Colonia, 2 de enero. Puesto que las "correcciones" hechas por el señor Oberpräsident von Schaper y las aclaraciones solicitadas a la Rheinische Zeitung han sido ampliamente difundidas por la prensa, aprovechamos esta ocasión para declarar que nuestra respuesta, retrasada únicamente porque se han hecho necesarias varias investigaciones, se publicará la semana entrante.

Escrito el 2 de enero de 1843.
Reproducido según el periódico
Zeitung No. 3, 3 de enero de 1843.
Publicado en inglés por primera vez.

JUSTIFICACIÓN DEL CORRESPONSAL DESDE EL MOSELA

[Rheinische Zeitung No. 15, 15 de enero de 1843]

Desde el Mosela, enero. Los números 346 y 348 de la Rheinische Zeitung contienen dos artículos míos, uno de los cuales trata de la penuria por falta de leña en la región del Mosela, y el otro de la especial simpatía de la población moselana por la Orden del Gabinete real del 24 de diciembre de 1841 y por la consiguiente mayor libertad de prensa. Este último artículo está escrito en tonos toscos y, si se quiere, incluso groseros. Quien tiene que oír a menudo directamente la voz despiadada de la necesidad entre la población circundante pierde fácilmente el tacto estético que le permite expresar sus pensamientos en las imágenes más elegantes y modestas. Tal vez incluso considere por un tiempo su deber político hablar públicamente en el lenguaje popular de la miseria, que en su tierra natal no había tenido ocasión de olvidar. Pero si se trata de probar que dice la verdad, eso difícilmente puede significar probar literalmente cada palabra, pues en tal caso todo resumen sería falso y, en general, sería imposible reproducir el sentido de un discurso sin repetirlo palabra por palabra. Así, por ejemplo, si se dijo: "el grito de socorro de los viticultores fue considerado como un chillido insolente", para ser justos sólo se podría exigir que ello expresase una ecuación aproximadamente correcta. Es decir, habría que probar que existe un objeto que en cierta medida se corresponde con la descripción resumida "chillido insolente" y que hace que tal descripción no sea inapropiada. Si se aporta tal prueba, la cuestión ya no es de verdad, sino únicamente de precisión del lenguaje, y sería difícil emitir otro juicio que el problemático sobre los matices extremadamente sutiles de la expresión lingüística.

La ocasión para mis anteriores observaciones la han proporcionado dos decretos del Oberpräsident von Schaper en el número 352 de la Rheinische Zeitung, fechados "Coblenza, 15 de diciembre", en los que se me plantean varias preguntas acerca de mis dos artículos antes mencionados. La tardanza en la publicación de mi respuesta se debe principalmente al contenido mismo de las preguntas, pues un corresponsal de periódico que transmite con la mayor escrupulosidad la voz del pueblo tal como la ha oído no está en absoluto obligado a estar preparado para dar cuenta exhaustiva y motivada de las ocasiones y fuentes de su información. Aparte de que semejante labor requeriría mucho tiempo y recursos, el corresponsal de periódico sólo puede considerarse como una pequeña parte de un cuerpo complejo, en el que elige libremente su función particular. Mientras uno se ocupa quizás más de describir su impresión del estado de penuria del pueblo obtenida directamente de sus manifestaciones, otro, que es historiador, discutirá la historia de la situación que se ha producido; el hombre de sentimiento describirá la penuria misma; el economista examinará los medios necesarios para su abolición, siendo éste, además, un problema que puede ser tratado desde diferentes puntos de vista: a veces más en el plano local, a veces más en relación con el Estado en su conjunto, etc.

Así, con un movimiento vivo de la prensa, se revelará toda la verdad, pues si al principio el todo aparece sólo como el surgimiento de una serie de puntos de vista individuales distintos que —unas veces intencionadamente, otras por casualidad— se desarrollan uno al lado del otro, al final, sin embargo, esta labor de la prensa habrá preparado para uno de sus partícipes el material con el que creará un todo único. De este modo, gradualmente, por medio de una división del trabajo, la prensa llega a la verdad íntegra, no por hacerlo todo una sola persona, sino por hacer muchos un poco.

Otro motivo de la tardanza de mi respuesta es que la redacción de la Rheinische Zeitung requirió más detalles después de mi primer informe. De manera semejante, tras el segundo y el tercer informes, pidió datos adicionales, así como el presente informe de conclusión. Finalmente, la redacción, por un lado, exigió que yo mismo indicase mis fuentes, y, por otro, retrasó la publicación de mis informes hasta que ella misma hubiera recibido, por otros medios, confirmación de mis datos. *

Además, mi respuesta aparece anónimamente. A este respecto me guía la convicción de que el anonimato es un rasgo esencial de la prensa periodística, puesto que transforma el periódico de un agregado de muchas opiniones individuales en el órgano de un solo espíritu. El nombre del autor separaría un artículo de otro tan nítidamente como el cuerpo separa a una persona de otra, y suprimiría así por completo la función de ser sólo una parte complementaria. Por último, el anonimato garantiza mayor imparcialidad y libertad, no sólo del autor, sino también del público, ya que éste no ve quién habla, sino qué dice. Libre de una consideración empírica del autor como persona, el público lo juzga únicamente por su personalidad intelectual.

Puesto que no menciono mi propio nombre, en todos mis informes detallados daré los nombres de funcionarios y comunidades sólo cuando cite documentos impresos que se hallen a la venta en librerías, o cuando la mención de nombres no perjudique a nadie. La prensa está obligada a revelar y denunciar circunstancias, pero estoy convencido de que no debe denunciar a individuos, a no ser que no haya otro modo de impedir un mal público o que la publicidad prevalezca ya en toda la vida política, de modo que el concepto alemán de denuncia ya no exista.

Al concluir estas observaciones introductorias, creo tener derecho a expresar la esperanza de que el señor Oberpräsident, una vez se haya familiarizado con toda mi exposición, se convenza de la pureza de mis intenciones y atribuya incluso los posibles errores a una visión incorrecta de las cosas, y no a una mala disposición. Mi exposición misma deberá mostrar si he merecido la grave acusación de calumnia y de intención de excitar descontento y desafección, incluso en el presente caso de anonimato mantenido, acusaciones tanto más dolorosas cuanto que provienen de un hombre que es considerado con particularmente grande respeto y afecto en la Provincia Renana.

Para facilitar una visión de conjunto de mi respuesta, la he ordenado bajo los siguientes epígrafes:

. La cuestión de la distribución de la leña.

. La actitud de la región del Mosela ante la Orden del Gabinete del 24 de diciembre de 1841 y ante la mayor libertad de prensa resultante.

. Las llagas de la región del Mosela.

. Los vampiros de la región del Mosela.

Propuestas para un remedio.

* Al confirmar las afirmaciones anteriores, señalamos al mismo tiempo que las diversas cartas recíprocamente aclaratorias nos obligaron a presentar una exposición combinada. — Redacción de la Rheinische Zeitung.