EL PARTIDO DE LA MONTAÑA Y LOS GIRONDINOS Al abrirse las sesiones de la Convención sigue en París el movimiento insurrecciona] y la Comuna es todopoderosa. Los girondinos empiezan separándose de los hombres de la Monta.. ña:. Que los montagnards recién llegados no fomentaban las divisiones lo demuestra la elección casi unánime de Pétíon para presidente de la Convención y la de los otros miembros del Comité Ejecutivo, elegidos entre los individuos influyentes de la asamblea anterior. Los nuevos diputados ignoraban casi por completo las disensiones internas. Robespierre y Pétion, Danton y Guadet siguen disfrutando por igual de su respeto.

El único partido que llega a la Convención con un sistema definido y un plan trazado de antemano (los girondinos) ocupa los escaños de la derecha. Al sentarse todos ellos en este lado, abandonando sus escaños de la parte izquierda, declaran la guerra a los republicanos recién elegidos, que se instalan en las bancas de la izquierda, sede tradicional de los patriotas. Los girondinos habían dominado la mayoría de la Assemblée légíslative y la del Club de los Jacobinos. El lO de agosto, creían tener a Francia en sus manos. Al convocar la Convención Nacional, no se les pasaba por las mientes que pudiera llegar a formarse una mayoría independiente de ellos. Pero durante los cuarenta y dos días del Interregno cambiaron la situación y el carácter de las elecciones. La Aseemblée législative, y por tanto los girondinos, habían dado prueba de cierta energía en la lucha contra la Corte. Pero, al apoderarse decididamente del timón del Estado, se mostraron débiles y apáticos. No supieron contener el torrente desencadenado el lO de agosto y fueron tan torpes, que sólo le opusieron discursos y declamaciones. Se apartaron de la opinión pública, sin mostrarse capaces de poner coto al desorden. Lo único que lograron fue despojarse de los medios de que disponían para encauzar los acontecimientos. El Club de los Jacobinos era por aquel entonces el barómetro de la opinión pública. Hacía mucho tiempo que los girondinos dictaban la ley en este club. Ya antes de que se disolviera la Assemblée constituamte habían derrocado a los Lameths y arrojado a los constitucionales a los impopulares Halles des Feuillants.a Después del 10 de agosto, fueron rebasados a su vez por los acontecimientos; perdieron su popularidad y casi todos ellos abandonaron una sociedad cuvos méritos habían ensalzado clamorosamente mientras aplaudía sus decisiones y que ahora, al ver que cambiaba de modo de pensar, denunciaban como una cueva de amotinados. Además, el lO de agosto, los girondinos habían investido con el poder ejecutivo a un consejo de ministros provisional. Este Conseil, carente de apoyo en la nación, era impopular a partir del momento en que el partido del que formaba parte había caído en la impopularidad. De hecho, el poder ejecutivo estaba en manos de las municipalidades y, sobre todo, de la Comuna de París, a cuyo frente se hallaban vigorosos hombres del pueblo. Las elecciones en la capital se celebraa Salas de los cistercienses. EL PARTIDO DE LA MONTAÑA Y LOS GIRONDINOS ron bajo la influencia de la Comuna. Fueron elegidos los principales miembros de la Comuna.

Todo esto explica la actitud hostil que los girondinos adoptaron desde los primeros momentos de la Convención. Todos los nuevos diputados conocidos por su energía y su patriotismo se afiliaron, en seguida de llegar, al Club de los Jacobinos, donde la Comuna gozaba de gran influencia. Y estos mismos diputados se sentaban en los escaños de la izquierda. Bastaba con ello para empujar a los girondinos hacia la derecha. Los jacobinos se habían convertido en enemigos suyos, tildando de jacobinos a sus nuevos adversarios. Aunque al principio sólo eran enemigos de la Comuna y de los diputados por París, los girondinos hacían extensivo su odio a cuantos se sentaban junto a ellos, a cuantos frecuentaban a los jacobinos y se mostraban apasionados partidarios de la República. Al comenzar sus sesiones, la Convención se hallaba todavía. en realidad, dividida; era una masa compacta de republicanos, unidos por un sentimiento común, aunque discrepasen en una serie de puntos. Pero pronto se alzó en su seno una ambiciosa pandilla de hombres que trataba de imponer sus opiniones a la asamblea y se aprestaba para la guerra, deseosa de vengar las heridas inferidas a su amor propio y de ser satisfacción a sus rencores particulares.

La mayoría de los girondinos no eran traidores, pero albergaban a traidores en su seno; no perseguían la ruina de la República, pero sus teorías llevaban a esta consecuencia; ello explica por qué los pocos monárquicos que había en la Convención se unieron a ellos. Se lanzaron al ataque, mientras los de la Montaña se limitaban a defender. se; los girondinos no supieron sacrificar su amor propio en aras de la causa pública (pp. 47 a 59).

21 septiembre 1972: Abre sus sesiones la Convención. Es elegido presidente Pétion. Danton dimite a su cargo de ministro de Justicia. Discurso conciliatorio. No puede existir más Constitución que la vo. tada por la mayoría de las asambleas primarias. Debe proclamarse la garantía de la propiedad privada. Ambas propuestas de Danton son recogidas en decretos (los primeros de la Convención). En su discurso, Danton declara que la agitación del pueblo obedeció a una necesidad transitoria, pero que el poder constituido de la Convención debe ocupar ahora su lugar, poniéndose coto a toda exageración. Por unanimidad, es aprobada la moción de Grégoire. aboliendo la Monarquía.

En la primera sesión de la Convención se pone de manifiesto el deseo de la Montaña de lograr una reconciliación general, en interés del orden y de la libertad. Pero los girondinos ponen de manifiesto su afán de venganza.

El 24 de septiembre, hablando de los peligros de la capital, propone que se cree un fuerte poder departamental encargado de hacerle frente. Es la primera declaración de guerra de los girondinos, enfu. recidos contra la diputación de París, porque los miembros de este EL PARTIDO DE LA MONTAÑA Y LOS GIRONDINOS partido que pertenecían a la Assamblée législative se habían visto aniquilados por la acción de la Comuna y por la prepotencia de Danton en el Conseil exécutif.

Jean-Paul Marat y Joseph Egalité dan pie a los girondinos para odiosas imputaciones contra la Montaña, acusándola por una parte de sed de sangre y anarquía y, por otra parte, de ambición y realismo. 24 de septiembre: La Comuna de París es indirectamente acusada de aspirar a la dictadura.

25 de septiembre: Rebecqui y Barbaroux denuncian a Robespierre como candidato a la dictadura. Danton predica de nuevo la concordancia y disculpa a la Comuna: era necesario un poder extralegal para contrarrestar la débil dirección de la Assamblée législative, pero había llegado la hora de volver al orden. Los girondinos no atienden a las admoniciones de Danton y vuelven los ojos al pasado, buscando en él motivos constantes de recriminación.

Verginiaud y Baileau atacan a Marat, quien se defiende valientemente. La asamblea pasa al orden del día. Pero las hostilidades, una vez rotas, siguen su curso. En espera de un hecho decisivo y de la ruptura entre Roland y Danton, servían de pretexto para estas estériles luchas las supuestas atrocidades de la Comuna de París y los pasquines de Marat. La victoria parecía inclinarse casi siempre del lado de los girondinos. Durante estas primeras luchas, la mayoría no estaba aún organizada y era indecisa y vacilante. Gran número de enérgicos republicanos votaron durante mucho tiempo con las derechas, entre ellos, Philipeaux, Cambon, Cambaceres y otros.

29 de septiembre: Roland, diputado por el departamento de Somme, anuncia a la Asamblea que dimitirá a su cargo de ministro del Interior. La derecha expresa su disgusto; Buzot propone que se ruegue a Roland permanece en su puesto; Philippeaux pide que se haga extensivo el ruego a Danton; éste se niega, alegando que ello va en contra de la dignidad de la Convención y que el único camino para mantener en su cargo a Roland es proclamar la nulidad de su elección. Los girondinos insisten en que se le invite a continuar al frente del ministerio. Valazé declara que el nombre de Roland es sagrado para él. Louvet y Barbaroux le cubren de elogios. Los hombres del centro, Barrere, Lacroix, Tureau, cuyos votos habían dado frecuentemente la mayoría a la derecha, se levantan esta vez en contra de la propuesta de Buzot. 30 de septiembre: Roland escribe a la Convención una carta en la que declara que está dispuesto a seguir siendo ministro; en ella, se elogia mucho y acusa indirectamente a Danton; estos reproches contra Danton v la Comuna se refieren a hechos anteriores a la Conven. ción, que at~stiguan el odio de un partido vencido contra el vencedor. No pasa día sin que se ataquen los derechos de la Comuna, defendidos por los diputados de París. Por último, se ordena la disolución de esta corporación revolucionaria, a la que se conmina a rendir cuentas de su gestión. Surge un nuevo motvio litigioso. El Comité de EL PARTIDO DE LA MONTAÑA Y LOS GIRONDINOS surveillance b de la Comuna anuncia a la Convención la saisie e de importantes documentos que, según se dice, arrojan luz sobre las traiciones de la Corte, en las que, al parecer, se hallan comprometidos varios diputados. La Comuna exige mantenerse en poder de estos documentos y seguir en funciones hasta el momento favorable para hacer uso de ellos. Los girondinos ven en esto el deseo manifiesto de la Comuna de perpetuarse en sus funciones y los de la Montaña, por su parte, acusan a sus adversarios de hallarse interesados en la ocultación de la verdad. La discusión revela a cada partido aferrado a sus prejuicios. Por último, los documentos son entregados a una comisión de 25 representantes, entre los cuales no figuran ningún miembro de la Comuna ni de la Assemblée constituante y légíslative. No se llega a resultado alguno ni contra la Comuna ni contra los girondinos. Incluso el informe del diputado Joseph Delaunay (del partido girondino) es, en lo esencial favorable a la Comuna. Las mutuas acusaciones se repiten diariamente con renovada furia y la derecha inicia siempre el ataque, basándose en hechos anteriores a la Convención. Cada vez que un miembro de las izquierdas se levanta a hablar, se atropella la libertad de opinión: Robespierre es arrojado de la tribuna entre denuestos e injurias; Marat sólo logra hacerse oír gracias a su tenacidad. Hasta ahora, la derecha obtiene constantemente la mayoría; la Mon. taña vota con ella siempre que se trata de cuestiones de principio, del establecimiento del orden o de la ejecución de las leyes. En sus informes a la Convención, Roland repite incansablemente que los crímenes del Interregno deben ser castigados y desliza indirectamente inculpaciones contra Robespierre y Danton y contra la diputación de París. Roland, furioso de que la superioridad de Danton lo haya aplastado en el Conseil.

29 de octubre: Roland presenta a la Convención un informe según el cual ha vuelto a ser designado Robespierre. Este sube a la tribuna para defenderse, interrumpido por las protestas de los girondinos y las constantes llamadas de atención del presidente GMdet. Ataque de Louvet a Robespierre.

6 de noviembre: Respuesta de Robespierre. Orden del día reclamado por todas partes, incluso con el apoyo de Guadet y Pétion. Sólo Salles, Barbaroux, Lanjuinais y Lariviere permanecen al lado de Louvet. El orden del día es votado casi por unanimidad. Barbaroux vuelve a pedir la palabra para apoyar la acusación, después del cual desciende a la barra y pretende hablar como peticionario e incluso como acusador. Esta indecorosa escena se alarga y termina, como de costumbre, sin que la asamblea tome ningún acuerdo (pp. 60 a 83). 16 de diciembre: Thuriot hace que se proclame la unité e indivisibilité de la República. Buzot presenta una moción en la que se pide el destierro del duque de Orleans y de sus hijos; la moción es apoyada por Louvet y Lanjuinais. Los girondinos hacen, así, su primer intento b Comité de vigilancia. e Confiscación.

EL PARTIDO DE LA MONTAÑA Y LOS GIRONDINOS de diezmar la Asamblea nacional. Por lo demás, los girondinos mantienen relaciones amistosas con las criaturas de Orleans, Dumouriez, Sillery, Biron, Valence. Parcialidad abierta de los ministros en favor de los girondinos. Cuando Louvet ataca a Robespierre, ya la Convención había ordenado el paso de la acusación y la defensa. Roland ordenó que el discurso de Louvet se reprodujese en grandes cantidades, con las palabras "Imprimé par ordre de lc1 Convention",ct mientras que el discurso de Robespierre sólo se distribu-yó entre los miembros de la asamblea. Con ello, se trataba de hacer creer al público que se había decretado una especie de censura contra Robespierre. La misma granujada se repetiría con motivo del decreto sobre la expulsión de los Barbones. Antes de dar lectura al acta en que se daba cuenta de la votación de este decreto, es decir, antes de que su relacción fuese aprobada por la mayoría, como era la norma, se ordenó rápidamente su impresión y su expedición a los 84 departamentos, gracias a la gran diligencia desplegada por Roland, sin que se diera, en cambio, la misma publicidad al aplazamiento en cuanto a la suerte de Philippe Egalité. Se daba a creer así que los partidarios de Orleans habían arrancado a la mañana siguiente la votación de un decreto relacionado con él. La discordia que trastornaba las deliberaciones de la Convención nacional no tardó en manifestarse también en el seno del Consejo ejecutivo. Habiendo dimitido Servan por enfermedad, la Convención, a propuesta de Roland, nombró para sustituirlo a Pache, que ocupaba un puesto en las oficinas del ministerio del Interior. Pache trata de mantener su independencia, pero frecuenta a los jacobinos. Buen patriota, pero mal ministro de la Guerra. Los girondinos lo acusan de traición, redoblando con ello las recriminaciones que desde hacía largo tiempo venían haciéndose contra Roland.

Asignados, ley referentes al ejercicio del culto (cf. pp 93). Decreto sobre los víveres ( cf. el discurso de Lavasseur, pp. 94 ss). Poco tiempo después del decreto sobre las subsistencias, las discusiones acerca del proceso de Luis XVI. Nuevo encono, con este motivo. A fines de enero de 1793, como al comienzo de la Convención, hostilidades carentes de objeto. Pero grandes cambios en las disposiciones de la Asamblea. La Montaña pasa de la defensiva a la ofensiva. La guerra entre los partidos se agudiza. Sensación de que, a partir de ahora, no será posible proceder a organizar la República sin el completo aplastamiento de uno de los dos partidos.

El alevoso asesinato de Michel Lepelletíer Saint-Fargeau provoca una explicación y una ruptura abierta entre los dos extremos. El Pantano, cansado de las intrigas y la vanidad de los girondinos, se alía frecuentemente a la Montaña. Es aceptada la dimisión de Roland. 28 de enero: Buzot denuncia al comité de sureté générale e (del que, además de los girondinos, forman parte algunos de la Montaña, Tallíen, Chabot, Bazire) por la detención de un periodista y exige su did Impreso por orden de la Convención. e Comité de seguridad general. EL PARTIDO DE LA MONTAÑA Y LOS GIRONDINOS solución. Los girondinos estaban acostumbrados a sacrificar una institución, antes de permitir que diera frutos en manos de sus enemigos (páginas 84 a 103).

8 de marzo: Gran excitación causada por los reveses de la guerra en Bélgica, bajo Dumoriez. Envío de Comisarios a todas las secciones de París para llamar a las armas a los ciudadanos, y lo mismo en los departamentos. 9 de marzo: Los Comisarios emiten sus informes. Se exigen garantías contra las conspiraciones en el interior. Se decreta la instauración de un tribunal penal extraordinario sin apelación para juzgar a todos los traidores, conspiradores y contrarrevolucionarios. Gran agitación en la capital. Son destrozadas las prensas de Corsas y éste obligado a huir. La excitación del pueblo era tan grande, que fue necesario un decreto de la Convención para que los panaderos volvieran a sus panaderías y los empleados de correos se reintegraran a sus tareas. 1 O de marzo: Debates sobre la organización del tribunal revolucionario. Gran excitación en París. A las 9 de la noche, sesión vespertina de la Convención. Los bancos de la derecha casi solitarios. Hacia la media noche, las turbas reunidas en los Champs Elysées adoptan una actitud levantisca. Se trasladan al Club de los Jacobinos y de los Franciscanos; se llama a la insurrección contra la Convención. Estas propuestas son rechazadas por los de la Montaña.

11 de marzo: Decreto sobre el tribunal revolucionario. 12 de marzo: Marat se levanta en contra de los atentados del Décimo. 13 de marzo: Protestas y ataques de los girondinos en relación con el 1 O de marzo.

Los movimientos subversivos de París, el lO de marzo, habían sido atizados por todos los partidos; todos ellos tomaron parte en la agitación para empujar al pueblo hasta el último límite; las escenas del lO de marzo fueron una consecuencia necesaria de esta exaltación; la Montaña, única que asistió a la lección, logró en unas cuantas horas apaciguar el desorden que se manifestaba; Pache y Santerre fueron elogiados por su celo: Marat y Dubois-Crancé pacificaron los dos clubes de los Jacobinos y los Franciscanos y consiguieron hacerlos desistir de sus sombríos proyectos: Marat comenzó denunciando los disturbios del lO de marzo y provocó el decreto de acusación contra Fournier 1' Américain, uno de sus autores; Lasource, girondino exaltado, le tributó elogios en la sesión del 12 de marzo; por último, un miembro de la derecha, que en aquella misma sesión había insultado a Marat, fue censurado en el acta, por acuerdo unánime, a pesar de la indigente parcialidad que habitualmente se mostraba en contra del amí du peuple. En su primera organización, el Comité de salut publíc t estaba formado en gran mayoría por girondinos. Algunos días después del lO de marzo, los girondinos tratan de echar su responsabilidad sobre los hombros de la Montaña. La tempestad era el clima normal de la Convención. Escenas tut Comité de salvación pública. EL PARTIDO DE LA MONTAÑA Y LOS GIRONDINOS multarias. Las tribunas se mezclan frecuentemente en las escandalosas protestas. Los girondinos gritan que ya no hay seguridad para ellos en París y llaman en su ayuda a las fuerzas de los departamentos. Por su parte, los de la Montaña acusan a sus adversarios de predicar la guerra civil. Se pasaba a veces días y noches enteros en estos tristes debates.

Hasta ahora, sin embargo, se había respetado por todos la inviolabilidad de los diputados. La derecha es la primera en apartarse de esta regla. La moción de Guadet coloca a Marat en estado de acusación. El comité legislativo redacta un acta acusatoria en que se da por descontada la condena. Marat, absuelto unánimemente por el tribunal revolucionario, es devuelto triunfalmente por el pueblo a la sala de la Convención. Este acontecimiento da pie a importantes resultados. Se había encontrado un cauce judicial para dirimir las disputas de partido entre los diputados; la persecución contra Marat, preludio directo del 31 de mayo.

18 de marzo: Derrota de Dumoriez en Neerwinde; sus cartas al Consejo ejecutivo contienen ofensas contra la Convención. (Juicio de Dan ton sobre Dumoriez, p. 133.) Los girondinos aplauden sus insolentes cartas. 29 de marzo: Una carta de Dumoriez provoca una enorme indignación. Se decreta que Dumoriez comparezca ante la barra, etc. Traición de Dumoriez.

3 de abril: Lasource se atreve a denunciar a Danton como cómplice de Dumoriez. (Cf. pp. 137.) Danton declara la guerra a los girondinos. Su discurso produce gran sensación. Danton había logrado que entre los dos bandos de la Asamblea se estableciera cierta reconciliación. Aunque se sentara en los bancos de lo alto de la Montaña, Danton era, en cierto modo, el jefe del Pantano. Había censurado con frecuencia las pasiones de los montagnards y combatido los recelos de Robespierre; sostenía que, en vez de luchar contra los girondinos, l1abía que obligarlos a apoyar a la Montaña para salvar todos juntos la causa pública. Todavía pocos días antes del ataque de Lesource, Danton había conferenciado con los jefes principales de la derecha, llegando con ellos al acierto ele marchar juntos y ele lucha desde ahora solamente contra los enemigos y los aristócratas. Toda la Montaña amaba a Danton, pero la mayoría se inclinaba a creer que se equivocaba al enjuiciar la situación y al confiar en crear una coalición entre la Montaña y los girondinos. A fines ele abril y comienzos ele mayo, las discusiones cobran un carácter mucho más serio. Terminan las discordias de las tribunas; la guerra, ahora, es a vida o muerte. Ambas facciones buscan la victoria en el apoyo ele fuera. Pero la Montaña, a pesar ele esta discordia interior, se ocupa seriamente ele los asuntos de Francia, mientras que la Gironcla sólo piensa en aplastar al adversario, abandonando totalmente el timón del Estado. En el transcurso de estos dos meses, es objeto ele serias preocupaciones el problema de los precios máximos. La EL PARTIDO DE LA MONTAÑA Y LOS GIRONDINOS derecha combate esta medida por medio de injurias. Acusa a quienes la defienden de atentar contra el derecho de propiedad y de amenazar la existencia de los propietarios. Estas declamaciones perseguían la mira de soliviantar a la clase media contra la Montaña. Es votado al decreto sobre los precios máximos. En las discusiones entre los partidos, por ejemplo cuando se deliberaba acerca de la acusación contra Marat, de los disturbios de mar. zo, de las peticiones de las secciones o de la Comisión de los Doce, los girondinos contaban siempre con la mayoría. En cambio, la Montaña tenía consigo a la mayoría en las cuestiones que afectaban a los grandes intereses de la colectividad, por ejemplo en el caso de los precios máximos, de los medios para el reclutamiento revolucionario, del tribunal extraordinario, del empréstito forzoso, etcétera. Durante la discusión de los precios máximos, se produjo un incidente. Ducos, desde la tribuna, censuraba la medida propuesta, que enfrentaba los sansculottes a las clases medias. En las tribunas públicas se produjo un tremendo escándalo. Guadet pidió que la Convención fuese trasladada a Versalles. Aclamaciones en los bancos de la derecha. Levaseur reclama la aplicación del reglamento y que se desaloje la tribuna; protestas de la derecha. Philippeau, Danton y Lacroix ha. blan para recordar a la Asamblea su dignidad y sus deberes imperativos, pero no son escuchados. En vano exigen que, por un incidente sin importancia, no se pierdan de vista los grandes intereses. La ira de los girondinos hubo de aplacarse. Violentas discusiones, ataques contra las autoridades de París, amenazas de venganza por parte de las provincias. Se echaba a rebato la campana de la guerra civil en el momento mismo en que se ventilaba un interés que ponía en conmoción al pueblo. Se quería enfrentar entre sí a las dos clases del pueblo. La Montaña, con el partido de la masa del pueblo, donde se encuentran el nervio del ejército y los enérgicos dévouments.g Los troubles h de la Vendée se convierten en una verdadera guerra civil; se hace necesario recurrir a nuevos reclutamientos y a emitir nuevos fondos. Danton, Desmoulins, Philippeaux, Couthon buscan los medios para obtenerlos. El único recurso con que se contaba para hacer frente a las apremiantes emisiones era la movilización de los bienes nacionales. Emprunt forcé; ( cf. pp. 161 ss), aceptado por la gran ma. yoría de los ciudadanos.

Los girondinos, que censuraban las medidas de la Montaña, ni siquiera enfrentaron a ellas un nuevo plan. No hicieron absolutamente nada. g Sacrificios. h Disturbios. i Empréstito forzoso.