La guerra – Discordia del gobierno con los eslavos del Sur

Hungría, 11 de febrero de 1849

Hungría.

Nr. 219, 11 de febrero de 1849

Neue Rheinische Zeitung.

* La *Kölnische Zeitung*, que, como es sabido, se sitúa del lado de Windischgrätz contra los magiares, califica hoy de «fanfarronadas indeciblemente ridículas» los informes de la reaccionaria *Breslauer Zeitung*, enemiga de los magiares, acerca de las victorias de estos. Hemos transmitido esos informes y, ciertamente, antes de analizarlos más a fondo, esperaremos nuevas noticias. Lo cierto es que los imperiales han encontrado obstáculos inesperados en el Tisza; de lo contrario, hace tiempo que habrían cruzado. Según los «fidedignos» informes austriacos, ¡Schlick ha marchado ya una docena de veces sobre Debreczin, mientras que hoy ni siquiera ha pasado el Tisza!

Entretanto, para edificación del fidedigno Schwanbeck, comunicaremos algunas pequeñas noticias de la *k. k. Augsburger Zeitung*, que sin duda es digna de crédito. Se recordará que desde hace algún tiempo hemos señalado a la llamada fracción democrática de los eslavos austriacos y el conflicto en que estos exaltados tenían necesariamente que caer con el gobierno de Olmütz. Señalamos a Jellachich como el primer representante de esta tendencia y a Stratimirovich como el segundo. Que esta fracción, cuyo órgano es la *Südslavische Zeitung* de Agram, gana también terreno en la propia Croacia, lo prueba el siguiente artículo de la *A. A. Ztg.*:

«Tal como le comunicaba, las maquinaciones del general serbio Stratimirovich ganan importancia, pues cuenta con numerosos partidarios entre los serbios y parece ejercer una influencia particular sobre los tschaikistas. No dudamos de que sus intentos de agitación contra el patriarca Rajachich, como se asegura generalmente, no tienen por fundamento un entendimiento con los magiares, sino simplemente ambiciones personales; pero cuán triste es ver que el elemento eslavo, al que Austria debía y tenía que aferrarse en medio de la tormenta, es presa él mismo de las tormentas de las querellas partidistas egoístas. Stratimirovich está ofendido porque se vio frustrado en su expectativa de obtener el puesto de voivoda tras la muerte del general Supplikatz, y rumia venganza. Si esto ocurre a costa de la tan necesaria concordia entre el pueblo y a costa del bienestar de la propia patria, no se pregunta. Stratimirovich tuvo la fortuna de distinguirse al comienzo de la lucha magiar con un pequeño grupo de serbios victoriosos, de hacerse en cierto modo indispensable, y de lograr, sobre todo en San Tomas y en las trincheras romanas, más que muchos otros generales con tropas regulares. Ascendió rápidamente del rango de teniente primero al de general. Agregado a la diputación de su país enviada a Olmütz, logró ver cumplidos allí los más caros deseos de los serbios en lo relativo a su nacionalidad e independencia, y cuando poco después sobrevino la repentina muerte del apenas nombrado voivoda Supplikatz, el deseo de las tropas y del país lo señaló como su probable sucesor. Así están las cosas desde este lado. Pero también en Croacia las cosas no se presentan tan alegres como se suele informar superficialmente. Personas fidedignas que vienen del país aseguran que se ve con mucho desagrado cómo se prolonga la ausencia del ban, y que su popularidad está amenazada, pues los croatas quieren encontrar en él a su ban y no simplemente al teniente mariscal de campo austriaco. Asimismo, se dice que el nombramiento del barón Kulmer como ministro no encuentra en el país la acogida que en un principio se esperaba, pues se le considera generalmente un instrumento de la corte. La noticia de su nombramiento incluso habría dado lugar a una manifestación hostil, pues se incendió una parte de los bosques que posee en Croacia. De todo ello, así como de la irritación creciente día a día del lenguaje de los periódicos de Agram, se desprende que no será tan fácil despachar a los eslavos.»

Por otra parte, el mismo periódico confirma la llegada de Dembinski a Debreczin. Escribe desde Pesth:

«El general Dembinski se encuentra realmente en Debreczin. Numerosos miembros de la Cámara de Representantes húngara se hallan allí; en cambio, los insurgentes sólo cuentan con 11 magnates entre ellos. La fortuna parece haber vuelto la espalda al jefe rebelde Bem en Transilvania; al menos, a pesar de sus jactanciosos partes, no dejan de llegar fugitivos en busca de ayuda al parlamento trunco. Según un decreto del *Közlöni* de Debreczin, el *Moniteur* magiar, el ministro de la Guerra Meszaros ha presentado su dimisión por enfermedad y ha sido sustituido por el general Vetter.»

Acerca del propio Dembinski contiene las siguientes noticias:

«Viena, 3 de febrero. Los magiares fanatizados esperan el éxito más favorable del talento del conocido general polaco Dembinski, a quien se dice que se ha confiado el mando supremo de todas las tropas magiares. Dembinski, nacido en 1791, llegó en 1807 a Viena, a la Academia de Ingenieros, de donde huyó secretamente en 1809 y a los 18 años ingresó como soldado raso en el quinto regimiento polaco de cazadores a caballo. Combatió contra los rusos y se distinguió en la campaña de 1812 en la batalla de Smolensk de tal modo que Napoleón lo nombró capitán aún en el campo de batalla. Demasiado orgulloso para pasar al servicio ruso, vivió luego durante años en un tranquilo retiro, hasta que en la revolución polaca de 1830 tuvo ocasión de distinguirse como coronel con su brigada de caballería de 4.000 hombres, deteniendo durante todo un día a toda la potencia rusa de 60.000 hombres al mando del mariscal Diebitsch en la batalla de Grochow.»

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