13 de junio de 1871.

Mis queridas hijas:

Tras una enfermedad de seis semanas, estoy de nuevo bien, en la medida en que ello es posible en las actuales circunstancias. Además, el diablo anda suelto en la casa, que está blanqueando, aceitando, pintando (?), empapelando, todo patas arriba. En estos últimos días, el ruido y el continuo tener que mudarme de un rincón a otro acabaron con mi sistema nervioso, y he vivido más en casa del general que en la nuestra.

Deseo tener noticias más detalladas sobre la salud de Jenny. Temo haber leído entre líneas que no está todo lo bien que debiera. Ahora, hablando en general, tras consultar con médicos de aprobada (?) notoria sagacidad, y en posesión de plena información, creo que todas vosotras deberíais dejar la vertiente francesa de los Pirineos por la española. El clima es mucho mejor, el cambio que todas necesitáis mucho más señalado. En cuanto a Toole, en particular, su salud se deteriorará e incluso puede correr gran peligro, si sigue vacilando en seguir el consejo de los médicos que conocen todo sobre su constitución y que, además, han consultado a sus antiguos médicos en Burdeos, etc. Por tanto, confío en que no os importe tomaros alguna molestia, y que os trasladéis a un lugar más saludable, y me enviéis pronto vuestra nueva dirección, adonde os enviaría mi nuevo «discurso».

Aquí en Londres, la vida es ahora bastante aburrida. Los primos del campo abarrotan las calles. Se las reconoce de inmediato por sus aires desconcertados, su asombro por todo lo que ven y su febril ansiedad ante la maraña de caballos, coches de alquiler, ómnibus, personas, bebés y perros.

Mamá y Madame Lormier —según oigo— están librando duras batallas políticas. No sé si ya han llegado a las manos, o si se limitan a palabras duras, que no rompen huesos.

He recibido de San Petersburgo libros muy valiosos y cartas muy amistosas en las que se me hacen toda clase de insinuaciones. Lawroff (no Anoroff) es un buen muchacho, no carente de capacidad, pero se ha estropeado el cerebro y perdido el tiempo leyendo durante los últimos veinte años principalmente la literatura alemana (filosófica, etc.) de ese período, la literatura más piojosa que existe. Siendo alemán, parece haberse figurado que tenía que ser necesariamente «científica».

La señora Vivanti ha salido con fuerza, al parecer. No la he visto, pero observo que ahora se habla de ella con términos elogiosos, quizás un poco demasiado (?) exagerados, pero en la familia Cutts corre, como sabéis, una vena de extravagancia.

La cuñada de Jung fue enterrada anteayer. ¡Pobre muchacha! Murió en un hospital.

El pequeño «maestro» es excelente en todo lo esencial. Así que podéis soportar sus pequeñas debilidades, su locuacidad, su autocomplacencia y la repetición de los «felices discursos» que pronunció aquí y allá.

Los «Knoten» alemanes —patriotas, por supuesto— han celebrado en los Jardines de Bolleter el «glorioso» desenlace de la guerra borussiano-francesa con una «Friedensfest» en la que, more teutonico, no han dejado de «sich blutig zu keilen».

Kern, que primero había encontrado un puesto de maestro de escuela, ha conseguido ahora, por mediación del general, un buen puesto de ingeniero en el norte de Inglaterra.

El Dr. Matheson envía sus mejores cumplidos a Jenny y a Tussy.

Y ahora, adiós, mis queridas hijas. Old Nick.