¡Mi muy respetado Señor Alto Presidente!
¡Excelencia!

Por medio del Señor Regierungspräsident von Gerlach, en Colonia, el día 12 del presente mes, Vuestra Excelencia me ha presentado un rescripto del ministerio de censura y, además, dos decretos, y ha solicitado que se protocolen mis observaciones sobre los mismos. Considerando la importancia de las aclaraciones que se me exigen, en lugar de hacer una declaración para ser protocolada, he preferido dirigirme hoy a Vuestra Excelencia por escrito.

1. En lo que respecta al rescripto del ministerio de censura y, en particular, a la exigencia de que la *Rheinische Zeitung* modifique su tendencia y adopte una grata para el gobierno, sólo puedo interpretar esta exigencia en relación con la forma, una moderación de la cual, en la medida en que el contenido lo permita, puede concederse. A juzgar por la instrucción de censura recientemente emitida, y también por las opiniones de Su Majestad expresadas con frecuencia en otros lugares, nos parece que la tendencia de un periódico que, como el *Rheinische*, no es una mera amalgama carente de principios de informes áridos y elogios serviles, sino que arroja luz sobre las condiciones e instituciones del Estado mediante una crítica consciente* inspirada por un noble propósito, sólo puede ser una tendencia aceptable para el gobierno. Es más, hasta ahora nunca se ha informado al editor responsable de ninguna desaprobación de esta tendencia. Además, dado que la *Rh. Ztg.* está sometida a la más estricta censura, ¿cómo podría justificarse su supresión como primera advertencia?

Puedo asegurar a Vuestra Excelencia que también en el futuro la *Rh. Ztg.* continuará, en la medida de sus posibilidades, ayudando a allanar el camino del progreso, a lo largo del cual Prusia conduce al resto de Alemania. Sin embargo, por esa misma razón, debo rechazar el reproche que se me imputa en el rescripto, de que la *Rh. Ztg.* haya intentado difundir simpatías e ideas francesas en Renania. La *Rh. Ztg.*, por el contrario, ha hecho de su principal tarea dirigir hacia Alemania las miradas que tantas personas aún tenían puestas en Francia, y evocar un liberalismo alemán en lugar de uno francés, lo cual ciertamente no puede ser desagradable para el gobierno de Federico Guillermo IV. En este sentido, la *Rh. Ztg.* ha señalado siempre a Prusia, de cuyo desarrollo depende el del resto de Alemania. Prueba de esta tendencia la proporcionan los artículos sobre la “hegemonía prusiana”, dirigidos polémicamente contra los afanes antiprusianos del periódico de Augsburgo. Prueba la proporcionan todos los artículos sobre la Unión Aduanera Prusiana, dirigidos contra los artículos del *Corresponsal de Hamburgo* y otros periódicos, en los que la *Rh. Ztg.* describió con el mayor detalle la adhesión de Hannover, Mecklemburgo y las ciudades hanseáticas como el único curso beneficioso. Prueba la proporciona, sobre todo, la continua referencia a la ciencia noralemana, en contraste con la superficialidad no sólo de las teorías francesas, sino también de las del sur de Alemania. La *Rheinische Zeitung* fue el primer periódico renano, y en general el primer periódico del sur de Alemania, que introdujo el espíritu noralemán en la Provincia del Rin y en el sur de Alemania, y ¿cómo podrían unirse más indisolublemente las razas divididas que mediante la unidad espiritual, la cual es el alma de la unidad política y su única garantía contra todas las tormentas externas?

En cuanto a la supuesta tendencia irreligiosa de la *Rh. Ztg.*, no puede ser desconocido para las supremas autoridades que, en lo tocante al contenido de un determinado credo positivo —y se trata sólo de esto y no de la religión, a la que nunca hemos atacado ni atacaremos jamás—, toda Alemania, y especialmente Prusia, está dividida en dos campos, ambos de los cuales incluyen entre sus paladines a hombres que ocupan altas posiciones en la ciencia y en el Estado. En una controversia no resuelta, ¿debe un periódico no tomar partido por ningún lado, o sólo por aquel que le ha sido oficialmente prescrito? Es más, nunca hemos salido del terreno propio de un periódico, sino que hemos tocado dogmas como las doctrinas eclesiásticas y las condiciones de la Iglesia en general, sólo en la medida en que otros periódicos convierten la religión en derecho constitucional y la trasladan de su propia esfera a la de la política. Será incluso fácil respaldar cada una de nuestras manifestaciones con las manifestaciones similares y más enérgicas de un rey prusiano, Federico el Grande, y consideramos que esta autoridad es una a la que los publicistas prusianos pueden muy bien apelar.

La *Rheinische Zeitung* está, por tanto, autorizada a creer que ha cumplido de manera preeminente el deseo de una prensa independiente y librepensadora que Su Majestad formuló en la instrucción de censura, y que con ello ha contribuido no poco a las bendiciones que en la actualidad toda Alemania dirige a Su Majestad nuestro Rey en su carrera ascendente.

La *Rh. Ztg.*, Vuestra Excelencia, no fue fundada como una especulación comercial ni en espera de lucro alguno. Un gran número de los hombres más estimados de Colonia y de la Provincia del Rin, justamente descontentos con el estado lamentable de la prensa alemana, creyeron que no podían honrar mejor la voluntad de Su Majestad el Rey que fundando la *Rh. Ztg.* como un monumento de la nación, un periódico que expresa el discurso de hombres libres de manera principista e impávida y, lo que es en todo caso un fenómeno raro, permite al Rey oír la verdadera voz del pueblo. El crecimiento sin precedentes de la circulación de este periódico prueba cuán bien ha comprendido los deseos del pueblo. Éste fue el objetivo para el cual aquellos hombres aportaron su capital, y para el cual no rehuyeron sacrificio alguno. Permita ahora Vuestra Excelencia juzgar por sí mismo si me es posible o permisible, como portavoz de estos hombres, declarar que la *Rheinische Zeitung* modificará su tendencia, y si su supresión no sería tanto un acto de violencia contra un individuo particular, sino más bien un acto de violencia contra la Provincia del Rin y el espíritu alemán en general.

Sin embargo, para demostrar al gobierno cuán dispuesto estoy a cumplir sus deseos, en la medida en que sean compatibles con la función de un periódico independiente, estoy dispuesto, como ha sido el caso desde hace algún tiempo, a dejar de lado en lo posible todos los temas eclesiásticos o religiosos, siempre que otros periódicos o las condiciones políticas mismas no hagan necesaria la referencia a ellos.

2. En segundo lugar, en cuanto a la exigencia de Vuestra Excelencia del inmediato despido del Dr. Rutenberg, ya dije al Regierungspräsident von Gerlach el 14 de febrero que el Dr. Rutenberg no era en modo alguno editor de la *Rheinische Zeitung*, sino que sólo realizaba el trabajo de traductor. En respuesta a la amenaza, que se me transmitió por medio del Regierungspräsident von Gerlach, de la inmediata supresión del periódico si Rutenberg no era despedido de inmediato, he cedido a la fuerza y por el momento lo he apartado de toda participación en el periódico. Sin embargo, dado que no tengo conocimiento de ninguna disposición legal que justifique este punto del rescripto, solicito a Vuestra Excelencia que especifique dicha disposición y, si es necesario, que dicte una pronta resolución sobre si la decisión tomada debe mantenerse en vigor o no, para que pueda reclamar mis derechos legales por los conductos apropiados.

3. En cuanto al tercer punto, la presentación de un editor para su aprobación, según la ley de censura del 18 de octubre de 1819, § [IX], sólo las supremas autoridades de censura están facultadas para exigir la presentación de un editor para su aprobación. No conozco ninguna disposición que transfiera esta facultad a los Altos Presidentes. Por lo tanto, solicito la especificación de cualquier disposición de este tipo o, si es necesario, de un decreto del ministerio de censura que lo ordene. De muy buen grado, pero sólo en ese caso, presentaré un editor para su aprobación.