4 de febrero de 1871.

Querido Paul:

Il faut créer des nouveaux défenseurs à la France. Tú y Laura parecéis seria y exitosamente empeñados en esa empresa patriótica. Toda la familia se alegró de saber que nuestra querida Laura ha pasado victoriosamente por la coyuntura crítica y esperamos que el progreso no sea menos favorable. Dale un abrazo de mi parte al pequeño Schnappy y dile que el Viejo Nick se siente muy regocijado con los dos fotogramas de su sucesor. En la copia «seria» resaltan las cualidades severas del hombrecito, mientras que en su actitud de francotirador hay una expresión encantadora de humor y travesura.

Ya conoces mi pobre opinión sobre los héroes de la clase media. Aun así, Jules Favre y Cía. se las han arreglado para superar mis peores previsiones. Cuando Trochu hubo ejecutado su misterioso «plan», es decir, cuando ese «sable ortodoxo», ese «cretino militar» hubo llevado la resistencia pasiva de París hasta el punto en que sólo quedaba la alternativa de la inanición o la capitulación, Jules Favre y Cía. podrían haber seguido el precedente del gobernador de Toul. Cuando su capacidad de resistencia se derrumbó por completo, no capituló. Simplemente informó a los prusianos de la verdadera situación, declaró que no podía continuar la defensa, al estar privado de provisiones, y que podían hacer lo que quisieran. No les hizo concesión alguna. Simplemente reconoció un hecho consumado. Favre y Cía., por el contrario, no sólo firmaron una capitulación formal. Tienen la desfachatez de actuar en nombre de toda Francia, aunque en completo desconocimiento de la situación fuera de París, respecto de la cual estaban estrictamente limitados a las informaciones desinteresadas que Bismarck se dignó concederles. Además, habiendo capitulado, convertidos en los señores prisioneros del rey de Prusia, van más allá y declaran que la delegación bordelesa ha perdido su poder y sólo debe actuar en unión con «los señores prisioneros del rey de Prusia». ¡Pues incluso Luis Bonaparte, tras su capitulación y rendición en Sedán, declaró a Bismarck que no podía entablar negociación alguna con él, porque había dejado de ser un agente libre, y porque, por el mero hecho de ser un prisionero prusiano, había dejado de tener autoridad alguna sobre Francia! ¡Así, hasta L. Bonaparte fue menos desvergonzado que Favre y Cía! La única condición que Favre podía haber aceptado condicionalmente, es decir, bajo la reserva de que su acto fuera aprobado por la delegación bordelesa, era el armisticio. Sin embargo, para fijar las condiciones de ese armisticio debía haberlo dejado en manos de los hombres que no eran prisioneros del rey de Prusia. Ellos ciertamente no habrían permitido que los prusianos excluyeran de ese armisticio el teatro de guerra oriental, ni les habrían permitido mejorar, so pretexto del armisticio, todo el contorno de su ocupación militar, redondeándolo de la manera más provechosa para ellos mismos.

Envalentonado por el cobarde servilismo de la delegación parisiense que se permite participar en el gobierno de Francia, después de haberse convertido en los señores capituladores y prisioneros del rey de Prusia, Bismarck se considera y actúa ya como la autoridad suprema de facto en Francia. Protesta contra el decreto de Gambetta relativo a las elecciones generales por interferir con su «libertad». Dicta las condiciones en que debe ser elegida la asamblea general. ¡Pero si Gambetta podría responder protestando contra las condiciones en que en este mismo momento se llevan a cabo las elecciones generales para el Reichstag en Alemania! Podría insistir en que para que esas elecciones sean libres, Bismarck debería ante todo abolir o al menos suspender el estado de sitio mantenido en gran parte de Prusia. Para darte un ejemplo de la libertad electoral en Alemania. En Frankfurt (del Meno) se propone un candidato obrero (no residente en Frankfurt) y abre su campaña electoral en esa ciudad. ¿A qué recurren las autoridades prusianas? ¡A la expulsión de ese candidato de Frankfurt por la policía!

Espero que los prusianos insistan en su modesta exigencia de 400 millones de libras esterlinas como contribución de guerra a Francia. Esto tal vez despierte incluso a la clase media francesa, cuyas maniobras, junto con las intrigas de la administración local (que Gambetta ha permitido en gran parte que quede en manos de bonapartistas, orleanistas, etc.), son la verdadera clave de los hasta ahora reveses de la presente guerra. ¡Hasta la clase media puede finalmente darse cuenta de que perderá más cediendo que luchando!

Al mismo tiempo, si Francia resiste todavía durante algún tiempo, las relaciones exteriores se volverán mucho más favorables a su causa. En Inglaterra el ministerio Gladstone está seriamente amenazado. Puede que pronto sea echado. La opinión pública aquí vuelve a ser belicosa en sumo grado. Este cambio ha sido provocado por las exigencias de Prusia, principalmente por su petición de Pondicherry y los 20 navíos de guerra franceses de primera clase. John Bull ve en esto una amenaza contra Inglaterra y una intriga rusa (y estas exigencias han sido, en efecto, sugeridas a Prusia por el gabinete de San Petersburgo). En la propia Rusia parece inminente un gran cambio. Desde la asunción del título imperial por el rey de Prusia, el partido antialemán, el llamado partido moscovita, dirigido por el príncipe heredero, ha vuelto a tomar la delantera. Es muy probable que el actual emperador tenga que aceptar sus dictados y el consiguiente cambio de su política exterior, o que comparta la suerte de sus predecesores y sea liberado por algún medio de su «cuerpo mortal». Si tal convulsión se produce en Rusia, Prusia, cuyas fronteras por los lados ruso y austriaco están totalmente desguarnecidas de tropas, completamente expuestas e indefensas, se verá incapaz de mantener sus actuales fuerzas en Francia. Inmediatamente bajará el tono y se volverá bastante tratable. Por tanto, si Francia resiste, si aprovecha el armisticio para reparar sus fuerzas, si comprende al fin que para llevar a cabo una guerra revolucionaria se necesitan medidas revolucionarias y energía revolucionaria, todavía puede salvarse. Bismarck sabe perfectamente que está en un aprieto. Espera salir de él mediante «bravuconadas». Confía en la cooperación de todos los elementos reaccionarios de Francia.

Tuyo,

Old Nick.

P.D. El patrón que ahora emplea a Dupont ha recibido una carta de una casa de Burdeos que necesita un agente en Manchester. A espaldas de su patrón —un nuevo rico de lo más infame y brutal— Dupont quisiera averiguar si él podría obtener esa agencia. Por tanto, te ruega que obtengas información sobre este punto. La dirección de la casa en cuestión es: Labadie et Co. (Vinos y licores) Rue des Terres de Bordes, Burdeos. ¿Qué hace Prudhomme? ¿Ha mejorado su salud?