Contribución adicional a la vieja hacienda prusiana

Karl Marx (1849-02-23)

* Colonia, 21 de febrero. Debemos complementar nuestro artículo en el núm. 224 del periódico sobre Bodelschwingh y consortes y la administración financiera prusiana. Al final del mismo señalamos que en el Tesoro del Estado se habían registrado 27 127 táleros menos de los que, según las cuentas de la Caja General del Estado, habían sido entregados a aquél. Posteriormente hemos encontrado en las cuentas presentadas por el gobierno una observación que nos resuelve el enigma sobre el paradero de este dinero.

En efecto, los llamados ahorros de administración del año 1844, por un importe de 2 000 002 táleros, no fueron ingresados en metálico en la caja del Tesoro del Estado, sino que por esa suma se compraron títulos de deuda del Estado prusianos. Según la cotización de entonces, con ello se habría producido una pérdida en la compra de 27 127 táleros. ¡Los ministros prusianos son, o eran, unos financieros brillantes! Este caso lo pone de nuevo en evidencia. Pues ya no tenemos que preguntar a los señores exministros dónde han quedado los 27 127 táleros, sino que podemos decirles que, a causa de su astucia, en este solo negocio se han perdido no ya 27 000, sino más de 400 000 táleros. Esta reprobación afecta en primer lugar al señor Flottwell, pues él era entonces ministro de Finanzas. Puede que sea un hombre honrado. Pero al país le puede resultar completamente indiferente que sus ministros le perjudiquen por incapacidad o por mala voluntad. Una investigación al respecto podría tener a lo sumo interés para la familia del mismo.

En su memorando sobre el Tesoro del Estado del 6 de abril de 1847, el entonces ministro del Tesoro, von Thile, declara sin ambages que, en lo tocante al Tesoro del Estado, estaban firmemente establecidos los dos principios siguientes:
1) que las existencias deben hallarse siempre en dinero contante, acuñado;
2) que del Tesoro del Estado no pueden efectuarse pagos de clase alguna, salvo con fines de armamento bélico.

Por lo que concierne al primer principio, es correcto que, si es que ha de existir un Tesoro del Estado, éste solo tiene un sentido racional si está depositado en dinero contante o en metales preciosos. Un gobierno que no puede apoyarse en la fuerza del pueblo puede ciertamente necesitar un respaldo para los llamados tiempos difíciles. Si su crédito sufre incluso en la Bolsa, tiene que poseer todavía medios en reserva para salir de este apuro, pero esto solo puede hacerse con dinero contante o metales preciosos. El oro y la plata abren los corazones de los burgueses en todo tiempo. Pero un papel impreso, un mal papel, es el camino más seguro para perder también la "consideración" de la Bolsa. Cuando el crédito del Estado ha decaído hasta el punto de que la ayuda del Tesoro del Estado se hace necesaria, no hay en la Bolsa nada más humillante que tener que ofrecer a la venta títulos de deuda del Estado y buscar comprador. Quien haya observado alguna vez una Bolsa de cierta importancia sabrá qué desprecio aflora en los gestos y ademanes del especulador de dinero tan pronto como, en tales épocas, se le ofrecen papeles del Estado. Por lo demás, el especulador bien puede ser consejero secreto de comercio y estar muy "bienintencionado".

La compra de títulos de deuda del Estado fue, pues, la operación más torpe que pudo emprender el gobierno prusiano.

El señor von Thile declara en el mencionado memorando que se ha visto obligado a aceptar los 1 972 875 táleros en títulos de deuda del Estado en lugar de los 2 000 002 táleros en metálico. No damos valor alguno a esta excusa del "obligado". Pero si las cuentas son correctas, la compra de los papeles del Estado ya fue efectuada por la Caja General del Estado. De lo contrario, el importe íntegro del dinero contante habría tenido que ser entregado al Tesoro del Estado. El señor Flottwell parece, pues, ser el más próximo a esta afortunada operación financiera.

Cómo la economía pequeñoburguesa, gustosa de ahorrarse algunos puntos porcentuales de intereses y que no estaba a la altura de las grandes empresas financieras de un Estado, acaba por fin, en medio de oprobio y vergüenza, con una pérdida doble, lo mostrarán las cifras siguientes.

A la pérdida frente al valor nominal en el momento de la compra
  de . . . . . . . . . . . . . . . 27 127 tlr.
se suma la pérdida, con mucho mayor, en el momento de la venta.
Desde marzo hasta comienzos de julio de 1848, las cotizaciones
de los títulos de deuda del Estado han oscilado entre 66%, dinero
(4 de abril), y 83 1/2%, papel (21 de marzo). Puesto que las cotizaciones
caen en seguida cuando se saca a la venta una gran suma de papeles,

ha de suponerse que el gobierno
no se desprendió de sus títulos de deuda del Estado a más del 70%.
Por tanto, en la venta se han perdido frente al valor nominal
probablemente al menos el 30% de 1 972 875
tlr., es decir . . . . . . . . . . . . . . .  591 840 tlr.
suman  618 967 tlr.
perdidos, de lo cual se descuentan los intereses ganados
durante 3 años al 69 048 tlr. con  207 144 tlr.,
de modo que quedan  411 823 tlr.
como pérdida neta probable. Casi 1/4 de la suma total se ha
perdido, y, encima, el crédito del Estado ha quedado aún más debilitado por la cotización deprimida de los títulos de deuda del Estado.

Sólo aducimos esta pequeña muestra de la sabiduría de los ministros prusianos de Finanzas y del Tesoro a lo Flottwell-Thile porque la complementación de nuestro artículo arriba mencionado lo hace necesario. De otro modo, no nos ocuparíamos de lo pequeño cuando lo grande nos ofrece material tan abundante.