COLONIA, 21 DE OCTUBRE. LA M E D IA C IO N A N G L O -F R A N C E SA E N
Italia ha sido abandonada. La calavera de la diplomacia hace
una mueca después de cada revolución, sobre todo a raíz de
las reacciones que siguen a ésta. La diplomacia corre a esconderse
de nuevo en su perfumado osario tan pronto como se oye retum
bar el trueno de una nueva revolución. La revolución de Viena ha
hecho que se esfumara la diplomacia anglo-francesa.
Palmerston ha confesado su impotencia, y lo mismo ha hecho
Bastide. La revolución de Viena ha puesto punto final, según ellos
mismos declaran, a la tediosa correspondencia cruzada entre estos
señores. Bastide se lo ha manifestado así, oficialmente, al embaja
dor sardo, marqués de Ricci.
Como éste le preguntara “si Francia, en ciertas circunstancias,
empuñaría las armas en favor de Cerdeña”,291 el farouche* republi
cano Bastide (del National) le hizo una reverencia seguida de otra
y otra más y le cantó aquello de
Confiad en mí y ayudaos a vosotros mismos
Si queréis que Dios os ayude.292
La Presse, núm. 4499, del 19 de octubre de 1848. La Presse: diario francés publicado en
París desde 1836. En 1848-1849 apoyaba a las facciones de los republicanos burgueses, más
tarde bonapartistas. De 1836 a 1857, Émile Girardin fue el redactor en jefe de este diario.
a Furioso.
292 Heinrich Heine, Alemania. Cuento de invierno, cap. x ii.

Francia, le dijo, se atiene al principio de la no intervención, el
mismo principio contra el cual lucharon muchos años, viviendo
de ello, Bastide y los demás señores del National293 en tiempos de
Guizot.
La “honrada” República francesa habría salido mortalmente
desacreditada de esta cuestión italiana, si los acontecimientos de
junio, preñados de destino, no la colocaran por encima de todo
posible oprobio.
“Ríen pour la gloire!”h dicen los partidarios del comercio, suce
da lo que suceda. Rien pour la gloire!, es la divisa de la República
virtuosa, moderada, decente, acomodada, honesta; es una palabra
de la República burguesa. Rien pour la gloire!
Lamartine era la idea que la República burguesa se formaba de
sí misma, la representación grandilocuente, fantástica, idealizada
en que se retrataba a sí misma, el sueño de su propia grandeza. ¡Lo
que puede la imaginación!... Como Eolo desencadenaba todos los
vientos abriendo su saco, Lamartine desencadenaba todos los espí
ritus fantasmagóricos, todas frases retóricas sobre la República bur
guesa y lanzaba a los cuatro puntos cardinales sus palabras aladas
sobre la fraternidad de los pueblos, la emancipación que Francia
llevaría a todas partes, la decisión de Francia de sacrificarse por
todos los pueblos.
Pero ¿qué hizo? ¡Nada!
De dar respuesta a sus frases con los hechos se encargaron
Cavaignac y su órgano hacia el exterior, Bastide.
Vieron sin inmutarse cómo se desarrollaban ante sus ojos las
espantosas escenas de Nápoles, de Messina y del Milanesado.
Y, para que no cupiese ni la menor duda de que bajo la “hones
ta” República seguía dominando la misma clase y, por tanto, la mis
ma política exterior que bajo la Monarquía constitucional, lo mismo
bajo Cavaignac que bajo Luis Felipe, se recurre, ante las discordias
entre los pueblos, al mismo viejo y eternamente nuevo artilugio de
293 Véase supra, nota 117.
b “Nada para la gloria”.

la entente cordiale294 con Inglaterra, con la Inglaterra de Palmers
ton, con la Inglaterra de la burguesía contrarrevolucionaria.
Pero la historia no puede olvidar los alardes de ingenio. Ha sido
un redactor del National Bastide, quien se ha visto obligado a estre
char convulsivamente la mano de Inglaterra. ¡Y la entente cordiale
era el gran triunfo que el pobre anglófago, el National había pues
to toda su vida sobre el tapete en contra de Guizot!
Sobre la lápida sepulcral de la “honesta5 República se grabará
este epitafio: Bastide-Palmerston.
Pero, hasta la entente cordiale de Guizot ha sido superada por la
“honesta” República. La oficialidad de la escuadra francesa ha acep
tado el homenaje de un banquete ofrecido por la oficialidad napoli
tana y, sobre las ruinas todavía humeantes de Messina, ha brindado
a la salud del rey de Nápoles, del sanguinario tigre Fernando. Y sobre
sus cabezas revoloteaban las frases de Lamartine.
[Neue Rheinische Zeitung núm. 123, 22 de octubre de 1848]
294 Véase supra, nota 8.