[Morgenblatt für gebildete Leser, núm. 181, 30 de julio de 1840]
Bremen, julio

Por lo que sé, ninguna publicación periódica de cierta importancia tiene un corresponsal permanente en Bremen, y de este consensus gentium* bien podría concluirse que desde aquí no hay nada sobre lo cual escribir. Pero no es ese el caso; pues, ¿acaso no tenemos un teatro que sólo recientemente ha visto actuar, como estrellas invitadas, sucesivamente a Agnese Schebest, Caroline Bauer, Tichatscheck y la señora Schröder-Devrient, y cuyo repertorio podría competir en calidad con el de muchos otros teatros más famosos? ¿No se han representado ya aquí el Richard Savage de Gutzkow y la Schwärmerei nach der Mode de Blum? La primera de estas dos obras ha sido ya discutida hasta la saciedad; considero que una reseña muy reciente de la misma aparecida en los Hallische Jahrbücher,** si se dejan de lado las frecuentes observaciones hostiles, contiene mucho de verdadero y, en particular, da con su error fundamental, a saber, que la relación entre madre e hijo, en tanto que relación no libre, jamás puede proporcionar la base para un drama. Quizá Gutzkow era consciente de este error de antemano, pero hizo bien en no permitir que ello le impidiera llevar a cabo su plan; pues si quería irrumpir en el mundo teatral con una sola obra, tenía que hacer ciertas concesiones a la rutina teatral establecida, concesiones que siempre podría retirar más tarde si su plan

* Opinión universal. — Ed.

Informes desde Bremen 103

tenía éxito. Tenía que dar a su obra un fundamento original, aun cuando éste no pudiera resistir la crítica poética, y aun cuando sus escenas se volvieran melodramáticas y efectistas. Se le pueden encontrar defectos al Richard Savage, se lo puede condenar, pero también hay que admitir que con él Gutzkow demostró su talento dramático. No diría yo nada en absoluto sobre la Schwärmerei nach der Mode de Blum si esta obra no hubiera sido ruidosamente aclamada como “oportuna” en muchos periódicos. Pero no hay absolutamente nada de oportuno en ella, ni en los caracteres, ni en la acción, ni en el diálogo. Es cierto que Blum prestó un servicio al tener el valor de llevar el pietismo a la escena, pero no se puede despachar tan fácilmente este pie torcido del cristianismo. Hay que dejar por fin de buscar el engaño, la codicia o una sensualidad refinada ocultos tras el pietismo; el verdadero pietismo se aparta decididamente de exageraciones y extremos como los que se manifestaron en Königsberg, o de abusos como aquellos en que incurrió Stephan desde Dresde. Cuando Stephan llegó aquí con su infortunada compañía para embarcarse hacia Nueva Orleáns, y nadie abrigaba aún la menor sospecha moral sobre él, yo mismo vi cuán desconfiadamente se comportaron aquí los pietistas para con él. Cualquiera que quiera escribir sobre esta tendencia debería intentar acudir a los “cuáqueros”, como aquí se los llama, y ver el amor que estas gentes se muestran unas a otras, cuán rápidamente se entabla amistad entre dos completos extraños que no saben nada más el uno del otro sino que ambos son “creyentes”, con qué seguridad, consecuencia y determinación siguen su camino, y con qué sutil tacto psicológico son capaces de descubrir todas sus pequeñas faltas, y estoy convencido de que no escribiría otra Schwärmerei nach der Mode. El pietismo tiene tanta razón al condenar esta obra como falta de razón tiene respecto del librepensamiento de nuestro siglo. — De ahí que, también aquí, la única atención que los pietistas prestaron a la obra fue preguntar si contenía “discursos blasfemos”.

La fiesta de Gutenberg*** ha sido también celebrada aquí, en la ultima Thule* de la cultura alemana, y ciertamente de un modo más regocijante que en las otras dos ciudades hanseáticas. Durante varios años, los impresores habían ido apartando algo de su salario cada semana para asegurar una digna celebración de la fiesta. Ya en una etapa temprana se constituyó un comité, pero también aquí se encontraron dificultades por parte del Estado para la celebración de la fiesta. Se desarrollaron pequeñas cábalas,

** Se refiere a los Hallische Jahrbücher für deutsche Wissenschaft und Kunst. — Ed.
*** Fiesta celebrada en 1840 con motivo del IV centenario de la invención de la imprenta. — Ed.
* Isla situada en el extremo norte del mundo habitable, mencionada en antiguas leyendas y en las Geórgicas de Virgilio. — Ed.

en su mayoría ligadas a personalidades particulares, como es inevitable en Estados tan pequeños. Durante un tiempo, nada se supo de todo el asunto, y parecía que a lo sumo se estaba organizando una “gala de artesanos”. Sólo en la víspera de la fiesta el interés se hizo más general, se publicó el programa, el profesor Wilhelm Ernst Weber, bien conocido por sus excelentes traducciones de los clásicos antiguos y sus comentarios sobre poetas alemanes, llamó la atención sobre el acontecimiento del día siguiente con su discurso en la gran sala, y los comerciantes se mostraron indecisos sobre si no debían conceder a sus empleados media jornada de asueto al día siguiente. Llegó el día de la fiesta; todos los barcos en el Weser enarbolaron sus banderas, y en el extremo inferior de la ciudad había dos barcos cuyos topes de mástil estaban unidos por una larga línea de innumerables banderolas formando un enorme arco de honor. En uno de estos barcos se había montado la única pieza de artillería disponible, que tronó durante todo el día. El comité, junto con todos los impresores reunidos, marchó en solemne procesión a la iglesia y de allí al recién construido vapor Gutenberg, el cual, con su casco blanco como la nieve y ornado de dorados, es el más hermoso vapor que jamás haya surcado el Weser. Para este, su viaje inaugural, estaba festivamente engalanado con guirnaldas y banderas; la procesión subió a bordo, navegó con música y cánticos Weser arriba hasta el puente; allí se hizo un alto, se cantó un coral y uno de los impresores pronunció un discurso. Mientras todos los participantes en la fiesta tomaban parte en un almuerzo a bordo ofrecido por el armador del barco, el señor Lange de Vegesack, el Gutenberg se dirigió con una velocidad que honraba a su constructor a través del arco de banderas hasta Lankenau, un lugar de recreo aguas abajo de la ciudad, siendo aclamado por miles de personas con gritos de “¡hurra!” desde el puente y el muelle. Fue la procesión festiva y la excursión por el Weser lo que dio a la celebración el carácter de una fiesta popular, pero más aún la distribución, al principio restringida pero luego liberal, de billetes para una velada en un jardín público que había sido tomado e iluminado para la ocasión. Allí se dirigió el comité después de un banquete, y la fiesta concluyó bajo las brillantes iluminaciones con música y el consumo de Haut-Sauternes, St. Julien y champán.

LITERATURA
[Morgenblatt für gebildete Leser, núm. 182, 31 de julio de 1840]
Bremen, julio

Por lo demás, la vida aquí es bastante monótona y pueblerina; la haute volée, es decir, las familias de patricios y aristócratas del dinero, pasan el verano en sus fincas rústicas; las

Informes desde Bremen 105

damas de la clase media, incluso en esta hermosa época del año, no pueden desprenderse de sus tertulias de té, donde se juega a las cartas y se murmura; y los comerciantes visitan día tras día el museo, la bolsa o su club, para hablar de los precios del café y el tabaco y del estado de las negociaciones con la Unión Aduanera; **** pocos van al teatro. — El interés por la literatura actual de la patria en su conjunto no se encuentra aquí; se tiene por bastante generalmente aceptado que Goethe y Schiller colocaron las piedras de coronamiento del arco de la literatura alemana, y que en todo caso los escritores románticos sirvieron sólo como ornamentaciones posteriores. Se subscriben a un gabinete de lectura, en parte porque está de moda, en parte porque se puede estar más cómodo en la siesta con una publicación periódica; pero sólo se interesan por los escándalos y por todo lo que los periódicos puedan decir sobre Bremen. En mucha gente culta, esta apatía puede deberse por supuesto a la falta de ocio, pues aquí el comerciante en especial se ve obligado siempre a tener presente su negocio, y cualquier tiempo libre que pueda quedarle lo ocupan los deberes de etiqueta para con sus usualmente numerosos parientes, visitas, etc. Por otra parte, existe aquí una suerte de literatura recluida que tiene amplia circulación, en parte a través de panfletos, la mayoría de los cuales se ocupan de controversias teológicas, y en parte a través de publicaciones periódicas. El Bremer Zeitung, redactado con tacto y con informes informativos, gozó antaño de una reputación considerable en una amplia zona, la cual sin embargo ha disminuido desde su involuntaria implicación en los asuntos políticos del Estado vecino. Sus artículos sobre Europa Occidental están escritos con inteligencia, aun cuando no sean de orientación marcadamente liberal. Un suplemento del periódico, el Bremisches Conversationsblatt, intentó representar a Bremen en la literatura alemana del momento e incluía artículos ingeniosos del profesor Weber y del Dr. Stahr en Oldenburg; los poemas corrían a cargo de Nicolaus Delius, un joven y talentoso filólogo que gradualmente podría alcanzar una posición honorable también como poeta. Pero resultó difícil reclutar colaboradores externos de importancia, y así el periódico tuvo que cerrar por falta de material. Otra publicación periódica, el Patriot, que se esforzaba por servir como un órgano más digno para la discusión de asuntos de interés local y al mismo tiempo por ser más valiosa desde el punto de vista estético que los pequeños periódicos locales, murió debido a la ambigüedad de su posición al no ser ni un periódico local ni un órgano de bellas letras. Los periódicos locales más pequeños, que se alimentan de escándalos, disputas entre actores, chismorreo de la ciudad y cosas por el estilo, pueden jactarse de una existencia más tenaz. En particular, el Unterhaltungsblatt,**

**** Se refiere a la Unión Aduanera germana (Zollverein). — Ed.
** Bremisches Unterhaltungsblatt. — Ed.

debido a sus numerosos colaboradores (casi todo empleado de oficina puede jactarse de haber escrito algunas líneas para el Unterhaltungsblatt), ha alcanzado un singular grado de omnisciencia. Si hay un clavo que sobresale de un asiento en el teatro, si no se ha encargado un panfleto en el club, si un torcedor de cigarros borracho ha pasado una noche de regocijo en la calle, si un sumidero no ha sido bien limpiado… lo primero que le presta atención es el Unterhaltungsblatt. Si un oficial de la milicia cree que su rango le da derecho a cabalgar por la acera, puede estar seguro de que el próximo número de este periódico planteará la cuestión de si a los oficiales de la milicia debiera permitírseles cabalgar por las aceras. Esta excelente hoja podría ser llamada la providencia de Bremen. Su principal colaborador, sin embargo, es Crischan Tripsteert, el seudónimo autor de poemas en bajo alemán. Sería mejor para este dialecto que fuera abolido de acuerdo con la exigencia de Wienbarg antes que tener que dejarse maltratar por Crischan Tripsteert para sus poemas. Los otros periódicos locales son de un nivel demasiado bajo para que incluso sus nombres se limiten a ser meramente mencionados ante el público general. Completamente aparte está el Bremer Kirchenbote, un periódico pietista-ascético redactado por tres sacerdotes*** al que a veces contribuye Krummacher, el bien conocido autor de parábolas.**** Este periódico es tan celoso que la censura se ve a menudo obligada a intervenir, aunque a decir verdad esto sólo ocurre en casos extremos, ya que su tendencia encuentra aprobación en los círculos superiores. Sostiene una polémica continua contra Hegel, el “padre del panteísmo moderno”, y “su discípulo, el gélido Strauss”, así como contra cualquier racionalista que se encuentre a diez millas a la redonda. En la próxima ocasión diré algo sobre Bremerhaven y las condiciones sociales en Bremen.

Escrito en julio de 1840    Publicado según el texto del periódico
Morgenblatt für gebildete Leser, núms. 181 y 182,
30 y 31 de julio de 1840    Publicado en inglés por primera vez

Firmado: F. O.

*** Georg Gottfried Treviranus, Friedrich Ludwig Mallet y F. A. Toel. — Ed.
**** Friedrich Adolf Krummacher. — Ed.

Pero al desvanecerse del cielo el brillo del día,
Las flores se alzan y apenan en callada tristeza;
Mientras tanto los pájaros, a salvo en las altas copas,
Entonan sus canciones de amor llenos de gozo y alegría.
Naves que han surcado los océanos con su estela
Yacen ahora ancladas en la pacífica bahía.

De extremo a extremo tiemblan los puentes de madera

Mientras la gente cansada marcha penosamente de vuelta a casa.
El fresco vino burbujea en el cristal de la copa.

Hojeo las grandes comedias de Calderón,
Bebiendo hasta la saciedad, hasta la embriaguez plena

De embriagador vino y de embriagadoras tragedias.

2

El resplandor en Occidente casi ha desaparecido.
¡Paciencia! ¡Un nuevo día llega: el día de la Libertad!
El sol ascenderá a su trono siempre radiante

Y los negros cuidados de la Noche serán desterrados lejos.
Nuevas flores brotarán, mas no en almácigos
Que nosotros mismos rastrillamos y sembramos con semillas escogidas:
La tierra entera será su jardín pleno de luz;

* Escrito en inglés en el original. (Shelley, Queen Mab.)— Ed.

Todas las plantas florecerán en tierras muy lejanas.

La Palma de la Paz agraciará las costas del Norte,
La Rosa del Amor coronará al yermo helado,
El robusto Roble buscará la ribera del Sur

Para hacer la clava que derribe al déspota,

Y aquel que traiga a su nación de nuevo la paz
Llevará sobre su cabeza la corona de hojas de roble.

El Aloe, que florece por toda la Tierra,

Es como el espíritu del Pueblo en todas partes,

Espinoso, tosco y falto de gracia como ellos son,
Hasta que, con un estallido, de súbito irrumpe
A través de todo obstáculo una flor brillante:

La llama de la Libertad, que fulgía oculta a la vista;
Su aroma es mucho más capaz de llegar al Señor

Que todo el incienso del piadoso fraude.

Sólo los Cipreses quedan solos,

Abandonados en la alameda, perdido su sentido.

3

Los pájaros en sus verdes ramas saludan el alba
Con himnos de tumultuoso canto, y saben

Que cuando las errantes nubecillas se hayan retirado,
Sus vaporosas cumbres hacia los valles de abajo,

Entonces comenzará el sol a ascender a su trono:
Estos pájaros son cantores juglares, todos y cada uno;

Sus palabras vuelan libres como los vientos libres que soplan;
Y vientos y palabras se unen en una sola marcha.

Estos cantores no rondan los muros del castillo
(Aquellas mansiones señoriales hace tiempo se han derrumbado),
Sino que, en soberbios robles que no doblegan los rugientes chubascos,
Miran audaces hacia el sol naciente,

Aunque se deslumbren cuando el brillo de él desciende
A ceñir la tierra con luz radiante en derredor.

Yo también soy uno de la banda de juglares de la Libertad.

Fue a las ramas del gran roble de Börne

Adonde me remonté, cuando en los valles la mano del déspota
Apretó las estranguladoras cadenas en torno a Alemania.
Sí, yo soy de esos pájaros audaces que trazan

Su rumbo a través del brillante mar etéreo de la Libertad.
Aunque yo sea apenas un gorrión en su estela,

Un Atardecer 109

Preferiría ser ese pequeño gorrión
Antes que el ruiseñor enjaulado que no puede alzar el vuelo
Y sólo puede cantar al oído de un príncipe.

4

Ya no se apresura el buque de carga

A través del océano para enriquecer a unos pocos

O acrecentar la renta del mercader codicioso:

Lleva las semillas de la felicidad humana.

Es un noble corcel que se encabrita en alto,

Cuyo jinete mata a todos los hipócritas y rastreros,
Es el azote intrépido de los dolores humanos,

Es un pensamiento que sueña la Libertad.

La bandera no porta el escudo real de armas

Para que bajo él tiemblen los tripulantes atemorizados;
Porta la nube sobre la cual, después del trueno,
Después de las centellas de furiosas tormentas,

Se forma el iris reconciliador de la Libertad.

5

El puente del Amor tenderá sus arcos invisibles
A través de corazón a corazón; entre las pilastras
Discurre el torrente indómito, siempre impetuoso, de la Pasión,

El flujo veloz de los años que se precipita.

El puente es duro como el diamante: no se combará.
Por él cruza la enseña, con valentía llameante, de la Libertad.
Por él cruza el Hombre. Dondequiera que sus pies lo conduzcan,
Dondequiera que elija posar la mirada,

Ve un techo amigo recortado contra el cielo

Y sabe que allí comida y bebida lo aguardan;
Un verdadero hogar fuera del hogar espera recibirlo,
Dondequiera que tienda su lecho y repose.

Un puente de fe más pura atravesará las nubes.
El Hombre ascenderá por él, trepando sin temor

Sus escalones hacia los cielos para contemplar, humildemente soberbio,
El Arquetipo Eterno de Todos los Espíritus.

De su seno surge la Humanidad,

Y a su seno retornan los Hombres otra vez,

Eslabones todos conscientes en la gran cadena de los espíritus

Por la cual la Materia Eterna está confinada.

110

Friedrich Engels

6

Vino nuevo colmará vuestras copas hasta el borde,

Brebaje embriagador del vino puro de la Libertad:

No para enturbiar los sentidos incautos,

Sino para trocar los sentidos hastiados por otros nuevos,

A fin de que con percepción reavivada podáis oír

Las esferas en el cielo cantando en lo alto y en lo bajo;

Que la sangre que corre por vuestras venas se aclare,
Transformada en Éter puro, que fluye a través
De los Infinitos; que las miradas de vuestros ojos atraviesen como lanzas
El Espacio Primordial, cual guerreros audaces que marchan

A asaltar las cumbres estrelladas sin temor.

En medio, como fuegos fatuos en el cielo,

Imágenes de pasadas aflicciones se deslizan flotando.

7

Y surgirá otro Calderón,
Pescador de perlas en la marea de la poesía,

Con imágenes como llamas que ascienden desde

La madera estratificada del dulce Cedro.

Con áurea lira, ensalzará en el canto

El aplastamiento sangriento de la Tiranía.

La Humanidad oirá el estribillo de la orgullosa Victoria,

Y la Paz florecerá en el mundo otra vez.

Él también cantará cómo la Humanidad hizo frente
A las hordas crueles de la Tiranía

Sobre el Puente de Mantible; cómo aquella banda valerosa
Luchó a través de lanzas niveladas hasta la victoria
Y así puso el pie en la tierra consagrada de la Libertad;
Cómo el Médico de Su Honra** llegó a ser

El Hombre, como El Príncipe Constante,*** condenado a languidecer
En cadenas hasta la liberación de la angustia;

Cómo llegó la Libertad, La Hija del Aire,****
Descendiendo a la tierra desde el espacio etéreo

Para cantar sus mágicas canciones, tan maravillosamente bellas;

* La puente de Mantible.— Nota de Engels.

** El médico de su honra.— Nota de Engels.
*** El príncipe constante.— Nota de Engels.
**** La hija del aire.— Nota de Engels.

Un Atardecer 111

Cómo la Vida se hizo un Sueño* de gozo y de gracia,
Y cómo la Copa de la Felicidad brilló clara
Sin mostrar traza alguna de furiosa fermentación;

Y cómo el sol pondrá en fuga a las nubes,
Trayendo la dulce luz de las Mañanas de Abril y Mayo**.

8

Mas decid, ¿cuándo va a alzarse el nuevo sol?
¿Cuándo serán quebrantados los malos viejos tiempos?
Vimos al viejo sol hundirse en los cielos:

¿Cuánto tiempo ha de mantenernos bajo la opresión de la noche?
La melancólica luna se asoma a través de la nube,
Y blancas neblinas, acampadas en los valles de abajo,
Ocultan bajo su sudario cuanto vive sobre la tierra.
Como ciegos que avanzan a tientas en la oscuridad, andamos.
¡Paciencia! Pues mirad, ya, encaminándose al cielo,
El sol disiparía las sombrías nubes.
Las propias neblinas que se arrastran por el suelo

Son el rondó de los Espíritus despertado por la brisa del alba.

La estrella matutina danza en su camino ascendente.

Las neblinas son atravesadas por dardos de fuego rojo sangre.
¿No se despliegan las flores para saludar el día?

¿No oís el alegre coro emplumado?

Ahora la mitad de los cielos se llena de brillo radiante.
Las montañas coronadas de nieve resplandecen con luz de rubí.
Las nubes doradas alzan sus nobles cabezas
Como los corceles que arrastran el ígneo carro del sol.

¡Mirad allá, donde los rayos de luz más densos acuden

En jubiloso tropel a saludar al sol recién nacido!

Escrito en julio de 1840 Impreso según el periódico
Deutschland Nº 125, agosto de 1840 época

Firmado: Friedrich Oswald

* La vida es sueño.— Nota de Engels.
** Mañanas de Abril y Mayo.— Nota de Engels.

[INFORMES DESDE BREMEN]

UNA EXCURSIÓN A BREMERHAVEN?

[Morgenblatt für gebildete Leser Nº 196, 17 de agosto de 1841]

Bremen, julio

El Roland debía zarpar a las seis de la mañana. Yo
permanecía apoyado contra la caseta del timón y buscaba rostros conocidos
entre la multitud de gente que se apresuraba por subir a bordo del vapor.
Pues para hoy se había organizado una excursión dominical a Bremerhaven,
y a precios reducidos, de modo que todos aprovechaban la oportunidad de acercarse
un poco más al mar y ver algunos barcos grandes. Me pareció
extraño que el ansia de lucro, que por lo demás continuamente
sirve a la aristocracia del dinero, hiciera aquí por una vez algunas
concesiones a la democracia. La reducción del precio posibilitaba
sumarse a los más faltos de recursos, y además la
distinción entre primera y segunda clase había sido eliminada,
lo cual significa mucho en Bremen, donde la “crema” no rehúye
tanto nada como la compañía mezclada. Así, el vapor se
llenó mucho. Auténticos burgueses de Bremen, que jamás habían salido del
territorio de la libre ciudad hanseática y que ahora querían mostrar
a sus familias el puerto, formaban el núcleo del grupo; toneleros,
emigrantes y oficiales artesanos se hallaban también allí en gran número; aquí
y allá algún hombre de la bolsa se mantenía apartado de la multitud
dado que pertenecía a la alta sociedad, y por todas partes se
veían los peones que siempre son empujados hacia adelante en el tablero de ajedrez
de una ciudad comercial, los oficinistas, quienes a su vez se dividen en
agentes, aprendices mayores y aprendices menores. El agente ya se tiene a sí mismo
por una persona importante; está a un solo paso de
la independencia; es el factótum de su firma, conoce la
situación de su casa al dedillo, está familiarizado con el estado del
mercado y los corredores lo asedian en la bolsa.
Tampoco el aprendiz mayor piensa mucho menos de sí mismo;

Informes desde Bremen 113

aunque no está en pie de igualdad con su principal como el
agente, ya sabe muy bien cómo tratar con un corredor y especialmente
con un tonelero o barquero, y en ausencia del principal
y del agente muestra la conciencia de que ahora representa a
la firma y de que el crédito de toda una casa depende de su
conducta. El aprendiz menor, sin embargo, es una criatura desdichada; a lo sumo,
representa a la casa mercantil ante el trabajador que embala las
mercancías, o ante el cartero en cuya área se halla la oficina. Además
de tener que copiar todas las cartas comerciales y letras de cambio,
entregar facturas y pagarlas, debe también ser el
mandadero universal, llevar cartas al correo, atar paquetes, marcar cajones,
y recoger cartas del correo. Cada día al mediodía se puede ver la
oficina de correos atestada de estos “aprendices menores”, esperando el correo de
Hamburgo. Y lo peor de todo, el aprendiz menor debe cargar con la culpa de
cuanto sale mal en la oficina, pues forma parte de su oficio ser
el chivo expiatorio de toda la oficina. Estas tres clases también se mantienen
estrictamente separadas en sociedad: los aprendices menores, que en su mayor
parte aún no han gastado sus zapatos escolares, gustan de reír ruidosamente y hacer
mucho ruido por nada; los aprendices mayores debaten con celo
la última gran compra hecha por un comerciante de azúcar, y cada uno
tiene sus propias conjeturas al respecto; los agentes sonríen ante chistes que
no son para publicarse y podrían contar un par de cosas sobre las
damas presentes.

[Morgenblatt für gebildete Leser Nº 197, 18 de agosto de 1841]
Bremen, julio

El vapor zarpó. Aunque los habitantes de Bremen pueden ver
semejante espectáculo cada día, la curiosidad bremense tuvo que hacerse
sentir con todo en la enorme masa de gente que observaba nuestra
partida desde todos los puntos ventajosos en la orilla. El tiempo
no era demasiado prometedor; pues era el mismo viejo cielo metálico del
que habla Homero, si bien el lado vuelto hacia nosotros, que los
dioses eternos no pulen todos los días, tenía una considerable
capa de herrumbre. Más de una vez una gota de lluvia extinguió mi
cigarro con un siseo. Los dandis que hasta ahora habían llevado
sus impermeables sobre el brazo se vieron obligados a ponérselos, y
las damas abrieron sus paraguas. Visto desde el Weser, el panorama
de Bremen al dejarlo atrás es muy bello; a la izquierda la ciudad
nueva con su largo “dique” plantado de árboles, a la derecha los
jardines sobre la obra de tierra que se extienden aquí hasta el Weser
y están coronados por un colosal molino de viento. Pero luego viene el

Desierto de Bremen, sauces a izquierda y derecha, campos pantanosos, cultivos de patatas y una masa de campos de brócoli. El brócoli es el plato favorito de la gente de Bremen.

Un larguirucho ayudante de corredor de seguros estaba de pie sobre la timonera, a pesar de la lluvia torrencial y el viento cortante, y conversaba en bajo alemán con el capitán, que bebía tranquilamente su café. Luego volvió a bajar apresuradamente a una compañía de comerciantes de segunda clase para comunicarles los importantes pronunciamientos del capitán. Los agentes y los aprendices mayores casi se pelearon por acercarse a esta respetable personalidad, pero él no les prestó atención, pues hoy solo hablaba con casas establecidas. De pronto bajó de la timonera con la noticia: «En un cuarto de hora estaremos en Vegesack». «¡Vegesack!», repitieron todos los oyentes, encantados, pues Vegesack es el oasis del desierto de Bremen; en Vegesack hay montañas de sesenta pies de altura, y la gente de Bremen habla incluso de la «Suiza de Vegesack». Vegesack está, ciertamente, situado de un modo bastante bonito o, como se dice aquí, «lindo» o «dulce»* , lo que hace pensar en el último cargamento de azúcar moreno de La Habana, vendido tan ventajosamente. La vista del lugar desde el Weser es encantadora; antes de llegar a él se ven muchos cascos de barcos en el Weser, algunos desgastados, otros recién construidos aquí. El Lesum desemboca aquí en el Weser y sus colinas forman también riberas bastante «lindas», que incluso se consideran románticas, o, al menos, el maestro de escuela de Grohn, una aldea cerca de Vegesack, me lo aseguró bajo palabra de honor. Poco después de Vegesack, el mar de arena intenta realmente formar algunas olas decentes y desciende de modo bastante abrupto hacia el Weser. Aquí están las villas de la aristocracia de Bremen, cuyos jardines añaden por un corto trecho gran belleza a las riberas del Weser. Luego todo vuelve a ser monótono y aburrido. — Bajé y en un pequeño gabinete del salón encontré a una multitud de «aprendices mayores», que habían desplegado todas las velas para agasajar convenientemente a tres bonitas hijas de sastre; una multitud de «aprendices menores» se empujaban en la puerta, escuchando ansiosamente la conversación de los aprendices mayores; detrás de ellos estaba la garde d’honneur de las señoras, un viejo amigo de la familia, gruñendo molesto por su comportamiento. La conversación me aburría, así que volví a cubierta y me puse de pie junto a la timonera. Nada hay más disfrutable que permanecer así por encima de un gentío, observar el bullicio y escuchar la algarabía de palabras que asciende desde abajo. La brisa fresca tiene mayor frescura aquí arriba, y aunque la lluvia también se siente con mayor frescura, al menos es mejor que las gotas que un filisteo te sacude en el cuello desde su paraguas.

Informes desde Bremen

[Morgenblatt für gebildete Leser, núm. 198, 19 de agosto de 1841]
Bremen, julio

Por fin, tras varias aldeas anodinas de Hannover y Oldemburgo, se presentó un agradable cambio: el puerto franco de Bracke, cuyas casas y árboles ofrecían un fondo efectivo para los barcos del Weser. Navíos de altura bastante grandes llegan hasta aquí, y el Weser es impresionantemente ancho desde este punto río abajo, salvo donde lo interrumpen las islas. — El vapor prosiguió tras una breve parada, y una hora y media después habíamos alcanzado nuestro destino, en total, unas seis horas de navegación. Cuando el fuerte de Bremerhaven apareció a la vista, un librero conocido mío citó a Schiller, el corredor de seguros citó la Gaceta de la Navegación y el Comercio, y un comerciante citó el último número de la lista de importaciones. Con una espléndida curva, el vapor entró en el Geest, un pequeño río que desemboca en el Weser cerca de Bremerhaven. Pero, a pesar de las advertencias del capitán, los pasajeros se agolparon demasiado en la proa del barco, y, hallándose el agua en su máximo reflujo, el Roland, representante de la independencia de Bremen, encalló en la arena con una sacudida. Los pasajeros se dispersaron, las máquinas invirtieron la marcha, y el Roland consiguió zafarse del banco de arena.

Bremerhaven es una ciudad joven. En 1827, Bremen compró una estrecha franja de tierra a Hannover e hizo construir allí el puerto a un costo enorme. Poco a poco, toda una colonia bremense se trasladó a ella, y la población sigue creciendo. De ahí que aquí todo sea bremense, desde el estilo de los edificios hasta la lengua bajoalemana de los habitantes, y la gente de Bremen del viejo cuño, que quizás se irritó por el impuesto extraordinario recaudado para comprar la franja de tierra, ahora apenas puede ocultar su placer al ver cuán hermoso, cuán práctico, cuán bremense es todo. — La mejor vista del conjunto se obtiene desde el muelle de los vapores. Un hermoso y ancho muelle con el colosal edificio portuario en el medio, que se alza en un fallido estilo antiguo; toda la longitud del puerto, con todos sus barcos; a la izquierda y más allá, el pequeño fuerte que ocupan los soldados hannoverianos, mientras sus muros de ladrillo muestran con demasiada claridad que está allí solo pro forma. Es, por tanto, muy consecuente que no se permita a nadie entrar, aunque tal permiso se obtenga fácilmente para cualquier fortaleza prusiana. Caminamos por el muelle bajo la lluvia. De vez en cuando, una calle lateral ofrecía una vista hacia el centro de la ciudad; todo es rectangular, las calles rectas como una regla, y las casas a menudo aún en proceso de construcción. Solo esta disposición moderna del lugar forma un contraste con Bremen. Con el mal tiempo y los oficios religiosos aún sin concluir, las calles estaban tan silenciosas como en Bremen.

[Morgenblatt für gebildete Leser, núm. 199, 20 de agosto de 1841]

Bremen, julio

Subí a bordo de una gran fragata cuya cubierta estaba llena de emigrantes que observaban cómo se izaba el «yawl»*. Yawl designa aquí cualquier bote que tiene quilla y es, por tanto, apto para el servicio en el mar. La gente aún estaba alegre; no habían pisado aún el último terrón de su suelo natal. Pero he visto cuán profundamente les afecta cuando abandonan realmente el suelo alemán para siempre, cuando el barco, con todos sus pasajeros a bordo, se aleja lentamente del muelle hacia la rada y de allí zarpa hacia el mar abierto. Son casi todos auténticos rostros alemanes, sin falsedad, con brazos fuertes, y solo se necesita estar un momento entre ellos y ver la cordialidad con que se saludan para percatarse de que ciertamente no son los peores elementos quienes abandonan su patria para establecerse en el país de los dólares y los bosques vírgenes. El dicho: «quédate en casa y aliméntate honradamente»* parece hecho para los alemanes, pero no es así; la gente que quiere alimentarse honradamente se va, muy a menudo al menos, a América. Y de ningún modo es siempre la falta de alimentos, y mucho menos la codicia, lo que empuja a estas gentes hacia tierras lejanas; es la posición incierta del campesino alemán entre la servidumbre y la independencia, es la sujeción heredada y las reglas y regulaciones de los tribunales patrimoniales** lo que agria su comida y perturba su sueño hasta que decide abandonar su patria.

Los que viajaban en este barco eran sajones. Bajamos para echar un vistazo al interior del barco. El salón estaba amueblado de la manera más elegante y confortable; una pequeña habitación cuadrada, todo elegante, caoba con incrustaciones de oro, como en un salón aristocrático. Delante del salón estaban los camarotes de los pasajeros, pequeñas y agradables cabinas; desde una puerta abierta al costado nos llegó un olor a jamón de la despensa. Tuvimos que volver a cubierta para alcanzar el entrepuente por otra escalerilla: «Pero ahí abajo es terrible»***, citaron todos mis acompañantes cuando volvimos. Ahí abajo yacía la hez, los que no tenían dinero suficiente para gastar noventa táleros en el pasaje de clase de camarote, la gente a la que nadie se descubre, cuyos modales algunos aquí llaman vulgares y otros incultos, una plebe que nada posee, pero que es lo mejor que cualquier rey puede tener en su reino y que es la única que sostiene el principio alemán, particularmente en América. Son los alemanes de las ciudades los que han enseñado a los americanos su deplorable desprecio por nuestra nación. El comerciante alemán hace cuestión de honor desprenderse de su germanidad y convertirse en un completo mono yanqui. Este ser híbrido es feliz si ya no se nota al alemán en él, habla inglés incluso con sus compatriotas, y cuando regresa a Alemania se da más aires yanquis que nunca. En las calles de Bremen se oye a menudo el inglés, pero sería un gran error tomar a todo el que habla inglés por un británico o un yanqui. Estos últimos siempre hablan alemán cuando vienen a Alemania para aprender nuestra difícil lengua; pero esos que hablan inglés son invariablemente alemanes que han estado en América. Es solo el campesino alemán, quizás también el artesano de las ciudades costeras, quien se adhiere con férrea firmeza a sus costumbres y lengua nacionales, quien, separado de los yanquis por los bosques vírgenes, las montañas Allegheny y los grandes ríos, está construyendo una nueva y libre Alemania en medio de los Estados Unidos; en Kentucky, Ohio y en el oeste de Pensilvania solo las ciudades son inglesas, mientras que en el campo todo el mundo habla alemán. Y en su nueva patria, el alemán ha aprendido nuevas virtudes sin perder las antiguas. El espíritu corporativo alemán se ha desarrollado en un espíritu de asociación política y libre; presiona diariamente al gobierno para que introduzca el alemán como lengua de los tribunales en los condados alemanes*, crea periódicos alemanes uno tras otro, todos ellos consagrados al empeño sereno y sensato de desarrollar los elementos de libertad existentes y, como mejor prueba de su fuerza, ha provocado la fundación del partido de los «Native Americans»** , que se ha extendido por todos los estados y que aspira a dificultar la inmigración y a hacer difícil al inmigrante la adquisición de la ciudadanía.

«Pero ahí abajo es terrible». Alrededor del entrepuente corre una hilera de literas, varias juntas e incluso una sobre otra. Aquí reina un aire opresivo, donde hombres, mujeres y niños están hacinados unos junto a otros como adoquines en la calle, el enfermo junto al sano, todos juntos. A cada momento se tropieza uno con un montón de ropas, enseres domésticos, etc.; aquí lloran niños pequeños, allá una cabeza se alza desde una litera. Es un espectáculo triste; ¡y cómo será cuando una tempestad prolongada lo arroje todo en confusión y arrastre las olas sobre la cubierta, de modo que la escotilla, única entrada de aire fresco, no pueda abrirse! Y, sin embargo, las disposiciones en los barcos de Bremen son las más humanas. Todo el mundo sabe cómo les va a la mayoría que viaja vía Le Havre. Después visitamos otro barco, uno americano; estaban cocinando, y cuando una mujer alemana que estaba cerca vio la mala comida y la preparación aún peor, dijo, llorando amargamente, que si hubiera sabido esto antes, habría preferido quedarse en casa.

[Morgenblatt für gebildete Leser, núm. 200, 21 de agosto de 1841]
Bremen, julio

Regresamos a la posada. La prima donna de nuestro teatro estaba sentada allí en un rincón con su marido, el ultimo uomo de la compañía, y con varios otros actores; el resto de la compañía era muy aburrido, así que eché mano de unos impresos que había sobre la mesa, de los cuales un informe anual sobre el comercio de Bremen era el más interesante. Lo tomé y leí los siguientes pasajes:

«Café en demanda en verano y otoño, hasta que se instauran condiciones más flojas hacia el invierno. El azúcar gozó de venta estable, pero la idea real para ello solo llegó con suministros crecientes.»

¡Qué ha de decir un pobre literato cuando ve cómo la manera de expresión no solo de las bellas letras modernas, sino de la filosofía, está contagiando el estilo del corredor! ¡Condiciones e ideas en un informe comercial…! ¡quién lo hubiera esperado! Pasé la página y encontré la descripción:

«Café superior fino mediano bueno ordinario verdadero Domingo».

* En alemán, «niedlich» o «süß». 
* Cf. Salmos 37:3. — Ed.
** Schiller, Der Taucher. — Ed.
*** Schiller, Der Taucher. — Ed.
* Esta palabra está en inglés en el original. — Ed.
** Este nombre está en inglés en el original. — Ed.

Pregunté al agente de una de las principales casas navieras de Bremen, que casualmente se hallaba presente, qué podía significar esa denominación de «superfino». Me respondió: «Mire esta muestra que acabo de tomar de un cargamento que nos han entregado; esa descripción se ajustará aproximadamente a ella». Así supe que el café superfino medio bueno común y corriente auténtico de Domingo es un café verde grisáceo pálido de la isla de Haití, cada libra del cual contiene quince medias onzas de granos buenos, diez medias onzas de granos negros y siete medias onzas de polvo, piedrecitas y otros desperdicios. Luego me dejé iniciar en otros varios misterios de Hermes y de este modo pasé el tiempo hasta el mediodía, cuando tomamos una comida muy mediocre y la campana nos llamó de vuelta al vapor. La lluvia amainó por fin, y no bien hubo «recorrido» el vapor el Geest, las nubes se desgarraron y los rayos del sol cayeron brillantes y cálidos sobre nuestras ropas aún mojadas. Para asombro de todos, sin embargo, el vapor no remontó el río, sino que descendió por la rada, donde acababa de fondear un orgulloso navío de tres palos. Apenas habíamos llegado a la mitad de la corriente, las olas se hicieron más grandes y el vapor comenzó a cabecear de manera perceptible.

¿Quién, si ha estado alguna vez en el mar, no siente acelerarse el pulso al percibir esta señal de la proximidad del mar! Por un momento cree que vuelve a salir al mar libre y rugiente, al profundo y claro verde de las olas, al centro mismo de esa luz maravillosa que crean juntos el sol, el azul celeste y el mar; involuntariamente, empieza a recobrar sus piernas de mar. Las damas, en cambio, eran de otra opinión; se miraban asustadas y palidecían, mientras el vapor, «in a gallant style», como dicen los ingleses, describía un semicírculo en torno al barco recién llegado y recogía a su capitán. El corredor auxiliar de seguros estaba justamente explicando a unos caballeros, que en vano se habían esforzado por encontrar el nombre del barco en la proa, que según el número de su bandera se trataba del María, capitán Ruyter, y que, según la lista del Lloyd, había zarpado de Trinidad de Cuba entre tal o cual fecha, cuando el capitán subió por la escalera de cámara del vapor. Nuestro corredor auxiliar de seguros salió a su encuentro, le estrechó la mano con expresión de protector, le preguntó qué tal había sido la travesía, qué cargamento traía y, en general, mantuvo con él un largo discurso en bajo alemán, mientras yo escuchaba las zalamerías que el librero prodigaba a las hijas del sastre, medio ingenuas, medio coquetas.

El sol se puso en todo su esplendor. Como una esfera incandescente, colgaba en una red de nubes cuyos hilos ya parecían haberse incendiado, de modo que se esperaba que en cualquier momento la quemara y cayera siseando al río. Pero se hundió tranquilamente detrás de un grupo de árboles que parecían la zarza ardiente de Moisés. En verdad, ¡tanto aquí como allí habla Dios en voz alta! Pero el ronco graznido de un miembro de la oposición de Bremen intentó acallarlo a gritos; este hombre lista se esforzaba denodadamente por demostrar a su vecino que habría sido mucho más sensato profundizar el canal del Weser para barcos de mayor calado en lugar de construir Bremerhaven. Por desgracia, la oposición aquí se ve motivada con demasiada frecuencia por la envidia del poder de los patricios más que por la conciencia de que la aristocracia se resiste al Estado racional, y en este asunto sus representantes son tan estrechos de miras que hablar con ellos de los asuntos de Bremen resulta tan difícil como hablar con firmes partidarios del Senado. — Ambos partidos nos convencen cada vez más de que Estados tan pequeños como Bremen han sobrevivido a sí mismos y, aun dentro de una poderosa unión de Estados, llevarían una vida presionada desde fuera y flemáticamente senil por dentro. — Ya estábamos cerca de Bremen. La alta aguja de la iglesia de San Ansgario, con la que se relacionaban nuestras «querellas eclesiásticas», se alzaba sobre pantanos y brezales, y pronto llegamos a los altos almacenes que enmarcaban la orilla derecha del Weser.