Nuestros lectores conocen los rápidos progresos que los principios republicanos y comunistas han hecho en Alemania, progresos que últimamente han provocado un terror inusitado entre los bandidos coronados y sus consejeros de esa gran confederación de naciones. Se recurre, pues, a medidas represivas adicionales para frenar el desarrollo de esas «peligrosas doctrinas», particularmente en Prusia. Al parecer, en el año 1834 se celebró en Viena una Conferencia secreta de plenipotenciarios, en la que se acordó un Protocolo —que no ha visto la luz hasta hace poco— en el cual se imponen las más absolutas restricciones a la prensa y se proclama y se hace valer el «derecho divino» de los príncipes sobre todas las corporaciones legislativas o populares de cualquier clase. Como muestra del principio de la «Santa Alianza» que anima este atroz Protocolo, señalemos que su artículo decimoctavo dispone que

«Los príncipes que se vean amenazados por parte de sus Estados a causa de alguna infracción de las disposiciones establecidas por el decreto de la Dieta de 1832, disolverán dichos Estados y obtendrán ayuda militar de apoyo del resto de la confederación.»

Podemos añadir, como prueba del modo en que se entienden la equidad y la libertad de prensa en Prusia, que se han dado órdenes estrictas a los censores de Colonia, Münster y otras ciudades católicas para que no permitan la reproducción de parte alguna de los juicios irlandeses que se están celebrando. Un periódico alemán quiso enviar un reportero o corresponsal a Dublín, pero no había esperanza de que se le permitiera publicar ni siquiera su carta. No importa; la libertad triunfará a despecho de sus mazmorras y bayonetas.