Karl Marx

El procurador del Estado “Hecker”
y la “Neue Rheinische Zeitung”
* Colonia, 28 de octubre. El núm. 116 de la “Neue Rheinische Zeitung” publicó,
en el núm. 129, 29 de octubre de 1848
Neue Rheinische Zeitung.
debajo de la raya, es decir, fuera de la sección política del periódico,
“Una palabra al pueblo alemán”, firmado “Hecker”. Esta “pieza documental histórica”
la habían comunicado periódicos alemanes antes que la “N. Rh. Z.”.
Otros periódicos alemanes, sin exceptuar los de la Prusia renana y de la vieja Prusia,
la publicaron después. Incluso la “Kölnische Zeitung”
tuvo suficiente sentido histórico para imprimir la proclama de Struve,
y no menos la de Fuad Effendi.
No sabemos. ¿Acaso los laureles del republicano Hecker no dejaban
dormir tranquilo al procurador del Estado Hecker? El mundo atónito ¿debía
enterarse de que la revolución alemana ha sido derrotada por partida doble, por
la huida del republicano Hecker a Nueva York y por la presencia
del procurador del Estado Hecker en Colonia? No se puede negar.
La posteridad verá en estas dos figuras gigantescas los contrastes
del movimiento moderno, dramáticamente resumidos. Un futuro
Goethe los unirá en un “Fausto”. A él le dejamos
a qué Hecker quiere asignar el papel de Fausto y a cuál el de Wagner.
Basta. A la fantástica palabra de despedida del republicano
Hecker siguió un no menos fantástico requerimiento del procurador del Estado Hecker.
¿O nos engañamos? ¿Cree Hecker, el procurador del Estado, que “La
palabra al pueblo alemán” es un producto propio de la “Neue Rheinische
Zeitung” y que, en su malicia inventiva, este periódico
ha firmado su propia proclama como “Hecker”, para hacer creer al pueblo
alemán que Hecker, el procurador del Estado, emigra
a Nueva York, Hecker, el procurador del Estado, proclama la república
alemana, Hecker, el procurador del Estado, sanciona oficialmente piadosos
deseos revolucionarios?

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Tal ardid era creíble, pues la pieza documental impresa en el suplemento al núm. 116
de la “N. Rh. Z.” no está firmada por Friedrich Hecker,
sino tout bonnement “Hecker”. ¡Hecker sin adornos,
simple Hecker! ¿Y no posee Alemania un doble
Hecker?
¿Y cuál de los dos es el “simple Hecker”? Engorrosa sigue siendo
esta simplicidad, queremos decir, incriminante para la “Neue Rheinische
Zeitung”.
Sea como fuere, el Sr. Hecker, el procurador del Estado, vio evidentemente en
la “Palabra al pueblo alemán” un producto de la “Neue Rheinische
Zeitung”. Vio en ella una incitación directa al derrocamiento del
gobierno, alta traición en su forma más consumada o, por lo menos,
participación en alta traición, lo que según el Code pénal es “simple”
alta traición.
El Sr. Hecker solicitó, pues, al juez de instrucción que no al
gerente firmante, sino al redactor jefe, Karl Marx,
se le “constituyera” como reo de alta traición. Pero “constituir” a alguien como reo de alta traición
significa, en otras palabras, meterlo preventivamente en prisión,
y castigarlo, hasta nuevo aviso, con prisión preventiva. Se
trata aquí de la “constitución” de la prisión celular. El juez de
instrucción se negó. Una vez que el Sr. Hecker ha concebido una idea,
persigue su idea. “Constituir” al redactor jefe de la “N. Rh. Z.”
se le había vuelto idea fija, como el nombre “Hecker”
bajo la “palabra de despedida” se volvió ficción. Se dirigió, pues, a la
Sala del Consejo. La Sala del Consejo se negó. Pasó de la Sala del
Consejo al Senado de apelaciones. El Senado de apelaciones se negó. Pero al Sr.
Hecker, el procurador del Estado, no le abandonó su idea fija de “constituir” al redactor
jefe de la “N. Rh. Z.”, Karl Marx, siempre en el sentido
indicado. Las ideas del ministerio público no son, como se ve,
ideas especulativas en el sentido hegeliano. Son ideas en el sentido
kantiano. Ocurrencias de la razón “práctica”.
Karl Marx nunca podía ser “constituido” directamente como reo de alta traición, aun cuando la mera impresión de hechos revolucionarios
o proclamas constituyera a un periódico en reo de alta traición. Ante todo,
había que atenerse a quien firma el periódico, muy especialmente
en este caso, en que la pieza documental en cuestión se halla debajo de la raya. ¿Qué
quedaba? Una idea da la otra. Se podía citar a Karl Marx
según el artículo 60 del Code pénal como cómplice del delito presuntamente cometido por el gerente.
Se le puede, si se quiere, citar también como
cómplice de cualquier anuncio, aunque esté en la “Kölnische Zeitung”.
Karl Marx recibió, pues, del juez de instrucción una orden

El procurador del Estado “Hecker” y la “Neue Rheinische Zeitung”
de comparecencia, compareció y fue interrogado para levantar acta. Los cajistas fueron, según sabemos, citados como testigos, el corrector fue
citado como testigo, el dueño de la imprenta fue citado como testigo. Finalmente,
empero, el gerente fue citado como testigo. Esta última citación no la
entendemos.
¿Acaso el presunto autor contra su testigo cómplice?
Para ser completos en nuestra narración histórica: se efectuó un registro
domiciliario en la oficina de la “N. Rh. Z.”.
Hecker el procurador del Estado ha superado a Hecker el republicano.
Uno realiza hechos rebeldes y emite proclamas rebeldes.
El otro borra los hechos, a pesar de toda resistencia, de las memorias de la historia contemporánea, de los periódicos. Él
hace que lo sucedido no haya sucedido. Si la “mala prensa” comunica hechos
y proclamas revolucionarios, incurre en alta traición doblemente.
Es cómplice moral; comunica los hechos rebeldes
solo porque estos le producen cosquilleo interior. Es cómplice en el sentido
jurídico ordinario; al informar, difunde, y al difundir,
se convierte en instrumento de la sedición. Por ambos
lados es por tanto “constituida” y disfruta así los frutos de la
“constitución”. La “buena prensa”, en cambio, tendrá el monopolio
de comunicar o no comunicar, falsear o no falsear
las piezas y los hechos revolucionarios. Radetzky ha aplicado
esta teoría prohibiendo a los periódicos milaneses comunicar los hechos y las proclamas
de Viena. En su lugar, la
“Gazzetta di Milano” trajo, en lugar de la gran “revolución” vienesa, un pequeño
alboroto vienés especialmente compuesto por Radetzky. Una insurrección,
según se rumorea, ha estallado no obstante en Milán.
El Sr. Hecker, el procurador del Estado, es, como todo el mundo sabe, colaborador
de la “Neue Rheinische Zeitung”. Como colaborador nuestro le
perdonamos mucho, sólo no el pecado contra el impío “espíritu”
de nuestro periódico. Y comete tal pecado al transformar, con una
falta de crítica inaudita en un colaborador de la “N. Rh. Z.”,
la proclama de Hecker el fugitivo en proclama de la “Neuen
Rheinischen Zeitung”. Friedrich Hecker se comporta patético, la “N. Rh. Z.” se comporta críticamente ante el movimiento. Friedrich
Hecker lo espera todo del mágico obrar de personalidades individuales.
Nosotros lo esperamos todo de las colisiones que surgen de las condiciones
económicas. Friedrich Hecker viaja a los Estados
Unidos para estudiar la “República”. La “N. Rh. Z.” encuentra en
las grandiosas luchas de clases que se desarrollan dentro de la república

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francesa objetos de estudio más interesantes que en una República
donde las luchas de clases aún no existen en el Oeste y en el
Este sólo se mueven todavía en la vieja forma silenciosa inglesa. Para
Friedrich Hecker las cuestiones sociales son consecuencias de las luchas
políticas, para la “N. Rh. Z.” las luchas políticas no son sino las formas
fenoménicas de las colisiones sociales. Friedrich Hecker podría ser
un buen republicano tricolor. La oposición propiamente dicha de la “N.
Rh. Z.” comienza precisamente en la república tricolor.
¿Cómo podría, por ejemplo, la “Neue Rheinische Zeitung”, sin desautorizar por completo
su pasado, haber gritado al pueblo alemán:
“Agrupaos en torno a los hombres que mantienen el estandarte de la soberanía popular
en alto y hacen fiel guardia junto a él, en torno a los hombres de la extrema
izquierda de Frankfurt am Main, uníos en consejo y acción firmemente
a los valientes líderes de la insurrección republicana”?
Hemos declarado repetidas veces que no somos un periódico “parlamentario”
y que por tanto no tememos atraer sobre nuestra cabeza, de vez en cuando, la ira incluso de
la extrema izquierda de Berlín y Frankfurt.
Les hemos gritado a los señores de Frankfurt que se dirijan al pueblo, nosotros
jamás le hemos gritado al pueblo que se adhiera a los señores de Frankfurt.
Y “los valientes líderes de la insurrección republicana”, ¿dónde están, quiénes son? Hecker, como es sabido, está en América,
Struve en prisión. ¿Acaso Herwegh? Los redactores de la N. Rh. Z.,
particularmente Karl Marx, se opusieron resueltamente a la empresa de Herwegh en París
en asambleas populares públicas,
sin temer el desfavor de las masas excitadas. Por ello fueron en su
debido momento sospechados por utopistas que se tenían
por revolucionarios. (Compárese, entre otros, la “Deutsche Volkszeitung”.)
Y ahora, cuando los acontecimientos han confirmado repetidas veces nuestras predicciones,
¿deberíamos unirnos a los hombres de la opinión
contraria?
Pero seamos justos. El Sr. Hecker, el procurador del Estado, es todavía
un joven colaborador de nuestro periódico. El principiante en la política como el
principiante en las ciencias naturales se parece a aquel pintor que sólo
conoce dos colores, blanco y negro, o si se prefiere, blanco y negro
y rojo. Las diferencias más finas dentro de cada especie se revelan
sólo al ojo ejercitado y experimentado. Y además, ¿no estaba
el Sr. Hecker dominado por la idea fija de “constituir” al redactor jefe de la
“N. Rh. Z.”, Karl Marx, una idea fija que no se derritió
ni en el purgatorio del tribunal de instrucción ni de la Sala del Consejo ni del
Senado de apelaciones, por lo que debe ser una idea fija a prueba de fuego?

El procurador del Estado “Hecker” y la “Neue Rheinische Zeitung”
El mayor logro de la revolución de Marzo es indiscutiblemente, para decirlo con
Brutus Bassermann, “el dominio de los más nobles y mejores”,
y su rápido ascenso en la escala del dominio. Esperamos,
por tanto, que también los méritos de nuestro estimado colaborador, el señor
procurador del Estado Hecker, como las palomas blanquísimas que, uncidas ante el
carro de Afrodita, la llevaron veloz como una flecha al Olimpo, a él
lo lleven a las cumbres del Olimpo estatal. Nuestro gobierno es,
como todo el mundo sabe, constitucional. Pfuel adora el constitucionalismo.
En los Estados constitucionales es usus prestar
a las recomendaciones de los periódicos de oposición oído atento. Nos movemos,
pues, en terreno constitucional cuando aconsejamos al gobierno
otorgar a nuestro Hecker la vacante fiscalía superior de Düsseldorf.
El Sr. procurador Ammon de Düsseldorf, quien, según sabemos, hasta ahora
no ha ganado ninguna medalla al salvamento en torno al cuello de la patria, no
dudará ni un instante en dictar respetuoso silencio a sus propias eventuales
pretensiones ante el mérito superior. Pero si el Sr.
Heimsoeth llegara a ser ministro de Justicia, como esperamos, recomendamos al señor
Hecker como abogado general. Algo mayor esperamos para el señor Hecker.
El señor Hecker es aún joven. Y, como dice aquel ruso: el zar es grande,
Dios es aún más grande, pero el zar es aún joven.