Colonia, 15 de noviembre. La *Kölnische Zeitung* de hoy publica la siguiente orden real del Gabinete, que fue remitida a todos los ministerios provinciales en el transcurso del mes pasado:

«Ya he señalado repetidas veces que la tendencia de la parte mala de la prensa diaria a extraviar a la opinión pública en asuntos de interés general, difundiendo falsedades o hechos tergiversados, debe ser contrarrestada oponiendo a cada informe falso de esa índole, de inmediato, la verdad mediante una rectificación de los hechos publicada en los mismos periódicos que hayan incurrido en las falsificaciones. No basta con dejar la reacción contra las tendencias perniciosas de un periódico, que ejercen un efecto dañino sobre el ánimo público, en manos de otros periódicos imbuidos de un espíritu mejor, ni esperarla únicamente de ellos. El veneno de la corrupción ha de ser inofensivizado en el lugar mismo donde se ha vertido; esto no es solo un deber de las autoridades para con el círculo de lectores a quienes se ha brindado el veneno, sino a la vez el medio más eficaz para destruir las tendencias al engaño y a la mentira allí donde se manifiestan, obligando a los propios redactores a publicar el juicio que sobre ellos se haya dictado. Por tanto, he observado con desagrado que hasta ahora se ha hecho poco o ningún uso de este medio, tan legítimo como indispensable, para refrenar las manifestaciones de degeneración por parte de la prensa. En la medida en que las leyes vigentes quizá no hayan establecido de manera suficiente la obligación de nuestros periódicos nacionales de publicar sin réplica y, además, sin comentario alguno ni observaciones introductorias, todas las correcciones de hecho que les sean remitidas oficialmente, espero del ministerio de Estado propuestas inmediatas para la necesaria legislación complementaria. Si, por el contrario, ya resultan adecuadas a tal fin, es Mi voluntad que sean aplicadas enérgicamente por Mis magistrados en defensa del derecho y de la verdad, y encarezco esto no solo a los propios ministerios, sino en particular a la atención inmediata de los altos presidentes, a quienes el ministerio de Estado impartirá las directivas correspondientes.

»Cuanto más profundamente deseo que la actitud noble, leal y dignamente franca, dondequiera que se manifieste, no vea cercenada su libertad de palabra, y que la verdad sea lo menos posible restringida en la esfera de la discusión pública, tanto más implacablemente ha de ser mantenido a raya el espíritu que emplea las armas de la mentira y el engaño, para que no se estafe a la libertad de palabra sus frutos y sus bendiciones mediante el mal uso de la misma.

»Sanssouci, 14 de octubre de 1842;
(firmado) Federico Guillermo»

Nos apresuramos a comunicar a nuestros lectores la anterior orden real del Gabinete con tanto mayor presteza cuanto que vemos en ella una garantía para la prensa prusiana. Todo periódico leal no puede sino considerarla como un significativo apoyo por parte del gobierno si las falsedades o los hechos tergiversados, cuya publicación no siempre puede evitarse aun con la mayor circunspección por parte de la redacción, son rectificados desde una fuente autorizada. Mediante estas explicaciones oficiales, el gobierno no solo garantiza una cierta exactitud histórica del contenido fáctico de la prensa diaria, sino que, lo que es aún más importante, reconoce la gran significación de la prensa mediante una participación positiva, que reducirá a límites cada vez más estrechos la participación negativa por medio de la prohibición, la supresión y la censura. Al mismo tiempo, la orden real del Gabinete presupone una cierta independencia de la prensa diaria, pues si sin tal independencia no es verosímil que surjan y se establezcan en la prensa diaria tendencias al engaño, a la mentira y tendencias perniciosas, menos aún lo es que exista una actitud noble, leal y dignamente franca. Este presupuesto real de una cierta independencia de la prensa diaria debe ser saludado por los periódicos prusianos como la más excelente garantía de esa independencia y como una expresión inequívoca de la voluntad real.