([Morgenblatt für gebildete Leser Nº 250, 19 de octubre de 1840]
Bremen, septiembre*

* Véase este tomo, pp. 104-05.— Ed.
DKF W. Paniel, Unverholene Beurtheilung.— Ed.

Se está estudiando aquí un plan que, de llevarse a cabo, tendría las mayores consecuencias, y no solo para Bremen. Un respetado joven comerciante de la localidad ha regresado recientemente de Londres, donde se informó con exactitud sobre el equipamiento del vapor Archimedes que, como es sabido, cuenta con un nuevo método de propulsión mediante un tornillo de Arquímedes. Participó en el viaje de prueba del barco alrededor de toda Gran Bretaña e Irlanda, en el que superó ampliamente la velocidad de los barcos de vapor equipados de la manera habitual, y ahora se propone aplicar el nuevo invento a un buque de vapor de nuevo diseño que ha de prestar un servicio rápido y regular entre Nueva York y Bremen. El barco vacío, el llamado casco, será construido por nuestro maestro constructor naval por su cuenta, mientras que el coste de la maquinaria, etc., se reunirá mediante acciones. Todo el mundo percibe la importancia de una empresa así: aunque algunos de nuestros veleros realizan la travesía de Baltimore hasta aquí en el inconcebiblemente breve tiempo de veinticinco días, su velocidad siempre depende del viento, que puede triplicar la duración de semejante viaje, y un barco de vapor que, en caso de viento favorable, está también aparejado para navegar a vela, necesitaría sin duda solo de once a dieciocho días desde un puerto de los Estados Unidos hasta Bremen. Una vez que se dé comienzo a un servicio de paquebotes de vapor entre Alemania y el continente americano, el nuevo equipo está destinado a desarrollarse rápidamente y a tener las mayores consecuencias para la vinculación de los _dos países_. No habrá que esperar mucho para que, en quince días, podamos llegar a Nueva York desde cualquier parte de Alemania, ver los lugares de interés de los Estados Unidos en quince días y estar de vuelta en casa en otros quince días. Un par de ferrocarriles, un par de barcos de vapor, y asunto concluido; desde que Kant eliminó las categorías de espacio y tiempo de las impresiones sensoriales de la mente pensante, la humanidad se ha esforzado con todas sus fuerzas por emanciparse también materialmente de estas limitaciones.

En nuestro teatro ha reinado últimamente una animación sin precedentes. Normalmente nuestra escena se encuentra por completo al margen de la sociedad; los abonados pagan sus cuotas y acuden de vez en cuando, cuando no tienen nada mejor que hacer. Luego vino Seydelmann, y actores y público se llenaron de un fervor al que no estamos acostumbrados en Bremen. Podrá uno quejarse cuanto quiera sobre la decadencia del drama hablado por el dominio de la ópera, incluso Schiller y Goethe pueden encontrarse con salas vacías, mientras todo el mundo se precipita a escuchar los trinos de un Donizetti y Mercadante; pero mientras el drama hablado pueda aún alcanzar semejantes triunfos por medio de su representante más capaz, nuestro teatro podrá curarse todavía de su languidez. Aparte de algunas obras de Kotzebue y Raupach, hemos visto a Seydelmann como Shylock, Mefistófeles y Philipp (Don Carlos). Sería como echar agua al mar si yo fuera a explayarme sobre su bien conocida interpretación de estos papeles.

Las recientes maniobras de la brigada oldenburguesa-hanseática, llevadas a cabo en la parte adyacente de la región de Oldenburg, nos ofrecen una imagen en miniatura del campamento de Heilbronn. Durante el simulacro de combate por la captura de una aldea, se dice que nuestras tropas se comportaron con tanto valor que la fuerza del fuego de cañón destrozó todos los cristales de las ventanas. Los habitantes de Bremen se alegran de contar con un nuevo lugar de diversión y acuden en tropel a contemplar el espectáculo, mientras sus hijos y hermanos parten hacia los puestos de guardia y pasan allí las noches más alegres de sus vidas entre vino y canciones.