Manchester, 15 de abril de 1870.

Querido Mohr:

Adjunto devuelvo Borkheim. El bueno de Wilhelm no ha pensado que sus jactancias sobre ti te serían comunicadas ipsissimis verbis. Seguirá siendo un animal toda su vida.

Los pliegos te serán devueltos el domingo por la noche. Mañana trataré de ver a Gumpert, pero como él mismo sufre de los nervios desde hace algún tiempo debido a un «exceso de trabajo» (¿de qué clase?), es posible que esté fuera durante los días festivos. Mientras tanto, te sugeriría que probaras a dar, varios días seguidos, una buena caminata —de 3 a 4 horas de un tirón— y, si el tiempo lo permite, no menos de 1 a 2 horas al día, y que hicieras un paseo largo así al menos una o dos veces por semana. Ahora ya no puedo trabajar bien si no he caminado una hora o más; el efecto es estupendo y seguro que volverá a poner en marcha tu hígado en alguna medida.

Por lo demás, comparto por completo la opinión de Kugelmann. El tal Fränkel es un judío de pura cepa. Aprendió en París «la formule» y suministra buena mercancía. Es delicioso que considere los frais généraux, entre ellos el desgaste de la maquinaria, el engrase, el carbón (si no se considera como materia prima), la renta del suelo, etc., como parte de la plusvalía.

Las bogs son simplemente turberas o pantanos que se presentan en dos tipos principales de localidades: 1) en la llanura, en hondonadas (lechos de antiguos lagos) o depresiones cuyo desagüe se ha obstruido; 2) en alturas con cima plana o suavemente ondulada, a consecuencia de la deforestación, donde el musgo, la hierba, el brezo, etc., se enmarañan y el agua escurre más lentamente de lo que, en promedio, llueve. De los pantanos de la llanura, algunos pueden estar incluso atravesados por un gran río que, sin embargo, no los deseca (así en varios puntos del Shannon, el Donaumoos en Baviera, etc.). Asimismo son muy comunes las turberas que constituyen los reservorios de manantiales de los ríos (el Bog of Allen, del que en sus dimensiones originarias, hoy muy reducidas, salían el Boyne, el Barrow y diversos afluentes de éstos y del Shannon). Chat Moss, entre Liverpool y Manchester, que conoces, es, como también confirma Wakefield, un genuino bog irlandés modélico. Se encuentra por lo menos a 30-40 pies por encima del Mersey y del Irwell, que fluyen en semicírculo a su alrededor, de modo que el drenaje sería muy fácil, y a pesar de ello apenas se ha hecho un tercio, ¡y están en ello desde 1800! Esto se debe a los propietarios del suelo; una cosa así, naturalmente, sólo puede ser desecada de forma sistemática y coercitiva. En Holanda también los hay; las turberas son iguales en toda Europa. Los irlandeses llaman a los de la llanura red bog y a los de montaña black bog. La filtración del agua hacia abajo puede incluso en las pendientes —incluso muy empinadas, de 30-40 grados— dar lugar a puntos cenagosos similares que con el tiempo producen turba. En las pendientes pronunciadas, naturalmente, sólo es delgada; en las más suaves puede volverse cada vez más espesa. Máximum espesor, por supuesto, en las cimas planas.

Las townlands son las divisiones administrativas inferiores en Irlanda, en las que se ha tomado como base, por doquier, las antiguas divisiones de clan irlandesas, y en el Norte y el Oeste se han conservado en su mayor parte sin cambios. Los condados representan los principados locales (Donegal, el reino de the O’Donnell, que a su vez tenía bajo sí a otros, por ejemplo, los Mac Swine y su gente; Tyrone, el de the O’Neill; Fermanagh, el de the Maguire, etc.). Las baronías representan los clanes individuales, y dentro de éstas, las ballybetaghs (así escribe Davies) o, traducido al inglés, townlands, los términos comunales de aldea poseídos en común por los habitantes. Éstas, por ejemplo, en el Ulster se han conservado enteramente dentro de los antiguos linderos, en otras partes más o menos. La parroquia (parish), la poor law union y otras subdivisiones especiales inglesas se intercalaron luego entre la baronía y la townland.

Tus conclusiones a partir de los informes parlamentarios coinciden también con mis resultados. Sólo que no hay que olvidar que el proceso de clearing de los freeholders de 40 chelines confluye finalmente con el de clearing of laborers desde 1846, inicialmente todavía de manera entremezclada, y ello porque hasta 1829, para crear freeholders, había que celebrar contratos de arrendamiento (leases) por 21 o 31 años y una vida (donde no más largos), ya que un hombre sólo se convertía en freeholder si no podía ser echado a la calle en vida. Los arrendamientos casi nunca excluían el subarriendo. Estos arrendamientos estaban en parte aún vigentes en 1846, o, respectivamente, sus consecuencias, es decir, los campesinos, todavía en la hacienda. Lo mismo en las tierras que se hallaban entonces en manos de intermediarios (middlemen) (que en su mayoría tenían arrendamientos por 64 años y tres vidas, o incluso por 99 años), las cuales no revirtieron a menudo hasta entre 1846 y 1860. De modo que estos procesos transcurren ± entremezclados, o, respectivamente, el landlord irlandés no se vio, o rara vez se vio, en el caso de llegar a tener claro que especialmente los labourers, más que otros pequeños tenants tradicionales, debían ser expulsados.

En el asunto, todo viene a parar en lo mismo en Inglaterra que en Irlanda: la tierra tiene que ser cultivada por obreros que residan en otras poor law unions, de modo que el terrateniente y sus arrendatarios queden exentos del impuesto de pobres. Así lo expresa también Senior, o más bien su hermano Edward, Poor Law Commissioner en Irlanda: The great instrument which is clearing Ireland, is the Poor Law.

La tierra vendida desde el Encumbered Estates Court asciende, según mis notas, incluso a 1/5 del total; los compradores, en efecto, en gran parte usureros, especuladores, etc., principalmente católicos irlandeses. En parte, también ganaderos enriquecidos. A pesar de ello, en Irlanda hay todavía hoy sólo unos 8.000 o 9.000 terratenientes.

¿Qué te parece el ridículo que está haciendo toda la burguesía europea, que había jurado por el imperio liberal y había otorgado recientemente laureles a Luis Bonaparte por su sincera transición al constitucionalismo? Y ahora sale a la luz que se toma la cosa con la suficiente sinceridad como para reservarse expresamente, para el momento que le convenga, el derecho del golpe de Estado, vulgo plebiscito. Que no se le reproche por segunda vez haber derribado la constitución. Todo un comentario al «gouvernement direct par le peuple» que ahora introducen los suizos y que los franceses, sencillamente, no quieren. ¿Cómo se llama plebiscito en suizo, veto o referéndum? Esa pregunta habría que hacérsela a Wilhelm. A propósito de Wilhelm, ¿has visto el famoso anuncio en el n.º 27 del Volksstaat: «¿Quién ha tomado prestada de mí la “Estadística” de Kolb? W. Liebknecht.» No contento con extraviarlo todo, encima tiene que anunciarlo públicamente.

«Zukunft» — muy bonito. ¡Los muy asnos!

Cordiales saludos,

Tuyo,
F. E.