* Praga. Se confirma cada día más que nuestra concepción del levantamiento de Praga (núm. 18 de este periódico) es la correcta, y que las insinuaciones de los periódicos alemanes contra el partido checo, de que servía a la reacción, a la aristocracia, a los rusos, etc., eran puras mentiras.

Sólo se veía al conde Leo Thun y a sus aristócratas; no se veía a la masa del pueblo bohemio, a los numerosos obreros industriales, a los campesinos. En el hecho de que la aristocracia intentase confiscar por un momento el movimiento checo en provecho propio y de la camarilla de Innsbruck, ¿no residía acaso, precisamente, la prueba de que el proletariado revolucionario de Praga, que ya en 1844 dominó por completo Praga durante tres días, representaba el interés de la nobleza y de la reacción en general!

Pero todas estas calumnias se desvanecieron ante el primer golpe decisivo del partido checo. El levantamiento fue tan decididamente democrático que los condes de Thun, en vez de ponerse a su cabeza, se retiraron inmediatamente y fueron retenidos como rehenes austríacos por el pueblo. Fue tan decididamente democrático que todos los checos del partido aristocrático huyeron ante él. Estaba dirigido tanto contra los señores feudales checos como contra la soldadesca austríaca.

Los austríacos atacaron al pueblo, no porque fuese checo, sino porque era revolucionario. Para el soldado, el asalto a Praga no era más que un preludio de la reducción a cenizas y la toma por asalto de Viena.

Así escribe la Berl. Z. H. desde Viena el 20 de junio: Hoy regresó la diputación que el comité ciudadano de aquí había enviado a Praga, única y exclusivamente con el encargo de velar por que se vigilen los informes del telégrafo y no tengamos, como en los últimos días, que esperar a menudo 24 horas por una noticia de allí. La diputación rindió informe de su misión al comité. Refiere cosas terribles sobre el dominio militar en Praga. Sólo tiene una palabra para todos los horrores de una ciudad conquistada, bombardeada, sitiada: que no hay palabras para describir semejantes atrocidades. Con peligro de sus vidas llegaron en coche desde la última estación antes de Praga a la ciudad, con peligro de sus vidas, a través de los soldados, al castillo de Praga. – Por todas partes les gritaban los soldados: “¿También vosotros estáis aquí, perros vieneses? ¡Ahora os tenemos!” Muchos querían golpear a los diputados; incluso los oficiales se comportaron con una brutalidad desmedida. Finalmente llegaron al castillo. El conde Wallmoden recibió su carta credencial del comité, miró la firma y dijo: “¿Pillersdorf? Ése no vale aquí para nosotros.” Windisch-Grätz trató a la canalla ciudadana con más arrogancia que nunca, y dijo: “En todas partes ha triunfado la revolución; aquí nosotros somos los triunfadores y no reconocemos ninguna autoridad civil. Mientras estuve en Viena, allí reinó la calma. Apenas me fui, lo derribaron todo por asalto.” A la diputación le fueron quitadas las armas y ella misma fue mantenida prisionera en una habitación del castillo. Sólo dos días después recibieron permiso para salir; las armas no les fueron devueltas. Así informaron nuestros diputados, así los trató el Tilly de Praga, así se comportaron los soldados, ¡y aquí se sigue fingiendo creer que se trata de una mera lucha contra los checos! ¿Acaso hablaban bohemio los diputados? ¿No llevaban el uniforme de la Guardia Nacional vienesa? ¿No tenían en las manos los plenos poderes del ministerio y del comité ciudadano habilitado por éste como autoridad legislativa? – Pero la revolución ha avanzado ya demasiado. – Windisch-Grätz se tiene por el hombre capaz de ponerle un dique. A los bohemios se los fusila como a perros, y cuando llegue el momento de la temeridad, se marchará contra Viena. ¿Por qué fue liberado Leo Thun por Windisch-Grätz, el mismo Leo Thun que se había puesto a la cabeza del gobierno provisional de Praga, que predicaba la separación de Bohemia; por qué, preguntamos, fue liberado éste de manos de los checos, si toda su actuación no fue un juego premeditado con la aristocracia para provocar el estallido? Anteayer partió un tren de Praga. En él se encontraban estudiantes alemanes fugitivos, guardias nacionales vieneses, familias huídas de Praga, que, pese a la calma restablecida, ya no se sentían allí demasiado en casa. En la primera estación después de Praga, el piquete militar allí apostado exige a los viajeros, sin distinción, que entreguen sus armas, y ante su negativa, los soldados disparan contra los vagones, en medio de hombres, mujeres y niños inermes. Seis cadáveres fueron sacados de los vagones, y los viajeros se limpiaban de la cara la sangre de los asesinados. Esto lo hizo el ejército contra alemanes, ese ejército que aquí se pretende que sea considerado como el ángel salvador de la libertad alemana.