1) Kriege afirma aquí que él «no está acostumbrado a hacer equilibrios sobre una cuerda floja lógica en el desierto estéril de la teoría». Que camina sobre una «cuerda floja», no lógica, es cierto, pero una cuerda hilada con frases filosóficas y embriagadas de amor, se desprende con claridad de cada número del *Volks-Tribun*.

2) La proposición de que «cada persona separada vive individualmente» (lo cual es ya de por sí un disparate) es expresada por Kriege al recorrer la siguiente «cuerda floja» ilógica: «mientras la especie humana siga encontrando su representación en los individuos siquiera»,

3) El «poner fin al estado actual de las cosas» ha de depender del «placer» del «espíritu creador de la humanidad», que no existe en ninguna parte.  
* Una estrofa parafraseada del *Prometeo* de Goethe. — Ed.  
> H. Kriege, «Antwort an Cattanio» — Ed.  

Circular contra Kriege 45  

4) He aquí el ideal del hombre comunista: «Lleva el sello de la especie» (¿y quién no lo hace por el mero hecho de existir?), «determina sus propias metas conforme a las metas de la especie» (¡como si la especie fuera una persona que pudiera tener metas!) «y aspira a ser completamente suyo, únicamente para consagrarse a la especie con todo lo que es y es capaz de llegar a ser» (total autosacrificio y autoenvilecimiento ante un vaporoso concepto quimérico).

5) La relación del individuo con la especie se describe también en el siguiente despropósito extravagante: «Todos nosotros y todas nuestras actividades particulares no somos más que síntomas del gran movimiento que se está gestando en las profundidades interiores de la humanidad.» «En las profundidades interiores de la humanidad», ¿dónde queda eso? Según esta proposición, las personas reales no son más que «síntomas», rasgos de un «movimiento» que se gesta «en las profundidades» de un fantasma engendrado por el pensamiento.

6) Este párroco rural transforma la lucha por una sociedad comunista en «la búsqueda de aquel gran espíritu de comunidad». Se imagina ese «gran espíritu» «rebosante, pleno y espléndido, de la copa de comunión» y como «el espíritu santo que fulgura en los ojos fraternales».  
Toda vez que el movimiento comunista revolucionario ha quedado así transformado en la «búsqueda» del espíritu santo y la santa comunión, Kriege puede, desde luego, afirmar también que este espíritu «sólo necesita ser reconocido para que todos los hombres se unan en el amor».

7) Esta conclusión metafísica viene precedida por la siguiente confusión del comunismo con la comunión: «El espíritu que conquista el mundo, el espíritu que manda sobre la tormenta y el trueno y el relámpago (!!!!), el espíritu que sana a los ciegos y a los leprosos, el espíritu que ofrece a todos los hombres beber de un mismo vino» (nosotros preferimos que haya variedad) «y comer de un mismo pan» (los comunistas franceses e ingleses son bastante más exigentes), «el espíritu que es eterno y omnipresente, ése es el espíritu de comunidad.» Si este «espíritu» es «eterno y omnipresente», resulta del todo incomprensible cómo, según Kriege, la propiedad privada ha logrado existir durante tanto tiempo. Pero, a decir verdad, no ha sido «reconocida» y, por tanto, era «eterna y omnipresente» sólo en su propia imaginación.

Kriege predica, por tanto, aquí en nombre del comunismo la vieja fantasía de la religión y la filosofía alemana, la cual es la antítesis directa del comunismo. La fe, y más concretamente la fe en el «santo espíritu de comunidad», es lo último que se necesita para alcanzar el comunismo.

SECCIÓN CUARTA