Excelentísimo, poderosísimo Rey,
Clementísimo Rey y Señor,

Apenas ha transcurrido un año desde que Vuestra Majestad, con su memorable, real y libre decisión, liberó a la prensa de las opresivas cadenas en que había sido sumida por circunstancias desafortunadas. Todo ciudadano animado por un genuino sentimiento de libertad y patriotismo miraba con confianza redoblada al presente y al futuro inmediato, en los cuales la opinión pública, con sus múltiples convicciones y arraigadas contradicciones, ha adquirido órganos de prensa adecuados, y mediante un desarrollo cada vez más profundo y una justificación siempre renovada de su propio contenido, se irá refinando hasta alcanzar esa pureza, claridad y firmeza con la cual ofrece la fuente más rica, segura y vivificante de la legislación nacional. El renano en particular, Vuestra Majestad, se llenó de la más noble alegría al ver que la expresión pública y libre —cuyo alto valor y mérito intrínseco había aprendido a apreciar tan cabalmente en su sistema judicial— había recibido al menos una apertura también en otras esferas de la vida estatal, allí donde la necesidad de ella es mayor, en la esfera de la convicción política, que es el elemento más esencial de la vida del Estado y en la cual la moralidad reviste la mayor importancia.

Esa confianza y esa alegría se vieron, lo decimos con franqueza, de la manera más dolorosa afectadas por la noticia de las medidas decididas contra la Rheinische Zeitung. Tomando parte directamente en el auge de la vida pública suscitado por el advenimiento de Vuestra Majestad al trono, dicho periódico desarrolló su concepción de los asuntos del Estado en todo caso con una consecuencia inflexible, y en verdad no pocas veces se expresó con franca rotundidad. Puedan favorecerse las opiniones políticas de este periódico, puedan, como muchos de los abajo firmantes, no compartirse, puede incluso serles decididamente hostil; en todo caso, el verdadero amigo de una vida estatal eficaz y libre debe lamentar sinceramente el golpe que ha caído sobre este periódico. Con la supresión de este único periódico, toda la prensa de la Patria se ve privada de esa independencia que, siendo el fundamento de todas las relaciones morales, es también absolutamente esencial para una discusión de principios de los asuntos concretos del Estado, y sin la cual ni el talento sobresaliente ni el carácter firme pueden aplicarse a la literatura política.

Los abajo firmantes, ciudadanos de Cologne, en cuyo seno tuvo su origen el periódico amenazado, se sienten ante todo obligados e impulsados a expresar francamente a Vuestra Majestad, a quien han aprendido a honrar como el más poderoso protector de la libre expresión, su sentimiento de dolor por la supresión decretada y a presentar ante las gradas del trono la más humilde solicitud:

Que Vuestra Majestad se digne ordenar con suma clemencia que las medidas proyectadas contra la Rheinische Zeitung por las altas autoridades de censura el 21 de enero de este año sean anuladas y que dicho periódico continúe existiendo sin restricción alguna de la libertad que hasta ahora Vuestra Majestad misma ha concedido en general a nuestra prensa nacional.

Quedamos como los más humildes y obedientes súbditos de Vuestra Majestad,
leales ciudadanos de Cologne

[siguen las firmas]?

* Añadido con letra distinta al margen superior de la página: «Al Ministro de Estado, Conde von Arnim. Berlín, 5 de marzo de 1843.» — Ed.