre el cual podían luchar por su emancipación. La república de febrero, en sus comienzos, no pudo hacer nada más que completar el gobierno de las clases medias, abriendo el círculo de la acción política a todas las clases propietarias de Francia. La mayoría de los grandes terratenientes, los legitimistas, fueron emancipados de la nulidad política a la que habían estado condenados por la revolución de 1830.* [...] Mediante el sufragio universal, esa vasta clase de propietarios territoriales meramente nominales (los propietarios reales son los capitalistas a quienes la propiedad está hipotecada), esa clase que forma la gran mayoría de los franceses —el campesinado— fue llamada a arbitrar los destinos de Francia. Y, por último, la república de febrero hizo manifiesto abiertamente el dominio de la burguesía al dejar de lado la corona tras la cual el capital se había ocultado hasta entonces. Los obreros habían establecido, en julio de 1830, la monarquía burguesa —en febrero de 1848,** establecieron la república burguesa. Pero así como la monarquía de 1830*** se vio forzada a anunciarse como una ‘monarquía rodeada de instituciones republicanas’, la república de 1848**** se anunció como ‘una república rodeada de instituciones sociales’. También esta concesión le fue arrancada a la república por los obreros parisinos”.

El “derecho al trabajo” y la comisión del Luxemburgo (mediante la cual Louis Blanc y Albert quedaron virtualmente excluidos del gobierno, cuya mayoría burguesa retuvo el poder real) fueron las más conspicuas de estas instituciones sociales. Los obreros se vieron reducidos a labrar su salvación, no contra la burguesía, sino con independencia de ella y lado a lado con la burguesía. La Bolsa y el Banco continuaron existiendo; sólo la iglesia socialista del Luxemburgo se erigió al lado de estas dos grandes iglesias burguesas; y así como los obreros creían poder emanciparse sin interferir en los intereses de la burguesía, también creían poder hacerlo sin interferir en las restantes naciones burguesas de Europa.

“El desarrollo de la clase obrera industrial depende enteramente del desarrollo de la clase capitalista industrial”. Sólo bajo el gobierno de esta última clase alcanzan los proletarios industriales esa importancia que es la única que puede

* Marx escribió “por la monarquía de julio” (véase la pág. 54 de este volumen).— Ed.
** La frase entre paréntesis es añadida por Engels.— Ed.
*** Las referencias a 1830 y 1848 son añadidas por Engels.— Ed.
**** Marx escribió “la monarquía de julio”.— Ed.
***** Marx escribió “la república de febrero”.— Ed.
****** En la obra de Marx, esta frase dice: “El desarrollo del proletariado industrial está, en general, condicionado por el desarrollo de la burguesía industrial” (véase la pág. 56 de este volumen).— Ed.

hacer de su revolución una revolución nacional; que crea aquellas inmensas fuerzas productivas de la industria moderna que se convertirán en los medios de su emancipación revolucionaria; que arranca las últimas raíces* del feudalismo, preparando así el campo sobre el cual únicamente es posible una revolución proletaria. Ahora bien, la industria manufacturera, en Francia, está más desarrollada ** que en ningún otro país del continente. Pero el hecho de que la revolución de febrero se dirigiera, ante todo, contra la aristocracia financiera prueba claramente que la burguesía industrial, antes de febrero, no gobernaba Francia. En efecto, la burguesía industrial sólo puede gobernar en un país cuya industria manufacturera imponga, para sus productos, el mercado universal; los límites del mercado interior son demasiado estrechos para su desarrollo. Sin embargo, la industria manufacturera de Francia, en gran medida, domina incluso los mercados interiores sólo mediante los derechos protectores.*** Por tanto, si en París los proletarios, en el momento de una revolución, poseen un poder real y una influencia que los llevan a excederse en sus medios de acción últimos**** —en el resto de Francia están concentrados en unos pocos centros industriales, como Lyon, Lille, Mulhouse, Ruán, y casi desaparecen bajo la vasta mayoría de campesinos y pequeños comerciantes circundantes.***** Por tanto, la lucha contra el capital en su forma más desarrollada y decisiva, la lucha del obrero industrial asalariado contra el capitalista industrial, en Francia, no es más que un hecho local que, después de febrero, no pudo constituir el rasgo nacional prominente de la revolución. Y tanto menos pudo hacerlo cuanto que la lucha contra los modos de acción más subordinados del capital, la lucha del campesino contra la usura y el sistema hipotecario, del pequeño comerciante contra el mayorista, el banquero y el fabricante, en una palabra, contra la bancarrota, estaban aún envueltas en el levantamiento general contra la aristocracia financiera. [...] Los proletarios franceses no podían dar un solo paso adelante, no podían destruir ni un solo átomo de las instituciones burguesas existentes,****** hasta que la marcha de la revolución hubiera sublevado contra el dominio del capital, hubiera forzado a unirse a los proletarios, a todas aquellas clases intermedias, a los campesinos y a los pequeños comerciantes, que no son ni burgueses ni proletarios, y que, en Francia, forman la gran masa de la nación. Entonces, y sólo entonces, los proletarios, en lugar de perseguir sus intereses sin interferir con los de la burguesía, podrían proclamar los intereses proletarios como los intereses revolucionarios de la nación, y hacerlos valer en oposición directa a los de la burguesía.******* Y sólo fue por su inmensa derrota en junio del 48 que los proletarios pudieron acercarse a esa victoria...

“Así, el gobierno de la burguesía fue abolido por el establecimiento de la república; fue abolido, no en la realidad, sino” en la imaginación de los obreros, que tomaron a la aristocracia financiera por toda la burguesía; en la imaginación

* Marx escribió “las raíces materiales” (véase la pág. 56 de este volumen).— Ed.
** En la obra de Marx sigue: “y la burguesía francesa es más revolucionaria”.— Ed.
*** En la obra de Marx, el final de la frase reza como sigue: “donde la industria moderna moldea a su medida todas las relaciones de propiedad, y la industria sólo puede conquistar este poder allí donde ha conquistado el mercado mundial, pues las fronteras nacionales son insuficientes para su desarrollo”.— Ed.
**** Marx escribió “mediante un sistema de tarifas prohibitivas más o menos modificado”.— Ed.
***** La palabra “últimos” es añadida por Engels.— Ed.
****** Los nombres de los centros industriales son añadidos por Engels.— Ed.
******* Marx escribió “un cabello del orden burgués”.— Ed.
******** Las palabras “no en la realidad, sino” son añadidas por Engels.— Ed.

de los notables republicanos que negaban la existencia de clases hostiles* o que, a lo sumo, la admitían como consecuencia de la monarquía. Así, todo realista se llamó de repente republicano, y todo millonario, obrero. La palabra que correspondía a esta abolición imaginaria de las clases y de los intereses de clase** era la palabra Fraternidad, la hermandad universal. Esta abstracción tan grata de todo antagonismo de clases existente, este ajuste sentimental de intereses de clase contrapuestos, esta elevación entusiasta hacia esas sublimes regiones donde no existen luchas de clases terrenales, esta fraternidad fue la gran palabra de la revolución de febrero. Las clases en lucha estaban divididas por un mero error, y Lamartine, el 24 de febrero, pidió un gobierno que pusiera fin a ese ‘terrible malentendido’, que había surgido entre las distintas clases de la sociedad.”

Continuaremos estos extractos en nuestro próximo número. Entonces pasaremos revista a los actos del gobierno provisional, a la convocatoria de la Asamblea Nacional y a la insurrección de junio.

[The Democratic Review, mayo de 1850]

En nuestro número de abril seguimos las observaciones del ciudadano Marx sobre la revolución de febrero, hasta el establecimiento y los primeros actos del gobierno provisional. Ya hemos tenido más de una ocasión de ver que los elementos de la clase media de ese gobierno eran lo bastante poderosos para servir a los intereses de su clase y para aprovecharse de la ignorancia de los proletarios de París en cuanto a sus intereses reales y a los medios para promoverlos. Continuamos nuestros extractos: —

“La república no halló resistencia alguna, ni en el interior ni en el exterior. Por este solo hecho ° quedó desarmada. Su meta ya no consistía en revolucionar el mundo, sino en adaptarse a las exigencias de la sociedad burguesa existente. Y el fanatismo con que el gobierno provisional persiguió esa meta se prueba, sobre todo, en sus medidas financieras.

“El crédito público y el privado, naturalmente, estaban conmocionados. El crédito público se basa en la certidumbre de que el Estado se deja cebar por los judíos de las finanzas. Pero el viejo Estado había desaparecido y la revolución se había dirigido, ante todo, contra esos judíos financieros. Además, las oscilaciones de la última crisis comercial europea no habían amainado aún. Todavía se producían quiebras tras quiebras. El crédito privado se hallaba paralizado, la circulación detenida y la producción obstruida ya antes de que estallara la revolución de febrero. La crisis revolucionaria, como es natural, agravó la crisis comercial. Y si el crédito privado se basa en la certidumbre de que el modo burgués de

* La palabra «hostile» ha sido añadida por Engels. — Ed.

° Marx dice aquí «como resultado de la monarquía constitucional» y, después del punto y coma, añade una frase más que reza: «en las hipócritas frases de las fracciones burguesas hasta entonces excluidas del poder» (véase pág. 57 del presente volumen). — Ed.

© Marx dice «relaciones de clase» en lugar de «clases e intereses de clase». — Ed.

producir riqueza,* que todo el orden burgués, está intacto e inviolable, ¡cuál no habrá de ser el efecto de una revolución que pone en tela de juicio el fundamento mismo del modo burgués de producir la esclavitud económica de la clase proletaria y que, en oposición a la Bolsa, erigió la Esfinge del Luxemburgo? La emancipación de la clase proletaria equivale a la anulación del crédito burgués, pues significa la abolición de la producción burguesa y del estado social que le corresponde. El crédito público y el privado son los termómetros> con los que se puede medir la intensidad de una revolución. En la misma medida en que el crédito desciende, ascienden el ardor y la potencia de la revolución.

“El gobierno provisional estaba ansioso por liberar a la república de _ su apariencia antiburguesa. Tenía, por tanto, que asegurar en primer término su valor de cambio, su precio corriente en la Bolsa. Y con el precio corriente de la república en la Bolsa, el crédito privado, desde luego, iba a reanimarse sin falta.

“Para destruir hasta la menor sospecha de que la república no quisiera o no pudiera cumplir los compromisos heredados de la monarquía —para restaurar la fe en su moralidad burguesa y en su solvencia—, el gobierno provisional recurrió a un truco tan pueril como falto de dignidad. Pagó a los acreedores públicos los intereses de la deuda incluso antes de que vencieran legalmente. El aplomo burgués, la confianza de los capitalistas en sí mismos, despertó de súbito cuando vieron con qué ansia el gobierno trataba de comprar su confianza. [...]

“La aristocracia financiera que gobernaba bajo Luis Felipe“ tenía en el Banco su iglesia catedral. Así como la Bolsa gobierna el crédito público, el Banco gobierna el crédito privado.

“Amenazado directamente por la revolución,¢ no solo en su dominio, sino en su existencia misma, el Banco trató al punto de desacreditar a la república destruyendo el crédito en todas partes. Acto seguido, el Banco rehusó el crédito a los banqueros privados, a los fabricantes y a los comerciantes. Esta maniobra, al no lograr producir una contrarrevolución, recayó en sus consecuencias sobre el propio Banco. Los capitalistas retiraron el metálico que habían depositado en sus sótanos. Los tenedores de billetes se precipitaron sobre el Banco para cambiarlos por moneda metálica.

“Sin recurrir a ninguna intervención forzosa, de un modo estrictamente legal, el gobierno provisional podía haber forzado al Banco a la bancarrota; no tenía más que permanecer pasivo y abandonarlo a su suerte. La quiebra del Banco —ése era el diluvio que habría barrido en un instante del suelo de Francia a la aristocracia financiera, el más poderoso y peligroso enemigo de la república, el pedestal de oro de la monarquía de Julio. Y una vez en quiebra el Banco, ¿no habría tenido que considerar la burguesía misma como un último esfuerzo del gobierno el hecho de crear un banco nacional y someter el crédito nacional al control de la nación?

“Pero, al contrario: el gobierno provisional obró como Pitt en 1797, suspendió los pagos en efectivo y ' convirtió los billetes del Banco en moneda de curso legal. Más aún, convirtió todos los bancos provinciales en sucursales del Banco de Francia, permitiéndole, así, extender su red por todo el país. Más tarde, el gobierno hipotecó al Banco, a cambio de un préstamo, los bosques y montes nacionales. Y así, la revolución de Febrero©

* Marx escribió «que la producción burguesa, en toda la amplitud de sus relaciones», etc. (véase pág. 59 del presente volumen). — Ed.

> Marx escribió «el termómetro económico». — Ed.

“ Marx escribió «bajo la monarquía de Julio» (véase pág. 60 del presente volumen). — Ed.

¢ Marx escribió «crédito comercial». — Ed.

© Marx escribió «la Revolución de Febrero». — Ed.

' La frase «obró como Pitt en 1797, suspendió los pagos en efectivo y» ha sido añadida por Engels. — Ed.

¡fortificó y amplió el poder de la aristocracia financiera* que se había propuesto destruir!”

De todos es sabido lo que el gobierno, tan misericordioso con los señores del dinero de la Bolsa y del Banco, dio a las clases que forman el extremo opuesto de la sociedad: a los obreros y a los pequeños comerciantes les dio la confiscación del dinero depositado en las cajas de ahorros; a los campesinos les dio el impuesto de los 45 céntimos por cada franco de las cuatro contribuciones directas.

“Las sumas depositadas en las cajas de ahorros fueron embargadas y declaradas deuda pública consolidada.§ Esto exasperó al pequeño comerciante contra la república.© Al recibir, en vez de su dinero,¶ meros títulos de la deuda pública, que se veía obligado a vender en la Bolsa, cayó enteramente en presa de los judíos de la Bolsa, ¡contra quienes había hecho la revolución de Febrero!! [...]

“El impuesto de los 45 céntimos gravó con la mayor fuerza a los campesinos, que constituían la gran mayoría del pueblo francés. Ellos tuvieron que sufragar los gastos de la revolución de Febrero, y, como es natural, a partir de entonces formaron el principal material para la contrarrevolución. El impuesto de los 45 céntimos era una cuestión vital para el campesino, y él la convirtió en una cuestión vital para la república. La república, para él, fue desde entonces idéntica a aquel impuesto odioso,° y el proletario de París le apareció bajo la luz del holgazán pródigo que se daba un festín a sus expensas. Si la revolución de 1789 había comenzado liberando a los campesinos de todas las cargas feudales, ¡la revolución de 1848! se anunció a esa clase f mediante un nuevo impuesto!!

“Solo existía un medio para que el gobierno capease todas estas dificultades y sacase al Estado de la vieja senda: la declaración de la bancarrota nacional. El banquero judío Fould, actual ministro de Hacienda, propuso este remedio a Ledru-Rollin,“ y no se ha olvidado aún la virtuosa indignación con que aquel ciudadano, según él mismo declaró en la Asamblea Nacional, protestó contra tal propuesta. ¡¡¡El señor Fould le había ofrecido la manzana del árbol del conocimiento!!!

“El gobierno provisional, al aceptar las letras de cambio giradas por la vieja sociedad burguesa contra el Estado, se había entregado en manos de esta. Se había convertido en el deudor acosado de la sociedad burguesa, en vez de alzarse frente a ella como su acreedor amenazante, que tenía que exigir el pago de deudas revolucionarias de muchos años atrás. Tuvo que reforzar de nuevo la sociedad burguesa,’ para poder cumplir

* Marx escribió «amplió la bancocracia». — Ed.

§ Marx escribió «y transformados por decreto en deuda pública irreembolsable» (véase pág. 60 del presente volumen). — Ed.

© En la obra de Marx esta frase reza: «Esto exasperó al ya duramente oprimido pequeño burgués contra la república» (véase pág. 60 del presente volumen). — Ed.

¶ Marx escribió «en lugar de sus libretas de las cajas de ahorros» (véase pág. 60 del presente volumen). — Ed.

° Marx escribió «el impuesto de los 45 céntimos» (véase pág. 61 del presente volumen). — Ed.

f En la obra de Marx sigue lo siguiente: «para no poner en peligro el capital y mantener en marcha su máquina estatal». — Ed.

“ Marx escribió «a la población rural». — Ed.

“ Se refiere al discurso que Ledru-Rollin pronunció en la Asamblea Constituyente el 21 de abril de 1849. Las palabras «este remedio» las añadió Engels. — Ed.

' Marx escribió «consolidar las tambaleantes relaciones burguesas» (véase pág. 62 del presente volumen). — Ed.

compromisos que solo pueden cumplirse dentro del marco de la sociedad burguesa. El crédito era su primera condición de existencia, y las concesiones y promesas hechas a los proletarios se convirtieron en otras tantas cadenas que tenía que arrojar. La emancipación de los proletarios, aun como simple palabra, se volvió un peligro insoportable para la república, pues era una protesta incesante contra la restauración del crédito, que se basa en el reconocimiento intacto e inviolado del antagonismo de clases existente.© Se hizo necesario, pues, aplastar de una vez por todas > a los proletarios.”;

[The Democratic Review, junio de 1850]

Desde febrero, el ejército había sido desterrado de París; la guardia nacional, es decir, la burguesía armada, única fuerza armada en París, nunca había sido lo bastante fuerte para luchar por sí sola contra los proletarios. A pesar de toda resistencia, había quedado adulterada por la mezcla de obreros. No quedaba otra posibilidad que la de un enfrentamiento de obrero contra obrero.

“Con este fin, el gobierno provisional formó veinticuatro batallones de gardes mobiles, de mil hombres cada uno, reclutados en su mayoría entre los 15 y los 20 años de edad. Eran reclutas procedentes casi exclusivamente de la plebe,° que en todas las grandes ciudades forma una masa completamente distinta de la clase obrera industrial,_ cantera de reclutamiento para ladrones y criminales de toda índole, que vive de los desechos de la sociedad, gente sin oficio fijo, vagabundos, gens sans feu et sans aveu, distintos según el carácter de la nación a la que pertenecen‘ y, en la temprana edad en que el gobierno los reclutó, capaces tanto del mayor heroísmo y del más exaltado autosacrificio como del más bajo grado de villanía y la más sucia corruptibilidad. El gobierno provisional los compró a razón de un franco y medio diario. Les dio un uniforme de regimiento para distinguirlos en todos los aspectos de los obreros de la blusa. Sus oficiales, o bien procedían del ejército, o bien de entre los hijos de la burguesía,f cuyas espléndidas arengas sobre morir por la república los engañaban. Y el pueblo tomó a estos 24.000 jóvenes soldados, vigorosos y audaces, que acababan de abandonar las barricadas, por su propio ejército, por los verdaderos guardias proletarios, en oposición a la vieja Guardia Nacional burguesa.§ Su error era excusable.

° Marx escribió «lumpenproletariado» (ibíd.). — Ed.

_ Marx escribió «el proletariado industrial». — Ed.

‘ Marx escribió «según el grado de civilización de la nación a la que pertenecen, pero sin renunciar nunca a su carácter de lazzaroni». — Ed.

f En la obra de Marx, el pasaje correspondiente reza: «Y así, el proletariado parisino se encontró con oficiales del ejército permanente por jefes; en parte, ellos mismos eligieron a jóvenes hijos de la burguesía», etc. — Ed.

§ En la obra de Marx, el pasaje correspondiente reza: «Y así, el proletariado parisino se vio enfrentado a un ejército, salido de su propio seno, de 24.000 hombres jóvenes, fuertes y temerarios. Vitoreó a los gardes mobiles en sus marchas por París. Los reconoció como sus más adelantados combatientes en las barricadas. Los consideró como la guardia proletaria en contraposición a la Guardia Nacional burguesa.» — Ed.

“El gobierno, además, resolvió rodearse de un ejército industrial. El ministro Marie alistó a cien mil obreros —arrojados a la calle por la crisis y la revolución— en los ateliers nationaux. Bajo este nombre pomposo no se ocultaba sino la aplicación de esos obreros a labores tediosas, monótonas e improductivas en terraplenes, etc., etc., por un salario de 23 sous (1 franco 15) diarios. Workhouses inglesas al aire libre: los ateliers nationaux no eran otra cosa. El gobierno provisional esperaba haber formado así un segundo ejército proletario para emplearlo contra la clase obrera en general. Pero la burguesía se engañó con los ateliers nationaux, como el pueblo se engañó con la garde mobile. Habían creado un ejército para la insurrección.

“Pero se alcanzó un fin: ateliers nationaux era el nombre de los talleres públicos que Louis Blanc había pedido en el Luxembourg. Los ateliers de Marie habían sido creados en oposición directa al Luxembourg. [...] Se difundió el rumor de que Louis Blanc había inventado los ateliers nationaux; y esto parecía tanto más verosímil cuanto que Louis Blanc, el profeta de los talleres nacionales, era él mismo miembro del gobierno provisional. Y así, en la opinión artificialmente mantenida de la burguesía parisina, de Francia y de Europa,°
© En la obra de Marx el comienzo de esta frase dice: “Y en la confusión mitad ingenua, mitad intencionada de la burguesía parisina, en la opinión artificialmente moldeada de Francia, de Europa”, etc. (ibíd.). — Ed.
 esos talleres eran la primera realización del socialismo que, en ellos, era clavado en la picota.

“No por su realidad, sino por su nombre, los ateliers nationaux eran la protesta encarnada del orden proletario contra la industria burguesa, el crédito burgués y la república burguesa. Sobre ellos cayó, pues, todo el odio de la burguesía. Esta clase, al mismo tiempo, había encontrado en ellos el objeto contra el cual dirigir el primer ataque, tan pronto como hubiera recobrado la fuerza necesaria para pronunciarse contra las ilusiones de febrero. Todo el odio y las quejas de la pequeña clase comerciante se dirigieron de inmediato contra esos ateliers nationaux. Con ira no fingida, calculaban las sumas devoradas por esos improductivos proletarios, mientras su propia situación empeoraba día a día. [...] Los talleres nacionales, las declaraciones del Luxembourg, las procesiones proletarias por París, éstas eran, en su estimación, las causas de su propia situación crítica. Y nadie se fanatizaba más contra las supuestas maquinaciones de los comunistas que el pequeño comerciante, el tendero de París, que se hallaba él mismo al borde del abismo de la bancarrota.
En la obra de Marx el final de la frase dice así: “que la pequeña burguesía, que planeaba sin esperanza al borde de la bancarrota” (véase la pág. 64 de este volumen). Las palabras “el tendero de París” son añadidas por Engels. — Ed.

“Así, mientras cada día traía la noticia conmovedora de una nueva revolución al pueblo embriagado de victoria, la burguesía concentraba cada vez más en sus manos todas las ventajas, todas las posiciones decisivas para la lucha venidera entre ellos y los proletarios —todo el control sobre las clases intermedias de la sociedad.””
“En la obra de Marx este pasaje dice: “Así, en la escaramuza que se avecinaba entre la burguesía y el proletariado, todas las ventajas, todos los puestos decisivos, todas las capas medias de la sociedad estaban en manos de la burguesía, al mismo tiempo que las olas de la Revolución de Febrero se alzaban altas sobre todo el Continente, y cada nuevo correo traía un nuevo boletín de revolución, ora de Italia, ora de Alemania, ora de los rincones más remotos del sudeste de Europa, y mantenía el éxtasis general del pueblo, dándole testimonio constante de una victoria que ya había perdido.” — Ed.

La consecuencia necesaria fue una serie de victorias morales de la burguesía. Si los proletarios, el 17 de marzo, llevaban aparentemente la ventaja, sin embargo, el verdadero fin de la manifestación, la

* Esto es añadido por Engels. — Ed. Marx escribió “contra los obreros mismos” (véase la pág. 63 de este volumen). — Ed. © En la obra de Marx el comienzo de esta frase dice: “Y en la confusión mitad ingenua, mitad intencionada de la burguesía parisina, en la opinión artificialmente moldeada de Francia, de Europa”, etc. (ibíd.). — Ed.

sometimiento del gobierno provisional a la voluntad de los proletarios, fue derrotado. El 16 de abril, empero, fue una derrota decidida de los proletarios, y a ella siguió el regreso del ejército a París.**’ La elección para la Asamblea Nacional, poco después, dio una mayoría decidida a la burguesía.

“El sufragio universal no poseía aquel poder mágico que le había atribuido el viejo partido republicano. Veían en toda Francia, al menos en la mayoría de los franceses, únicamente ciudadanos con idénticos intereses, idénticas ideas e inteligencias.* Adoraban lo que llamaban el pueblo. Pero, en lugar de este imaginario pueblo francés, el sufragio universal sacó a la luz al pueblo real, es decir, a los representantes de las diferentes clases que lo componen. Y hemos visto por qué el campesinado y la pequeña clase comerciante se vieron obligados a votar bajo la dirección de la burguesía nuevamente guerrera y de los grandes terratenientes, que ansiaban ardientemente una restauración. Pero si el sufragio universal no era la varita mágica que creían los crédulos republicanos que se engañaban a sí mismos, tenía el mérito muy superior de hacer que la lucha de las clases hiciera pasar rápidamente a las diferentes secciones intermedias de la sociedad burguesa por las diferentes etapas de ilusiones y desilusiones,> de forzar a todas las facciones de la clase capitalista a entrar de golpe en el poder político, y de arrancar así a una parte de ellas la máscara engañosa de oposición que habían llevado bajo la monarquía.”
* La palabra “inteligencias” es añadida por Engels. — Ed.
> Las palabras “las diferentes etapas de” son añadidas por Engels. — Ed.
“En la obra de Marx el final de la frase dice así: “de lanzar de una sola vez a todas las facciones de la clase explotadora a la cúspide del Estado, y arrancarles así su máscara engañosa, mientras que la monarquía con su sufragio censitario sólo dejaba comprometerse a ciertas facciones de la burguesía, permitiendo a las otras ocultarse tras bastidores y rodeándolas con el halo de una oposición común” (véase la pág. 65 de este volumen). — Ed.

“En la Asamblea Nacional Constituyente, que se reunió el 4 de mayo, los republicanos burgueses, los hombres del National, tenían la mayoría. Legitimistas y orleanistas, en un principio, sólo se atrevieron a mostrarse bajo la máscara del republicanismo burgués. Sólo en nombre de la república podía emprenderse la lucha contra los proletarios.... La república, tal como la proclamó la Asamblea Nacional, no era un arma revolucionaria contra la sociedad burguesa, sino que, por el contrario, [...] era la república burguesa.
Marx escribió “La república proclamada por la Asamblea Nacional, la única república legítima”, etc. — Ed.
© En la obra de Marx sigue: “nada más que la república burguesa”. — Ed.
 En la Asamblea Nacional toda Francia se sentó en juicio sobre los obreros parisinos. Aquella asamblea acabó de inmediato con las ilusiones sociales de febrero, proclamó clara e inequívocamente la república burguesa, excluyó de la Comisión Ejecutiva a los representantes de los proletarios, Louis Blanc y Albert; rechazó la moción de un Ministerio de

Trabajo separado; recibió con tormentas de aplausos el anuncio de su ministro, Trélat, de que lo único que había que hacer era reducir el trabajo a sus condiciones anteriores.”

“Pero todo esto era insuficiente. La república de febrero había sido fundada”*
* Marx escribió “fue ganada” (véase la pág. 66 de este volumen). — Ed.
 por los obreros con la ayuda pasiva de la burguesía. Los proletarios se consideraban, con razón, como los vencedores, y hacían las altivas pretensiones de los vencedores. Era necesario, por tanto, combatirlos y vencerlos en las calles.”*
* Marx continúa diciendo: “había que mostrarles que eran derrotados en cuanto no luchaban con la burguesía, sino contra la burguesía”. — Ed.
 Y como la república de febrero, con sus concesiones socialistas, había sido obra de una batalla de la clase proletaria, entonces unida a la burguesía contra la monarquía, era necesaria otra batalla para separar la república de las concesiones socialistas, para erigir oficialmente la república burguesa. [...] El verdadero nacimiento de la república burguesa no es la victoria de febrero, es la derrota de junio.”*
* Marx tiene una frase más que dice: “una utopía que se convierte en crimen tan pronto como quiere convertirse en realidad” (véase la pág. 69 de este volumen). — Ed.

“El choque del 15 de mayo y la batalla del 23, 24, 25 y 26 de junio son bastante conocidos en sus causas inmediatas y en los acontecimientos relacionados con ellas. La derrota de junio decidió, por un tiempo, el conflicto entre las dos clases contendientes.

“Los proletarios parisinos habían sido empujados a la insurrección de junio por la burguesía. Esta circunstancia encierra ya en sí misma su juicio condenatorio. Ni los proletarios se veían empujados por una necesidad inmediata y reconocida a derrocar a la burguesía, ni eran suficientemente fuertes para la tarea. El Moniteur les informó oficialmente de que había pasado el tiempo en que la república pudiera sentirse inclinada a inclinarse ante sus ‘ilusiones’; y sólo su derrota podía convencerles de que incluso la más mínima mejora de su condición era desesperada si se buscaba dentro de los límites de la república burguesa.” Y ahora, en lugar de las medidas aparentemente extravagantes, pero en realidad muy mezquinas y hasta burguesas, que el obrero querría imponer a la república de febrero, ahora se proclamaba el audaz y revolucionario grito de guerra: ¡Abajo la burguesía! ¡Dictadura de la clase obrera!

“La república burguesa, creada con la sangre del pueblo trabajador, se vio obligada a salir’*
* En la obra de Marx el comienzo de la frase dice así: “Al hacer de su lugar de entierro la cuna de la república burguesa, el proletariado obligó a ésta a salir”, etc. (ibíd.). — Ed.
 de inmediato en su verdadero carácter como el Estado, cuyo fin abiertamente proclamado es eternizar la supremacía del capital y la esclavitud del trabajo. La supremacía burguesa, liberada de todas las trabas, pero sin perder nunca de vista a su enemigo implacable e invencible,*
* Marx tiene una frase más que dice: “invencible porque su existencia es la condición de su propia vida”. — Ed.
 no pudo menos que convertirse inmediatamente en terrorismo burgués. Una vez apartados por un momento los proletarios de la escena; una vez reconocida la dictadura de la burguesía; las capas intermedias de la sociedad burguesa, la tendocracia y el campesinado, cuanto más insoportable se volvía su propia condición y más se pronunciaba su antagonismo contra la burguesía, se veían obligados a asociarse con los proletarios.”

“Por último, con las victorias de la Santa Alianza, Europa tomó un rumbo que necesariamente hará que cualquier nueva revolución proletaria en Francia dé origen a una guerra universal. La próxima revolución francesa se verá forzada a extenderse más allá de los límites del territorio nacional y a conquistar esa superficie europea que es la única que permitirá el libre desarrollo de la revolución social del siglo XIX.

“Así, pues, solo con la derrota de junio se crearon todas las condiciones bajo las cuales Francia está en condiciones de tomar la iniciativa de la revolución europea. Así, pues, solo después de haberse teñido en la sangre de los insurrectos de junio, la tricolor devino la bandera de la revolución europea… ¡la Bandera Roja!!”