Querida Elise:

Acabo de recibir la carta que me escribiste ayer, de la que deduzco que el estado de tu buen padre sigue igual e incluso parece mostrar una ligera mejoría. No nos engañemos sobre su situación, pues aunque la naturaleza parezca reanimarse y las fuerzas aumentar, muy rara vez cabe esperar una recuperación; la enfermedad se prolonga, hasta que sobreviene un nuevo ataque. Tu buen padre está en manos de Dios, y es bueno para él y para nosotros que podamos encomendarlo tan confiadamente al Padre Celestial.

Te envié una carta el domingo 23. ¿La has recibido, espero? No la mencionas. Quería escribirte de nuevo ayer, pero me fue imposible. Aquí todos estamos bien, alabado sea Dios; los niños gozan todos de buena salud. Sigo teniendo los problemas de costumbre con Emil. El muchacho es algo díscolo, quiere estar todo el tiempo en la calle, y esta noche ha habido otra queja de que saltó por la ventana. Rudolph es dulce y bueno; se sienta a mi lado en el almuerzo y es un chiquillo encantador. Hedwig es más lista que ambos, se ha repuesto del todo y me está tejiendo un par de calcetines, cosa que le pedí para ayudarla a pasar el tiempo. Hermann se porta bastante bien, es mi único compañero en la cena, y está firmemente convencido de que esta semana volverá a obtener las mejores notas, como de costumbre. La pequeña Elise está, si cabe, aún más vivaz que de costumbre, hace sus pequeñas travesuras, quiere mucho a su padre y, en fin, es una gatita muy dulce.

Friedrich tuvo un informe bastante regular la semana pasada. Como sabes, se ha vuelto más cortés en lo exterior, pero a pesar de los severos castigos que recibió antes, ni siquiera el temor al castigo parece enseñarle una obediencia incondicional. Así, hoy me he vuelto a disgustar al encontrar en su pupitre un grasiento libro que había tomado prestado de la biblioteca circulante, una historia de caballeros del siglo XIII. Es notable el descuido con que deja tales libros abandonados en su pupitre. Que Dios vele por su carácter; a menudo me siento temeroso por este muchacho, por lo demás excelente.

Ayer recibí, por medio de Friedrich, una carta del Dr. Hantschke, fechada el 22 de agosto, que él prudentemente entregó a las criadas tan tarde que me llegó a las ocho y media de la noche. Así que probablemente la tenía ya el domingo. El Dr. Hantschke escribe que le han pedido acoger a dos pensionistas, pero que declinará si preferimos dejar a Friedrich con él después del otoño. Dice que Friedrich requiere una supervisión constante, que el largo viaje es perjudicial para sus estudios, etc. Le respondí inmediatamente que le estaba muy agradecido por darme la primera opción tras recibir una petición tan ventajosa, y que le rogaría que mantuviera a Friedrich, pero que le agradecería que me informara de sus condiciones. Él mismo había indicado que no tendríamos dificultad en acordarlas. Estoy seguro de que tú también considerarás que ésta es la mejor decisión. Cuando está en juego el bienestar de nuestro hijo, no debemos pensar en el dinero, y Friedrich es un muchacho tan peculiar y versátil que un modo de vida retraído, que ha de conducirlo necesariamente a cierto grado de independencia, es lo mejor para él. Una vez más, que el buen Dios tenga al muchacho bajo su cuidado, para que su carácter no se eche a perder. Hasta ahora, a pesar de todas sus cualidades agradables, ha venido desarrollando una preocupante irreflexión y falta de carácter.

Esto en cuanto a nuestros hijos de aquí. Me alegraría saber por ti que Anna y Marie están bien. ¿Cuándo regresan y es seguro que Ludwig? las traerá a casa?

A la vista del estado actual de tu querido padre, bien puedo imaginar que tu buena madre y tú desearíais quedaros allí unos días más. Hacedlo en el nombre de Dios. Había pensado ir a recogeros hacia el domingo 30 del corriente, pero ahora aguardaré nuevas noticias. Aquí todo sigue más o menos como de costumbre, de modo que puedes estar tranquila. Caspar ha partido hacia Frankfurt con Julius? y se le espera de vuelta el martes.

Tus instrucciones sobre la ropa se cumplirán fielmente; no se me habría ocurrido. Traeré el vino conmigo.

Da los más calurosos saludos de mi parte, así como de los Griesheim, a tu querida madre y a tu padre, cuando tenga la mente clara. Que Dios esté con todos vosotros en estos días difíciles.

Tu
Friedrich