Acerca del suicidio (“Peuchet: sobre el suicidio”)

(1846)

La crítica francesa, la crítica francesa de la sociedad, tie- 'ne una gran superioridad en cierto aspecto: el ser capaz de dar cuenta lo contradictorio y anti-natural de la vida moderna —no sólo en relaciones entre clases particulares, sino en todos los circuitos y figuras del intercambio cotidiano de hoy. Por cierto, son caracterizaciones con el calor vital de la inmediatez, con p i d profusos y originalidad audaz, que en vano se buscarla en cualquier otra nación. Para dar un ejemplo: compárense Las caracterizaciones críticas de Owen con las de Fourier, ((en lo que hace al intercambio vital de los seres humanos), para darse una idea de la supremacía de los franceses. No es sólo el caso de los escritores propiamente “socialistas de - Francia, de quienes se espera una caracterización crítica de las condiciones sociales. Es el caso de escritores de cada una de las ramas de la literatura, sobre todo en memorias y en novelas.

Mediante algunos pasajes sobre el “suicidio”, extraídos de las Memorias, extraídas de los archivos de la policta, etc., de Jacques Peuchet, daré un ejemplo de dicha crítica francesa, que al mismo tiempo puede mostrarnos hasta qué punto la p ión de los ciudadanos filántropos se basa 1 Con esta reiteración los dos subrayados, a francesa” y ade la sociedad (“Die franzósische Krivik der Gesellschafi”). en la idea de que sólo basta con darle a los proletarios un poco de pan y un poco de educación. Como si los únicos en soportar las condiciones sociales actuales fueran los trabajadores, como si en lo que respecta al resto de la sociedad, el mundo existente fuera el mejor de los mundos posibles...

En Jacques Peuchet, como también en muchos otros veteranos militantes franceses, de los que ya quedan poos los que desde 1789 han pasado por revoluciones, por il y de i por distintos gobiernos y constituciones, por derrotas y victorias, la crítica de las relaciones de propiedad, de las relaciones familiares, de las demás relaciones privadas, en una palabra: la crítica de la vida privada, surge necesariamente como resultado de sus experiencias políticas.

Is Peuchet (nacido en 1760)”, pasó de las letras a la de la medicina a la jurisprudencia, para dedicarse luego a la administración y al rubro policial. Antes de la Revolución Francesa trabajó con el padre Morelletten un Dictionnaire Commercial, del cual sólo apareció el prospecto, y se dedicó preferentemente a la economía política y a la administración. Fue partidario de la revolución francesa, sólo por un breve lapso; muy pronto se hizo del partido monárquico, ocupó por un buen tiempo la redacción de la Gazette de France,* y luego entró, de la mano * En realidad había nacido en 1758.

> El padre Moreller (que Voltaire apodó Mord-les, el mordaz) era un miembro de la Academia Francesa que, aunque lejos de estar radicalizado no era tan reaccionario como Mallet du Pan. La Gazette de France, fundada en 1631 con el sostén de Richelicu, publicaba sobre todo documentos oficiales y de política exterior. Hacía las veces de Boletín Oficial, y de hecho tuvo el monopolio de publicación de informaciones políticas oficiales hasta 1789. Mallet-du-Pan, a la redacción de un encendido diario Irquico, el Mercure. Como fuere, pasó por el perío1 icionario con bastante astucia, o perseguido, o ¡bajando en áreas de administración y de policía.

Géographie commergante que publicó en 1800, 5 olio, Peucher llamó la atención de Bonaparte, que mer cónsul, y éste lo nombró miembro del Conseil 7 e et des arts [Consejo del comercio y las ar- "Posteriormente, con el ministerio de Frangois de chárcau ya asumió un cargo administrativo más alto. 1814 la Restauración lo nombró censor. Se retiró dute los Cien Días. Con la restauración de los Borbones guió el puesto de archivista de la Prefectura de Poli 5, que ejerció hasta 1827.5 Durante la Restauración, ombre de Peucher aparecía con frecuencia (y no dejó :r influencia como escritor) en los discursos de los es de la Constituyente, en los de la Convención, en fue su director durante 1789-1790. Para entonces tenía el smo proprio que el Mercure de France. Siguió pai e dóL Eñol publicó hasta 1915.

ue Mall du Pan (Marx escribe Mallt-du-Pan) era un publi gincbrino, que emigró a Fra razones políen 1782, Residía en París al momento de la revolución Tomó tido del rey, regreso a Suiza en 1792, y desde allí colaboró con do monárquico francés, con ayuda ingles. Militó a vor de alal extranjero, Peuchet pasó a dirigir el periódico, hasta 1792. 5 En realidad, hasta 1825.

los Tribunales, o por las Cámaras de Diputados. Entre sus muchas obras, la mayor parte sobre economía, además de la fa Comercial ya d dí está su E ica de Francia (1807),” que es la más conocida.

Peuchet escribió sus obras ya entrado en años. El material reunido venía en parte de los archivos de la Policía de París, así como de la experiencia de su larga práctica en la policía y la administración. Sólo permitió que vieran la luz pública después de su muerte, para que nadie pudiera contarlo en el bando de los atropellados socialistas y comunistas que, como es sabido, carecen por completo de la formidable profundidad y los i y profundidad y conocimientos de la calidad de nuestros escritores, funci icos ciudad. 5 YP ¡Veamos qué dice nuestro archivista de la Prefectura de la Policía de París con respecto al suicidio!” La cifra anual de suicidios, en cierto sentido normal y periódica entre nosotros, no es sino un síntoma de la organización defectuosa* de la sociedad moderna, ya que en tiempos de hamb de inviernos rigi el síntoma siempre es más manifiesto, de manera que toma un carácter epidémico en de desempleo industrial y cuando sobrevienen las bancarrotas en serie. En esos casos, la prostitución y el robo se acrecientan en la misma proporción. En principio, por más que la mayor fuente de suicidio corresponda principalmente a la miseria, lo en- * “síntoma de un defecto constitutivo”.

7 Sratistique ¿lémentaire de la France; la fecha exacta es 1805. 3 Optamos por verter Búrger como ciudadano.

? Hasta aquí, la redacción del mismo Marx, siguen extractos comentados de Peuchet. ntramos en todas las clases, entre los ociosos ricos tanto mo entre artistas y políticos. La diversidad de las causas lo motivan nos parece que escapa a la condena unániy despiadada de los moralistas. Las enfermedades de tipo tuberculoso,'* contra las cuala Paca actual es impotente e insuficiente, amistades lesp bició ilanada, dolores familiares, la ión de los competidores, el disgusto frente a una monótona, con toda certeza, suponen ocasiones de lio para naturalezas de cierta riqueza, y el mismo mor mismo a la vida, motor enérgico de la personalidad, 'onduce muy a menudo a sacarse de encima una existencia letestable.

Dbtime de Staél.!! cuyo mayor mérito consiste en haer expresado lugares comunes con un estilo brillante,* se ocó a demostrar que el suicidio es una acción antinatual, y que no hay porqué verlo como un acto de arrojo; fue sobre todo, quien sostuvo la idea de que es más digluchar contra la desesperanza que sucumbir ante ella. zones como estas afectan poco a las almas aplastadas orla desgracia. Sison religiosas, especulan con un mundo nejor; si en cambio no creen en nada, buscan el descanso la nada. A sus ojos, las parrafadas filosóficas no tienen valor; ante el sufrimiento son un débil consuelo.

“que retomó muchos lugares comunes, rehabilitándolos, du- > rante cierto tiempo, en el estilo más bello del mundo”. xl ión”. En los años 1840 “ ión, ” eran términos vagos, asociados a lo que hoy '; su origen microbi. no era con _M Germaine Necker, baronesa de Staél, animadora de salones ps k - emigración en tiempos dela revolución francesa. Era hija de Jacques ¡Necker, principal ministro de asuntos económicos de Luis XVL. Por sobre todo, es absurdo pretender que un acto que se cumple tan frecuentemente sea un acto contra natura. El suicidio no es algo antinatural en lo más mínimo: día a día podemos atestiguarlo. Lo que es contrario a la naturaleza no ocurre. Por el contrario, es natural a nuestra sociedad el dar a luz a muchos suicidas, mientras que los tártaros* no se suicidan. No todas las sociedades, sin embargo, tienen los mismos productos; es lo que hay que decir para reformar la nuestra, y hacerla ascender a un escalón más alto? En cuanto al coraje, si se concede que es algo que hace falta en el campo de baralla, donde se planta cara a la muerte a la luz del día, bajo el dominio de toda clase de excitaciones, nada prueba de que falte el coraje en quien se da la muerte a sí mismo, a solas y a oscuras. No es insultando a los muertos como se zanja una controversia como esta.

Todo lo que se ha dicho contra el suicidio da vueltas sobre el mismo círculo de ideas,* mas la existencia misma * P.: “los bereberes y los tártaros”.

Piano delos se a 6 "868 hánal no dl motivo que lleva aliadividso ele deerminsción de matarse; la sensibilidad no puede medirse en los hombres con la misma escala, No pude concluirse que haya igualdad de sensaciones, o de caracteres y de temperamentos. Un acontecimiento que en unos no suscita más que un sentimiento imperceptible, engendra un dolor violento en oros. La dicha o la desdicha tienen tantas maneras de ser y de manifestarse, como diferencias hay entre los individuos y los ánimos. Dijo un poeta: dedo dio > Ce qui fait ton bonbewr deviendrait mon towrment Le prix de ta vertu serait mon chátiment.

[ Lo que dichosa te hace se haría suplicio mío De tu virtud su precio es mi castigo ]”>.

¿El resto dela frase “mas la cxistencia..” etc. es de Marx. Peucher, en cambio: <“Al suicidio se le oponen los decretos de la providencia, el suicidio es una evidente protesta contra esos desigs ininteligibles. Se nos habla de deberes para con la i pa sin que nuestros derechos para con la sociedad tc definidos y establecidos; se exalta el mérito de aguantar el dolor, y se dice que sería mil veces or que el de sucumbir ante el dolor: es tanto un triste ito como una triste perspectiva. En suma, se hace del suicidio un acto de cobardía, un crimen contra las leyes, la ciedad y la honra.* - ¿Entonces cómo entender que, a pesar de tantos anatenas, el hombre se mate? Es que la sangre no corre del mismodo en las venas de los desesperados que en las de los asibles que se complacen en tériles.> El ser humano parece ser un misterio para el ser imano; sólo se atina a condenarlo, y no se lo conoce. ¡Cuántas de esas instituciones, (bajo el imperio de las les vive Europa) disponen a la ligera de la sangre y de la ida de los pueblos! Asimismo, como la justicia civilizada e rodea de una rica serie de recursos como prisiones, cass, instrumentos de suplicio para la sanción de sus duos arrestos; y la cantidad inaudita de clases dejadas por ier en la miseria; y los parias sociales, golpeados por sin que dichos decretos scan claramente legibles ya que, al fin de cuentas losaribulados dudan. Puede se que esto ocurra porel er ] llos que no han establecido di términos Mi atalizibles y satisfactorios. El mismo diamante del Evangelio per- 'manece oculto en la arcilla”>.

=% un crimen contra las leyes y el honor”.

% “Quizás aún no se han estudiado todas las causas que rigen al suicida; no se ha escudriñado bastante las subversiones del alma en qo KARL MARX un brutal desprecio, quizás para no tomarse el trabajo de arrancarlos del fango. Viendo todo esto, cuesta ver cómo podría ordenarse al individuo que respete, en sí mismo, una existencia que no es tenida en cuenta por nuestras costumbres, prejuicios, leyes y modo de vida.* Se ha creído poder parar los suicidios con sanciones infamantes, y echando una especie de ignominia sobre la memoria del culpable. ¿Qué decir de la indignidad del oprobio lanzado sobre gente que ya no está para hacer valer su causa? A los desdichados, por su parte, poco les importa, y si el suicida acusa a alguien frente a Dios, la acusación sobrevuela sobre los que quedan: en toda esa gente no hay una persona que haya merecido que se la haya tenido en cuenta para considerar que, por ella, valía la pena no quitarse la vida. Los medios pueriles y atroces que se han imaginado, ¿han podido combatir y vencer a las sugestiones de la desesperación? A un ser que quiere huir del mundo, ¡qué le importan las injurias que le esperan a su cadáver! En eso? *? sólo ve una bajeza más de parte de los vivos. ¿Qué clase de sociedad es ésta, en la que se encuentra en el seno de varios millones de al2 <“Sea cual sea el motivo principal y determinante del suicidio, es cierto que su acción acrúa con absoluto poder sobre la voluntad. ¿Por qué asombrarse si, hasta hoy, todo lo que se dice o hace para vencer este ciego impulso queda sin efecto, si los legisladores y moralistas han fracasado por igual en sus tentativas? En principio, para comprender al corazón humano hay que tener la misericordia y piedad del Cristo?>.

3 <“En laignominia del escarnio, [e/aie] que la opinión le depara>. % “Claic”: armazón de mimbre. Trainer sur la claie, se refiere a una práctica del ritual de los verdugos: pasear al cadáver del reo, para mayor escarnio público, sobre esa armazón, arrastrada por un caballo.

as, la más profunda soledad; en la que uno puede tener deseo inexorable de matarse sin que ninguno de nosotros pueda presentirlo? Esta sociedad no es una sociedad; como e Roussear?, es un desierto, poblado por fieras salvajes. En los puestos que ejercí en la administración de la polos asuntos de suicidas? caían, en parte, dentro de mis atribuciones; quise conocer si, dentro de sus causas deterhantes, no abla eun cuyo efecto podría ser capaz un iderable trabajo sobre yra importante E - Descubrí que, fuera de una reforma total del orden so- 'actual, todos los intentos de cambio serían inútiles. Entre las causas de desesperación que hacen que las ersonas dotadas de una gran susceptibilidad nerviosa, así mo los seres apasionados y melancólicos, busquen darse rte, he do que el rasgo pred está en 'maltraros, las injusticias, los castigos secretos que los padres, o superiores faltos de compasión! ejercen contra las personas que dependen de ellas. La revolución no ha cho caer a todas las tiranías; los disgustos que se han rehado a los poderes arbitrarios subsisten en las familias; crisis análogas a las de las revoluciones: “omo dice Jean-Jacques”.

3 Peuchet, por una vez, subray de Marx no se aparta del sentido.

+ <“Sin recargarme con teorías, trataré de presentar los hechos”>. Marx sustituye esta frase por la que viene a continuación: “Descubrí.” etc.

padres duros y suspicaces, superiores enojados y amenazantes” « <“Como es de suponer, es seguro que el temor de ver a sus amigos, parientes o sirvientes abandonados a la infamia, y el de ver a los cuerpos arrastrados por el barro, llevaría a estos impíos a la prudencia, a la moderación, a la justicia para con sus inferiores, y los 'suites des suicides”, La traducción En definitiva,* los vínculos entre los intereses y los corazones, las verdad 1 entre los individ tienen que recrearse entre nosotros desde los cimientos, y el suicidio no es más que uno de entre mil y un síntomas de la lucha social general, la que podemos percibir en frescos datos históricos, la lucha,” de la que tantos combatientes se retiran. O porque están cansadas de engrosar las filas de las víctimas, o* porque se rebelan contra la idea de ocupar un sitial de honor! entre los verdugos. Si se quieren algunos ejemplos, voy a brindarlos, tomados de expedientes auténticos.

llevaría así a prevenir asesinatos voluntarios, cometidos con la idea de sustraerse a su dominación? No creo: sería, por un doble sacrilegio, manchar dos cultos a la vez, el culto a los vivos y el culto a los muertos. No se ve hasta aquí que el medio haya logrado el objetivo; hemos sabiamente renunciado a él.

“Para obtener un buen resultado sobre el espíritu de los superiores para con sus subordinados, y principalmente sobre los padres de éstos, se ha pensado que el temor de verse alcanzado por la difamación y el escándalo público sería una medida eficaz. Esta medida no sería suficiente, y la condena llena de amargura que se vierte graruitamente sobre el desdichado que se quitó la vida disminuye en los provocadores, si incluso no lo extingue del todo, la vergienza de todos estos escándalos y la conciencia de haber sido los verdaderos provocadores. El clero me parece más irreligioso que la misma sociedad cuando le da la diestra a prejuicios tan cobardes, negándoles [alos suicidas] toda sepultura religiosa”>.

*“En suma, los vínculos...” 5 <SSiempre flagrante”> <P: “y en vez de “o.

4 P: “un lugar entre los verdugos”.

En el mes de julio de 1816, la hija de un sastre” estaba comprometida para casarse con un carnicero, joven de "

buenas y trabajador, muy apegado a su joven novia, como ella lo estaba con él. La chica era ; todos sus idos la estimaban, sus futuros suegros la querían tiernamente. Esta buena gente no dejaba escapar ninguna ocasión de gastar a cuenta de la posesión de su nuera. Ya se imaginaban diversiones en las que ella era reina e ídolo. A la estima general se le agregaba la estima que se tenían los novios, el uno al otro.

Se acerca la fecha del casamiento. Se hacen todos los arreglos del caso entre las dos familias, todos los convenios “están cerrados. La víspera del día fijado para ir a la municipalidad, la chica y sus padres tenían que cenar en la familia del joven; un incidente insignificante lo impidió. Tenían que cumplir un encargo para uno de sus clientes, una casa de gente rica, y eso retuvo al sastre y a su mujer en su taller. Se disculparon, pero la madre del carnicero insistió y vino en persona a buscar a su nuera? que finalmente fue autorizada a seguir a su futura suegra. <“domiciliado en los locales de Les Halles”> [locales en las recovas del antiguo mercado de abasto parisino].

Y <“pequeña nuera”> A pesar de la ausencia de dos de los principales invitados, la comida fue de lo más alegre. Abundaron esas picardías familiares que se id lerables cuando se está ante la vista de una boda.* Se bebió y se cantó. Se hicieron planes sobre el futuro. Bien entrada la noche todavía estaban sentados a la mesa. Por una tolerancia explicable, los padres del joven, hicieron la vista gorda al tácito acuerdo entre los dos futuros esposos. Las manos se encontraron,* el amor y la familiaridad se les subieron a la cabeza. Al fin de cuentas, el casamiento se daba por hecho, y estos pobres jóvenes se frecuentaban desde hacía un buen tiempo, sin que se hubiera podido hacérseles el menor reproche.* La comprensión del padre y la madre del novio," la hora avanzada, las ganas mutuas, liberadas por la tolerancia de los mentores, la algarabía sin trabas que reina siempre en banquetes semejantes, todo eso, y la ocasión sonriente que se ofrecía, la efervescencia del vino en la cabeza, todo favorecía el desenlace que se deja entrever. Apagadas las luces, los amantes se encontraron en la penumbra. Todos hicieron como si no se dieran cuenta de nada, como si no desaprobaran nada. Aquí, su felicidad sólo tenía amigos, no despertaba envidias.* * <“La suegra ya se imaginaba como madrina de un rollizo bebé”>. > <“entusiasmados con sus chicos, gozando de este doble cariño Ea <<*el fisego encendió la pólvora ..

* <"Nunca habían sido analizados más vivamente los placeres de un buen casamiento”>.

* <"a quienes esta pareja de enamorados les traía recuerdos de su juventad”>.

*“Por un instante, el contenido le ganó a la forma, y el placer, sólo a medias robado, no puede haber sido más dulce”.

La joven sólo volvió a casa de sus padres a la mañana del día siguiente. La prueba de hasta qué punto no creía ser culpable de nada es que volvió sola.* Ella se escabulló en su habitación y se apuró a hacer su toilette, pero los padres, ni bien tuvieron noticias de ella, montaron en cólera de una manera que nada pudo detener. Se empeñaron, encarnizadamente, en no dejar de arrojarle a su hija todos los nombres y epítetos con los que se condena el ser imprudente ante el deshonor. Como los vecinos fueron testigos de todo esto, el escándalo no tuvo límites. Júzguese cómo pega este golpe en la muchacha, por la modestia, y en el cruel ultraje a su intimidad. * En vano pretendió la muchacha, en medio de su congoja, que ellos mismos la estaban abandonando a la difamación, que ella admitía su error, su locura, su desobediencia, pero que todo eso podía repararse. Su furia y su dolor no desarmaron a la pareja de sastres. * Las personas'? más cobardes, las que no son capaces de enfrentar nada, se vuelven implacables ni bien pueden ejercer su autoridad absoluta de jerarquía de edad. El mismo abuso de esta autoridad es una especie de sustituto brutal de toda la sumisión y subordinación a las *“Sin duda se había equivocado mucho, que más no sea teniendo en cuenta la preocupación de los suyos por su larga ausencia. Sin embargo, si hubo un caso en que se imponía la bondad, la indulgencia, la prudencia, la circunspección, propia de los padres hacia un hijo, fue éste, ya que todo se aprestaba a legitimar la escapada amorosa. Otros con más culpa han salido librados con más dicha”. B *Júzguese cómo repercute eso en un alma que se sentía virgen por su pudor y porel misterio que se ultrajaba”.

“Sus razones y su dolor no desarmaron su furia” 1 Menschen [seres humanos].

que ellas mismas se rebajan, les guste o no, en la sociedad burguesa.*!* Entrometidos de ambos sexos llegaron corriendo a engrosar la barahola y se sumaron al coro. El sentimiento de vergilenza, provocado por esa escena espantosa, llevó a la muchacha a la decisión de poner fin a su propia vida. Bajó rápidamente, en medio de los insultos y gritos de esa chusma entrometida, corrió *para el Sena y se tiró al agua. Cuando los barqueros la sacaron del agua ya estaba muerta, engalanada con su ajuar de bodas. Se comprende de por sí que todos aquellos que primero habían denigrado ala hija a los gritos, enseguida se pusieron en contra de los padres; la catástrofe había aturdido a esas almas vacías.“ Días después se aparecieron los padres en la policía. Habían venido a reclamar una cadena de oro que la muchacha llevaba en el cuello y era un regalo de su futuro suegro, un reloj de plata, y otras pequeñas joyas,* todas ellas depositadas en la oficina. No dejé de reprocharle a esa gente su imprudencia y su barbarie. Decirle a esos trastornados que iban a tener que darle cuentas ante Dios, habría hecho muy poca mella en ellos, por sus prejuicios estrechos, y por su propio tipo de religiosidad, el que prevalece en las clases mercantiles bajas.* * Todo este párrafo corresponde al mismo Marx, no tiene equivalente en el texto de Peuchet. * <“corrió, con los ojos extraviados, a tirarse al rí0"> * “esta catástrofe les llenaba de espanto el alma”. 4 <“un reloj de plata dorada, aros, y un anillo engarzado con una pequeña esmeralda”>.

“ “por sus estrechos prejuicios, y la falta de religión que reina entre Las bajas clases mercantiles” % Destaca K. Anderson, que tanto Adorno como Fromm o Marcuse tuvieron ante sus ojos este texto, reeditado en 1932 en cl Lo que los había traído a mí había sido la codicia, no el deseo de guardar dos o tres reliquias; pensé que por ese lado podía darles su castigo. Reclamaban las joyas de su hija: se las negué. Guardé los certificados que necesitaban para retirar estos efectos de la caja en donde estaban depositados, de acuerdo a la costumbre. Mientras permanecí en el puesto todos sus reclamos fueron inútiles, y disfruté bastante haciendo frente a todos sus insultos.* dela edición de las ob: pletas de Marx y Engels ON que incluía a los Manuscritos económico, flsófcos de 1844. Aunq!

autoritaria que venían desarrollando, no lo mencionan (Anderson, 1999, p. 25). Pero habría que decir que Horkheimer sí lo tuvo presente, en 1936, en “Aucoridad y familia”. Cita este pasaje, (justamente el párraf AManl y agrega: “La continuidad de la fa lía burguesa por fuerzas n los que la familia contiene en sí misma. Los engranajes del mecanismo muestran, ante todo, lai ta de los padres en el sus hijos. Cuando la ii puramente material por un matrimonio financiera y socialmente ventajoso choca con los deseos eróticos de los jóvenes, los padres, el padre sobre todo, pone sobre la mesa todo el poder disponible. Antaño, los círculos feudales y burgueses tenían un arma: desheredarlos. Como también los medios físicos y morales de imponer su voluntad. Además, en la lucha contra los impulsos amorosos desencadenados, la familia tiene de su lado tanto a la opinión pública como la ley civil” (Horkheimer, “Authority and the Family”, p. 145).

* <“Sólo consiguieron la devolución después de mi partida”>. TH Ese mismo año apareció en mi oficina un criollo,' de una figura encantadora,* que me reveló que venía a oponerse formalmente a la entrega del cadáver de una joven, su cuñada, al reclamante, su único hermano y esposo de la fallecida. Esta mujer se había ahogado. Este tipo de suicidio es el más frecuente. Los encargados de recoger el cadáver habían encontrado el cuerpo no muy lejos de la ribera de Argentenil. Por razón de uno de esos instintos de pudor, bien conocidos, que domina a las mujeres hasta la ceguera y la desesperación, esta mujer ahogada había anudado cuidadosamente el ruedo de su falda en torno a * “perteneciente a una de las familias más antiguas de Martinica, que se presentó a mi oficina, y ni bien estuvimos solos me reveló una de esas llagas que dejan úlceras incurables en el hogar dela vida privada” * <%a quien el marido, hermano carnal de este criollo, reclamaba desde la víspera”>.

15 Un eréole [Marx: Kreole], no quiere decir, en este caso, y en esta época, de mixed-race [raza mezclada), como creen los traductores in-gleses, sino, como en la América hispana, un blanco nacido en las colonias. Este criollo y su hermano tenían dinero, bienes y sirvientes, son burgueses o aristócratas. Todo indica que si no eran miembros de la élite de plantadores de Martinica, (como lo era la familia materna de Joséphine, esposa de Napoleón), no estaban lejos; a su vez, a diferencia de la familia de Joséphine, quedaron mejor parados al momento de la restauración borbónica, como se verá más abajo. KARL MARX los pies. Esta modesta precaución no dejaba lugar a dudas de que se trataba de un suicidio. Cuando la llevaron a la morgue apenas si estaba desfigurada. Su belleza, su juventud, la calidad de su ropa, daba lugar a mil especulaciones sobre cuál podría haber sido la causa de la catástrofe. La aflicción del marido, que fue el primero en reconocerla, pasaba todos los límites. No comprendía en lo más mínimo el porqué de esta desgracia -o al menos así me lo habían dicho—. Yo todavía no había visto a este hombre. Le hice saber al criollo que nada podía prevalecer por encima de los derechos del marido a reclamar el cuerpo. Él, en ese momento, estaba por erigir un magnífico catafalco de mármol para sepultar los restos inanimados de su mujer. “¡Ahora! ¡Después de matarla! ¡Ese monstruo!” —gritaba el criollo, dando vueltas en su agitación.

En el acaloramiento y la desesperación de ese joven, en sus ruegos para que yo diera lugar a su pedido, en sus lágrimas, creí reconocer síntomas de amor, y así se lo dije. Me confesó que sí, pero asegurándome de la manera más encendida, que su cuñada nunca lo había sabido. Solamente que para salvaguardar la reputación de su cuñada, a quien la opinión pública* podía mezclar en una intriga por esta muerte voluntaria, él pretendía sacar a la luz la barbarie de su hermano, aún si eso significaba sentarlo en el banquillo de un tribunal. Me pidió que lo asistiera. A través de todo lo que me iba revelando fragmentariamente, esto es lo que saqué en limpio.

El señor de M., el hermano de este criollo, de una gran fortuna, con gustos artísticos, amante del lujo y la figuración, se había unido a esta joven hacía menos de un año, “la opinión pública, <siempre lista para denigrar la congoja”>. ACERCA DEL SUICIDIO sl bajo los auspicios de una atracción recíproca. Formaban la pareja más linda que pudiera uno imaginarse. Después del casamiento, un defecto de sangre,!* quizás de origen familiar, se presentó de golpe, virulentamente, en la constitución del recién casado. Este hombre, de expresión elegante, de una perfección de formas notable,* por el trabajo repentino de un mal desconocido, contra cuyos estragos nada había podido hacer la ciencia, se había transformado miserablemente, de los pies a la cabeza. Había perdido el pelo, su columna vertebral estaba desviada; podía notarse a simple vista una fosis, día a día, en su adelg; miento y sus arrugas. O al menos para los demás, pues su amor propio le hacía esquivar la evidencia. No obstante, nada de esto le hizo guardar cama; una fortaleza férrea parecía ganarle a los golpes de este mal.? Sobrevivía vigorosamente a su propia ruina. El cuerpo se desmoronaba y el alma se mantenía en pie. Seguía dando fiestas, presidía partidas de caza, llevando el tren de vida rico y fastuoso que parecía ser la norma de su carácter y de su naturaleza. Pero las afrentas, las bromas pesadas, las pullas sarcásticas de los estudiantes y los chiquillos cuando salía a caballo por los paseos, sonrisas desagradables y burlonas, las serias advertencias de los amigos acerca del ridículo en el que estaba cayendo al querer obstinarse en hacer galanterías con las damas,* finalmente disiparon su ilusión y empezó a estar alerta y suspicaz consigo mismo. Cuando admitió a “que parecía que no tenía que temer que apareciera ningún rival Cerca suyo ...” D En Peucher la frase tiene signos de admiración.

Fue por estos días que el criollo llegó desde Martinica, por unos asuntos que por la restauración de los Borbones!” parecían tomar un cariz prometedor. Su cuñada lo recibió muy bien y, ya en medio del naufragio de las innumerables relaciones que había contraído, que ahora estaban por dilapidarse, el recién llegado conservó ante el señor de M todas las ventajas que naturalmente le daba su carácter de hermano. Nuestro criollo se dio cuenta de la soledad que iba a formarse alrededor de aquella pareja, tanto por la pelea lisa y llana que había tenido su hermano con varios amigos, como por los mil procedimientos indirectos para echar a los visitantes, o quitarles las ganas de venir de visita. Sin darse cuenta del todo de su arrebato amoroso, el criollo aprobó esta idea de replegarse que tenía el hermano, y la favoreció con consejos. El señor de M. cortando por lo sano, terminó por retirarse a una bonita casa en Passy,!* que muy pronto se volvió un desierto.

% Después de 1815.

1 Suburbio parisino de clase alta.

A llos celos se les da de comer con cualquier pequeñez. Cuando los celos no saben de qué agarrarse y se consumen, se las ingenian para renovarse, todo le sirve de alimento. Quizás la joven extrañaba los placeres propios de su edad. Había muros que interceptaban la vista de las habitaciones vecinas. Se cerraron las persianas de la mañana ala noche.

Lad iada esposa fue así condenada a la esclavitud más intolerable, controlada por el señor de M con la ayuda del Code Civil [Código Civil] y el derecho de propiedad. Base de las diferencias sociales que vuelven al amor independiente de los libres sentimientos de los amantes y permitía al marido celoso encerrar a su esposa con los mismos cerrojos con los que el avaro cierra los baúles de su cofre. La mujer es parte del inventario.* El señor de M ya hacía rondas nocturnas, armado; hacía su ronda con perros. Creía ver huellas en la arena. Creó toda una extraña conjetura acerca de una escalera que el jardinero había cambiado de lugar. Ese jardinero, un borrachín de casi sesenta años, fue? puesto de guardián en la puerta.? El espíritu de exclusión no tuvo límites, extrava- *Todo este párrafo decisivo le pertenece puramente a Marx. 5 Peuchet: “fue despedido”. Para esta variante v. nota editorial XX. 1 En francés en el original.

» * Entendemos que acá Marx traduce mal el jardinero no fue puesMute la peros lino depelido: paco de pasas ca la cl: Cosa que guarda coherencia con el incidente de la escalera, y con el detalle de la edad y los hábitos del jardinero, en el contexto de lo absurdo de los celos del esposo. Las distintas ediciones consultadas, (salvo la primera francesa, de Camatte, que sigue a Peuchet y no consigna la variante) siguen a Marx, “fue puesto de guardián en la puerta” [uwurde als Wache an das Tor gestelle] y no mencionan la diferencia de sentido.

gante hasta la estupidez.* El Os cómplice ¡ Ese de todo esto, para empeorar el malestar de la joven. 1. Ella, vigilada día a día, insultada, privada de todo lo que podía distraer una imaginación rica y feliz, se volvió melancólica y triste, ella que antes era tan serena y libre. Lloraba a escondidas, pero las huellas de su llanto eran evidentes. El criollo tuvo remordimientos. Candorosamente decidido a dejar todo en claro con su cuñada, y resuelto a reparar el error cometido, movido por un furtivo sentimiento de amor, cierta mañana entró en un jardín, adonde iba la cautiva de tanto en tanto, para tomar aire y cuidar de sus flores. Gozando esta libertad tan limitada, se supone que ella sabía que estaba bajo los ojos de su marido celoso, pero a los ojos del cuñado, que por primera vez se encontraba solo delante de ella, sin quererlo, la joven mostró una gran conmoción. “Retírese, por el amor de Dios”, gritaba asustada, juntando las manos en señal de súplica. “Retírese”.

Apenas alcanzó a esconderse en un invernadero, cuando apareció de repente el señor de M. El criollo escuchó gritos, trató de escuchar sin ser visto, pero los latidos de su corazón no le dejaban distinguir ni una palabra de esa conversación; sabía que su huida, en caso de llegar a ser conocida por el esposo, iba a traer consecuencias lamentables. Con ese incidente, el cuñado se despabiló. Vio que de ahora en más era necesario ser el protector de una víctima. Se decidió a dejar de tener los reparos que hasta ahora tenía su amor El amor puede renunciar a todo, menos al derecho a la protección; sería propio de un cobarde llevar “hasta la imbecilidad”.

> <en la decisión de consagrarse a su cuñada”>.

la renuncia hasta a ese punto. Él siguió visitando a su hermano, resuelto a hablarle francamente, ser sincero con él y contarle todo. El señor de M. todavía no tenía ninguna sospecha de este tipo, pero la persistencia de su hermano lo hizo andar atento. Sin barruntar del todo las causas de tanto interés, el señor de M. desconfiaba, y se preguntaba adónde iba a parar todo eso. El criollo pudo percibir que no era que su hermano no estaba en casa, como parecía ser cada vez que se llamaba a la puerta sin resultado. Un oficial cerrajero le hizo una llave con el molde que su patrón* había forjado para el señor de M.> Después de una ausencia de diez días, el criollo, crispado de miedo y atormentado por las fantasías más absurdas, entró una noche saltando por los muros, forzó un portón delante de la entrada principal, llegó hasta el tejado por una escalera de mano, y se deslizó por los caños hasta la ventana de un granero.* Unos fuertes gritos lo hicieron llegar a hurtadillas, hasta una puerta de vidrio. Lo que vio le desgarró el corazón." La claridad de una lámpara alumbraba la alcoba. Bajo las cortinas, medio desnudo, el cabello en desorden, rojo de furia, estaba el señor de M., arrodillado cerca de su mujer, que estaba en la cama y no se animaba a irse, aunque se apartaba a medias de sus brazos, mientras él, que la colmaba de toda clase de amargos reproches, parecía un tigre a punto de hacerla pedazos. “Sí”, decía él. “Soy horri- *“u burgués”.

W<"El criollo no les tema alos perrós guardianes: jalo conoclan">: *<“Astucia bastante hábil del esposo”>.

4 <*que le permitió llegar cerca del dormitorio de su cuñado"> (sic] *“lo afligió profundamente”.

*1 La variante, aunque no literal, no cambia el sentido: “Lowrgevis, a Mantab: l dnd 5 ble, soy un monstruo, sé muy bien que te doy miedo. Te gustaría que alguien te librara de mí. Te gustaría no tener que verme. Te mueres de ansiedad esperando el momento en que vas a ser libre. No me digas que no; te adivino el pensamiento, lo veo en tu miedo, en tu repugnancia.* ¡Te pones colorada porque se ríen de mí a carcajadas de desprecio, te pusiste completamente en contra mío! Sé que estás contando minuto a minuto cuánto tiempo más falta para que no te asedie con mis deformidades, con mi sola presencia. ¡Mira! Me vienen unas ganas espantosas de desfigurarte, de que te vuelvas parecida a mí, para que no puedas conservar la esperanza de consolarte con tus amantes del mal día en que me conociste. Voy a romper todos los espejos de esta casa, para que no me echen en cara ningún contraste, de esos que no dejan de alimentar tu soberbia. ¿Acaso tendría que dejarte andar por ahí, dejar que te pasees por el mundo, para que veas cómo cualquiera te da ínfulas para que me odies? ¡No y no! Hasta que no me mates no vas a salir de aquí. ¡Mátame! Es lo que quiero hacer todos los días? Y el salvajes rodaba por la cama a los gritos, rechinando los dientes, la espuma le salía por la boca, y con mil síntomas de frenesí, golpeándose furioso, ante esta infeliz! que le daba las caricias más tiernas y las súplicas más patéticas. Por fin, pudo calmarlo. Sin duda alguna, la misericordia había reemplazado al amor, pero esto no era suficiente para este hombre que se había vuelto tan repulsivo, a quien sus pasiones todavía le daban tanta energía. Tras esta escena que dejó atónito al criollo vino *“en tu repugnancia, <en tus lágrimas”>.

>*¡Mátame!” <“el loco furioso” “perdida” un prolongado abatimi Se ió, y no supo a quien dirigirse para evitarle a la infeliz este martirio mortal. Parece que esta escena terminó reiterándose día a día, ya que a los espasmos que les seguían la señora de M. recurría a los dios que ella misma preparaba, con el fin de darle algún sosiego a su verdugo.

El criollo, en París, era en ese momento el único representante de la familia del sr. M... quizás podría volverse peligroso intentar acercarse al asunto. Es en casos como éste en los que cabe maldecir la lentitud de los procedimientos jurídicos y la indiferencia de las leyes a las que nada puede hacer salir de su pausado ritmo; al final de cuentas, no era más que una mujer, que es el ser al que el legislador le da menos garantías. Sólo una orden de detención, una medida arbitraria hubieran podido prevenir los males que venían, ya demasiado anunciados por las señales que daban estos ataques de rabia. Sin embargo, se resolvió arriesgar el todo por el todo, incluso a responder él mismo a las cuentas del juicio. Su fortuna lo permitía hacer esos sacrificios sin temer las consecuencias de tales audacias. Ya sus amigos médicos estaban resueltos a ir con él, irrumpir en la casa del sr. M., constatar esos episodios delirantes y separar los esposos directamente a la fuerza, cuando ocurrió el suicidio, que justificó esos preparativos tardíos, y zanjó la dificultad.

Por cierto, para cualquiera que no se limite al sentido lireral de las palabras, este suicidio era un asesinato, cometido por el esposo,* pero era también el resultado de un “asesinato, pero cra también” 2 La expresión de Marx, Verhafibefebl, vierte al francés lertre de cachet, que es la expresión de Peuchet. V. la presentación de esta edición, y el artículo sobre el encierro de Rosina Bulwer-Lytton. extravío extraordinario producido por los celos.* El celoso necesita una esclava, el celoso puede amar, pero el amor que siente no es más que la contraparte lujuriosa de sus celos; el celoso es, ante todo, un propietario privado. Si bien no logré darle paz al criollo, sí al menos pude impedir que hiciera un escándalo inútil y peligroso. Peligroso, ante todo, para la memoria de quien amaba, pues esos que no tienen otra cosa que hacer hubieran acusado a la víctima de un enredo adúltero con el hermano del marido." Yo fui testigo del funeral. * Sólo el hermano y yo supimos la verdad de este triste asunto." En mi entorno oí que algunos hacían d llenas de ignominia, y las despreciaba. La opinión pública, vista de cerca, cobardemente encarnizada en hacer conjeturas sucias, da para ponerse rojo de vergitenza.

+ El pasaje que va desde “celos; hasta 'impedí que el criollo, es una inserción de Marx, tomada de otro pasaje de Peuchet que no es de la parte principal extractada (p. 159), Pero cuando Peuchet escribe io) Marx escribe en cambio “propietario privado.

Peuchet: “un extravío extraordinario producido por los celos; <y el desdichado marido, que sobrevivió muy poco tiempo a su mujer, escapó a la acusación de su hermano gracias al favor de los términos explícitos de nuestra legislación, que por la exageración misma de la tendencia que lo volvió culpable. Se aprobará el que este asunto no haya dado lugar a otras querellas, y que> haya logrado, ya que no darle paz al criollo.

* “y el mismo culpable, demasiado enamorado de la víctima como para poder leer en su propio corazón, parecía ignorar [la verdad], como todo el mundo”.

Ea opinión está demesado fragmentada a causa del humano; es demasiado estúpida, demasiad poa porque cada uno es extraño para sí mismo, y todos son extraños entre sí.> * “Hasta aquí, esta frase también vierte libremente un segundo pasaje de otro caso de Peuchet (p. 167), pero donde Peuchet escribe “isolement des meurs” (aislamiento de las costumbres), Marx pone “Lsolierung der Menschen” (aislamiento de los seres humanos”). > Esta generalización, en cambio (lo que sigue después de “depravada”, es del mismo Marx. IV Nunca pasaban dos o tres semanas sin que me llegaran revelaciones como éstas. Ese mismo año tomé nota de convenciones amorosas causadas por la falta de consentimiento de los padres, terminaron con dos tiros de pistola. También tomé nota de suicidios de hombres mundanos, reducidos a la impotencia en la flor de la edad, a quienes el abuso los placeres habían sumergido en una melancolía insuperable.

Muchas personas ponen fin a sus días, bajo la idea fija de que la medicina, que los ha atormentado inútilmente con prescripciones ruines, es impotente para librarlos de sus males.

Podría también hacerse una curiosa colección de citas de autores célebres y versos escritos por los desesperados que se jactan de preparar su muerte de cierta manera pomposa. Durante el momento de extraordinaria sangre fría* que sucede a la resolución de morir, una especie de inspiración i desprende de esas almas y desbord: sobre el papel, isso entre las clases más desprovistas de educación. Toda su potencia se resume en concentrarse en el sacrificio, sondeándolo, para volcarse luego en una expresión cálida y característica. * Peuchet: “extraña sangre fría”. Marx, literalmente, “maravillosa [Wanderbar] sangre fria” Algunos de estos poemas, soterrados en los archivos, son obras maestras. A un torpe burgués, que pone toda su alma en el negociar y todo su dios en el comercio, todo esto puede parecerle muy romántico, y puede entonces rechazar a carcajadas, dolores que no puede comprender: su menosprecio no es de extrañar. ¡Pero que podrá decirse de esos tres-por-cientistas,” que ni siquiera sospechan que ellos mismos, cada día, cada hora, poco a poco, están do su leza humana! ¡Y qué podemos decir de esa gente simple, que se hacen los devotos, y de los de buena formación, que se hacen eco de toda esta porquería?" Sin duda, tiene una gran importancia el que los pobres diablos aguanten la vida, incluso de acuerdo al interés de las clases privilegiadas de este mundo, a las cuales arruinaría el suicidio universal de la chusma. ¿Acaso esta chusma tendría otro medio para aguantar la existencia que los ultrajes, las ironías sardónicas o las lindas palabras? Por otra parte, tiene que haber cierta nobleza de alma en esa especie de pordioseros que, decididos a morir, se matan sin más y no toman el camino del suicidio dando un rodeo por el camino del cadalso. Es cierto que, cuan- *P: “novelesco” [romanesque].

D Esta frase le pertenece a Marx, no a Peuchet.

“ “¡Pero qué se puede decir de esta gente simple, que se hace la devota y repite semejantes groserías!” 2 Toda la frase es una inserción de Marx que no tiene equivalente en el texto de Peuchet. La alusión de Marx al “tres por ciento” es oscura. (La expresión no guarda relación con el modemo uso de eh como minoría lécida y activa en política). El término “Drefprosentizchen” que usa Marx parece ser un hápax en la lengua alemana.

| to más progresa nuestra época comercial. estos nobles suicidios de la miseria se vuelven cada vez más raros; la hoselidad se hace consciente yal miserables le imponen brural las op idades para el robo y el Es más fácil conseguir la pena de muerte que un empleo. Rebuscando en los archivos de la policía las listas de suicidas, no he hallado más que un solo síntoma de cobardía muy evidente. Era un joven norteamericano, Wilfrid Ramsay, que se quitó la vida por no poder batirse a duelo.* La clasificación de los diversas causas de suicidios sería la clasificación de los defectos mismos de nuestra sociedad:* Se maró porque unos intrigantes le robaron algún descubrimiento: de manera que el inventor, que había tenido que pasar por las peores penurias para poder hacer las investigaciones científicas necesarias, no podía sacar la patente. Se maró para evitar los gastos y la humillación de las querellas idas en aprietos financieros, tan por otra parte, que los hombres que están a cargo de administrar los intereses generales no se les mueve un pelo por nada del mundo. Se mató por no haber podido encontrar *En Peuchet: “En esta época de incredulidad religiosa” 1 se dibuja la hostilidad, y el miscrable franquea las oportunidades del robo y el asesinato” < <“Un guardia lo había abofercado en un baile público. Quien le brindó justificación fue un cuáquero en un panfleto que conservé, pero que no tengo ahora a mano. Su defensor ahora lo acusaba, y le reprochaba no haber podido sobrellevar de manera noble el peso de semejante afenta>.

«...de la sociedad. <El propósito no es encargarme de este dificil análisis, que el legislador debe sin embargo abordar, si es que quiere extirpar voluntariamente de nuestro suclo los gérmenes de disolución en donde nuestra generación crece y perece como si estuviese en el seno de una cizaña que la corroe>”.

o KARL MARX un trabajo, después de haber sufrido mucho tiempo la humillación y la avaricia de quienes, en nuestro medio, son sus distribuidores arbitrarios.* * Prosigue Peuchet: <"La legislación, providencia social y secundaria, tienc cuentas de sangre con Dios, su primer legislador, y el nuestro, por todo lo que aborta en las miserias del cuerpo, en los sufrimientos del alma, los impulsos del espíricu. Uno no puede encontrarsc liberado insultando encima de las tumbas. “Entro ahora en las miserias de la vida privada, mi tesi: ita”>. “Pech hora en una serie d pp. 142-169) que Marx pasa por alto, aunque extracta un par de pasajes, como indicamos arriba.

V Un día me vino a consultar un médico con respecto a un caso de muerte,'* de la cual él se sentía culpable. Una noche, cuando regresaba a Belleville?5 donde vivía? fue i :ptado, en la idad, por una mujer embozada,* que le rogó, con voz trémula, que la escuchara. A cierta distancia, una persona, a la que no pudo tampoco verle los rasgos, iba y venía. Comprendió que un caballero estaba protegiendo las tratativas de esta dama.

“Señor, estoy embarazada, y si esto llega a saberse, estoy deshonrada. Mi familia, la opinión del mundo, la gente honorable, no me lo van a perdonar jamás. Me aproveché de la confianza y la estima de una mujer, y ella ahora se ha vuelto loca, y rompió definitivamente con su marido. No quiero ponerme a defender mi punto de vista. Estoy en **Un médico vino a consultarme un día por el caso de una muerte; <al respecto, le aconsejé (lo que él hizo), que deje las causas a la sombra, por más que juzgara necesario someter una cuestión como. la suscita una muerte semejante, al examen de hombres con cabeza y con corazón. Se acusaba de esa muerte, y dejo a las conciencias delicadas que determinen si el hombre cra realmente culpable. Sus PENN AAOS RO me 5 “entrando por un pequeño callejón, al fondo del cual estaba su Puerta” <=...a la que no pudo verle el aspecto...

* Barrio popular del norte de París.

medio de un escándalo, y sólo matándome podría impedir que esto estalle. Querría matarme, pero alguien quiere que yo viva. Me dijeron que usted era compasivo. Por eso me convencí que usted no iba a ser cómplice del asesinato cometido sobre un niño, a pesar de que este niño todavía no esté en el mundo. Ya ve que se trata de un aborto. No voy a rebajarme a la plegaria, hasta disimular que me parece el más abominable de los crímenes. Sólo he cedido a lo que otros me han suplicado que haga, que me presente ante usted, porque ya tendría que estar muerta. Yo llamo a la muerte, y para eso no necesito a nadie. Se pone cara de tener ganas de regar el jardín; entonces hay que ponerse los zuecos, se elige un lugar resbaladizo al que se va todos los días a buscar agua, y ahí uno se las arregla para tirarse al agua. Así la gente dice que todo eso ocurrió por la mala suerte. Ya tengo todo previsto, señor. Yo querría que fuese mañana. Iría, de todo corazón. Ya está todo arreglado. Me dijeron que se lo diga, y se lo digo. Es cosa suya, decida si va a haber dos muertes o si va a haber una sola. Ya que, gracias a mi cobardía, juré someterme sin vueltas a lo que usted decida. ¡Decídase!

“Esta disyuntiva me dejó helado -continuó el doctor—. La voz de esta mujer tenía un timbre puro y armonioso. Tenía su mano en la mía: era fina y delicada. Su desesperación franca y resuelta mostraba un alma distinguida. Pero esta era una cuestión que me daba escalofríos; a pesar de que en mil casos, por ejemplo en partos difíciles, cuando la cuestión quirúrgica se complica, entre la salud de la madre y la salud del bebé la política o la humanidad zanjan el asunto sin escrúpulos, a su manera, en estas graves cuestiones.

“Huya al extranjero, —le dije “Imposible, -me dijo, cortante. Ni soñarlo.

“Tome precauciones, con habilidad.

“No puedo tomarlas, duermo en la misma habitación que la mujer a la que traicioné en su amistad.

“¿Usted es pariente de ella?

“No le puedo responder más.

“Hubiera dado lo más puro de mi sangre para ahorrarle a esta mujer el suicidio o el crimen, o para que ella pudiera salirse de este conflicto sin necesidad de mí. Me acusaba de barbarie, al retroceder ante la complicidad de un asesinato. La lucha fue horrible. Pues un demonio me sugirió que uno no se mata por querer morir; que quitándole a la gente comprometida el poder de hacer el mal, se los forzaba a resignarse a sus faltas. En los bordados que podían verse entre sus dedos se adivinaba el lujo; en la dicción elegante de sus palabras, los recursos que ofrece la fortuna. Se piensa que entre los ricos hay que ser menos piadoso; mi conciencia se rebelaba contra la idea de una seducción recompensada con el peso del oro, -aunque este aspecto no había sido mencionado, lo cual era otra delicadeza, y la prueba de que estimaban mi verdadero carácter. Di una respuesta negativa. La mujer se alejó rápidamente.” El ruido de un cabriolé me hizo saber que ya no podía arreglar lo que acababa de hacer”.

Quince días después, los periódicos me dieron la solución del secreto.* La joven sobrina de un banquero pa- * P, en vez de esta frase: “Me rehusé; pero una vez pronunciada la negativa, hubiera podido deshacerla”.

> <“La incertidumbre se apoderó de mí, y me dejó titubeante”>. < “la solución de esa espantosa duda” risino, que tenía a lo sumo dieciocho años, adorada hija adoptiva de su tía, que no la perdía de vista desde la muerte de su madre, se había dejado caer en un pozo de agua, propiedad de sus tutores, en Villemomble.?* Su tutor no tenía consuelo; en su calidad de tío, el cobarde seductor podía exponer su dolor ante el mundo.* Vemos que, a falta de algo mejor, el suicidio es el recurso más extremo contra los males de la vida privada. * “Su tutores no tenían consuelo. La condición del tío excusó, sin duda, a las amargas lágrimas de su seductor. <En cuanto a mí, yo había matado a la madre queriendo salvar al hijo”>. 26 A quince km. de París vI Muy a menudo encontré que entre las causas de suicidio estaba el ser destituido de un puesto, el ser rechazado en un trabajo y la baja súbita de los salarios, que tienen consecuencia de que las familias no obtengan lo necesario para vivir, más aún teniendo en cuenta que la mayoría apenas si gana para comer” En los tiempos en que en la casa del rey se había reformado la guardia de la oficiales de la residencia real, un hombre valioso fue despedido, como tantos otros, sin dar muchas vueltas.? Su edad, y su falta de protectores no le permitieron reincorporarse al mundo militar; por falta de imi el mundo industrial le estaba vedado.

Intentó entrar a la administración civil; la cantidad de aspirantes, tan numerosos aquí como en otras partes, le cerró esta vía. Le agarró un negro desánimo y se suicidó. Con él encontraron una carta y una serie de informaciones. Su mujer era una pobre costurera; sus dos hijas, de dieciséis y dieciocho años, trabajaban con ella. Tarnam, nuestro suicida, decía “que como no podía ya ser útil a su familia, y estaba obligado a vivir como una carga para su * <"y que en general poca gente alcanza el nivel de su ingreso”>. 5<Los gobi i i detan cerca; se hacen recortes en grande en las economías, peor aún para los asuntos pequeños”>.

mujer y sus hijas, que apenas podían vivir del trabajo de sus manos, había creído que su deber era quitarse la vida pará quenolelsca tab penado fardos que recomendaba a sus hijas a la duquesa de Angouléme,” que esperaba que la bondad de esta princesa pudiera apiadarse de tanta miseria”2 Hice un informe al prefecto de policía de Angles, y, tras la marcha natural del asunto, la duquesa hizo depositar 600 francos para la infeliz familia Tarzan.* Sin duda, qué recurso más triste, después de una pérdida semejante. Mas, ¿cómo exigir que una familia? se encargue de todos los desventurados, cuando bien mirado, aun contando a toda Francia, no alcanzaría para darles de comer?" La caridad de los ricos no sería suficiente, ni siquiera si toda la nación fuese religiosa -lo que está muy * <“Se remirió una nora al vizconde de Montmorency, caballero de honor de Su Alteza Real; Madame dio órdenes para que una suma de 600 francos le fuera enviada a la familia del pobre Tarnau. Basticn Beaupré, comisario de policía del barrio, fue el encargado de hacer cumplir esta buena acción”>.

bla familia real”.

7 Familia de señores de la región girondina de Poitou-Charentes, al sudoeste de Francia.

2 Aunque las comillas remiten a la carta del suicida, el texto está en tercera persona en ambos originales.

29 Comuna de Poitou-Charentes.

30 Esta observación, y en particular la corrección de Marx (“una familia”) en vez de “la familia real”, se ubica en la misma línea que ciertas obser del capítulo V de La sagrada femilia, (escrivo por Marx).El“¡Ab, sil la iven los pobres). elobrero Morel de los Mixers... de Sue, juzgado por von Marx d do la libertad del el poda pone peo sue all Sue hace una simple paráfrasis irónica del “¡Ah, si el rey supiera!” de tiempos de Luis XIV.

lejos de ser cierto. El suicidio se lleva lo más dificil, el resto se lo lleva el cadalso. Es en la reformulación de nuestro sistema general de agricultura y de industria en donde hay que pedir ingresos y riquezas. Se puede proclamar fácilmente, en el papel, constituciones, el derecho de cada ciudadano a la educación, al trabajo, y sobre todo a un mínimo de subsistencias. Pero no alcanza con volcar todos estos anhelos generales al papel. Queda por delante sembrar estas ideas liberales por nuestro suelo, con instituciones materiales e inteligentes. El mundo antiguo, la disciplina pagana, ha erigido en la tierra creaciones magníficas; la libertad moderna, ¿acaso estará por debajo de su rival? ¿Y quién vendrá a fusionar estos dos magníficos elementos de poder?

Y así prosigue Peuchet.> Por fin, nos gustaría brindar una de sus tablas sobre los suicidios anuales en París.

En otra tabla divulgada por Peuchet, consta que de 1817 a 1824 inclusive hubo en Paris 2.808 suicidios. Por supuesto, es claro que el número es mayor. Sobre todo en lo que respecta a los ahogados, cuyos cuerpos se llevan al cementerio, apenas en poquísimos casos puede decirse con certeza si se trata de un caso de suicidio o no. +La libertad moderna, esa hija de Cristo”.

> Este párrafo como los dos subsiguientes pertenecen a Marx. Peuchet, a continuación, brinda el preámbulo de sus tablas estadísticas.

Tabla sobre suicidios en París durante el año 1824!

7 1' semestre 198 $ Número ae semestre m7 Resultado de la tentativa de suicidio ivi 246. 371 No sobrevivi 15, 0 Masculino, 2 Femenino 132 Solteros 207 Casados, 164, Caída voluntaria "Estrangulamiento Por instrumentos cortantes Tipo de muerte ñ us voluntario Pasión, peleas y disgustos domésticos 71 Enfermedades, hastío viral, debilidad de 128 espírica?.

Modos Mala conducta, juego, lotería, temor a Si y castigos Miseria, indigencia, pérdida de empleos, — ¿y arruinarse en los negocios Desconocidos $0 1 P: “Número de individuos que se suicidaron en París y sus alrededores [banliene] durante el año 1824”. 2D. “19 menos que en 1823”. (no incluida por Marx) > p: “alienación, debilidad de espíritu”.