Miscelánea

[“Neue Rheinische Zeitung” n.º 150 del 23 de noviembre de 1848]

** Berna, 18 de noviembre. Ayer les comuniqué los ocho primeros jueces federales elegidos.!6!! En la continuación de la sesión conjunta de ayer fueron designados aún: Folly, de Friburgo (uno de los consejeros nacionales de allí, cuya elección fue anulada), Dr. Karl Brenner, redactor del “Schweizerische National-Zeitung”!! de Basilea, y el abogado Jauch, de Uri, con lo cual el Tribunal Federal queda constituido con el número completo de once jueces. Presidente fue nombrado Kern, vicepresidente el Dr. K. Pfyffer.

Como sabe usted, el Consejo Nacional anuló las elecciones del cantón de Friburgo porque sólo fueron admitidos a votar aquellos electores dispuestos a jurar la nueva Constitución Federal. Confirmó su voto al día siguiente rechazando, casi por unanimidad (73 contra 13), la moción Funck de que el asunto fuera decidido por ambos consejos. Aparte del chismorreo local bernés que esta decisión ha provocado, también ha dado lugar a discusiones muy amargas entre los radicales de la Suiza alemana y francesa. El asunto es el siguiente: La Constitución Federal dispone que el primer Consejo Nacional sea elegido por todos los suizos que tengan como mínimo 20 años y que, por lo demás, sean electores en su cantón. En todo lo demás, la ordenación completa, el reglamento y las disposiciones más precisas quedan librados a los distintos cantones. El juramento exigido por el gobierno de Friburgo es condición del derecho electoral también en muchos otros cantones; en esos cantones, todo ciudadano suizo que ejerce por primera vez su derecho electoral debe jurar la constitución cantonal. Está claro que la intención de los redactores de la nueva constitución era asegurar el sufragio universal para las elecciones; pero según la letra, el gobierno de Friburgo tiene razón, y dadas las circunstancias en que se encuentra, enfrentado a una mayoría compacta, hostil y dominada por los curas,

Elecciones para el Tribunal Federal — Miscelánea 35

tenía que exigir el juramento o dimitir. Los radicales alemanes se atienen ahora a la intención del legislador; los franceses, con Vaud a la cabeza, se apoyan en la letra de la constitución para salvar al gobierno de Friburgo y sus cinco votos radicales tan deseados en el Consejo Nacional. Declaran la decisión del Consejo Nacional una aprobación indirecta de la rebelión del obispo de Friburgo!?!, la cual —cosa completamente cierta— habría de acarrear la caída del gobierno radical friburgués y la instauración de un gobierno del Sonderbund en ese cantón. Califican a los radicales berneses y otros alemanes de “teóricos”, “fabricantes de vacías abstracciones”, “doctrinarios”, etc. Es cierto que los radicales suizo-alemanes, en su mayoría abogados, se aferran a menudo demasiado a su punto de vista jurídico, mientras que los de Vaud y de Ginebra, formados en la revolucionaria escuela francesa, son mejores políticos y a veces se toman el jus a la ligera.

El periódico más decidido de esta orientación suizo-francesa es el “Nouvelliste Vaudois”!! de Lausana, el “órgano de la revolución declarada en permanencia”, como lo llaman los conservadores e incluso los liberales moderados. Este periódico, por lo demás escrito no sin ingenio ni ligereza, enarbola sin más la bandera de la república roja, se declara en favor de los insurgentes de junio en París, califica la muerte de Latour en Viena de “acto grandioso de justicia popular soberana” y se burla con amarga ironía del pietista y reaccionario “Courrier Suisse”!6*], que, ante tales horrores, ponía los ojos en blanco llorando a gritos. Y, sin embargo, este “Nouvelliste” es el órgano de un partido poderoso dentro del gobierno de Vaud, más aún, casi se puede decir que es el órgano de la mayoría de ese gobierno; y aun así, en Vaud todo transcurre perfectamente en orden, el pueblo está tranquilo y sigue a su gobierno con entusiasmo, como lo demuestran de nuevo las elecciones al Consejo Nacional.

Según una comunicación semioficial de la “Revue de Genève”?*], Ginebra ratificará los acuerdos de la conferencia diocesana respecto del obispo de Friburgo (¡usted los conocerá hace tiempo!)!?! con algunas escasas reservas impuestas por antiguos concordatos. Los demás cantones de la diócesis ya han ratificado. En cuanto estén reunidas todas las ratificaciones, sigue el informe, el obispo Marilley será puesto en libertad, pues el cantón de Friburgo ha declarado que quiere sobreseer la investigación penal incoada contra él por su participación en el último intento de levantamiento.

Se aguarda con gran expectación la elección de la ciudad federal. Si Berna no resultase elegida —y se quiere ver un presagio de ello en el hecho de que ningún bernés haya sido nombrado ni presidente ni vicepresidente del Consejo Federal—, estallará aquí un movimiento que traería como consecuencia la caída de 

36 Karl Marx/Friedrich Engels : “Neue Rheinische Zeitung”

Ochsenbein, una mayoría de la orientación radical (Stämpfli, Niggeler, Stockmar, etc.) y la revisión de la constitución federal apenas introducida. Según la constitución, en efecto, los dos consejos han de ser disueltos y han de elegirse otros nuevos para la revisión constitucional tan pronto como 50.000 ciudadanos suizos con derecho a voto lo exijan. Sólo Berna reúne fácilmente ese número de firmas, sin contar las masas que acudirían de los cantones románicos más avanzados, impulsadas por la perspectiva del sistema unicameral y una mayor centralización. Pero todas las conjeturas sobre los votos de los consejos suizos son cabalmente vanas; la ilimitada atomización, consecuencia necesaria de la histórica república federativa, la confusión indescriptible de los intereses y la incomprensible mezcolanza de los motivos determinantes echan por tierra todas las lucubraciones sobre probabilidades y posibilidades.


37