¿Conoces esa dulce imagen mágica  
cuando las almas se funden una en otra,  
y luego en un suave aliento se desbordan,  
melodiosas, amorosas, suaves, plenas?  
En un brote de rosa encienden su rubor,  
y tímidas se esconden en un lecho de musgo.  

Vaga extensamente por la tierra,  
la imagen mágica no hallarás:  
ese talismán nunca puede atar,  
ni presagiar los fieros rayos del sol.  
Jamás la luz de sol alguno le dio vida,  
jamás conoció el sustento de la Tierra.  

Siempre resplandeciente allí permanece,  
aunque el Tiempo bata sus raudas alas,  
aunque el brillante Apolo guíe sus corceles,  
aunque los mundos se desvanezcan en la nada.  
Sólo su propio poder verdadero la ha creado,  
que ni el mundo ni Dios pueden dominar.  

Acaso es como el son de la cítara,  
tocada en una eterna Lira,  
en resplandor sin fin, en fuego sin fin,  
resonando en el alto impulso del anhelo.  
Escucha una vez en ti esas cuerdas que tañen,  
y tus pasos errantes no se extraviarán más.