Bruselas, 20 de noviembre. En el *Wigand’s Vierteljahrsschrift*, vol. III, pág. 138 ss., Bruno Bauer balbucea unas cuantas palabras en respuesta a *Die heilige Familie, oder Kritik der kritischen Kritik*, 1845, de Engels y Marx.* De entrada, Bruno Bauer declara que Engels y Marx le han malentendido; con una ingenuidad sin afectación, repite sus viejas frases presuntuosas, reducidas a la nada desde hace tiempo, y lamenta que esos autores no conozcan sus muletillas sobre «la lucha y la victoria constantes, la destrucción y la creación de la crítica», que es «la única fuerza histórica», sus aseveraciones de que «el crítico, y sólo el crítico, ha demolido la religión en su totalidad y el Estado en sus diversas manifestaciones», que «el crítico ha trabajado y sigue trabajando», y otras protestas altisonantes y efusiones sublimes. En su réplica, Bauer ofrece de inmediato una nueva y llamativa prueba de cómo «el crítico ha trabajado y sigue trabajando». Pues el crítico «laborioso» considera que sirve mejor a sus fines no hacer del libro de Engels y Marx el objeto de sus exclamaciones y citas, sino de una reseña mediocre y confusa de ese libro publicada en el *Westphälische Dampfboot* (número de mayo, pág. 206 ss.)°, un juego de manos que, con prudencia crítica, oculta al lector.

Mientras Bauer copia del *Dampfboot*, interrumpe su «arduo trabajo» únicamente con lacónicos, pero sumamente equívocos, encogimientos de hombros. La crítica crítica se ha limitado a encoger los hombros desde que ya nada más tiene que decir. Encuentra su salvación en los omóplatos, a pesar de su odio al mundo sensible, que no puede concebir sino bajo la forma de un «palo» (véase *Wigand’s Vierteljahrsschrift*, pág. 130), instrumento para castigar su desnudez teológica.

En su superficial apresuramiento, el crítico westfaliano ofrece un resumen ridículo, totalmente en contradicción con el libro que reseña. El crítico «laborioso» copia las invenciones del reseñante, las atribuye a Engels y Marx y grita triunfalmente a la masa acrítica —a la que aniquila con un ojo, mientras con el otro la invita coquetamente a acercarse—: ¡ved, éstos son mis adversarios!

Contrapongamos ahora las palabras de estos documentos.

El crítico escribe en el *Westphälische Dampfboot*:

«“Para matar a los judíos, él” (Bruno Bauer) “los transforma en teólogos, y el problema de la emancipación política en el de la emancipación humana; para aniquilar a Hegel, lo transforma en el señor Hinrichs; para desembarazarse de la Revolución Francesa, del comunismo y de Feuerbach, grita: ‘¡masa, masa, masa!’ y otra vez ‘¡masa, masa, masa!’ y la crucifica para gloria del espíritu, que es la crítica, la verdadera encarnación de la idea absoluta en Bruno de Charlottenburg”» (Das Westphälische Dampfboot, loc. cit., pág. 212).

El crítico «laborioso» escribe:

«“El crítico de la crítica crítica” se vuelve “al final pueril”, “hace de Arlequín en el *theatrum mundi*” y “quiere hacernos creer”, “afirmando con toda seriedad que Bruno Bauer, para matar a los judíos”, etc., etc. —sigue, palabra por palabra, todo el pasaje del *Westphälische Dampfboot*, que en ningún lugar se encuentra en *Die heilige Familie* (*Wigand’s Vierteljahrsschrift*, pág. 142).

Compárese esto con la actitud de la crítica crítica ante la cuestión judía y la emancipación política en *Die heilige Familie*, entre otras, págs. 163-185; respecto a su actitud ante la Revolución Francesa, cf. págs. 185-195; y su actitud ante el socialismo y el comunismo, págs. 22-74, pág. 211 ss., págs. 243-244 y todo el capítulo sobre la crítica crítica en la persona de Rodolfo, príncipe de Geroldstein, págs. 258-333.* En cuanto a la actitud de la crítica crítica respecto a Hegel, véase el misterio de la «construcción especulativa» y la siguiente explicación en la pág. 79 ss., así como las págs. 121 y 122, 126-128, 136-137, 208-209, 215-227 y 304-308; sobre la actitud de la crítica crítica ante Feuerbach, véanse las págs. 138-141, y finalmente, sobre el resultado y la tendencia de la lucha crítica contra la Revolución Francesa, el materialismo y el socialismo, véanse las págs. 214-215.”

Por estas citas se ve que el crítico westfaliano ha dado un resumen completamente tergiversado y puramente imaginario, demostrando que ha comprendido los argumentos de forma absurdamente equivocada. Y es ese resumen lo que, con agilidad «creadora y devastadora», el crítico «puro» y «laborioso» pone en lugar del original.

Además.

El crítico escribe en el *Westphälische Dampfboot*:

«“A su” (es decir, de Bruno Bauer) “necia autoapoteosis, en la cual pretende demostrar que siempre que antes estuvo sometido a los prejuicios de la masa, ese sometimiento fue únicamente un disfraz necesario de la crítica, Marx responde ofreciéndose a redactar el siguiente pequeño tratado escolástico: ‘Por qué la concepción de la Virgen María tenía que ser demostrada precisamente por el señor Bruno Bauer’”, etc., etc. (*Dampfboot*, pág. 213).

El crítico «laborioso»:

«“Él” (el crítico de la crítica crítica) “quiere hacernos creer, y al final él mismo se cree su propio embuste, que dondequiera que Bauer antes estuviera sometido a los prejuicios de la masa, quiere presentar tal sometimiento simplemente como un disfraz necesario de la crítica y no, por el contrario, como resultado del desarrollo necesario de la crítica; en respuesta a esa ‘necia autoapoteosis’, ofrece por tanto el siguiente pequeño tratado escolástico: ‘Por qué la concepción de la Virgen María’”, etc., etc. (*Wigand’s Vierteljahrsschrift*, págs. 142-143).

El lector encontrará en *Die heilige Familie*, págs. 150-163, una sección especial sobre la autoapología de Bruno Bauer, pero desgraciadamente allí no se dice nada del pequeño tratado escolástico, que, por lo tanto, no se ofrece de ninguna manera como respuesta a la autoapología de Bruno Bauer, tal como escribe el crítico westfaliano; y el complaciente Bruno Bauer lo copia —incluso entrecomillando algunas palabras— teniéndolo por una cita de *Die heilige Familie*. El pequeño tratado se menciona en una sección distinta y en otro contexto (véase *Die heilige Familie*, págs. 164 y 165°). Lo que allí significa lo puede averiguar el lector por sí mismo y admirar una vez más la astucia «pura» del «crítico laborioso».

Al final, el crítico «laborioso» exclama:

«“Esto” (a saber, las citas que Bruno Bauer ha tomado prestadas del *Westphälische Dampfboot* y atribuido a los autores de *Die heilige Familie*) “ha reducido naturalmente a Bruno Bauer al silencio y ha hecho entrar en razón a la crítica. Por el contrario, Marx nos ha ofrecido un espectáculo al aparecer él mismo al fin en el papel del cómico divertido”» (*Wigand’s Vierteljahrsschrift*, pág. 143).

Para entender este «por el contrario» hay que saber que el crítico westfaliano, para quien Bruno Bauer trabaja de copista, dicta a su crítico y laborioso escriba lo siguiente:

«“El drama histórico-universal” (es decir, la lucha de la crítica de Bauer contra la masa) “se descompone sencillamente en la comedia más divertida”» (*Das Westphälische Dampfboot*, pág. 215).

Aquí el desdichado copista se pone en pie de un salto: transcribir su propia condena supera sus fuerzas. «Por el contrario», grita interrumpiendo el dictado del crítico westfaliano, «por el contrario… ¡Marx … es el cómico más divertido!», y se enjuga el sudor frío de la frente.

Recurriendo a un incompetentísimo juego de manos, al más deplorable truco de prestidigitación, Bruno Bauer ha confirmado en última instancia la sentencia de muerte que Engels y Marx pronunciaron sobre él en *Die heilige Familie*.