A continuación, el Dr. Marx, redactor jefe de la *Neue Rheinische Zeitung*, examina los principios del señor Weitling, expuestos en la reunión de la Sociedad Democrática celebrada quince días atrás,* y en un discurso enjundioso y bastante extenso trata de demostrar, basándose en el desarrollo histórico de las revoluciones que han tenido lugar en los últimos siglos, que la separación de los intereses políticos y sociales supuesta por Weitling es tan impensable como su oposición directa; que, más bien, los intereses políticos y sociales deben compenetrarse mutuamente. La afirmación de que el desarrollo social retrasa el desarrollo político era asimismo incorrecta; por desgracia, en lo tocante al desarrollo social, los alemanes no habíamos llegado sino ahora al punto que los franceses ya habían alcanzado en el año 1789; las contradicciones actuales sólo podían resolverse definiéndolas de manera tajante y subrayando los intereses de las distintas clases; sólo de este modo, es decir, utilizando armas intelectuales, puede llegarse a un arreglo amistoso. El menosprecio de la posición recíproca de los diversos estratos de la población, la negativa a hacer concesiones mutuas y las ideas erróneas acerca de las relaciones de clase han conducido al sangriento desenlace de París. La dictadura que Weitling proponía como la forma constitucional más deseable es considerada por Marx, por razones semejantes, impracticable y del todo irrealizable, ya que el poder no puede ser alcanzado por una sola clase; la intención de ejercer una dictadura de acuerdo con un sistema ideado por un solo cerebro merece ser calificada de disparatada. Por el contrario, el poder gobernante, al igual que el Gobierno provisional de París, debe estar compuesto por los elementos más heterogéneos, los cuales, mediante un intercambio de puntos de vista, han de ponerse de acuerdo sobre el modo de administración más adecuado.

* El 21 de julio de 1848. — Ed.

El señor Engels informa sobre el rechazo por parte del Gobierno de la solicitud de ciudadanía del Dr. Marx.* Por cuanto éste era prusiano de Renania de nacimiento, y puesto que desde la revolución de marzo todos los refugiados políticos habían recuperado su ciudadanía, semejante interpretación del derecho de ciudadanía entrañaba una injusticia y un quebrantamiento de la buena fe; con ello sería considerado como un extranjero que podría ser expulsado en cualquier momento.