Colonia, 15 de octubre. El número 284 del periódico de Augsburgo ha sido tan torpe como para pretender haber descubierto que la Rheinische Zeitung es una comunista prusiana, ciertamente no una verdadera comunista, pero sí una que en su imaginación coquetea con el comunismo y lo contempla platónicamente.

Dejamos a juicio del lector si esta traviesa fantasmagoría de la dama de Augsburgo es desinteresada, o si esa ociosa ilusión de su recalentada imaginación guarda relación con especulaciones y manejos diplomáticos —después de haber presentado el presunto corpus delicti.

Se nos dice que la Rheinische Zeitung publicó un artículo comunista sobre las casas de familia berlinesas,* acompañándolo del siguiente comentario: estas noticias «no carecerán de interés para la historia de esta importante cuestión de actualidad». De ahí se sigue, según la lógica de la Augsburger Zeitung, que la Rheinische Zeitung

«sirvió esa clase de bazofia sin lavar con una recomendación».

Así pues, si yo digo, por ejemplo: «las siguientes informaciones de Mefistófeles sobre la economía doméstica del periódico de Augsburgo no carecerán de interés para la historia de esta pomposa dama», ¿estoy recomendando acaso la sucia «bazofia» con la que la dama de Augsburgo se confecciona su variopinto guardarropa? ¿O no debemos considerar el comunismo como una cuestión importante de actualidad simplemente porque no es una cuestión de salón, porque viste ropa sucia y no huele a agua de rosas?

Con toda razón, sin embargo, la dama de Augsburgo se resiente de nuestra falta de comprensión. La importancia del comunismo no reside en que sea una cuestión de altísima seriedad para Francia e Inglaterra. El comunismo posee la importancia europea de haber sido utilizado como frase por la Augsburger Zeitung. Uno de sus corresponsales en París, un converso que trata la historia como un pastelero la botánica, tuvo hace poco una ocurrencia repentina: la monarquía debería intentar apropiarse, a su manera, de las ideas socialistas y comunistas. Ahora comprendéis el enfado de la dama de Augsburgo, que nunca nos perdonará haber presentado el comunismo al público en toda su desnudez sin lavar; comprendéis la ironía hosca que exclama: ¡así recomendáis vosotros el comunismo, que en otro tiempo tuvo la afortunada elegancia de servir de frase a la Augsburger Zeitung!

El segundo reproche dirigido contra la Rheinische Zeitung es la conclusión de un informe desde Estrasburgo sobre los discursos comunistas pronunciados en el Congreso allí celebrado; las dos hermanastras se habían repartido el botín de tal modo que la renana tomó a su cargo las deliberaciones y la bávara las cenas de los sabios de Estrasburgo. El pasaje incriminado decía literalmente así:

«La posición del estamento medio hoy se asemeja a la de la nobleza en 1789; entonces, el estamento medio reclamó para sí los privilegios de la nobleza y los obtuvo; hoy, el estamento que nada posee exige participar de la riqueza de las clases medias, que ahora están al timón. Hoy el estamento medio está mejor protegido contra un asalto repentino de lo que lo estaba la nobleza en 1789, y es de esperar que el problema se resuelva por la vía pacífica.»

Que la profecía de Sieyès se cumplió, y que el tiers état ha llegado a serlo todo y quiere serlo todo, es admitido con la más dolorida indignación por Bülow-Cummerow, por el antiguo Berliner politisches Wochenblatt,* por el Dr. Kosegarten y por todos los escritores de mentalidad feudal. Que el estamento que hoy nada posee exige participar de la riqueza de las clases medias es un hecho que, sin necesidad de las peroratas de Estrasburgo y a pesar del silencio de Augsburgo, resulta evidente para todos en Manchester, París y Lyon. ¿Cree acaso la dama de Augsburgo que su desagrado y su silencio han refutado los hechos de la actualidad? Es impertinente incluso al huir. Retrocede espantada ante los fenómenos insidiosos del día y cree que el polvo que levanta tras de sí al hacerlo, así como los insultos que, nerviosa, masculla entre dientes mientras huye, habrán cegado y confundido tanto a los fenómenos incómodos del día como al cómodo lector.

[Meangen y Magen]:
[Tins padt ceo an anh weap 8 fort,]  
Plane pind wie Heer, nun hat wir Wort,  
Wir wollen einmal wagen.  

Rette Welt! Zum letzten Male  
Greift unsre Fahne herbei,  
ihr habt gemacht ihn in Taten,  
Auf Rippen wandern wir,  
Halt aus in Abenteuern,  
[Berm Mucmetn fipler Furhen,]  
[Bre Kure Bates cudten;]  
Denn nie, sag Abé, ein jeder so  
Bart gearing und jugendfroh  
Das Heer mög’ euch eins blasen!  

Du aber, Reich der Jugend,  
Steig auf, du ewig jung,  
Du Götterhand der Tugend  
Und der Begeisterung!  
Und sollten wir verderben,  
Wir wollen fest dich werden,  
Die Zukunft soll dich erden!  
Das Wetter mag im Leidensstahl rupfen – –  
Doch will Gott uns was Gutes tun,  
So laß uns jung auch sterben!  

Allgemeine Zeitung  

...de los independientes, que las nueve décimas partes de la juventud cultivada mendigan al Estado el pan para su porvenir, que los ríos están abandonados, que la navegación marítima se halla postrada, que a nuestras antaño florecientes ciudades comerciales les falta el antiguo tráfico, que las instituciones libres sólo se alcanzan en Prusia por vía lenta, que el excedente de nuestra población vaga desamparado por nacionalidades extranjeras para hundirse como alemán, ¡y para todos estos males multiformes ni una sola receta, ningún intento de procurarse claridad acerca de los medios para llegar a ser dueños de la gran hazaña que ha de redimirnos de todos estos pecados! ¿O acaso no esperáis vosotros solución pacífica alguna? Casi parece apuntar a ello otro artículo del mismo periódico, fechado en Karlsruhe, cuando incluso respecto a la Unión Aduanera se dirige a Prusia la sospechosa pregunta: «¿Se cree acaso que una crisis semejante pasará como una reyerta por fumar tabaco en el Jardín Zoológico?». El motivo por el que debatís vuestra incredulidad es un motivo comunista; pues vosotros dejáis que estalle una crisis sobre la industria, dejáis que millones en capitales se pierdan, que miles de trabajadores se queden sin pan. Cuán inoportunamente os vino nuestra «pacífica expectativa», una vez que habíais decidido dejar estallar una crisis sangrienta, razón por la cual, sin duda, en vuestro artículo se recomienda a Gran Bretaña, según vuestra propia lógica, al demagógico médico Mr. M’Douall, que emigró a América porque «nada se podía emprender con esta regia estirpe».  

Antes de separarnos de vosotros, quisiéramos aún, de paso, llamar vuestra atención sobre vuestra propia sabiduría, pues con vuestro método de fabricar frases difícilmente puede evitarse que de vez en cuando, sin quererlo, expreséis un pensamiento, si no vuestro, por eso mismo tanto más imparcial. ¡Encontráis que la polémica del señor Hennequin desde París contra la parcelación de la propiedad territorial lo pone en sorprendente armonía con los autonomistas! La sorpresa, dice Aristóteles, es el comienzo del filosofar. Vosotros habéis terminado en el comienzo. ¿Se os habría escapado de otro modo el hecho sorprendente de que los principios comunistas no son difundidos en Alemania por los liberales, sino por vuestros amigos reaccionarios? ¿Quién habla de corporaciones de artesanos? Los reaccionarios. El estamento de los artesanos debe formar un Estado dentro del Estado. ¿Encontráis chocante que tales ideas, expresadas modernamente, rezen así: «El Estado debe corporizarse en el estamento de los artesanos»? Si para el artesano su estamento debe ser el Estado, pero si el artesano moderno, como todo hombre moderno, entiende y puede entender el Estado únicamente como la esfera común a todos sus conciudadanos, ¿cómo queréis sintetizar ambos pensamientos sino en un Estado artesano? ¿Quién polemiza contra la parcelación de la propiedad territorial? Los reaccionarios. En una obra feudal aparecida hace muy poco (Kosegarten sobre la parcelación) se ha llegado al extremo de llamar a la propiedad privada un privilegio. Ése es el principio fundamental de Fourier. Cuando se está de acuerdo sobre los principios, ¿no cabe ya disputar sobre las consecuencias y la aplicación?  

La «Nuevo Periódico Prusiano», que ni siquiera concede a las ideas comunistas una realidad teórica en su figura actual, y que por tanto menos aún puede desear o siquiera tener por posible su realización práctica, instruirá a estas ideas en una maduración a fondo, mientras que escritos como los de Leroux, así como la consideración del [lado humano] de Proudhon, no pueden despacharse mediante ocurrentes superficialidades del momento, sino sólo tras largos, perseverantes y profundos estudios...  

Desde el Main, 13 de octubre. Aunque el cortejo del otoño se ha despedido ya con sus colores perezosos y la vida de las ciudades balnearias ha regresado, sin embargo, los bañistas del Taunus y los todavía numerosos huéspedes de paso pululan alrededor de nosotros. A pesar de ello, la parte más noble, la flor de la sociabilidad, ya se ha marchado, al igual que la del tapete verde. Muchas fortunas alemanas de la temporada estival, espléndidamente acuñadas, se han desbaratado por completo en pos de la tentación, y quien se ha enredado en la mágica red de los tapetes verdes, dejó allí a menudo dinero, amigos y su buen nombre. El juego de la banca es aproximadamente tan profundamente inmoral que los bañistas apenas se han atrevido a defenderlo sino con voces débiles; y no obstante hay gobiernos que no lo toleran simplemente, sino que lo fomentan, que lo introducen de nuevo en lugares que hasta ahora se habían mantenido relativamente limpios. ¿Acaso estos gobiernos consideran el juego como algo inofensivo, benéfico? Ni mucho menos; pues ellos... se lucran del vicio de sus súbditos, dejándolos esquilmar en la banca. Así pues, la especulación de sus decretos administrativos apunta al extranjero. Los súbditos mismos pueden ser arruinados impunemente, con tal que por medio de aquella ganancia se sufraguen bellos fines: la construcción de un hospital, la traza de un paseo y cosas semejantes. No se nos objetará que a cada cual le es libre entregarse o no al juego. Los más de los hombres son de índole tan endeble que, para un goce momentáneo, sacrifican los placeres perdurables del futuro; pues o no piensan en el mañana, o malbaratan su porvenir con la despreocupación del hijo pródigo. Así como una buena policía no tolera que se arroje estiércol o basura en medio de la calle, aun cuando un provecho pasajero pueda resultar de ello, así como en los lados llanos de un río se quita el lodo, aun cuando propiamente todo suelo tiene derecho a abonarse: de igual modo no debe tolerarse que los anexos del vicio se planten justo en el camino de la cura y el recreo. Agréguese a esto, además, el lujo que iguala a todos los estamentos y que tanto más poderosamente atrae a las clases inferiores cuanto más es lo fashionnable y cuanto más exige en virtud de fundamentos no razonables: él es en extremo seductor para los inexpertos provincianitos. Muchas víctimas deplorables de la ruina, del oprobio, de la miseria y de todos los demás males semejantes.  

En parte está también sometido a la misma valoración un grandioso establecimiento del Estado: la lotería. Tan perjudicial como aquélla, sólo que de manera más insidiosa y solapada. Se basa igualmente en el engaño de los muchos en beneficio de unos pocos, de unos cuantos banqueros...

La Rheinische Zeitung, que no admite que las ideas comunistas en su forma actual posean siquiera realidad teórica, y que por tanto aún menos puede desear su realización práctica, o siquiera considerarla posible, someterá esas ideas a una crítica a fondo. Pero si la señora de Augsburgo exigiera más, y fuera capaz de más, que de frases de bello sonido, le resultaría evidente que escritos como los de Leroux, Considérant y, sobre todo, la penetrante obra de Proudhon, no pueden criticarse sobre la base de superficiales destellos de pensamiento, sino sólo tras un largo y profundo estudio.

Hemos de tomar tanto más en serio tales obras teóricas cuanto que no coincidimos con el diario de Augsburgo, que encuentra la «realidad» de las ideas comunistas no en Platón, sino en su oscuro conocido, quien no carecía de mérito en ciertos campos de la investigación científica, pero que entregó cuanto poseía en aquel momento y lavó platos y limpió botas a sus camaradas de acuerdo con los deseos del padre Enfantin. Estamos firmemente convencidos de que el verdadero peligro no reside en los intentos prácticos, sino en la elaboración teórica de las ideas comunistas, pues a los intentos prácticos, incluso a los intentos de masas, se puede responder con cañones en cuanto se vuelven peligrosos, mientras que las ideas que han conquistado nuestro intelecto y se han apoderado de nuestras mentes, ideas a las que la razón ha encadenado nuestra conciencia, son cadenas de las que uno no puede liberarse sin que se le rompa el corazón; son demonios que el ser humano sólo puede vencer sometiéndose a ellos. Pero el diario de Augsburgo jamás ha conocido los remordimientos de conciencia que provoca la rebelión de los deseos subjetivos del hombre contra las opiniones objetivas de su inteligencia, pues no tiene inteligencia propia, ni opiniones propias, ni siquiera una conciencia propia.