El proceso contra Lassalle

Dresde, 1 de marzo. Tras la clausura de la sesión conjunta, la XI Cámara permaneció aún reunida. El vicepresidente Tzschirner obtiene la palabra para anunciar una interpelación relativa a los excesos de Altenburg. Ya el 23 de febrero, el cabo sajón Rolke, junto con el soldado raso Bischof, con el fin de hacer una visita, se presentó en casa de un maestro cordelero. En la puerta de un cuarto donde trabajaban oficiales de sastre, encontraron escrita con tiza la palabra «República». Acto seguido, el cabo escupió sobre la puerta, borró la palabra y, al hacerlo, manifestó que volvería y que ya se vería lo demás. Los oficiales de sastre que habían escrito la palabra, naturalmente indignados por ello, la volvieron a escribir. A continuación, el 26 de febrero, aquellos dos soldados regresaron para proceder del mismo modo que antes, cuando uno de los oficiales de sastre salió para protestar contra ello. Entonces, los soldados irrumpieron entre los oficiales de sastre con los sables desenvainados y arremetieron contra ellos. Los oficiales de sastre, que se hallaban en el mayor peligro de muerte, tuvieron que echar mano de toda clase de armas para defenderse, y uno de ellos alcanzó gravemente a uno de los soldados con la plancha. Pero al mismo tiempo acudieron varios soldados más, y comenzó entonces una verdadera carnicería. Dos personas yacen gravemente postradas a causa de las heridas. Entretanto, el resto de la tropa apareció en la plaza, tomó las armas y se permitió graves insultos contra la muchedumbre que afluía; incluso hubo soldados que salieron de las filas y cometieron actos de violencia contra los nuevos concejales y otras personas que ya antes se hallaban reunidos delante del ayuntamiento. Un soldado gritó: ¡Pegad fuego de una vez a todo el barracón! A las personas que quisieron presentar quejas a los oficiales los soldados las derribaron. Hubiérase creído ver a tropas de Wallenstein representar una escena. Los concejales de Altenburg se dirigieron entonces a los representantes del pueblo sajón, rogándoles con la mayor insistencia que se les librase de aquella plaga. En Altenburg se ha manifestado la intención de cerrar las casas a los soldados sajones. Allí es de temerlo todo, acaso se avecina una víspera siciliana. Pero muchos indicios apuntan a que aquel tumulto fue preparado. Ya antes del incidente referido, los soldados estaban excitados; se habían concentrado tropas de los contornos; más aún, se pretende saber que incluso en Leipzig se habían tomado disposiciones para poder enviar tropas rápidamente a Altenburg. Los soldados en Altenburg se hallaban ebrios, y por la noche incluso las patrullas insultaron a personas aisladas. Aquí se impone un remedio. Se dice que ya no se obedece aquí al poder central; se es independiente y no se debe callar por más tiempo. El ministro de Estado de Asuntos Exteriores ya ha declarado que se quiere retirar una parte de las tropas; pregunta, por tanto, si esas tropas, y en general todas las tropas sajonas, podrían ser retiradas ya la próxima semana de las cercanías de Altenburg. El interpelante lee acto seguido la proclama de Altenburg. Múltiples manifestaciones de indignación interrumpen este discurso. No se hallaba presente ningún ministro; por consiguiente, la interpelación ha sido entregada por escrito al ministerio en pleno. Finalmente, se presentan aún los documentos de la Dieta sobre el reglamento interno y sobre el decreto relativo a la publicación de los derechos fundamentales.
(D. A. Z.)

* Hannover, 2 de marzo. En la sesión de hoy de la segunda cámara, Buddenberg informa sobre el resultado de la conferencia acerca de los derechos fundamentales. Los estamentos no pueden compartir las reservas del gobierno. Proponen, en cambio:
1. para disipar todas las dudas que pudieran existir, dar a conocer los derechos fundamentales, así como todas las leyes del Imperio, mediante la colección legislativa, y cuidar de su publicación local en la medida en que esto no se hubiere hecho todavía;
2. presentar sin demora a los estamentos las leyes que, para la ulterior ejecución de los derechos fundamentales, han sido dejadas a los Estados particulares.
La primera cámara se ha manifestado de acuerdo con este acuerdo, que la segunda cámara ni ha podido ni ha querido modificar, sólo en la medida en que también ella considera indispensable la inmediata publicación de los derechos fundamentales. Los estamentos proponen, en consecuencia:
«que el real gobierno dé a conocer de inmediato los derechos fundamentales mediante la colección legislativa y presente cuanto antes a los estamentos las leyes necesarias para su ejecución, dejadas a los Estados particulares.»
Stüve abandona la sala.
El presidente somete a votación la anterior propuesta de la conferencia. Esta es aprobada con todos los votos a favor y uno en contra (Windhorst).
¡De modo que los «derechos fundamentales» tienen vigencia legal para Hannover!
¡Pobre Stüve!

34 Darmstadt, 2 de marzo. Dentro de unos días también aquí podremos celebrar un réquiem, un réquiem de la libertad popular, pues el día de la insurrección popular y el día en que se arrebató al pueblo los frutos de su insurrección coinciden entre nosotros el 6 de marzo. Las cárceles repletas de «criminales políticos» pronto serán lo único que nos recuerde aquella «época gloriosa»: en efecto, desde marzo no han vuelto a quedar libres, y a menudo se pone en libertad a uno de su prisión sólo para hacer sitio a un criminal posterior. Heinrich von Gagern se llamaba el hombre que escamoteó la revolución de Hesse-Darmstadt; y que un Heinrich von Gagern pudiera hacerlo indica al mismo tiempo el significado entero de esta revolución. ¡Ojalá no volvamos a hacer una revolución de Hesse-Darmstadt!

Así de mala como ha sido la cosecha de marzo de 1848, los príncipes tiemblan ante el retorno de la siega y hacen vigilar con ojos de Argos cualquier movimiento del pueblo. Cuando la semana pasada se reunieron aquí unos cuantos cientos de honrados filisteos para deliberar sobre una sumisa petición al Gran Duque en demanda de la disolución de ambas cámaras y de la convocatoria de una asamblea legislativa, ¡toda la tropa fue acuartelada en los cuarteles para repeler un eventual asalto al palacio! Si el miedo no estupidizara, apenas sería explicable cómo se le pueden atribuir semejantes cosas a un filisteo de Darmstadt.
En la vecina pequeña ciudad de Bensheim, durante el carnaval, se mofaron un tanto del concejo municipal; se tuvo la osadía de hacerlo representar por hombre de paja y celebrar una sesión pública en la plaza, aunque él mismo se resiste a la publicidad con pies y manos; al punto fue enviada allá infantería y caballería para «restablecer la tranquilidad y el orden», y siete inocentes ciudadanos fueron transportados aquí bajo fuerte escolta militar. Es más, no contentos con esto, se investigó de inmediato en busca de una conspiración y se rastrearon los hilos de una sociedad secreta en el Odenwald. ¡Una sociedad secreta para ridiculizar a un concejo municipal insignificante!
Con ocasión de marzo se ha llamado a filas a todas las tropas; quieren ponerse a salvo contra una posible nueva explosión. La cámara, naturalmente, había dado su conformidad al aumento del ejército hasta el dos por ciento de la población; pero había vinculado a esta concesión el deseo de que el ministerio diese pasos ante la impotencia central para apartar del pueblo esta nueva carga. ¡Un deseo de lo más inocente! La primera cámara, sin embargo, lo ha suprimido; la segunda cámara ha tenido el heroísmo de mantener su primer acuerdo. Hay aún varios conflictos con la primera cámara en perspectiva; sin embargo, queda todavía algún tiempo para ello. La primera cámara, en verdad, ha llegado ya al punto de ultimar los preparativos para la deliberación de la nueva ley electoral, según la cual, como esperaban almas bondadosas, ya en marzo deberían reunirse las nuevas cámaras. La comisión de la primera cámara, naturalmente, ha considerado oportuno que también para las elecciones a la segunda cámara se fije un censo de al menos 6 florines de contribución; tampoco está del todo de acuerdo con la capacidad electoral para la primera cámara. El acuerdo de la segunda cámara había establecido para la elegibilidad pasiva ningún censo, y para la activa un censo de 20 florines de contribuciones directas. Además se había dispuesto que cada 1.000 electores eligiesen un diputado y que, en caso de no encontrarse suficientes contribuyentes con 20 florines, se completase el número de electores con los más gravados. En cambio, la comisión de la primera cámara exige para la elegibilidad pasiva una cuota tributaria de 200 florines, o un sueldo o renta de 1.500 florines, o un capital de 30.000 florines. Para la elegibilidad activa quiere contentarse con un censo de 15 florines; en cambio, el número de electores no deberá completarse con los más gravados, pues de lo contrario podría ocurrir que incluso personas que pagan sólo 1 florín y 3 kreuzer de contribución participasen en la votación.
Hasta que «por vía constitucional» se ultime la ley electoral, hasta que todo esté acordado, bien puede echarse encima el año 1850, e incluso el ministerio de «espíritu más liberal» podría ser enviado de vuelta a casa por los rusos. Nuestros muy respetables representantes estamentales no dejan mientras tanto que se les haga largo el tiempo; se comen con la mayor calma sus dietas de tres táleros, que han considerado demasiado altas para sus sucesores, y se alegran de que en las sesiones que celebran de cuando en cuando falte por lo común todo orden del día. Un escaño de diputado de Hesse-Darmstadt es, en esta época agitada, un magnífico puesto de descanso.