La guerra en Hungría

Hungría. 11 de febrero de 1849 (Segunda edición)  
* Por fin han vuelto a llegar informes oficiales austríacos desde Transilvania.
Confirman el rápido avance de Bem hasta las inmediaciones de Hermannstadt,
a la que amenazó seriamente, y relatan una batalla librada el 21 de enero entre
Hermannstadt y Mediasch (Medgyes), en la que supuestamente los magiares
habrían sido derrotados. Se dice que fueron perseguidos hasta Stolzenburg y que
una parte de ellos había tomado ya el camino hacia Thorda (Thorenburg, en dirección
a Klausenburg). 5 cañones y 4 carros de municiones habrían caído en manos
de los austríacos al mando de Puchner. La resistencia de los magiares se describe
como muy tenaz. Si esta «victoria» es realmente tan «brillante», esperaremos
a ulteriores informes. Los austríacos cifran sus propias pérdidas en 60–70
muertos y 98 heridos.

La fiabilidad de los informes austríacos en general queda ilustrada por los
documentos de Transilvania publicados con este motivo en la Wiener Zeitung.
En una alocución a la milicia ciudadana de Hermannstadt, del 19 de enero,
se califica al ejército de Bem como «las tropas húngaras, rechazadas por el victorioso
ejército en Hungría, que se han visto forzadas a huir a Transilvania». También
Puchner fanfarronea en su orden del día con victorias inmensas en Hungría,
que, por cierto, para nosotros han quedado hace tiempo reducidas a su justo
valor por las noticias posteriores.

Se dice que los rumanos han llevado a Hermannstadt 25.000 hombres de la Landsturm.
En cambio, poco se puede contar con los székelys y con los húngaros de Transilvania;
la orden del día de Puchner y los periódicos transilvanos coinciden en
que entre ellos el espíritu negro‑amarillo k. k. no encuentra terreno alguno,
y en que, dondequiera que se presenta Bem, se suman al movimiento.

En la propia Hungría, los levantamientos campesinos en la retaguardia de los
imperiales empiezan a cobrar un carácter serio. Gran, junto al Danubio, más arriba
de Pesth, ocupada y sometida por los imperiales el 15 de enero, fue de nuevo
abandonada por éstos el 26. Se retiraron a Ofen porque Windischgrätz las necesitaba
urgentemente tras la batalla de Szolnok. Enseguida fueron arrancadas las
banderas y las águilas k. k., se fijaron los carteles de insurrección de Madarasz
y se gritó ¡Viva Kossuth! Los campesinos de la orilla izquierda del Danubio,
que aún no habían entregado sus armas, entraron en la ciudad, dispararon
sobre el juez de distrito supremo Koller, arrastraron al jurista Biro´ a Komorn,
destituyeron la jurisdicción del comitat y nombraron presidente al notario mayor
Palkovicz. Los imperiales enviaron la orden de tender el puente de barcas;
Simunich quería cruzar aquí el Danubio para marchar de inmediato a Pesth por
orden de Wrbna. Pero cuando, al mismo tiempo, llegó una carta del Comité de
Defensa Nacional en Debreczin que ordenaba la organización del Landsturm, el
corte, o mejor dicho, la destrucción de los suministros al enemigo, etc., se resolvió
no tender el puente y acatar las órdenes de Debreczin. El comitat se trasladó a
Batorkesz, donde queda protegido desde Komorn. Por lo demás, se dice que desde
Ofen se han enviado tropas a Gran. Estas noticias proceden de la oficial Wiener
Zeitung.

Por lo demás, ya se produce cierta confirmación negativa de los partes de
victoria magiares en el hecho de que los austríacos carecen en absoluto de nuevas
noticias del Tisza. En cambio, la correspondencia magiar de la Breslauer Zeitung
vuelve a relatar una serie de hechos interesantes y del todo verosímiles. Se dice
que el coronel k. k. Montecuccoli ha sido capturado por los magiares en Gyöngyös.
Kövesd (5 millas de esta parte de Miskolcz) y Keresztur (al norte de Tokaj)
estaban en poder de los magiares. Las tropas imperiales que salían de Temesvár
habrían sido casi aniquiladas por los húngaros que acudían apresuradamente desde
Szegedin. Luego añade: «Causa muy mala sangre en Ofen que el amable poeta y
sacerdote católico Czuczor haya sido conducido, por un himno de guerra entusiasmante
compuesto por él, a 6 años de arresto de fortaleza aherrojado con pesadas
cadenas. En general se observa que, desde las últimas derrotas de las armas austríacas,
el régimen militar se ejerce aquí con mucha mayor severidad. Las detenciones
por las expresiones más modestas están a la orden del día. Todos los forasteros
que llegan de Debreczin y, en general, de los alrededores son conducidos
inmediatamente a la policía, interrogados con rigor y puestos en libertad con la
prohibición de contar nada. La curiosidad, sin embargo, traspasa todas las barreras
y se está aquí bastante bien informado. Se cree que el

ejército húngaro del Tisza reanudará su ataque contra los imperiales en Szolnok
en estos días. – Desde Debreczin se sabe que el general húngaro Moritz Perczel
ha sido nombrado comandante de Transilvania. Bem mandará el ejército del
Banato en Hungría. La fuerza regular húngara se cifra en 160.000 hombres, y
si se tiene en cuenta que esta fuerza está mandada ahora por dos generales de
fama mundial, Dembinski y Bem, que, además de Transilvania, fortaleza natural,
y del extenso territorio del Tisza, también las fortalezas más importantes y más
numerosas están en poder de los húngaros, resulta más que ridículo que en Viena
se dicten órdenes de busca y captura contra Kossuth. Hay que contar con un
público demasiado ciego para engañarlo con semejantes artimañas.»

Entretanto, en las nacioncitas liberadas de la llamada opresión magiar estallan
a diario nuevas disensiones, en parte entre ellas y en parte con el gobierno austríaco.
El Constitutionelle Blatt de Bohemia dice: «Se esperaba en Olmütz una
diputación de rumanos para presentar quejas respecto a los atropellos de los serbios
del Banato. – En Istria, donde la lengua y las costumbres son predominantemente
italianas, la gente se resiste enérgicamente al propósito de incorporar
esta provincia a Croacia, y al respecto se han cursado y publicado reclamaciones.»

En la Voivodina, el gobierno de Karlowitz se ha pronunciado en favor de
Stratimirovich y ha anulado la orden de detención dictada contra él por el
patriarca Rajachich. El patriarca no quiere saber nada de un voivoda; antes de
que se constituya la Voivodina, deben unirse a ella los distritos de Kikinda y
Becse, de Bacs y Baranya. Hacia eso se debe trabajar, y en contra de ello hay
que combatir las maquinaciones y las maniobras de los ambiciosos, «para que el
ejército imperial no trate a los serbios del mismo modo que a los rebeldes magiares».
La Südslawische Zeitung comienza ya a quejarse seriamente, pero a estos
fantaseadores se les abren los ojos, naturalmente, sólo cuando ya es demasiado
tarde y la dominación militar se ha instalado entre ellos. Por lo demás, resulta
evidente para cualquiera que todas estas disensiones sólo pueden ser sumamente
ventajosas para la causa magiar.

De cómo hacen la guerra estos serbios, baste aquí una muestra, confirmada por
dos periódicos sudeslavos, el Vestnik y el Napredak del 27 de enero. Weißkirchen,
en el Banato, quería rendirse y envió para ello una diputación al general Todorovich.
Todorovich había oído ya antes que los de Weißkirchen habían asesinado
a todos los serbios de su ciudad y preguntó a la diputación: ¿Quién de entre vosotros,
los delegados, es serbio? Los alemanes se encogieron de hombros. Idos,
respondió Todorovich, no entraré en negociación alguna con vosotros. El ejército
serbio asaltó a continuación Weißkirchen y la tomó. Sólo se hallaron dos serbios
en la ciudad, y a ambos les habían vaciado los ojos. Todorovich hizo entonces,
según relatan los viajeros, escoger a 50 cabecillas y ahorcarlos a los 50. A los
demás los hizo poner en fila y fusiló a un hombre de cada cinco. De este modo,
se dice, fueron fusilados 400. ¡Éstos son los héroes caballerescos con quienes
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