El Discurso del Trono

* Turín, 21 de febrero. El traidor Carlos Alberto ha cometido la tercera traición a la causa italiana. Intervendrá en Toscana y en Roma.
El general toscano Laugier, nombrado por el gran duque comandante en jefe de todas las tropas, se halla cerca de Lucca con dos regimientos reaccionarios. Hacia allí se precipitan todos los reaccionarios.
El gran duque ha sido recogido por un vapor sardo en Porto Santo-Stefano y también se dirigirá hacia allí. A tres millas de allí se encuentra, cerca de Sarzano, el campamento del ejército sardo de intervención.
En Turín el aspecto es el siguiente: El 19, Gioberti propuso al consejo de ministros la intervención en Toscana. Tras largos debates, en los que solo Ratazzi, ministro del Interior, se puso del lado de Gioberti, los ministros cedieron bajo la condición de que el Piamonte reconociese al mismo tiempo la República Romana. Gioberti se negó formalmente a ello.
El 20 (ayer), él y Ratazzi presentaron su dimisión. Pero por la noche, la nobleza y la burguesía movilizaron al lumpemproletariado, organizaron una manifestación a favor de Gioberti y exigieron que él permaneciese al timón y disolviese la Cámara «republicano-comunista».
Hoy, el ministerio en pleno ha presentado su dimisión. Gioberti ha sido encargado de formar un nuevo gabinete. La intervención es, pues, un hecho consumado.
¿Qué dirá a esto el pueblo de Turín y de Génova?
República Francesa. 12 París, 26 de febrero. ¡Ciertamente! Los italianos tienen razón cuando dicen que los ultramontanos ya no están hoy en Italia, sino en Francia, en París, en plena Cámara, en pleno ministerio. La protesta de Pío IX es manifiestamente una copia de la doctrina expuesta en la Cámara, en los periódicos reaccionarios, etc., sobre la vinculación del poder temporal con el espiritual. Pío IX ha consultado evidentemente al Sr. Falloux y al Sr. Thiers o, al menos, los artículos de fondo del Constitutionnel, a no ser que el Sr. Thiers y el Sr. Falloux hayan tenido antes un conciliábulo con el Papa. La tiara, según estos señores, debía ser inseparable del cetro, el poder espiritual del dominio temporal sobre los Estados de la Iglesia, porque la tiara, porque el poder espiritual, no pertenece solo a los romanos, sino a 300 millones de católicos. Así pues, el soberano señor del Estado de la Iglesia es el Papa; pero solo es soberano señor en tanto el pueblo soberano le transfiere esa soberanía. El pueblo soberano asume de nuevo la soberanía; una asamblea constituyente declara al Papa desposeído de la soberanía temporal, sin querer menoscabar en lo más mínimo la soberanía espiritual. Ahora, sin embargo, todo el partido reaccionario se alza y dice: La soberanía espiritual es inseparable de la temporal; el poder espiritual, para poder ejercitarse libremente, ha de tener domicilio en algún sitio; la Santa Sede ha de tener una sede, ha de vincularse a una posesión, ha de tener su lugar fijo en un Estado. El Papa no puede ser Papa sin poseer tierras; el Papa no debe reeditar el ridículo espectáculo del regente del Imperio. Ahora bien, si las potencias extranjeras, los 300 millones de católicos, están tan sumamente interesados en que la Santa Sede tenga una sede en un Estado propio, ¿por qué no le ceden un pedazo, algún rinconcito de sus propios Estados? ¿Cómo pueden exigir que los romanos, por amor a los 300 millones de católicos, cedan de nuevo la soberanía reconquistada?
El Papa, como príncipe temporal, invoca el apoyo de los otros príncipes, mientras Thiers, presentando al Papa como príncipe eclesiástico, invoca en auxilio la fe de los 300 millones de católicos. El Papa dice: He poseído el Estado de la Iglesia durante siglos; tengo un derecho temporal sobre él. Si bien este derecho no es otro que un derecho feudal, es tan sagrado como el derecho de los otros príncipes. El Sr. Thiers, que no tiene en mucho los derechos feudales, va más allá que el Papa: en lugar de la justicia, invoca la religión, no la religión de los romanos, sino la religión de los franceses. No se trata de si los romanos tenían razón o no; se trata simplemente de tender un lazo espiritual entre lo justo y lo injusto; de hacer que la dominación feudal del Papa sea sancionada religiosamente por los otros pueblos, después de haberla restablecido previamente mediante la fuerza de las armas. Para el príncipe de la Cristiandad, reclama una cruzada armada contra los romanos. Como vemos, los romanos tienen razón: los ultramontanos residen en Francia, en París; encuentran su expresión en Falloux y en Thiers —no hace falta nombrar a Montalembert—, y el Papa no es más que el mero eco de estos hombres.
París, 26 de febrero. Beltrami, el nuevo enviado de Roma, ha llegado a París. Canuti, hasta ahora plenipotenciario del Papa, ha cesado, por tanto, en su actividad oficial.
— El Moniteur no contiene nada interesante. Su informe de ayer sobre la celebración de la revolución en la iglesia de la Magdalena es falso. Sostenía, entre otras cosas, que todo el cuerpo diplomático había asistido a ella. Pero solo asistieron a la celebración el enviado americano y algunos escribientes de la legación belga.
¡Mentiras, incluso en el Moniteur!
El National pregunta al Sr. Drouin de Lhuys si acaso también él se habrá olvidado de invitar al cuerpo diplomático, como sucedió recientemente con los escribientes y vicepresidentes de la Asamblea Nacional para el último baile de la corte en el Elíseo Borbón.
— El Courrier français, que hasta ahora tenía siempre un pie en la república roja, hace hoy, por boca de su nuevo y oscuro redactor jefe, E. de Reims, la ingenua declaración de que se pasa, con armas y bagajes, al campo del Sr. Faucher y que, de ahora en adelante, ya no tendrá la más mínima conexión con el socialismo. Jura fidelidad a la bandera del Elegido del 10 de diciembre.
— En La Liberté, los imperialistas de pura sangre lanzan hoy su manifiesto electoral. En él se dice:
«Fatigada de marchar sin cesar hacia lo desconocido, Francia se cree al término de sus exploraciones políticas y rechaza con horror la idea de una nueva revolución. Tras la gran reforma social de finales del siglo pasado y principios del presente, Francia ha ensayado y desechado dos sistemas de gobierno: El derecho por la gracia de Dios, a pesar de sus recuerdos; la monarquía constitucional, a pesar de sus resultados materiales. Sólo el Imperio no sucumbió ante el pueblo, sino ante el extranjero.» (Sigue ahora una repetición casi literal del programa de Luis Napoleón del 10 de diciembre, con la conclusión: ¡Viva Luis Napoleón Bonaparte!)
Firman este singular documento los generales Bachelu, Hulot d'Osery, Remond, Sourd, Lamarre, Petit, etc., etc.
— En Lyon, la celebración de la revolución del 24 de febrero tuvo lugar en la iglesia de St. Jean. Bugeaud asistió con todo su estado mayor. Lyon permaneció tranquilo.
— Con vistas a la eventual aniquilación de los republicanos rojos, se planea en el ministerio de la Guerra la creación de dos nuevos regimientos de ingenieros, que deberán ocuparse exclusivamente del combate en las calles o de la guerra de barricadas. Medio regimiento estaría acuartelado en París, medio en Vincennes, un cuarto en Ruán, un cuarto en Limoges, un cuarto en Lyon y un cuarto en St. Étienne. ¡Como si al socialismo no le asistieran armas muy distintas a los adoquines!
— El Journal des Débats publica consideraciones interminables sobre la apertura de las Cámaras prusianas. «¿Será el Parlamento prusiano de 1849, dividido en dos Cámaras, más tranquilo que la Asamblea Nacional de 1848?», pregunta con callada inquietud. «Pese a que las opiniones han mejorado algo en los últimos días, no estamos en absoluto seguros de ello. Hay demasiadas cuestiones pendientes, demasiadas grandes pasiones que quieren batallar entre sí, y las fuerzas en pugna de los partidos son demasiado iguales como para poder suponer que uno u otro abandonarán la palestra sin dar un golpe de espada.» El autor se lanza ahora a una larga descripción de los partidos, en la que dice de la corte de Potsdam: «Malheureusement on a toujours le tort à Potsdam de se mettre en route trop tard pour arriver à propos.» Tras temer, además, que la nobleza pomerana pueda hacer causa común con la extrema izquierda, porque a una parte la Constitución de diciembre le parece demasiado liberal y a la otra demasiado otorgada, imparte, después de una descripción bastante picante de los partidos, en la que, en particular, los demócratas O'Ester y Cía. salen bastante bien parados, el siguiente consejo paternal: «Ante estos peligros, cuyas consecuencias son incalculables, todos aquellos que no aman ni las aventuras ni los excesos, tienen una sola política que seguir: ¡La política de la unión!» Bajo Guizot, el Journal des Débats habría empleado exactamente el mismo lenguaje.
— (Informe del Banco del Pueblo del 24 de febrero)
1.549 acciones desglosadas      7.748 francos   — —
3.127 cupones de acciones        1.563 francos   50 cénts.
2.363 suscripciones de acciones    11.815 francos   — —
                                                 Suma 21.123 francos   50 cénts.
Las adhesiones ascendieron a                                    4.095 francos
Accionistas no adherentes                                      340 francos

Observamos con sorpresa que el número de adherentes entre la pequeña burguesía comerciante aumenta de manera más significativa que entre los obreros. Esta circunstancia se debe manifiestamente al temor de los obreros a no suscribir hasta que puedan pagar algo. Por eso declaramos que la dirección del Banco del Pueblo da mucho más peso a la mera adhesión de los obreros que a sus pagos.
París, a 25 de febrero de 1849.
Proudhon y Cía.
— Asamblea Nacional. Sesión del 26 de febrero. Comienzo a la 1 1/4. Presidente Marrast. Los escaños están aún muy vacíos, porque muchos diputados se hallan todavía en las salas de las oficinas, donde hoy se elegía a los quince miembros que debían examinar la moción del teniente coronel Charras:
«En el futuro, se indicarán en el Moniteur y en el Boletín de Leyes los merecimientos por los cuales se concedió la Orden de la Legión de Honor.»
La comisión para examinar este ataque, dirigido directamente contra Bonaparte, ha resultado, como es fácil imaginar, en el sentido de la oposición.
De Georges, tras la lectura del acta, entrega un montón de peticiones del departamento de Pas-de-Calais, que exigen la devolución del impuesto de los 45 céntimos. (Sensación).
La Asamblea reanuda su orden del día, el debate sobre la ley electoral, en el que el viernes había avanzado hasta la tercera frase del artículo 78, que trataba de los funcionarios que no pueden ser a la vez representantes del pueblo y funcionarios.
Vineau pregunta si aquellos dimisionarios que abandonan su puesto para aceptar el mandato popular pueden volver a su cargo.
Charlemagne, miembro de la comisión de la ley electoral, responde afirmativamente. Éste habría sido, al menos, el pensamiento rector de la comisión.

Cavaignac presenta la enmienda al Art. 78:
«Una ley especial determinará la situación de aquellos militares del ejército de tierra y de mar que hayan sido elegidos representantes del pueblo. Hasta entonces permanecerán sometidos a la ley de disponibilidad del 19 de mayo de 1834.»
El ex dictador desarrolla este añadido de manera muy detallada, sin abusar demasiado tiempo de la atención de la Asamblea.
Victor Lefranc lo combate en nombre de la comisión de la ley electoral. Estas subdivisiones descenderían demasiado al detalle. Por eso las rechaza.
Baraguay d’Hilliers quiere añadir todavía al anterior añadido:
«No obstante, los oficiales elegidos representantes del pueblo serán considerados como en misión fuera de cuadro (hors cadre), los suboficiales y soldados rasos como en licencia temporal.»
Billault no está ni a favor ni en contra de esta ampliación. La comisión –dice– está dividida.
Cavaignac explica reiteradamente su enmienda y se suma a la proposición de Baraguay.
La proposición es aprobada.
Coquerel presenta su informe sobre la ley de asistencia.
Oudinot presenta, respecto al Art. 80, la proposición:
«Podrán ser elegidos representantes del pueblo, sin tener que dimitir de sus cargos, los oficiales que hayan sido elegidos para consejos de guerra y como miembros del consejo del almirantazgo.»
Tras breve debate, Oudinot retira la proposición.
Philibert presenta la proposición:
«En el caso de que tales misiones de consejo de guerra u otras misiones militares duren más de seis meses, el representante del pueblo correspondiente será considerado como dimisionario.»
Rechazada tras dos votaciones de prueba.
Art. 81:
«La incompatibilidad se extiende no sólo a la duración de la legislatura, sino a los seis meses que sigan a su término o a la dimisión personal.»
Lacave solicita la supresión de la última frase.
Es aprobada. La frase queda, pues, suprimida. Se concluye con las incompatibilidades.
Art. 82:
Disposiciones generales. «Cada departamento elegirá el número de representantes que, según la tabla adjunta, le corresponda. Dicha tabla será renovada cada cinco años.»
Aprobado.
Art. 83:
«En caso de doble elección, fallecimientos, dimisiones, etc., el distrito electoral correspondiente procederá a una nueva elección en el plazo de cuarenta días.»
Aquí el ministro de Marina, De Tracy, interrumpe el debate con la presentación de algunos proyectos de ley locales.
Aftouin aprovecha esta pausa para ver despachadas sus proposiciones sobre el proletariado presentadas hace seis meses. (¡A la orden del día! ¡A la orden del día!)
Los artículos 84, 85 y 86 (referentes a las colonias) son aprobados todavía.
La sesión se cierra a las seis.

Gran Bretaña. * Dublín, 24 de febrero. Según el «Clonmel Chronicle», no es del todo improbable que Duffy sea presentado ante los jurados de Tipperary, que comienzan sus sesiones el 10 de marzo. Los testigos utilizados durante las últimas sesiones extraordinarias de las assises en Clonmel costaron 1.575 libras esterlinas (10.500 táleros), que al principio debían correr a cargo del condado, pero ahora, según sentencia del tribunal de Dublín, han de ser pagadas por el gobierno.

Portugal. * Lisboa, 19 de febrero. El ministerio vuelve a disfrutar de la vida. La alegría proviene de que ha logrado, al fin, cerrar con el Banco de Portugal el contrato sobre el nuevo empréstito tan ardientemente deseado. El banco adelantará, pues, una suma de 621 contos, reducida a metálico, en seis desembolsos al 5 por ciento, y recibirá en devolución 675 contos más 37 1/2 contos de intereses, de modo que en este negocito obtiene una ganancia de unos 93 contos, es decir, gana alrededor del 12 por ciento. Se prescinde de toda clase de desperdicios y ganancias accesorias. Así se ponen las finanzas de un país en estado floreciente. — Según cartas de Gibraltar del 16 del corriente, la diferencia entre Inglaterra y Marruecos ha sido resuelta amistosamente, habiendo pagado este último la suma de indemnización de 10.000 dólares reconocida al inglés Redman.

Redakteur en chef: Karl Marx.

Protesta.
El estado de sitio decretado sobre Erfurt el 24 de noviembre, las amenazas proferidas contra mí por un tal capitán von Witzleben y la furia destructiva ejercida por su tropa sobre mi propiedad, fueron para mí motivo suficiente para apartarme del camino de mis adversarios políticos mientras el derecho y las leyes estuvieran dominados por la fuerza de las bayonetas.
Pero de mi ausencia de Erfurt se ha buscado un pretexto —favorable a ciertos fines—, pues justamente ahora llego a saber que el Inquisitoriat real prusiano en Erfurt ha decretado la incoación de una investigación criminal contra mí por un artículo contenido en el núm. 161 de la revista «Der Telegraph» que yo edito, artículo en el que se ha creído encontrar una tendencia sediciosa, y que, para dar con mi persona, me persigue mediante requisitoria y me hace buscar.
El delito del que se me acusa consiste supuestamente en que yo habría incitado a los habitantes de la provincia de Sajonia a la rebelión contra las autoridades, y se encuentra, muy en particular, en las palabras:
«la resistencia pasiva ha de tener como base la resistencia activa —se asemeja casi al forcejeo del ternero contra su matarife» *)
la prueba de dicha acusación.
Lo erróneo de este supuesto y la contradicción en la requisitoria no precisan ser demostrados, ya que en dicha expresión sólo se sostiene que a la resolución de la negativa a pagar impuestos —sobre cuya licitud no me correspondía a mí decidir— debe añadirse el acto de la negativa misma, si no se quiere que aquélla sea una campana sin badajo, mientras que la negativa a pagar impuestos en sí no constituye delito ni es castigada, sino que simplemente acarrea el embargo judicial.
El artículo no contiene en modo alguno una incitación a la rebelión y, por tanto, no existe delito por el cual se me pueda perseguir mediante requisitoria o reclamar mi inmediata detención y extradición a las autoridades extranjeras, sino que, por su naturaleza, ha de ser incluido entre los delitos de prensa, como se desprende de la propia requisitoria; —pero se me busca sólo para quizá cargarme de cadenas y grilletes, pues personas que con valor y perseverancia se han atrevido a oponerse a las tendencias enemigas de la libertad de cierto partido tienen el menor derecho a la indulgencia, precisamente en Erfurt, donde, mediante la imposición del estado de sitio, se han dejado sin vigor todas las garantías de la constitución.
Ante jueces imparciales, que no sean mis adversarios y perseguidores personales, ante un jurado, responderé de buen grado de mis manifestaciones, pero protesto contra el procedimiento incoado contra mí por el Inquisitoriat prusiano de Erfurt y hago responsables a los funcionarios que se han prestado a una persecución tan injustificada contra mí.
Leipzig, 14 de febrero de 1849.
Franz Loes, librero y editor del «Telegraph» de Erfurt

Observaciones meteorológicas. _ Noticias comerciales. _ Precios de frutos y de aceite. _ Anuncio de navegación.
Colonia, 27 de febrero de 1849.
En carga.
A Ruhrort hasta Emmerich, W. Pesch; a Düsseldorf hasta Mülheim an der Ruhr, A. Meyer; a Andernach y Neuwied, Pet. Gies y H. Schumacher; a Coblenza, al Mosela, al Saar y Luxemburgo, Jak. Tillmann; al Mosela, al Saar y Tréveris, Joh. Castor; a Maguncia, J. Hirschmann; al Bajo Main, Fr. Schulz; al Medio y Alto Main, Seb. Seelig; a Heilbronn, H. Müssig; a Cannstatt y Stuttgart, H. Klee; a Worms y Mannheim, S. Dunk.
Además: a Rotterdam, Capt. Willemsen, Colonia, núm. 6
Además: a Ámsterdam, Capt. Scholten, Colonia, núm. 8.
Altura del Rin: 13′ 1″. Colonia. Escala hidrométrica.

Estado civil de la ciudad de Colonia.
18 y 19 de febrero de 1849.
Nacimientos.
Clara, hija de Casp. Stammel, jornalero, Spinnmühleng. — Anna Maria, hija de Ludw. Wilms, azucarero, Thieboldsg. — Joh. Christ., hijo de Christ. Horn, carpintero, Severinstr. — Heinr., hijo de Ma. h. Pütz, armero, Kattenbug. — Christ., hijo de Karl Dierkes, sastre, Perlengäßchen. — Maria Anna Joseph., hija de Casp. Jos. Schumacher, sin oficio, Cäcilienstr. — Cathar., hija de Heinr. Stang, tonelero, Röhrerg. — Maria Gertr., hija de Peter Stupp, carpintero, Gel_ . — Gerh., hijo de Math. Seidenberg, albañil, Gereonsw. — Joh. Herm., hijo de Herm. Schulze, azucarero, unter Kranenb. — Phil., hijo de Christ. Jos. Breuer, zapatero, Weisenhausg.
Franz Jos., hijo de Casp. Mirbach, albañil, Maximinenstr. — Peter Jos, hijo de Win. Jos., Lauven, carnicero, Maximinenstr. — Margar., hija de Math. Schaefer, carretero, Rinkenpf. — Maria Agnes, hija de Hub. Cabolet, armero, St. Apernstr. — Cathar., hija de Franz Reuter. oficial techador, Schlemm_ erg. — Apol., hija de Rud. Engels, jornalero, Tieboldsg. — Agnes, hija de Heinr. Breuer, cantero, kl. Spitzeng. — Joh., hijo de Joh. Jos. Bürgel, cerero, Engg. — Jacob Hub., hijo de Ludw. Schötter, hilandero de tabaco, Hahnenw. — Wilh. Ludw., hijo de Ernst Süper, cochero, Blaub. — Wilh. y Cathar., gemelos de Joh. Jacob Cosmann, vidriero y pintor, Kranenbäumenhof. — Un varón ilegítimo y dos niñas.
Defunciones.
Anton Hub. Con. Deus, de 4 meses, Mühlenbach.
Cathar. Mortmüller, de 2 años 4 meses, Mariengarteng. — Peter Jos. Hohn, de 13 meses, Elsterg. — Heinr. Wirtz, de 2 años 7 meses, Weiherstr. — Gerh. von Effelt, de 2 años 4 meses, Ehrenstr. — Heinr. Masson, de 11 meses, Krebsg. — Jos. Fetten, sin oficio, antes maestro carpintero, de 82 años, viudo, Cäciliensp. — Clara Weber, de 2 años, Tempelstr. — Jos. Schloßmacher, de 8 años, Lintg.