Schleswig. ¡Así que las tropas alemanas han sido derrotadas una vez más, una vez más la política alemana-prusiana ha sufrido una brillante derrota! ¡He ahí el resultado de todas aquellas solemnes promesas de una Alemania fuerte y unida! El tiempo que podría haberse aprovechado para explotar a fondo la victoria inicial lo dejaron pasar en negociaciones inútiles que el enemigo aceptó únicamente bajo coacción con el fin de ganar tiempo para reanudar la resistencia. Y cuando Rusia declaró que intervendría si Jutlandia no era evacuada, tampoco supieron reconocer lo que se ocultaba tras la oferta de un armisticio, les faltó el valor para aceptar el conflicto inminente, el conflicto con Rusia, largamente esperado e inevitable. En efecto, los partidarios de una política de fuerza quedaron desconcertados, cedieron como cobardes y durante la retirada los «valientes» guardias fueron derrotados por los «pequeños» daneses. ¡Si esto no es un caso de abierta traición, es una manifestación de tan inmensa incompetencia que, en cualquier caso, la dirección de todo el asunto debe ponerse en otras manos! ¿Se sentirá la Asamblea Nacional de Francfort por fin obligada a hacer lo que ya hace tiempo debió haber hecho, a saber, tomar en sus manos la política exterior? ¿O también en esto —«en la confianza de que los gobiernos cumplen con los deberes de su cargo»— pasará al orden del día?

A continuación reproducimos el informe del ataque danés en Sundewitt,* tomado del *Schleswig-Holsteiner Zeitung*.

Rendsburg, 29 de mayo. Ayer (domingo 28) se había previsto el relevo de las tropas de la Confederación que prestaban servicio de avanzada fuera de Alsen.* Esta información debió de llegar a oídos de los daneses, quienes, por lo general, están bien servidos por sus espías en aquella región. Reforzados considerablemente con tropas que en los últimos días habían sido traídas nuevamente desde Fionia a Alsen, llevaron a cabo un desembarco en este lado del estrecho, cuyo pleno significado no parecen haber captado los alemanes, ya que su atención estaba ocupada con el relevo de guardia de sus propias tropas. Poco después de apostarse los nuevos piquetes, los alemanes se encontraron de repente bajo un violento ataque, al pie de las Alturas de Düppel, por parte de una fuerza muy superior de infantería y artillería danesas, mientras que al mismo tiempo la aparición de varios buques y cañoneros al oeste de Erkensund (cerca de Alnver y Treppe) daba la impresión de que también allí se iba a efectuar un desembarco. Era, sin duda, un intento danés de dividir a las fuerzas alemanas, aunque solo lograron un éxito parcial. En las Alturas de Düppel se entabló un encarnizado combate en el que ambas partes sufrieron numerosas bajas, algunas mortales, a causa del fuego de cañón (todavía no es posible dar cifras). Los daneses lucharon con gran bravura. Se calcula que sus efectivos ascendían a 8.000 hombres, los cuales tomaron posiciones de combate al amparo de los cañones de cubierta y flanqueados por cañones en tierra, mientras que los nuestros apenas debían de ser 7.000. Transcurrieron varias horas antes de que la batalla se decidiese; por fin, hacia las 7 de la tarde, las tropas alemanas se vieron forzadas a iniciar la retirada por Gravenstein hacia el norte, en dirección a Quars, mientras que los daneses llegaron a acercarse hasta una hora de marcha de Gravenstein, donde se había detenido nuestra retaguardia.

* El nombre danés es Sundeved. — Ed.
* El nombre danés es Als. — Ed.