Carta al editor de The Northern Star

Me propongo suministrarle, para el Star, informes sobre el progreso del partido del movimiento en el Continente, extractos de los periódicos alemanes y de mi correspondencia con hombres bien informados en París y Alemania. Observo con placer que su periódico contiene más y mejor información sobre el estado de la opinión pública en Francia que todos los demás periódicos ingleses juntos; y quisiera colocarle en la misma posición por lo que respecta a Alemania. La situación política de Alemania cobra cada día mayor importancia. Allí tendremos, muy en breve, una revolución que no podrá sino terminar en el establecimiento de una República Federal. Al mismo tiempo, no me limitaré a Alemania, sino que le informaré sobre todo lo referente a Suiza, Austria, Italia, Rusia, etc., que pueda resultar interesante para sus lectores; y dejaré enteramente a usted decidir el uso que estime oportuno hacer de los materiales que yo le proporcione.

Escrito a fines de abril de 1844. Impreso según el periódico. Publicado por primera vez en The Northern Star, núm. 338, 4 de mayo de 1844.

[LA SITUACIÓN EN PRUSIA]

Cuando Federico Guillermo IV subió al trono, no había en toda Europa un monarca más popular. Hoy no lo hay más impopular; ni uno, ni siquiera Nicolás de Rusia, a quien al menos adora la muda y bestial estupidez de sus degradados siervos. El rey de Prusia, que se autodenomina enfáticamente “el Rey Cristiano” y ha convertido su corte en un conjunto ridículo de santurrones lloriqueantes y cortesanos que fingen piedad, ha hecho todo cuanto estaba en su mano para abrir los ojos de la nación, y no en vano. Comenzó con una apariencia de liberalidad, pasó luego al feudalismo y terminó instaurando el gobierno del espía policial. La prensa está postrada bajo una rigurosa censura y bajo procesos ante tribunales de justicia, ante jueces pagados por el rey y destituibles por el rey, que celebran juicios sin jurados y a puerta cerrada. La opresión campa por sus respetos. Los estudiantes de Berlín empezaron a celebrar reuniones y a discutir temas políticos; la policía impidió esas reuniones, detuvo a los oradores, los procesó y expulsó de la Universidad a varios de ellos. Al doctor Nauwerck, docente de la Universidad que daba clases sobre política moderna y no vacilaba en proclamar sus opiniones republicanas, le fueron visitadas sus lecciones por los espías del ministro, y finalmente, hace alrededor de un mes, fueron suspendidas por la injerencia ilegal de éste. La Universidad protestó contra semejante obstrucción, y algunos de sus miembros publicaron la protesta; por este crimen atroz se hallan ahora bajo proceso. En unas manifestaciones públicas de los estudiantes, celebradas en febrero, se dieron vivas al profesor Hoffman, que había sido destituido por haber publicado unas poesías satíricas. La consecuencia fue que otra media docena de estudiantes fueron expulsados y, con ello, incapacitados para desempeñar cargo público alguno o ejercer la profesión médica. En Düsseldorf, a orillas del Rin, la mascarada pública anual del Carnaval fue prohibida por la policía a causa de ciertas alusiones políticas, y a los pobres düsseldorfianos se les impidió incluso acudir a Colonia para participar en el desfile de allí. Éstas no son sino unas pocas de las medidas opresivas con las que el gobierno ha mostrado su talante; y han surtido un efecto milagroso en el desarrollo de la opinión pública. Han despertado a la nación de un estado de letargo político y la han sumido en tal excitación que incluso los partidarios más antiguos y leales del “Rey Cristiano” empiezan a albergar temores por la estabilidad del orden de cosas actual. El descontento crece por doquier y se ha hecho casi universal en las provincias renanas, en Prusia Oriental, Posen, Berlín y todas las grandes ciudades. El pueblo está resuelto a tener, para empezar, libertad de prensa y una constitución. Pero se ha acumulado tanta materia combustible en toda Alemania, y los matices de opinión son tan variados, que resulta imposible predecir dónde se detendrá el movimiento, una vez que se haya puesto realmente en marcha. Sin embargo, se orientará hacia la democracia; esto sí es evidente.

Escrito a fines de abril de 1844. Impreso según el periódico. Publicado por primera vez en The Northern Star, núm. 338, 4 de mayo de 1844, con una nota de la redacción: “De nuestro propio corresponsal”.

[NOTICIAS DE ALEMANIA]

En la Cámara de los Diputados del Gran Ducado de Baden, el señor Welcker, diputado liberal y el Lord John Russell de aquel país, imploró al gobierno que hiciera algo para satisfacer los sentimientos de descontento del pueblo:

«pues —dijo— he viajado mucho por todas partes de Alemania, y me ha visitado allí un gran número de hombres de todos los rangos y de todas las regiones del país; y mentiría, faltaría a mi deber como representante del pueblo, si no afirmara que en todas partes el principio del gobierno monárquico va perdiendo terreno día tras día en la mente de todas las clases de la nación alemana. Por tanto, imploro a los ministros que no se opongan por más tiempo a la corriente de la opinión pública; pues, si no se hace algo pronto, si se permite que se ahonde la brecha entre los gobiernos de nuestra patria y el pueblo, nadie podrá dudar por un momento cuál será la consecuencia.»

Y el testimonio del señor Welcker acerca de la difusión del republicanismo en Alemania puede considerarse el más incuestionable que pueda darse, porque este progreso le asusta a él aún más que al gobierno, y porque es completamente contrario a sus propias expectativas.

El señor Frederic Steinmann, que desde hace algún tiempo se halla procesado por un libro que publicó, en el cual atacaba al gobierno austriaco,² ha sido condenado a ocho meses de prisión en una fortaleza, aunque vive en Prusia y allí publicó su libro. No fue procesado por el gobierno austriaco, sino por el prusiano, y ante un tribunal prusiano.

² F. A. Steinmann, Caricaturen und Silhouetten des neunzehnten Jahrhunderts.—Ed.

El Dr. Strauss, autor de la Vida de Jesús, se ocupa de una obra similar, sobre los Hechos de los Apóstoles,ᵇ la cual, naturalmente, tratará del mismo modo en que trató los evangelios en su obra anterior.

ᵇ D. F. Strauss, Das Leben Jesu.— Ed.

La diplomacia rusa se muestra muy activa en estos momentos en las distintas cortes de Alemania, con el fin de lograr alguna medida contra la violencia con que la prensa alemana trata la política del zar. El sentimiento antirruso, hoy casi universal en Alemania, se ha desahogado desde hace algún tiempo en todos los periódicos y en gran número de folletos, lo cual inquieta al autócrata. Pero, por fortuna, no podrá detener esas publicaciones.

Graves disturbios en Múnich.— En Múnich se produjeron disturbios el 3 del corriente, a causa de un aumento del precio de la cerveza. El tumulto fue grave y no se sofocó sin un empleo en cierto modo sangriento de la tropa, la cual, por orden expresa del Rey, disparó contra el pueblo desarmado, matando a varios e hiriendo a otros. Las siguientes noticias posteriores muestran que el pueblo ha triunfado y el Rey ha sucumbido; ¡la causa fue que el real matador de hombres temió que sus propias herramientas, las tropas, se volvieran contra él!

«Múnich, 5 de mayo.— Se ha restablecido la tranquilidad en nuestra ciudad, pero no puede negarse que la autoridad real ha sufrido bastante en el trance. El Rey, después de haberse mostrado sumamente contrario a cualquier tipo de conciliación o compromiso, después de haber ordenado él mismo a la tropa cargar contra el pueblo, y ello en su propia presencia, acabó por exigir a los cerveceros que cedieran ante las demandas populares. Esta mañana se fijaron en todas las esquinas carteles comunicando que el aumento del precio de la cerveza no tendría lugar, y el pueblo pareció quedar satisfecho, pero al mismo tiempo conserva una secreta animadversión contra el Rey por haber ordenado disparar sobre ellos, orden que costó la vida a varias personas de esta ciudad. Parece ser que el Rey cedió principalmente a causa del escaso grado de devoción que hacia él mostraron las tropas, las cuales no se mostraron en absoluto dispuestas a disparar sobre el pueblo.»

 Ludwig I de Baviera.— Ed.

Escrito en la primera quincena de mayo de 1844. Impreso según el periódico. Publicado por primera vez en The Northern Star, núm. 340, 18 de mayo de 1844, con una nota de la redacción: “De nuestro propio corresponsal”.