Préstamo estatal prusiano

Trieste, 23 de mayo. 6 de la tarde. Recibimos en copia la siguiente carta del contraalmirante de la flota sarda, napolitana unida y veneciana, Albini, al comandante de la fragata de vapor inglesa Terrible:
Muy señor mío:
Rada de Trieste, 23 de mayo.
Teniendo el honor de acusar recibo de su muy apreciada comunicación del 23 de mayo de 1848, me complazco al mismo tiempo en poner en su conocimiento que la escuadra de S. M. el Rey de Cerdeña bajo mi mando se encuentra en estas aguas con el único propósito de proteger nuestro comercio frente a una fuerza naval austriaca, a la que, por ser hostil a mi gobierno, mi deber me exige combatir.
Tengo el honor, etc., etc.
El contraalmirante, comandante de la escuadra
Albini.
Añadimos aquí que Albini ha prometido aún verbalmente no tomar ninguna medida hostil contra la ciudad sin anuncio previo.
7 de la tarde. La agitación de las horas de la mañana ha dado paso a una actividad tranquila y reflexiva, a fin de prepararse lo mejor posible para eventualidades que, según la declaración arriba citada del almirante enemigo, al menos no podrán sorprendernos sin previo aviso. Los militares y la guardia nacional despliegan el mayor celo; aquellos en la fortificación de los muelles, la ocupación de las calles y plazas que conducen al puerto; esta en el mantenimiento de la tranquilidad y el orden interior, que durante el día no ha sido perturbado en lo más mínimo. El lugarteniente mariscal de campo Gyulay recorre en este momento la ciudad y es acompañado por doquier con sonoros «Evviva».
El barco de vapor inglés «Antelope», que ayer debía partir hacia Constantinopla con Sir Stratford Canning, se encuentra todavía en nuestro puerto. (Diario del Lloyd Austriaco.)
Bélgica. Bruselas, 30 de mayo. Ustedes recuerdan aún el tiempo en que Bélgica pasaba por ser por excelencia el país del jacobinismo —en Prusia particularmente y en Rusia. En ninguna parte se había constituido el liberalismo «chato» de modo más puro que en la constitución belga. ¡Incluso la primera cámara era una cámara electiva! Ningún principio de articulación natural, todo artificial —incluido el rey Leopoldo. Así rezongaba la «escuela histórica» y el «Semanario Político de Berlín». Cómo ha cambiado todo esto —desde hace algunas semanas, se entiende. Se envían príncipes a estudiar la constitución belga. De la noche a la mañana, se ha vuelto venerable e históricamente respetable, no menos respetable que si estuviera tan carcomida por la polilla como la carta constitucional acordada en Runnymede por Juan sin Tierra con los barones ingleses. Antes se abrían los poemas de Virgilio para profetizar el futuro. Y hoy se abre la constitución belga, no para profetizar el futuro, sino para volverlo superfluo. La constitución belga inmuniza contra la revolución. Y, como gustaba expresarse el Semanario Político: Nous ne voulons pas la contrerévolution, mais nous voulons le contraire de la révolution. Con este lema y una traducción más o menos escolar de la constitución belga, hoy en día se demuestra la vocación de Licurgo en tierras donde se confunde el dativo con el acusativo. Maravillosas virtudes curativas dormitan en la constitución belga. ¡Mirad a Bélgica! Las olas impías de la revolución de febrero de París se han estrellado contra este peñasco de mármol. Han arrojado al león de Flandes, al Sr. Spilthoorn, a la cárcel y a los republicanos belgas a la arena, donde se marchitan sin esperanza. ¡Maravillosa constitución belga! El tifus del hambre y el pauperismo flamenco han encontrado en ella un asilo tolerante. Pero contra la revolución de febrero fue intolerante. Y el tifus y el pauperismo solo afectan a miserables tejedores y campesinos. En cambio, la revolución de febrero, esa habría podido alcanzar a donquijotes como Merode, a ministros como Rogier, a doctrinarios como Lebeau, a demagogos como Verhaegen e incluso a todo un hombre como el prefecto de policía Hody, que es todo en uno: ex republicano, falansteriano y leopoldista renegado. ¿Se puede exigir más de una constitución que el que conserve los poderes que la han llamado a la vida: electores, diputados, ministros, prefectos de policía? Entre tanto, ha costado 70 millones de francos en pocas semanas proteger a la robusta e inmaculada constitución belga de la terrible enfermedad francesa. Pero, ¿qué son 70 millones de francos para un país gigantesco de aproximadamente tres millones de habitantes? Algunos porcentajes más de tifus, algunos porcentajes más de pauperismo, algunos porcentajes más de bancarrota —más inmortalidad. Y a esto se añade la afirmación del antiguo ropavejero, actual barón y ministro de la guerra Chazal, de que el ejército es el anillo más glorioso de la cadena de las instituciones belgas. ¿No es Bélgica lo bastante rica para pagar su gloria? Y la prueba definitiva de que la monarquía belga es la mejor de las repúblicas pueden ustedes extraerla del hecho de que todos los partidos oficiales hasta ahora hostilmente enfrentados, aristócratas y liberales, de Theux y Rogier, se han unido pacíficamente para garantizar al pueblo su constitución y a sí mismos su mutuo bienestar. ¡Qué espectáculo tan conmovedor!
Italia. Verona, 24 de mayo. En los lugares situados en la carretera hacia Vicenza se escuchó durante la pasada noche un intenso cañoneo. El mismo duró desde la 1 hasta cerca de las 7 de la mañana. Ya ayer corría el rumor de que el paso por el Borgo (arrabal) de Santa Lucia había sido forzado por las tropas austriacas. Al mismo tiempo se dice que en varios puntos se declararon incendios. Difícilmente se esperaba una resistencia tan viva. La unión con el ejército del Isonzo se ha efectuado en parte. De aquí ha partido artillería para reforzarlo en el ataque a Vicenza. (A. A. Z.)
Nápoles. Considerando que aquellos que habían sido elegidos miembros de la Cámara de Diputados, el 15 de mayo, como se desprende de documentos auténticos, se unieron para adoptar el carácter de una Assemblea unica rappresentante della Nazione, que crearon un comité de seguridad, bajo cuyo mando incondicional debía quedar la guardia nacional, considerando que eso era ilegal, puesto que dichos miembros aún no habían prestado el juramento exigido por las leyes, etc., el rey de Nápoles (el 17) ha disuelto la Cámara de Diputados. El número de ciudadanos fusilados tras su apresamiento parece ser de 9; los diputados, se dice, en contradicción con otros informes, se hallan presos en los buques reales; una diputación de napolitanos se dice que ha partido a París para reclamar la ayuda de la república francesa.
*La casa de Borbón aún no ha llegado a la meta de su gloriosa trayectoria.
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República Francesa. París, 29 de mayo. Siguen circulando los más contradictorios rumores acerca de la repentina desaparición del hasta ahora director de los talleres nacionales, Émile Thomas, quien fue detenido por el gobierno y conducido a Burdeos bajo la escolta de agentes de policía.
El ministro de obras públicas, Trélat, ha emitido una proclama en la que habla de una «reorganización» de los talleres nacionales que ha de llevarse a cabo. Declara que se ha inscrito a muchas personas que disponían aún de otros recursos; que otras se han inscrito varias veces y percibían salarios múltiples, y que la consecuencia de ello es que el gobierno se ve ahora obligado a hacer confeccionar de nuevo las listas y a admitir solo a obreros realmente sin pan y necesitados de auxilio.
El Moniteur, en cambio, habla de un modo muy distinto. Cuenta primero que la agitación entre los obreros empleados en el parque de Monceaux fue apaciguada por la presencia de Trélat, que el Sr. Lalanne, el nuevo director, ha sido instalado, y luego prosigue en los siguientes términos: «El gobierno abriga las más sinceras e indiscutibles simpatías por los obreros; éstos mismos no pueden dudarlo. Si piensa en disolver los talleres nacionales (es decir, no reorganizarlos), los cuales en verdad no pueden seguir subsistiendo, sabe no obstante qué cuidadosa consideración merecen los sufrimientos de tantos obreros, obreros que desde hace largo tiempo sin ocupación han hallado en los talleres del Estado un salario apenas suficiente. Una comisión especial, nombrada por la Asamblea Nacional, se ocupa en este momento, junto con la comisión del poder ejecutivo, de encontrar nuevos recursos. El gobierno no piensa en tomar ninguna medida con respecto a los talleres nacionales mientras no se ofrezca a los obreros honrados y laboriosos una ocupación segura y buena. Pero si el desorden aumentase por desgracia, si intrigas criminales cundieran entre los obreros y los extraviaran, entonces sería el deber más imperioso de la autoridad hacer uso del poder que se le ha confiado y asegurar, mediante las medidas más enérgicas, la ejecución de las disposiciones que ha creído necesario adoptar.».
Se ve por este artículo cuánto ha cambiado en París desde el 24 de febrero. El estilo de este artículo gubernamental recuerda ya de nuevo muy fuertemente los decretos del «gobierno del rey». Ya no se trata en absoluto a los obreros como ciudadanos equiparados al ministro, sino como a mendigos necesitados de auxilio. Los talleres nacionales no son la primera base, el primer paso, condicionado por la necesidad momentánea, hacia una transformación en la posición del obrero frente al capitalista; son puros establecimientos de beneficencia, y como tales, naturalmente, «no pueden en verdad seguir subsistiendo». Que ante este cambio en la situación de las cosas, y más aún con el intento del ministro Trélat de imponer al Sr. Thomas una comisión supervisora y restrictiva de burgueses, que ante esto el Sr. Thomas, que había asumido el cargo bajo otras condiciones, presentara su dimisión, es fácil de comprender. Para ello no hace falta recurrir a la suposición de que el Sr. Thomas hubiera cometido malversaciones considerables. Los corresponsales de periódicos alemanes en París, incluso los más superficialmente conocedores de las circunstancias y las personas, completamente desorientados desde la revolución, están aún tan acostumbrados al régimen del soborno que detrás de cada conflicto buscan en seguida una malversación. Los vencidos de febrero, los grandes lobos de la Bolsa de París, hacen también todo lo posible para acusar a los republicanos de vieja cepa, y particularmente a la fracción radical de los mismos, de toda suerte de malversaciones ficticias, extorsiones, etc. Esto se conoce en París y no se hace caso de ello.
Por lo demás, el Sr. Thomas, como se desprende de una carta suya a su madre, escrita por él y casualmente correctamente remitida, fue citado la noche del 26 a casa de Trélat, quien le declaró que debía renunciar a su cargo y partir con una misión a Burdeos y Bayona. El ministro no dio más explicaciones; Thomas tuvo que permanecer en el hotel, no pudo ver ya a su madre, y partió a las diez y media de la noche escoltado por dos agentes de policía, los cuales debían testimoniar al gobierno que Thomas había llegado efectivamente a Burdeos. Por lo demás, fue tratado con mucha cortesía. Como motivo probable de este trato, él mismo indica: «He declarado que, en cuanto se tomasen medidas que yo considerara imprudentes desde el punto de vista de la tranquilidad pública, presentaría yo mi dimisión, para no ser responsable de ellas; pero que, por lo menos, apelaría a la Asamblea Nacional.»
El gobierno seguramente tendrá que dar aún más explicaciones sobre este asunto. Prescindiendo de colisiones personales que pudieran haber ocurrido, la destitución de Thomas es un paso completamente consecuente de la mayoría gubernamental. Después de que Louis Blanc fuera expulsado del Luxemburgo, solo quedaba Thomas en un puesto oficial al frente de una masa importante de obreros. Pertenece al lado izquierdo, a los organizadores del trabajo, y naturalmente había que apartarlo. Así desaparece para los obreros una conquista de las jornadas de febrero tras otra.
Los obreros de los talleres nacionales están naturalmente aún muy excitados por este paso del gobierno. Los jefes de los talleres nacionales declararon no poder responder de nada. Los propios obreros firman una petición a la comisión del poder ejecutivo, en la que quieren saber las razones del proceder contra Thomas, declaran su adhesión a él y exigen su restitución en caso de que no haya incurrido en falta alguna. En ella se dice: «El sagrado derecho de elección, que hemos conquistado en las barricadas de febrero, nos hace esperar que tendrán ustedes la bondad de respetar siempre este derecho.»
Por lo demás, París estaba el 28 completamente tranquilo y todas las medidas de precaución que las autoridades habían tomado demostraron ser completamente superfluas.
— A la cabeza de los talleres nacionales se sitúa, por decreto del ministro de obras públicas, una comisión directiva que tomará todas las medidas necesarias para reducir los costes que gravan al Estado, ¡sin contravenir empero el sagrado principio de la garantía del trabajo! No queremos decidir si el Sr. Trélat creía realmente que eso era posible o si arroja la frase de la garantía del trabajo a los obreros simplemente para tranquilizarlos. La comisión se compone exclusivamente de especialistas y tiene por presidente al Sr. Boulage, secretario general del ministerio de obras públicas; por secretario al Sr. Lalanne, suplente del destituido Thomas.
— El club revolucionario, presidido por Barbès, y que desde el 15 no ha celebrado sesiones, ha sido reabierto anteayer. Por aclamación fueron nombrados de nuevo presidente y vicepresidente los prisioneros Barbès y Raizan. Estaban presentes entre tres y cuatrocientos miembros.
— Caussidière se presenta de nuevo como candidato a la Asamblea Nacional en París. Promete la publicación de una memoria sobre su administración.