EN BERLÍN Bremen, 30 de julio de 1839

Querido Guglielmo:

¡Qué ideas tan infames tienes de mí! No puede tratarse ni del bufón ni del fiel Eckart (o Eckkardt, como tú lo escribes),* sino únicamente de la lógica, la razón, la consecuencia, la propositio major et minor, etc. Sí, tienes razón. Aquí no se adelanta nada con suavidad; a estos pigmeos —la servil sumisión, el dominio aristocrático, la censura, etc.— hay que expulsarlos a punta de espada. Por supuesto, ahora mismo debería enfurecerme y rugir, pero como te escribo a ti, lo tomaré con calma para que no tengas que “santiguarte” cuando el “galope salvaje” de mi indisciplinada prosa poética te alcance. Ante todo, protesto contra tus insinuaciones de que he estado propinando una patada tras otra al espíritu de la época en el trasero para acelerar su progreso. ¡Querido amigo, qué cara crees que tengo yo con mi pobre nariz chata! No, lo dejo bien tranquilo; al contrario, cuando el espíritu de la época llega como un huracán y arrastra el tren por la vía férrea, yo salto rápidamente a un vagón y me dejo arrastrar un poco. Sí, un hombre como Karl Beck —la disparatada idea de que está acabado como poeta procede seguramente de ese depravado Wichelhaus, de quien Wurm me ha informado cumplidamente. La idea de que un joven de veintidós años que ha escrito una poesía tan arrebatadora se detenga de repente —no, en verdad, nunca me he encontrado con semejante insensatez. ¿Puedes creer que Goethe dejó de ser un poeta genial después de escribir *Götz*, o Schiller después de *Los bandidos*? Aparte de eso, ¡se supone que la historia se ha vengado de la Joven Alemania! ¡Dios me proteja! En efecto, si la historia universal ha sido confiada por el querido Dios del cielo a la Dieta federal como su feudo hereditario, ¡entonces sí se ha vengado de Gutzkow metiéndolo tres meses en la cárcel!?! Pero si, como ya no dudamos, reside en la opinión pública (es decir, aquí, la opinión literaria), entonces se ha vengado de la Joven Alemania en la medida en que se ha dejado conquistar por la Joven Alemania que lucha con la pluma, y ahora la Joven Alemania está entronizada como reina de la literatura alemana moderna. ¿Cuál fue el destino de Börne? Murió como un héroe en febrero de 1837, y en sus últimos días tuvo la alegría de ver surgir con tanta fuerza a sus sucesores —Gutzkow, Mundt, Wienbarg, Beurmann—; ciertamente, las negras nubes de la desgracia pendían aún sobre sus cabezas y una larga, larga cadena se extendía alrededor de Alemania, que la Dieta federal remendaba siempre que amenazaba con romperse. Pero él se ríe aún ahora de los príncipes, y quizá conoce la hora en que las coronas robadas caerán de sus cabezas. No te responderé de la felicidad de Heine —en todo caso, ese individuo lleva ya bastante tiempo revolcándose en el fango. Ni tampoco de la de Beck, pues está enamorado y se consume por nuestra querida Alemania. Estoy con él en esto último, aparte de que aún me queda mucha lucha por delante. Pero no importa, nuestro buen Señor Dios me ha dado un excelente sentido del humor, que es un gran consuelo para mí. ¿Eres feliz, hombrecillo?— Guárdate tus opiniones sobre la inspiración, de lo contrario nunca serás predicador en Wuppertal. Si no me hubieran educado en la más extrema ortodoxia y piedad, si no me hubieran metido en la cabeza en la iglesia, en la escuela dominical y en casa la

fe más directa, incondicional, en la Biblia y en la concordancia de la doctrina bíblica con la doctrina de la iglesia,

incluso, con la doctrina particular de cada pastor, quizá habría permanecido estancado durante mucho tiempo en algún tipo de supranaturalismo liberal. Hay abundantes contradicciones en la doctrina —tantas como autores bíblicos hay, y la fe wuppertaliana ha absorbido, en consecuencia, una docena de individualidades diferentes. En cuanto al árbol genealógico de José, Neander, como sabes, atribuye el que aparece en Mateo al traductor griego del original hebreo. Si no me equivoco, Weisse en su *Vida de Jesús*** se pronunció contra Lucas más o menos como tú lo haces. La explicación de Fritz, en fin, depende de posibilidades tan antinaturales que no puede llamarse explicación en absoluto. Ciertamente soy un πρόμαχος,*** pero del partido liberal, no de los racionalistas. Las contradicciones van tomando forma, las opiniones se contraponen con nitidez. Cuatro liberales (que también son racionalistas), un aristócrata que se pasó a nosotros pero que, temiendo atentar contra los principios hereditarios de su familia, volvió inmediatamente corriendo a la aristocracia, un aristócrata con buenas expectativas, según esperamos, y varios zoquetes: he aquí el circo en el que rugen las disputas. Hago de adalid como experto en la Antigüedad, la Edad Media y la vida moderna, como palurdo, etcétera, pero el adalid ya no es necesario; mis jóvenes discípulos progresan muy bien. Ayer les expliqué el funcionamiento de la necesidad histórica durante el período 1789-1839 y, además, me enteré con asombro de que se suponía que yo era bastante superior a todos los alumnos aventajados locales en el arte del debate. Poco antes había vencido a dos de ellos en una disputa y entonces juraron hacerme caer en las manos del más listo de entre ellos para que me derrotara; pero, desgraciadamente para ellos, en aquel momento él estaba terriblemente enamorado de Horacio, de modo que lo vapuleé. Entonces les entró un miedo tremendo. Este ex horaciano está ahora en muy buenos términos conmigo y me lo contó todo ayer noche. Te convencerías inmediatamente de la justeza de mis reseñas bibliográficas si leyeras los libros de que tratan. K. Beck es un talento enorme, más aún, es un genio. Produce imágenes como

Se oye la voz del trueno proclamar muy alto
Lo que escribe el relámpago en las nubes*

en profusión enorme. Escucha lo que dice de Börne, a quien adora. Está hablando a Schiller:

Tu Posa no fue una fantasía vacía;
Pues Börne ¿no murió por todos nosotros?
Subió a las cumbres de la humanidad;
Cual Tell, tocó la clarinada de la Libertad.
Allá arriba, calmó la punta de su flecha,
Apuntó y disparó. Y la flecha de la Libertad se fue
Directa a la manzana, a la Tierra redonda.**

Y ¡cómo describe la miseria de los judíos y la vida estudiantil! ¡Es magnífico, y ahora *El poeta errante*! Hombre, ten juicio y léelo. Mira, si refutas el ensayo de Börne sobre el *Guillermo Tell* de Schiller, entonces podrás quedarte con todos los derechos de autor que espero obtener por mi traducción de Shelley.*** Te perdonaré que hayas destrozado tan a conciencia mi artículo de Wuppertal,**** pues lo releí hace poco y me asombré del estilo. Desde entonces no he vuelto a escribir ni de lejos tan bien. No os olvidéis de Leo y Michelet la próxima vez. Como ya te dije, te equivocas de medio a medio si crees que nosotros, los Jóvenes Alemanes, queremos apoyar el espíritu de la época. Pero reflexiona un momento: cuando este viento***** sopla y sopla justo hacia nosotros, ¿no seríamos tontos si no desplegáramos las velas? No se os olvidará que estuvisteis en el funeral de Gans.****** Pronto haré que lo mencionen en la *Elegante Zeitung*.******* La manera en que todos vosotros rogasteis después tan amablemente perdón por el pequeño alboroto que armasteis me parece muy divertida. Todavía no sabéis maldecir y jurar, pero aquí vienen todos: Fritz me manda al infierno, me acompaña hasta la puerta y me empuja adentro con una reverencia, para luego él mismo volar de regreso al Cielo. Tú todo lo ves doble a través de tus gafas de palo y tomas a mis tres amigos por espíritus del Venusberg. — Hombrecillo, ¿por qué llamas al fiel Eckart? Mira, ahí está, un pequeño sujeto de perfil judío, afilado. Su nombre es Börne, y si le das carta blanca, expulsará a todo el tropel de serviles de Venus. Entonces tú también harás tus más humildes despedidas; mira, el señor Peter******** se acerca también, sonriendo con una mitad del rostro y gruñendo con la otra, volviendo hacia mí primero el gruñido y luego la sonrisa.

En nuestra querida Barmen empieza a removerse ahora el sentimiento literario. Freiligrath fundó una sociedad de lectura de obras teatrales en la que, desde su partida, Stricker y Neuburg (un empleado de Langewiesche) son los πρόμαχοι********* de las ideas liberales. Ahora el señor Ewich ha hecho los siguientes agudos descubrimientos: (1) que el espíritu de la Joven Alemania ronda por esta sociedad, (2) que la sociedad *in pleno* compuso las “Cartas desde Wuppertal” en el *Telegraph*. También ha descubierto de repente que los poemas de Freiligrath son la cosa más sosa del mundo y que Freiligrath está muy por debajo de de la Motte Fouqué y será olvidado dentro de tres años. Exactamente lo que en su día afirmó Beck.

¡Oh Schiller, Schiller, espíritu siempre vibrante,
Oh grandísimo corazón que latió en el pecho más cálido,
Eternamente joven, fuiste para nosotros el Profeta
Que llevó la bandera de la Libertad ante los demás.
Cuando el mundo entero se había hurtado al combate,
Y los pusilánimes no podían sino rezar,
Oh, tú fuiste realmente pródigo de tu sangre;
Tu vida más cálida, tu vida más profunda la arrojaste
Ante el mundo en sacrificio.
Satisfecho, frío, el mundo lo malinterpretó,
Desentendido de la profunda miseria de tu corazón,
Y solo oyó la música de las esferas,
Cuando a sus oídos llegaron ondas de poesía
Que habías hinchado con tus propias lágrimas de sangre.**********

¿Quién escribió eso? — Es de Karl Beck, *El poeta errante* **********, con todo su poderoso verso y su magnífica imaginería, pero también con su oscuridad, sus hipérboles desmesuradas y sus metáforas. Pues está ya claro que Schiller es nuestro mayor poeta liberal. Él intuyó la nueva era que alborearía tras la Revolución Francesa, cosa que Goethe no hizo, ni siquiera después de la revolución de julio, y cuando esta se le acercó demasiado, de modo que casi tuvo que creer que algo nuevo llegaba, se retiró a su cuarto y cerró la puerta para seguir cómodo. Eso desmerece mucho a Goethe; pero tenía cuarenta años cuando estalló la revolución, y era un hombre hecho, de modo que no se le puede reprochar por ello. Para terminar, te dibujaré algo.

Klos DP MG Sly ntl

Envío montones de poemas. Repártelos entre vosotros.

Tuyo,
Friedrich Engels

* Alusión a Napoleón I.— Ed.
** Ch. H. Weisse, *Die evangelische Geschichte*... — Ed.
*** Campeón. — Ed.
* Del poema *Gang um Leipzig* (K. Beck, *Nächte. Gepanzerte Lieder. Erstes Märchen. Dritte Nacht*). — Ed.
** Del poema *Schillers Haus in Gohlis* (K. Beck, *Nächte. Erstes Märchen. Fünfte Nacht*). — Ed.
*** “Cartas desde Wuppertal”. Véase este volumen, pp. 7-25. — Ed.
**** Viento. — Ed.
***** Zeitung für die elegante Welt. — Ed.
****** Peter Jonghaus. — Ed.
******* Campeones. — Ed.
******** *Dritter Gesang. Gedicht 52.* — Ed.

Publicado por primera vez en parte en *Die neue Rundschau*, 10. Heft, Berlín, 1913, e íntegramente en el libro: F. Engels, *Schriften der Frühzeit*, Berlín, 1920. Publicado en inglés por primera vez.