El convento de las ursulinas – Reclutamientos para el rey de la metralla

El convento de las ursulinas – Reclutamientos para
el rey de la metralla – La «comunidad de burgueses» –
Comisión para un arancel aduanero común

** Berna, 9 de diciembre. El último convento del cantón de Berna, el de las ursulinas en Pruntrut, en el Jura, se acerca a su fin. El Consejo de Gobierno ha decidido proponer al Gran Consejo su supresión, en cumplimiento de la resolución de la Dieta que excluye de Suiza a todas las órdenes afiliadas a los jesuitas (a las que también pertenecen las ursulinas).

Después de que Radetzky haya permitido de nuevo a los reclutas napolitanos procedentes de Suiza el paso por Lombardía, el rey Fernando ha solicitado de inmediato nuevamente la autorización de los reclutamientos en Suiza. Lucerna y los cantones primitivos se han apresurado, naturalmente, a autorizar el reclutamiento; el gobierno de Berna, para quien las capitulaciones son en todo caso una espina en el ojo, ha encontrado afortunadamente un pretexto para prohibirlas por el momento. Declara, en efecto, que según la capitulación (que es una herencia de la loable administración del señor Neuhaus) los reclutas deberían ir por Génova, camino que también ahora les está vedado; y que, además, el gobierno napolitano debería resarcir previamente a los suizos en Nápoles los daños que les fueron causados el 15 de mayo mediante saqueos, etc. El piadoso «Beobachter» se escandaliza naturalmente otra vez de manera espantosa ante esta ruptura de la inviolable lealtad suiza, que además cierra a una masa de valientes jóvenes ciudadanos del cantón una gloriosa carrière (!), compromete el futuro de los soldados berneses en Nápoles, deja morir de hambre a los suboficiales reclutadores presentes en Berna y merma los ingresos de los posaderos con quienes antes se bebía la prima de enganche. ¡Con tales argumentos combate la prensa reaccionaria suiza!

Los patricios del antiguo régimen de aquí han sufrido un duro revés. Existe aquí, en efecto, una llamada corporación de burgueses dentro de la comuna propiamente dicha. Esta corporación de burgueses, cuyo núcleo forma el patriciado, ha impuesto, a pesar de todas las revoluciones, que los antiguos bienes conventuales y demás dominios estatales y municipales, que le pertenecían en su calidad de antigua detentadora de la soberanía, no hayan pasado con la soberanía al Estado, respectivamente a la ciudad, sino que le hayan quedado como propiedad colectiva. Solo una pequeña parte de estos muy considerables bienes, con los que los patricios se ceban aún hoy, debe corresponder a la ciudad; pero los «burgueses» se negaban siempre a entregarla. Ahora, por fin, a raíz de la designación de Berna como sede federal y de los consiguientes gastos municipales considerables que se han vuelto necesarios, la corporación de burgueses se ha visto obligada a entregar su parte a la comuna municipal, la llamada comunidad de residentes, y a comprometerse además a una contribución «considerable» a los costos de la sede federal. Los patricios declaran a Sión en peligro, y tienen motivos para ello, pues la sede federal amenaza muy seriamente su bolsa.

El Consejo Federal, bajo la presidencia del jefe de Comercio y Aduanas, el señor Näff, ha formado una comisión que debe preparar la supresión de las aduanas cantonales y la elaboración de un arancel aduanero suizo, y proponer las medidas necesarias. Suiza recibirá también ahora aranceles proteccionistas que, aunque no sean altos, alcanzarán plenamente su objetivo dado el desarrollado estado de la mayoría de los ramos de la industria suiza y el bajo salario. Inglaterra, París, Mulhouse y Lyon serán quienes más sufran por ello.