La persistencia de la crisis ministerial

Suplemento extraordinario
Núm. 39, 9 de julio de 1848.
Neue Rheinische Zeitung.
* Colonia, 8 de julio. El ministerio Hansemann aplaza con gran tenacidad
su disolución por algunos días. El ministro de Finanzas, en particular,
parece demasiado patriota como para querer abandonar en manos inexpertas la administración del
erario público. Parlamentariamente hablando,
el ministerio estaba disuelto, y sin embargo, de hecho, sigue existiendo. En
Sanssouci parece haberse decidido una vez más el intento de prolongarle la vida. La propia Asamblea de Acuerdo, a
cada momento en el salto de asestar al ministerio la herida mortal, en el
momento siguiente vuelve a contraerse, se espanta
ante sus propios antojos y la mayoría parece barruntar que,
si el ministerio Hansemann no es aún el ministerio según su corazón,
un ministerio según su corazón es a la vez el ministerio de la crisis y de la decisión. De ahí sus vacilaciones, sus
inconsecuencias, sus arrebatadas embestidas, su repentino viraje
hacia el arrepentimiento. Y el ministerio de la acción acepta una vida así, prestada, puesta
en cuestión a cada momento, humillada, que se nutre de las limosnas de la
debilidad, con imperturbable flema casi
cínica.
¡Duchâtel! ¡Duchâtel! La ruina inevitable de tu ministerio, penosamente
demorada por unos días, será tan deshonrosa
como su existencia. Una contribución adicional para el enjuiciamiento de esta existencia
le aportará al lector la correspondencia berlinesa de nuestro número de mañana. Con una sola frase podemos describir la sesión de Acuerdo del
7 de julio. La Asamblea se burla del ministerio Hansemann,
se da el placer de infligirle medias derrotas, éste
inclina la cabeza medio sonriendo, medio enfurruñado, pero al despedirse
la alta Asamblea le grita a sus espaldas: «¡Nada por mal!», y el
triunvirato estoico Hansemann-Kühlwetter-Milde murmura en respuesta: ¡Pas si bête! ¡Pas si bête!