Las personalidades del Consejo Federal suizo
 [Friedrich Engels, 29 de noviembre de 1848]

Las personalidades del Consejo Federal suizo

** Berna, 24 de noviembre. No será desagradable a los lectores de la N.Rh.Ztg. [Neue Rheinische Zeitung] conocer algunos detalles sobre las personalidades llamadas ahora a gobernar Suiza bajo el control de los dos Consejos y que acaban de entrar en actividad. Cinco miembros del Consejo Federal han aceptado sin condiciones; uno, el Sr. Furrer, de manera provisional hasta la primavera; y sobre la aceptación del séptimo (Munzinger) no puede caber duda alguna.

El presidente del Consejo Federal, el Sr. Furrer, es el genuino tipo del zuriqués. Tiene, como se diría en Francia, *l’air éminemment bourgeois*. El atuendo, el porte, las facciones, hasta las gafas de plata, delatan a primera vista al «libre ciudadano de una ciudad imperial», que, como presidente del cantón director y, respectivamente, de la Dieta federal, se ha civilizado algo, pero que sigue siendo «un provinciano de pies a cabeza». El Sr. Furrer, uno de los abogados más capaces de la «Atenas suiza» (así es como el pequeño burgués zuriqués gusta de llamar a su villorrio de 10.000 habitantes), tiene el mérito principal de haber derribado, mediante sus esfuerzos consecuentes y su liberalismo moderado, el régimen zuriqués de septiembre y de haber devuelto el cantón al partido del movimiento. En su calidad de presidente de la Dieta federal se mantuvo fiel a sus principios. Progreso moderado en el interior, la más estricta neutralidad hacia el exterior fue la política que siguió. Que ahora se haya convertido en presidente del Consejo Federal es más fruto del azar que de la intención. De buen grado se habría elegido a un bernés; pero allí solo quedaba la elección entre Ochsenbein, contra el que imperaban grandes antipatías, y Neuhaus, que ahora, en 1848, se presentaba tan conservador como hace cinco o seis años y que, por esa razón, ni siquiera fue elegido para el Consejo Federal. En esta perplejidad se echó mano de un zuriqués, y, llegado el caso, Furrer era ciertamente el más indicado. Así pues, Furrer no representa en absoluto con exactitud a la mayoría de la Asamblea Federal, pero representa al menos a la mayoría de la Suiza alemana.

Las personalidades del Consejo Federal suizo

El vicepresidente Druey es en todo la antítesis de Furrer y el mejor representante que la Suiza francesa podía enviar. Si Furrer resulta demasiado moderado para la mayoría y, más aún, para la minoría radical, Druey es con mucho demasiado radical para los más. Si Furrer es un sesudo liberal burgués, Druey es un partidario decidido de la república roja. Es conocido el destacado papel que Druey ha desempeñado en las últimas revoluciones de su cantón; menos conocidos, pero tanto mayores, son los múltiples méritos que ha contraído con su cantón (Vaud). Druey, el demócrata socialista del color de Louis Blanc, el primer conocedor del derecho público y el trabajador más rápido y diligente de toda Suiza, es un elemento dentro del Consejo Federal que, con el tiempo, ha de ganar cada vez más influencia y ha de ser de los mejores efectos.

Ochsenbein, el jefe de los cuerpos francos contra Lucerna, el presidente de la Dieta que decidió la guerra del Sonderbund, el coronel de las reservas bernesas en esa campaña, se ha vuelto conocido y popular por sus antecedentes no solo en Suiza, sino en toda Europa. Pero menos conocido es su comportamiento desde la Revolución de Febrero. El carácter en parte socialista de esta revolución, las medidas del gobierno provisional en Francia y todo el movimiento del proletariado francés lo atemorizaron no poco a él, el *démocrate pur*, a quien los franceses incluirían en el partido del *National*. Se aproximó paulatinamente a la corriente moderada. Sobre todo en la política exterior, en la que antes y durante la guerra del Sonderbund había mostrado tanta energía, se inclinó más y más hacia el viejo sistema de la llamada neutralidad estricta, que en realidad no es, sin embargo, más que la política del conservadurismo y de la connivencia con la reacción. Así, como presidente del cantón director, vaciló en el reconocimiento de la República francesa y se comportó, cuando menos, de manera ambigua en la cuestión italiana. A ello se añade que la impetuosa pasión con la que presidía la Dieta y que a menudo lo arrastraba a la parcialidad contra los radicales le ha granjeado muchos enemigos entre estos, y señaladamente entre los suizos franceses. Si para el miembro bernés hubiera sido posible otra elección que entre él y Neuhaus, Ochsenbein habría reunido muchos menos votos.

El coronel Frey-Herose, de Argovia, pasa por ser una de las capacidades militares de Suiza. Fue jefe del Estado Mayor en la campaña contra el Sonderbund. Como la mayoría de los oficiales de Estado Mayor suizos, también él ha desempeñado desde hace tiempo un papel político en su cantón, y gracias a ello se ha familiarizado asimismo con la administración civil. En su nueva posición, en todo caso, rendirá buenos servicios en el departamento militar. Por su color político, pertenece a los liberales más decididos de su cantón.

El consejero de Estado Franscini, del Tesino, es, sin condición alguna, uno de los caracteres públicos más respetados de toda Suiza. Durante largos años ha trabajado incansablemente en su cantón. Él fue principalmente quien, ya antes de la Revolución de Julio, en 1830, consiguió que el despreciado Tesino, tenido por políticamente menor de edad, sustituyera por primera vez en toda Suiza, y sin revolución, la vieja constitución oligárquica por otra democrática; él fue asimismo quien encabezó la revolución de 1840, que derrocó por segunda vez la dominación usurpada de los curas y los oligarcas. Franscini fue, además, quien tras esa revolución reorganizó la administración, que había caído en manos de los reaccionarios en completo desorden, y puso coto a los innumerables y arraigados robos, malversaciones, sobornos y dilapidaciones, y quien finalmente reorganizó, en la medida en que los medios de aquel pobre país montañoso lo permitían, la enseñanza escolar, completamente corrompida bajo la dirección de los monjes. De ese modo sustrajo a los sacerdotes un medio capital de influencia sobre el pueblo, y las consecuencias se hicieron patentes cada año más en la creciente confianza de los tesineses hacia su gobierno. Franscini pasa además por ser el economista más culto de Suiza y es el autor de la mejor estadística suiza (*Statistica della Svizzera*, Lugano 1827; *Nuova Statistica della Svizzera*, 1848). Es un radical decidido, y en el Consejo Federal se alineará más con Druey que con Ochsenbein y Furrer. Los tesineses le tienen en alta estima, a él, el jefe durante largos años de su gobierno, especialmente su «honrosa pobreza».

El consejero de gobierno Munzinger, de Soleura, es el hombre más influyente de su cantón; lo ha representado de manera casi permanente en la Dieta federal desde 1830 y de hecho lo gobierna desde hace años. Debe de, como lo expresa un periódico semirradical de la Suiza francesa, la *Gazette de Lausanne*, *cacher sous les apparences de la bonhommie un esprit fin et pénétrant*, es decir, posee esa pequeña astucia que, oculta bajo un exterior de bonachona y sencilla honradez, en las ciudades imperiales se considera diplomacia. Por lo demás, es un hombre de progreso moderado a lo Furrer y exige que Suiza se ocupe solo de sus propios asuntos y deje la gran política europea a Dios y a Lord Palmerston. De ahí que no hable en absoluto con buenos ojos de los refugiados extranjeros, que a Suiza no le han acarreado hasta ahora más que disgustos. En relación con ello ha dado, junto con el ateniense suizo Dr. Escher, nuevas pruebas de su actitud en el Tesino. En general, Furrer y Munzinger representan en el Consejo Federal de manera plenamente cabal los prejuicios y la estrechez de miras del suizo alemán «ilustrado».

Por último, el Sr. Näff, de San Galo, del que poco sé decir. Se dice que en su cantón ha contribuido esencialmente a la mejora de la administración y que se ha distinguido también en otros aspectos. El cantón de San Galo, se lee en los periódicos suizos, es, en general, uno de los más ricos y de los más capaces; pero esos hombres capaces tienen la desgracia de que no se oye hablar mucho de ellos y, en cualquier caso, parece faltarles iniciativa. No obstante, se dice que el Sr. Näff no carece de mérito en una especialidad como administrador. Conforme a su orientación política, se sitúa entre Furrer y Ochsenbein; más decidido que el primero, sin llegar tan lejos como quizá cabría aún esperar del segundo por sus antecedentes.

Después de esta composición del Consejo Federal, la política que Suiza seguirá de momento es indudable. Es la misma que han seguido la vieja Dieta federal y el cantón director de Berna bajo la dirección de Ochsenbein y, más tarde, de Funk (que sin Ochsenbein no es nada). Hacia el interior, aplicación estricta de la nueva Constitución federal, que deja demasiado margen todavía a la soberanía cantonal; hacia el exterior, estricta neutralidad, naturalmente más estricta o más suave según las circunstancias, y más estricta señaladamente frente a Austria. El partido moderado tiene decididamente la supremacía, y es probable que el Sr. Ochsenbein vote con él en la mayoría de las cuestiones.

Pero cómo una minoría, como Druey y Franscini, pudo en tales circunstancias aceptar el nombramiento, exponerse al disgusto de verse permanentemente derrotada en las votaciones; cómo un colegio semejante puede siquiera gobernar unido, eso, para comprenderlo, hay que ser suizo o haber visto cómo se gobierna Suiza. Aquí, donde todas las autoridades ejecutivas deliberan colegiadamente, se obra según el principio: acepta el puesto sin más; hoy estás ciertamente en minoría, pero quizá puedas, con todo, ser de utilidad, y quién sabe si los fallecimientos, las dimisiones, etcétera, no te pondrán dentro de uno o dos años en la mayoría. Es esta la consecuencia natural de que los colegios gobernantes surjan de una elección. Cada partido procura entonces, exactamente igual que en las asambleas legislativas, al menos afianzarse mediante la introducción a presión de uno o varios candidatos en el colegio, asegurarse una minoría mientras no pueda conquistar una mayoría. A sus candidatos no se lo tomaría a mal si quisieran rechazar el nombramiento, como ocurriría sin condición alguna en países más grandes. Pero el Consejo Federal no es una *commission du pouvoir exécutif*, y de la posición de Druey a la de Ledru-Rollin hay una distancia inmensa.

La prensa suiza sostiene en general que el Consejo Federal está compuesto por capacidades de primer orden. Dudo, sin embargo, de que, aparte de Druey y Franscini, un solo miembro pudiera desempeñar jamás un papel destacado en un país más grande, y de que, a excepción de Frey-Herose y Ochsenbein, uno de los otros tres alcanzara siquiera un significativo papel secundario.