Karl Marx EL GOBIERNO DE LA INDIAª Londres, martes 5 de julio de 1853.

A fin de hacer justicia a las colosales dimensiones del. tema, la Cámara de los Comunes ha venido alargando su debate sobre la India hasta darle una longitud y anchura inusitados, aunque dicho debate ha fracasado por completo en profundidad y amplitud de interés. La división, que deja a los ministros una mayoría de 322 contra 142, está en razón inversa a la discusión. Durante esta última todo fue abrojos para el ministerio, y sir Charles Wood era el asno oficialmente encargado de la tarea de alimentarse de ellos. En la división todo son rosas, y sir Charles Wood recibe el galardón de Manú segundo. Los mismos hombres que se opusieron con sus argumentos al plan del ministerio, lo conímnan con sus votos. Ninguno de sus defensores se atrevió a justificar el proyecto mismo; por el contrario, todos justificaron su apoyo a la ley: los unos porque era una parte infinitesimal de una medida bien orientada; los otros, porque no representaba medida alguna. Los primeros alegan que ahora la mejorarán en la comisión; los últimos dicen que la despojarán de todas las caprichosas flores reformistas de que hace gala. El ministerio salió triunfante porque más de la mitad de la oposición tory se separó, y gran parte de los restantes desertó con Herries e Inglis al bando de Aberdeen, mientras que de los 142 votos contrarios 100 pertenecían a la fracción de Disraeli y 42 a la escuela de Manchester, respaldados por algunos irlandeses descontentos y algunos "salvajes". Una vez más la oposición dentro de la oposición ha salvado al ministerio. ª Este artículo forma parte de la sección de política internacional que Marx escribía para el New-York Daily Tribune. El título comple• to de la misma es "El problema de la guerra turca - El New-York Daily Tribune en la Cámara de los Comunes - El gobierno de la · India". Halliday, uno de los funcionarios de la Compañía de la India oriental, afirmó, cuando prestó declaración ante una comisión investigadora: "Que la Carta que concedía a la Compañía de la India oriental un arrendamiento de veinte años era considerada por los nativos de la India como si se los hubiera expulsado de la tierra." Por lo menos esta vez la Carta no ha sido renovada por un período determinado, sino que el parlamento puede ~vocarla a voluntad. Por consiguiente, la compañía descenderá de la respetable situación de agricultores hereditarios a la precaria condición de arrendatarios con derechos anulables. Eso significa un gran beneficio para los nativos. El ministerio de coalición ha conseguido trasformar al gobierno de la India en un problema discutible como cualquier otro. La Cámara de los Comunes, por otra parte, se ha otorgado a sí misma un nuevo testimonio de pobreza, al confesar, por la misma división, su impotencia para legislar y su renuncia a postergar la legislación. Desde los tiempos de Aristóteles el mundo ha sido inundado con una cantidad aterradora de disertaciones, ingeniosas o absurdas, según el caso, sobre el siguiente interrogante: ¿Quién será el poder gobernante? Pero por primera vez en los anales de la historia, el senado de un pueblo que gobierna sobre otro compuesto por 156 millones de seres humanos y que habita una superficie de 1.368.113 millas cuadradas, concentró su inteligencia en asamblea pública y solemne, a fin de dar respuesta a la anormal pregunta: ¿quiénes de entre nosotros son el verdadero poder gobernante sobre ese pueblo extranjero de 150 millones de almas? En el senado británico no existía un Edipo capaz de desentrañar ese enigma. El debate todo giró exclusivamente en tomo de él, y como se produjo una división, no se llegó a definición alguna sobre el gobierno de la India. Que existe en la India un permanente déficit financiero, un exceso constante de guerras y ninguno de obras públicas, un abominable sistema de impuestos y un no menos abominable estado de la justicia y las leyes; que estos cinco rubros constituyen, por decirlo así, los cinco puntos de la Carta de la India oriental, quedó establecido fuera de toda duda en los debates de 1853, como sucedió en los de 1833, y en los de 1813, y como en todos los debates anteriores sobre la India. Lo único que nunca pudo descubrirse fue cuál era el partido responsable de todo eso. Es indiscutible que existe un gobernador general de la India, quien ocupa el poder supremo, pero a su vez el gobernador es gobernado por un gobierno nacional ¿Quién es ese gobierno nacional? ¿El ministro de la India encubierto bajo el modesto título de presidente de la Junta de Control, o los veinticuatro directores de la Compañía de la India oriental? En la base de la religión india encontramos una trinidad divina, y en la base del gobierno de la India encontramos -una trinidad profana. Si prescindimos totalmente por un tiempo del gobernador general, el problema en cuestión se reduce al del doble gobierno, en cuya forma resulta familiar para la mentalidad inglesa. Los ministros con su proyecto de ley, y la Cámara de los Comunes con su división, se aferran a ese dualismo. Cuando la compañía de comerciantes aventureros ingleses que conquistaron la India para ganar dinero, comenzó a ampliar sus factorías hasta convertirlas en un Imperio, cuando su competencia con los comerciantes privados holandeses y franceses adoptó el carácter de rivalidad nacional, entonces, por supuesto, el gobierno británico empezó a inmiscuirse en los asuntos de la €ompañía de la India oriental, y nació el doble gobierno de la India, en los hechos ya que no de nombre. Al llegar a una transacción con la compañía, al someterla a la supervisión de la Junta de Control y al convertir a ésta en un apéndice del ministerio, la ley de Pitt de 1784 aceptó, reglamentó y estableció, de nombre y de hecho, ese doble gobierno surgido de las circunstancias. La ley de 1833 fortaleció a la Junta de Control, convirtió a lo propietarios de la Compañía de la India oriental en simples hipotecas de las· rentas de la India oriental, ordenó a la compañía que vendiera sus acciones, disolvió su existencia comercial, la trasformó, en la medida en que existía políticamente, en simple síndico de la Corona, y así hizo con la Compañía de la India oriental lo que ésta tenía la costumbre de hacer con los príncipes de la India oriental. Después de desalojarlos, la compañía continuó gobernando durante un tiempo en su nombre. Desde 1833 hasta ahora, la Compañía de la_ India oriental sólo existió de nombre, y porque se la toleró. Y así, mientras que por una parte pareciera no existir dificultad alguna para liquidar totalmente a la compañía, por la otra resulta en todo sentido indiferente que la nación inglesa gobierne a la India en nombre personal de la reina Victoria o bajo la firma tradicional de una sociedad anónima. El problema en su conjunto parece, por lo tanto, girar en torno a un tecnicismo de importancia muy discutible. No obstante, el asunto no es tan sencillo. En primer lugar hay que señalar que la Junta de Control ministerial, que tiene su sede en Cannon Row, es tan ficticia como la Compañía de la India oriental, que supuestamente tendría la suya en Leadenhall St. Los miembros de la Junta de Control son una mera pantalla que oculta la autoridad soberana del presidente de la Junta. Y el presidente mismo. no es más que un miembro subordi• nado, aunque independiente, del ministerio imperial. Parece que en la India se da por sentado que cuando un hombre no sirve para nada, lo mejor es hacerlo juez y deshacerse así de él. En Gran Bretaña, cuando un partido asume el poder y se encuentra con el estorbo de. un "estadista" de décimo orden, se considera que lo mejor es hacerlo presidente de la Junta de Control, sucesor del Gran Mogol, y de ese modo desembarazarse de él -teste Carolo Wood. La letra de la ley confiere a la Junta de Control, que no es más que otra manera de designar .al presidente, "pleno poder y autoridad para supervisar, dirigir y controlar todos los actos, operaciones e intereses de la Compañía de la India oriental que de alguna fonna se refieran o interesen al gobierno o a · las rentas de los territorios de la India". Se prohíbe a los directores "expedir órdenes, instrucciones, despachos, cartas oficiales o comunicaciones cualesquiera referentes a la India o a su gobierno, hasta que hayan sido autorizados por la Junta". Se ordena a los directores "preparar instrucciones u órdenes sobre cualquier asunto a los catorce días de pedirlas la Junta, o bien trasmitir las órdenes de la Junta a propósito de la India". La Junta está autorizada a revisar toda la correspondencia y despachos de o para la India y las actas de las Cortes de Propieta• rios y Directores. Por último, la Corte de Directores debe designar una Comisión Secreta integrada por su presidente, su vicepresidente y el miembro más antiguo, que se hayan juramentado a guardar secreto, y por medio de los cuales el presidente de la Junta pueda trasmitir sus órdenes personales a la India respecto de todos los am.tantos políticos y militares, en tanto que la comisión actúa como simple vehículo de sus comunicaciones. Las órdenes referentes a las guerras afgana y binnana, así como las relativas a la ocupación de Sindhi, fueron trasmitidas a través de esa comisión secreta, sin que los directores de la Corte estuvieran más enterados que el público en general o el parlamento. Hasta ahora, por consiguiente, el presi• dente de la Junta de Control parecería ser el verdadero Mogol, y en todas las circunstancias conserva un poder ilimitado para hacer daño, como por ejemplo para provocar las guerras mn ruinosas, ocultándose siempre bajo el nombre de la irresponsable Corte de Directores. Por otra parte, esta última no carece de verdaderos poderes. Como por lo general. tiene la iniciativa en las medidas administrativas, y como, en comparación con la Junta de Control, constituye un cuerpo más permanente y estable, con reglas de funcionamiento tradicionales y cierto conocimiento de detalles, necesariamente toda la administración interna ordinaria cae en sus manos. Designa también, previa ratificación de la Corona, al gobierno supremo de la India, al gobernador general y sus consejos; posee, además, el poder ilimitado de destituir a los más altos servidores, y aun al gobernador general, como lo hizo bajo sir Robert Peel con lord Ellenborough. Pero este no es su privilegio mn importante. Como sus miembros sólo reciben l 300 anuales, en realidad se les paga con el patronato, ya que son ellos quienes presentan los candidatos para todos los cargos civiles y militares, entre los cuales el gobernador general y los gobernadores provinciales están obligados a escoger para llenar los más altos cargos, negados a los nativos. Cuando se ha determinado la cantidad de nombramientos para el año, el total se divide en 28 partes iguales, de las cuales se adjudican· dos al presidente y al vicepresidente, dos al presidente de la Junta de Control y una a cada uno de los directores. El valor anual de cada parte del patronato rara vez es inferior a i 14.000. "Todos los nombramientos -dice Campbell- son ahora, por así decirlo, propiedad privada individual; se distribuyen entre los directores, y cada uno dispone de su parte como mejor le parezca." Ahora bien, es evidente que el espíritu de la Corte de Directores debe impregnar a toda la administración superior de la India, educada como está en escuelas de Addiscombe y Haileybury, y designada como lo está mediante su patronato. No es menos evidente que dicha Corte, que año tras año tiene que distribuir nombramientos por un valor de casi l 400.000 entre las clases superiores de Gran Bretaña, encontrará pocos o ningún obstáculo por parte de la op1mon pública dirigida por esas mismas clases. En carta posterior. sobre la verdadera situación de la India demostraré cuál es el espíritu de la Corte de Directores. Por el momento, baste decir que Macaulay, en el curso de los debates pendientes, defendié a la Corte con el singular argumento de que era impotente para realizar todos los males que quisiera; a tal punto, que todas las mejoras habían sido efectuadas en oposición a ella y contra ella, por gobernadores individuales que obraron bajo su propia responsabilidad. Así sucedió con la eliminación del sutteeª, la abolición de los abominables derechos de tránsito y la emancipación de la prensa de la India oriental. Por lo tanto, el presidente de la Junta de Control compromete a la India en guerras ruinosas, tras la pantalla de la Corte de Directores, mientras que ésta corrompe a la administración de la India bajo el manto de la Junta de Control. Si observamos más a fondo la estructura de este gobierno anómalo, encontramos en su base un tercer poder, más soberano que la Junta o la Corte más irresponsables, más oculto a la vigilancia de la opinión pública y más protegido de ella. El presidente transitorio de la Junta depende de los empleados permanentes de su establecimiento en Cannon Row, y para esos empleados la India no está en la India, sino en Leadenhall St. Pues bien, ¿quién es el amo en Leadenhall St.? Dos mil personas, señoras maduras y caballeros valetudinarios, dueños de acciones en la India, y cuyo interés en ésta es que les sean pagados sus dividendos con las rentas de la India, eligen veinticuatro directores cuya única calificación es la tenencia de acciones por valor de f. 1.000. Comerciantes, banqueros y directores de compañías se .toman gran trabajo para llegar a integrar la Corte, en beneficio de sus intereses privados. "Un banquero de la ciudad de Londres -dice Mr. Bright- controla 300 votos de la Compañía de la India oriental, cuya palabra en la elección de directores es ley casi absoluta" De ahí que la Corle de Directores no sea más que una sucursal de la dinerocracia inglesa La Corte así elegida constituye a su vez, además de la comisión secreta antes mencionada, otras tres comisión Suttee : práctica india de cremar a la esposa en la pira funeraria del marido muerto, nes: 1) Política y militar, 2) de Finanzas e Interior y 3) de Rentas Pql>licas, Judicial y Legislativa. Estas comisiones se designan todos los años por rotación, de manera que un financista integra un año la comisión judicial y el siguiente la militar, y ninguno tiene posibilidad alguna de realizar una vigilancia continua en un departamento dado. Como la forma de elección ha llevado a los distintos puestos a hombres totalmente incompetentes para las obligaciones que deben cumplir, el sistema de rotación asesta el golpe de gracia a cualquier aptitud que por casualidad pudieran conservar. ¿Quién gobierna en realidad, entonces, bajo el nombre de la dirección? Un amplio personal de secretarios, inspectores y empleados irresponsables en la India House, de los cuales, como lo señala Mr. Campbell en su Plan para el gobierno de la India, sólo uno ha estado alguna vez· en la India, y ello en forma accidental. Así, fuera del comercio con el patronato, es pura ficción hablar de la política, los principios y los métodos de Ia Corte de Directores. La verdadera Corte de Directores y el verdadero gobierno nacional, etc., de la India, es la burocracia permanente e irresponsable, "las criaturas del escritorio y las criaturas del favoritismo", que residen en Leadenhall St. Tenemos, entonces, una corporación que gobierna un inmenso Imperio, no constituida como en Venecia por patricios eminentes, sino por viejos empleados obstinados y otros tipos extraños por el estilo. No es raro, entonces, que no exista otro gobierno sobre el cual se haya escrito tanto y hecho tan poco como el gobierno de la India. Cuando la Compañía de la India oriental sólo era una sociedad comercial, solicitaba, por supuesto, los más detallados informes sobre cada problema a los administradores de sus factorías indias, como lo hace todo establecimiento comercial. Cuando las factorías se conviertieron en un Imperio y los renglones comerciales en cargamentos de correspondencia y documentos, los empleados de Leadenhall continuaron con su sistema, que convirtió a los directores de la Junta en sus subordinados; y lograron trasformar al gobierno de la India en una inmensa máquina de escribir. En su declaración ante la Comisión Oficial de Salarios, lord Broughton afirmó que en un solo despacho se enviaban 45.000 páginas de cobranzas. A fin de dar a los lectores una idea sobre la forma lenta en que se tramitan los negocios en la India House, citaré un pasaje de Dickinson. "Cuando llega un despacho de la India, en primer término se remite al Departamento de inspección correspondiente; luego la preaklencia• eonaulta con el funcionario encargado de dicho departamento, conviene con él el tenor de la respuesta y remite un borrador de dicha respuesta· al ministro de la India" lo que técnicamente II denomina C.P., ea decir, comunicación previa. La presidencia, en esta situación preliminar de C.P., depende principalmente de loe empleados. Es tal la dependencia, que hasta en un debate en la Corte de Propietarios_ después de haber- recibido la comunicación previa, ft!llllta lastimoso ver al presidente dirigiéndose a un secretarlo que está a su lado y que le cuchichea, le hace Indicaciones y chancea con él como si fuera un simple títere, y el ministro. en el otro extremo del sistema, se encuentra en las mismas dificultades. En esta etapa de la C.P., si hay diferencia de opinión sobre el borrador, se dileute entre el ministro y la presidencia, y casi lnv• rlablemente se llep a un acuerdo amistoso; por último, el ministro devuelve el borrador, ya sea aceptado o modificado; y luego se lo somete al Comité.é de Directores que dirige el departamento al que correaponde, con todOI loe documentoe que se refieren al caso, para que sea considerado y discutido, aceptado o modificado; luego ae lo somete a ltual plOCelO en la Corte conjunta, y después, por primera vez, se envía al ministro como comunicación oficial, a contlnu• cJón de lo cual pasa por el mismo proceso, pero en dirección opuesta.

· · "Cuando en la India se discute una medida -dice Campbell-, el anuncio de que ha sido trasladada a la Corte de Directores es considerado como un aplazamiento indefinido."

El espíritu cerrado y servil de esta burocracia merece ser estigmatizado con las célebre palabras de Burke: "Esta tribu de políticos vulgares es la más vil de nuestra especie. No hay oficio tan m~uino y mecánico como el gobierno que se encuentra en sus manos. La virtud no es su costumbre. Se sienten filen de sí en cualquier proceder que pueda ser recomendado por la conciencia y la gloria. Una visión grande, liberal y de largo alcance sobre los intereses del estado es para ellos pura novela; y 11 Se refiere al presidente y vicepresidente de la Corte de directores de la Compañía de la India oriental.- b En este c:aso, ae refiere al prelidente de la Junta de Control, que era miembro del gabinete. británico. El cargo de ministro de la India fue creado después de la abolición de la Compañía de la India Oriental, en 1858. lo& principios que la recomiendan, divapcione& de una imaginación perturbada. Los calculadores ridiculizan estos principios a fuerza de cálculos. Los farsantes y bufones les quitan, a fuerza de burlas, todo lo que tengan de grande y elevado. La pequeñez de propósitos y de medios les parece vigor y sobriedad". Las oficinas de Leadenhall St. y de Cannon Row le cuestan al pueblo indio la friolera de t 160.000 anuales. La oligarquía complica a la India en guerras. con el rm de encontrar empleo para sus hijos menores; la dinerocracia la entrega al mejor postor, y la burocracia subalterna paraliza su administración y perpet(aa sus abusos como condición vital de su propia perpetuación. El proyecto de ley de sir Charles Wood no modlíaca en nada el sistema existente. Amplía el poder del ministerio sin aumentar su responsabilidad. Escrito el 5 de julio de 1853. Publicado en el New-York Daily Tribune, núm. 3.824, del 20 de julio de 1853.